miércoles, 30 de mayo de 2012

Los símbolos egipcios y su significado




La cultura del antiguo Egipto está repleta de mitología, con la que se intentaba dar explicación a los sucesos que ocurrían y que eran difíciles de explicar; se relatan el por qué de la muerte, las enfermedades, las cosechas, entre otros. Dicha cultura nos legó una cantidad innumerables de símbolos, cuyos significados son muy interesantes y nos ayudarán a conocer un poco más sobre las creencias y pensamientos de los habitantes del antiguo Egipto.
Símbolos egipcios:
Akhet: representa el horizonte por donde el sol sale y se esconde (amanecer y atardecer), esta acción del sol era resguardada por el dios Aker y luego por el dios Harmakhet.
Amenta: representa la tierra de los muertos, a nivel geográfico se convirtió en el símbolo de la osrilla oeste del río Nilo, en donde los egipcios cremaban a sus muertos.
Ankh: es el símbolo de la vida eterna, el aliento de los dioses que aseguraba una vida después de la muerte.
Atef: era la corona de Osiris, representada por una corona de color blanco con plumas rojas o amarillas
Ba: El Ba es lo que podríamos llamar la personalidad de alguien. Era dejar el cuerpo en el momento de la muerte. Durante los días del Ba era útil asimismo, cuando se volvía a la tumba al anochecer. En ese momento, buscaba a la persona que le pertenecía. Esta sería la momia, sin embargo, a menudo los egipcios podían sustituir el Ba con una estatua de la persona fallecida en caso de que la momia se perdiera o se dañase.

Jarras canópicas: en estos jarrones eran contenidos los órganos que se les extraían a los cadáveres durante el proceso de la momificación; las tapas de los jarrones eran representadas por formas de cabezas de animal o humanas que evocaban a los cuatro hijos de Horus.
Djed: Se cree que el Djed es una representación de una columna vertebral humana. Representa la estabilidad y la fuerza. Fue originalmente asociada con la creación del dios Ptah. Llamándose así mismo el "Noble Djed". Así que los cultos a Osiris se apoderaron de lo que se conoce como la columna vertebral de Osiris. A menudo se pintaba una columna Djed en el fondo del ataúd, donde la columna vertebral de los difuntos descansaba, esto identificaba a la persona con el rey del inframundo, Osiris. También actúa como una señal de en el viaje “al más allá” para los difuntos. 
Djew: Que significa montaña, el símbolo sugiere dos picos en el valle del Nilo en el centro. Los egipcios creían que había una gran montaña cósmica que sostenían el cielo. Esta montaña tenía dos picos, el pico occidental se llamaba Manu, mientras que el pico del este fue llamado Bakhu. Era en estos picos donde el cielo descansaba. Cada pico de esta cadena montañosa era custodiado por una deidad león, cuyo trabajo era proteger al sol, cuando salía y cuando se ponía. La montaña también fue un símbolo de la mayoría de las tumbas egipcias se encontraban en la zona montañosa que bordea el valle del Nilo. En algunos textos, nos encontramos con Anubis, el Guardian de la tumba que se conoce como "El que está sobre su montaña." A veces nos encontramos con Hathor tomando los atributos de una deidad de la vida futura, en este momento se le llama "Señora de la necrópolis". Se representa como una cabeza de una vaca que sobresale de una montaña.
Deshret
La Corona Roja. Esta era la corona que representaba al bajo Egipto (norte).


Disco solar: Esta es una forma en la que el dios Horus Behudety (Horus de Edfu) toma en sus batallas con Seth. El dios Thoth utilizó su magia para convertir a Horus en un disco solar con espléndidas alas extendidas. Las diosas Nekhbet y Uazet se transformaron en serpientes para unirse al lado de él.
Escarabajo Kheper: Llamado el escarabajo del estiércol, por su práctica de rodar una bola de estiércol en el suelo. Los egipcios observaron este comportamiento y lo equipararon con la bola del sol que rodaba en el cielo. Confundieron esta bola de alimento con el saco de huevos que la hembra enterraba en la arena. Cuando los huevos eclosionaban los escarabajos parecían surgir de la nada, haciendo de este, el símbolo de la creación espontánea. Este rol se asoció con la salida del sol. Khepri era el dios con cabeza de escarabajo.

Hedjet
La Corona Blanca. Esta fue la corona del Alto Egipto (Sur)..


Pluma o Maat: Representa la verdad, la justicia, la moralidad y el equilibrio. Era un deber del faraón defender a Maat. Cuando un faraón moria Maat se perdía veía perdido el mundo, en el caos, solo la coronación de un nuevo faraón podía estabilizar a Maat.
Ieb: Este símbolo representa un corazón. Los egipcios creían que el corazón era el centro de toda conciencia, incluso el centro de la vida misma. Cuando alguien moría se decía que su "corazón ha partido". Era el único órgano que no se retiraba del cuerpo durante la momificación. En el Libro de los muertos, era el corazón que se pesa contra la pluma de Maat para ver si una persona era digna de unirse a Osiris en el más allá.
Ka: Ka se traduce generalmente como "alma" o "espíritu", Ka empieza a existir cuando una persona nace. Se creía que el dios con cabeza de carnero Khnum elaboró el Ka en su torno de alfarero, para el nacimiento de las personas. Se pensaba que cuando alguien moría que éste "ya había cumplido su ka". Las personas ka podían vivir después de que su cuerpo muriese. Algunas tumbas incluían modelos de casas como las que necesitaba el ka para vivir. Las ofrendas de comida y bebida se quedaban en la entrada de la tumba por lo que el ka podía comer y beber.
Maat
Representa la verdad, la justicia, la moralidad y el equilibrio. Las deidades son a menudo vistas de pie en este símbolo, como si estuviera de pie en una base de Maat.




Mayal y Crook: era el símbolo de la realeza, la majestad y el dominio.

Nebu: Este símbolo representa el oro, que era considerado un metal divino, se pensaba que era la carne de los dioses. Su superficie pulida estaba relacionada con el brillo del sol. El oro fue importante para la vida futura, ya que representa los aspectos de la inmortalidad. En el Imperio Nuevo, la cámara de entierro real se llamó la "Casa de Oro".


Pshent
La doble corona, la corona roja y la corona blanca juntas representan a un Egipto unificado. Aunque Egipto no siempre fue una nación unificada pero era más fuerte de esta forma. Por lo tanto la unificación era algo deseble. Narmer (Menes), el fundador de la primera dinastía alrededor de 3100 A.C., fue el primer hombre que se
recuerda llevando la corona.


Ra: representa al sol, que era el elemento primordial en la vida diaria de los egipcios, y como tal ha sido plasmado en diversos elementos, asociado a varios dioses y a la vida.

Sema
Ésta es una representación de los pulmones unido a la tráquea. Como un jeroglífico este símbolo representa la unificación del Alto y Bajo Egipto. Otros símbolos son añadidos a menudo para ilustrar mejor la unificación.



Sesen: Una flor de loto. Este es un símbolo del sol, de la creación y el renacimiento. Porque por la noche la flor se cierra y se hunde bajo el agua, al amanecer se levanta y abre de nuevo. De acuerdo con un mito de la creación era un loto gigante que surgió por primera a partir del caos acuático al principio de los tiempos. Desde este loto gigante el mismo sol salió primer día. Un símbolo del Alto Egipto.
She: es el dibujo de una piscina que representa al agua. Este elemento era de suma importancia en la vida diaria de los egipcios, pues al vivir en el desierto, dependían del agua para las cosechas; y si además, se poseía una piscina en la casa era símbolo de opulencia.
 Agua
Shen: Una cuerda que no tiene principio ni fin y que simboliza la eternidad. El disco del sol se representa normalmente en el centro de la misma. El shen también parece ser un símbolo de protección. Muchas veces se ve aferrado a las deidades en forma de ave, Horus, el halcón, el buitre Mut. Cierne sobre la cabeza de los faraones con sus alas extendidas en un gesto de protección. La palabra shen viene de la palabra "SHENU", que significa "rodear", y en su forma alargada se convierte en el cartucho que rodeaba el nombre del rey.


Shenu: Más conocido comúnmente como cartuchera. La forma representa un lazo de cuerda en el cual está escrito un nombre. Un protector de ese nombre.


Udjat: es el ojo de Horus, simboliza la sanación y la protección.
Tiet
El origen exacto de este símbolo es desconocido. En muchos aspectos se asemeja a un ankh, excepto por la curva de los brazos hacia abajo. Su significado es también una reminiscencia del ankh, que a menudo se traduce en el sentido de bienestar o de la vida. Ya en la tercera dinastía se encuentra el Tiet, se utiliza como decoración cuando aparece tanto el ankh y el djed en la columna, y más tarde con lo que fue el cetro. El Tiet está asociado con Isis, y es a menudo llamado "el nudo de Isis" o "la sangre de Isis". Parece ser que se llama "el nudo de Isis" porque se asemeja a un nudo que se usaba para asegurar las prendas que llevaban los dioses. El significado de "la sangre de Isis" es más oscuro, pero se utilizaba a menudo como un amuleto funerario hecho de una piedra roja o de cristal. En el último período de la señal se asoció con las diosas Neftis, Hathor y Nut, así como con Isis. En todos estos casos parece que representan las ideas de la resurrección y la vida eterna.

Nemes
Un turbante rayado usado por los faraones.


Uraeus: La cobra es el emblema del Bajo Egipto. Se asociaba al Rey y al Reino del Bajo Egipto. Está asociada al sol y con muchas deidades. La cobra representa el "ojo de fuego de Re", en la que se pueden ver dos uraeis a ambos lados de un disco solar alado. Empezando el el Reino Medio Los uraes aparecen como símbolo usado en la corona o penacho de la realeza. Era usado como símbolo protector, los egipcios creían que la cobra podía tirar fuego a sus enemigos.



Uas: Este es el símbolo del poder y del dominio. El cetro Was lo llevan las deidades como signo de su poder. También se ha visto llevarlo a reyes y más tarde a la gente de menor estatus en las escenas funerarias.
Estos son los símbolos básicos de la cultura egipcia, estos significados están inmersos en su mitología; en próximas entradas veremos un poco de la mitología egipcia.


Khepresh: La corona azul era una corona ceremonial usado a menudo en la batalla.


Decheret - Hedjet - Pschent -   Pschent - Ourerèt – Tjèni-  Khepresh


Coronas de las diosas:

Khet : Este símbolo representa una lámpara o un brasero en una posición desde la que surge una llama. El fuego fue plasmado en el sol y en su símbolo de los uraeus que escupen fuego. El fuego también juega un papel importante en el concepto egipcio del inframundo. Hay un aspecto terrorífico del submundo, que es similar al concepto cristiano del infierno. Mayoría de los egipcios les gustaría evitar este lugar, con sus lagos y ríos de fuego que están habitadas por los demonios de fuego.


Menat : Este símbolo representa un pesado collar de cuentas con un frente de forma de media luna y un contador de piezas en la parte trasera. Fue un símbolo asociado a la diosa Hathor y su hijo, Ihy. De hecho, Hathor era conocido como el "Gran Menat". A menudo vemos a Hathor con el Menat como un conducto a través del cual pasa a su poder. Fue representante de las ideas de la alegría, la vida, la potencia, la fertilidad, el nacimiento y el renacimiento. No era raro en el Imperio Nuevo, a ver al rey que ofrece la Menat de Hathor . Esto probablemente significa para representar simbólicamente el rey con el hijo de la diosa, Ihy. Esta idea de la asimilación de lo divino era común, a pesar de los mejores ejemplos son del rey que representa al dios halcón, Horus .



Menhed: Una paleta de escribas. La escritura era una habilidad muy importante para los antiguos egipcios. Fue practicado por un grupo llamado los escribas. El equipo de escritura utilizado por los escribas consistía en una paleta, que se celebrará los pigmentos negro y rojo, una jarra de agua, y un bolígrafo. Para ser un escriba era una posición favorable, aunque algunos reyes y nobles se muestran con orgullo mostrando las paletas de escriba.

Naos: Santuario en el que las estatuas divinas se mantuvieron, sobre todo en los santuarios del templo. A naos de madera pequeños que normalmente se colocó dentro de un monolítico en una piedra dura , este último es típico del Periodo Tardío, y, a veces elaboradamente decorado. También se usa como un término para el templo santuario.

Nebty: Las dos damas de alto y bajo Egipto. Nejbet la diosa buitre, protrectress del Alto Egipto y la diosa cobra Uadyet asociado con el bajo Egipto y el delta del Nilo Occidental. Hay una hermosa representación de estas dos señoras en la Capilla Blanca de Sesostris I.

Nejbet
Una diosa representada como un buitre. Protrectress del Alto Egipto.

Palmera: Los egipcios se pusieron una muesca en una rama de palma para marcar el paso de un año en la vida de un faraón. Simbolizaba la medida del tiempo.

Mascotas: Este símbolo representa el cielo como un techo que cae en los extremos, de la misma manera el cielo real parece alcanzar el horizonte. Este signo se utiliza a menudo en los motivos arquitectónicos, la parte superior de las paredes y marcos de las puertas. Simboliza el cielo.

Montículo primordial: Los egipcios creían que durante la creación de esta colina se levantó del mar de caos para crear la tierra seca. La idea de este levantamiento de la colina tuvo un profundo efecto en los egipcios, siendo utilizado como todas las cosas de los diseños del templo a la posible inspiración detrás de las pirámides. AKA benben piedra.

Sekhem: Este es un símbolo de autoridad.

En estas representaciones vemos el Sema sujeto con dos plantas, el papiro y el loto de los. El papiro representa el Bajo Egipto y el loto representa el Alto Egipto.

En otras representaciones se encuentran dos dioses que vinculan a la Sema, junto con flor de loto y el papiro que representa la unión de juntas de alto y bajo Egipto.


Sistro: El sistro era un instrumento de percusión sagrada usada en el culto de Hathor . El sistro consistía en un bastidor de madera o metal provisto de tiras sueltas de metal y los discos que tintineaban cuando se mueven. Este ruido se pensó para atraer la atención de los dioses. Hay dos tipos de sistro, un IBA, se formó en un circuito simple, como un sistema cerrado en forma de herradura, con barras transversales sueltos de metal por encima de una cabeza de Hathor y un mango largo. El seseshet tenía la forma de un templo naos por encima de una cabeza de Hathor, con lazos ornamentales en los laterales. El traqueteo era dentro de la caja de la naos. Se realizaron por lo general por las mujeres de alto rango.

Rekhyt: Este pájaro se llama el avefría, que se identifica por su cresta de la cabeza, sus alas se consumía vuelta impidiéndole volar. Este símbolo significa un grupo de personas. Se ve a menudo por debajo de los pies de un gobernante para significar que las personas son sujetos de esa regla.
Ushabtis: Traducido literalmente significa "para responder". Es una cifra pequeña momia colocaban en las tumbas para hacer el trabajo en el más allá, en nombre de la persona fallecida. En algunas tumbas de finales del Imperio Nuevo bandas enteras de trabajadores Ushabti se incluyeron con diferentes herramientas para hacer un trabajo diferente. Una colección completa consistirá de 401 Ushabti: una para cada día del año, 365 más el capataz de 36.

¿Fue: Este es un símbolo de poder y dominio. El cetro fue se realiza por las deidades como un signo de su poder. También se ve llevado por los reyes y más tarde por la gente de menor estatura en escenas funerarias





1) Cetro con loto a menudo con flor ,portada por las diosas.
2) El cayado del dios Anedjti, patrón de los pastores y protector de los animales domesticados.
 3)Cetro Was, símbolo de la dominación y el poder . Lo llevan comúnmente los dioses de todos los periodos de la historia egipcia.
4) Vara del dios creador  Ptah, formada por   cuatro pilares "djed" para conseguir el mantenimiento de la estabilidad y el orden y (posiblemente también una columna vertebral).
5) Cetro de Osiris: Cayado y flagelo  más el cetro  Was y el signo  ankh, que significa "vida".













ABEJA
La abeja tuvo una notable importancia y de ellas conocieron y explotaron: la miel y la cera.
Aunque podemos observar abejas en las etiquetas de jarras de aceite tinitas, las escenas de apicultura, aunque no frecuentes, no se conocen hasta el reinado de Nyuserra (Dinastía V), continuando en la calzada del rey Unas (Dinastía V) pese a que presumiblemente dicha actividad se desarrolló desde el Neolítico. A partir del Reino Nuevo conocemos algunas escenas donde también se refleja esta actividad; tal es el caso de Amenhotep (TT73) y Pasaba, (TT279) Jefe Administrador de la Esposa del Dios en tiempos de Psamétiko I en Assasif (Tebas Oeste). Pero otras tumbas nos ofrecen mayor información ya que por ejemplo en Rejmira (TT 100) Visir de Thutmose III,se observa claramente como se extraía y se preparaban la miel, y en otras (TT 69, 92, 93, 100, 101, 131, 155, 277, 305, A5) como la transportan u ofrendan.
Las sustancias que se obtenían del panal tenían un valor muy importante en medicina, cosmética, etc., y por ello fueron relacionadas con lo divino. Tanto la cera como la miel eran los únicos elementos conocidos por los egipcios cuya creación tenía lugar directamente por la intervención mágica de estos insectos, asociados a Ra en el proceso de la creación y, consecuentemente, ligada a la concepción solar. Tanto es así que en el Papiro de Bulak III, las lágrimas vertidas por Ra y provocadas por la maldad de los hombres que él mismo había creado, se convirtieron en abejas.
Desde la dinastía I, la abeja formó parte de uno de los cinco nombres del rey (nesut-bity) que ha venido traduciéndose como "el de la Caña y la Abeja". En este caso, la abeja es la representante del Bajo Egipto (el Norte) mientras que la caña lo es del Alto Egipto (el Sur). Este título aparece desde periodos muy tempranos.
La abeja fue también el emblema de la diosa Neith en la ciudad de Sais. De hecho su templo local se denominaba "La Casa de la Abeja". Por otro lado es evidente la importancia de las abejas en el culto al dios Min, ya que algunos de sus sacerdotes llevan títulos relacionados con la miel y las abejas.

ACACIA
En Egipto había varias clases de acacias, algunas con espinas. Todas ellas tienen una madera dura y por ello se relacionaban con la vida eterna y el renacimiento. De ella se obtenía la goma arábiga pero también pudo utilizarse con fines médicos ya que de sus frutos verdes se obtiene una sustancia astringente.

La acacia se menciona con mucha frecuencia en los textos egipcios desde el Reino Antiguo y pronto se relacionó con las diosa Iusaas de Heliópolis, Hathor, Nut y Sejmet, dándole un sentido solar.

Se entendía que la comunidad divina había nacido bajo este árbol y que él decidía la vida y la muerte de los seres.

Parece que la acacia también se vinculó, de algún modo, con Osiris y que en las representaciones donde se aprecia la tumba de este dios aparecen plantados una serie de árboles que pudieran ser identificados con la acacia.


ACEITE
El empleo de aceite y sus aplicaciones se extiende en todas las ramas de la vida egipcia, tanto de los vivos (en forma de combustible, perfume, ungüentos o medicina) como en ceremonias funerarias o de culto divino donde se unió a la reanimación mágica de difuntos. De hecho, los aceites rituales están mencionados en todos los ritos religiosos. Cuando su uso se relacionaba con la cosmética podía aderezarse macerando el aceite con ciertas hierbas aromáticas.

El de cedro fue uno de los más importantes tanto en el proceso de la momificación, como en los funerales. Se creía que esta sustancia actuaba como aglutinante de los miembros y de sus huesos y que devolvía a la carne la flexibilidad evitando su putrefacción tras la muerte. De este modo con el aceite se conseguía que el difunto experimentara un rejuvenecimiento, volviendo a tener el mismo aspecto (o incluso mejor) que tuvo en vida.

El aceite sagrado estaba equiparado con el ojo Udyat. Tanto el brillo del aceite como sus cualidades de rejuvenecimiento se relacionaban con la capacidad de protección contra cualquier fuerza del mal que quisieran acosar al difunto tras la muerte y con la sanación.

En la ceremonia de la "Apertura de la Boca" se usaban una serie de aceites mágicos (diez, según alguna versión) con los que se ungía al difunto, "Yo te aplico ungüentos para que aten tus huesos, para que unan tu carne, para que diluyan tus supuraciones."·Los distintos aceites se colocaban sobre unas planchas de piedra incisas con pequeños huecos redondos donde se colocaba una pequeña cantidad. Sobre éstas una línea de escritura jeroglífica indicaba el nombre de cada uno de ellos.

AGUA
El agua como elemento básico de subsistencia humana, animal y vegetal es un principio común en muchas culturas y aparece en mitos relacionados con la creación puesto que según creían los egipcios, ésta existía antes de la formación del mundo, el cosmos y los seres vivos y contenía el germen de la vida.

Según entendieron los egipcios, el país renacía tras la crecida anual del río Nilo al igual que el mundo había emergido de este abismo primordial, en forma de una colina de tierra primigenia cuando surgió desde las profundidades del caos. En ella se había manifestado la vida gracias a la intervención de un dios creador. Este caos primigenio, el dios Nun, se entendió como un lugar adimensional, un emplazamiento sin espacio ni luz donde se encontraba el dios primordial en un estado de no conciencia. En algún momento (y sin saber la razón) esta entidad divina tomó conciencia de sí mismo y comenzando la creación; separando las aguas del cielo (el cielo se interpretó como una gran masa de agua), dio vida a los dioses y dejó un espacio para que habitaran todos los seres orgánicos.

El agua fue símbolo de nacimiento, renacimiento y fecundidad. Por esta circunstancia muchos templos en Egipto tenían un lago sagrado, donde los teólogos de los diversos centros religiosos ubicaban el acontecimiento que hizo surgir el mundo en la oscuridad de los tiempos y, en estos lugares, se repetía cada mañana este misterio. De aquí recogían sacerdotes egipcios recogían agua para los rituales de la mañana y realizaban las abluciones sagradas, para hacer desaparecer todo la carga negativa puesto que tenía cualidades purificadoras.

El agua como potencial de vida y renacimiento fue interpretada como la entidad que acogía a los difuntos y les otorgaba vida. Esta valoración queda bien clara al interpretarse que los individuos ahogados se convertían en seres deificados al entenderse que volvían al seno de las aguas que, por otra parte manaban de la exudación de las heridas del dios Osiris.

En cuanto al agua de lluvia, parece ser que en Egipto tuvo un significado especial. Al ser este un país seco con pocas precipitaciones anuales, se considerada divina aunque en el caso de agua torrencial y devastadora, se interpretó como perjudicial y en los templos grecorromanos se desviaba con una pendiente en el techo que la desplazaba hacia el Sur por medio de unas gárgolas con forma de león para aumentar el poder mágico y alejar el mal. Esta identificación entre el agua de lluvia y el mal personificado por Seth se encuentra desde el Reino Medio.

El río Nilo como representación del agua benefactora aparece bajo el aspecto de un genio barrigudo con pechos colgantes (figura de fertilidad o genios Hapy) que lleva en la mano las ofrendas de las provincias. Él es el "genio" del río que discurre ordenadamente por el Valle y otorga a Egipto las puntuales y oportunas crecidas anuales.

Las fuentes del río Nilo constituyeron una preocupación constante de la elucubración teológica egipcia. Algunos mitos ubican su nacimiento en la profundidad de una cueva (como ocurre con ríos en otras culturas) situada al Sur, en la isla de Elefantina. Dicha caverna estaba guardada por el dios Jnum y por unas serpientes protectoras. De allí manaba anualmente la beneficiosa crecida con la que contaba el país y todos sus habitantes.

Una representación similar a la de los genios de fertilidad se encuentra en la personalidad del dios Uady o Uadyur ("El Gran Verde"), una entidad divina con aspecto humano y de color verde que tiene su cuerpo cubierto de ondas de agua, pero esta vez representan al mar. Los egipcios pensaban que además de los mares conocidos, existía un mar subterráneo e incluso un río subterráneo paralelo e inferior donde desaparecía el Sol al llegar la noche para hacer su periplo nocturno y regenerarse, calentando el reino del Más Allá y a los difuntos que se encontraban en él.
Los egipcios muestran en sus textos una preocupación constante hacia el peligro de padecer sed tras la muerte. Por ello los egipcios se hicieron enterrar con reproducciones de agua en maquetas, portadores y relieves. Esto no es difícil de entender si tenemos en cuenta que el agua es una fuente de vida y que sin ella pereceríamos sin dilación. Por otro lado los conjuros para no pasar sed en el Más Allá, para no tener que beber orina, sirven para expresar esta inquietud.

Como elemento mágico, el agua podía proporcionar la curación. De hecho en Egipto conocemos una cantidad de estelas o estatuas cubiertas con inscripciones mágicas. Normalmente tienen en la base un receptáculo para recuperar el agua que se vertía sobre ellas. Ésta tenía ciertas cualidades para neutralizar el veneno de animales ponzoñosos.

A menudo aparece simbolizada con símbolos Anj.

Un tipo de receptáculos para recoger agua fría de Nilo, procedente de la crecida son las conocidas cantimploras que surgen a partir del siglo VII a.C.


AIRE
En Egipto fue una entidad masculina, personificada por el dios Shu.
Conscientes de que el aire era imprescindible para la vida; tras la muerte lo hicieron representar con unas velas de barco hinchadas por el viendo, sujetas en las manos del difunto, que simbolizaban el aliento que necesitaban para subsistir.
El aire constituyó el elemento que separaba el caos, es decir el que dividió la unión sexual entre la tierra (Gueb) y el cielo (Nut) para dejar un espacio habitable donde pudieran vivir y respirar todos los seres orgánicos. También podía manifestarse mediante dos deidades con cabeza de carnero que mantenían los brazos en alto para sujetar a la diosa de la bóveda celeste, Nut.

Otra curiosa identificación es aquella que lo asocia con el Anj que, aunque fue un símbolo del agua, en muchos casos se relaciona con este elemento. De hecho, a menudo vemos este símbolo en manos de los dioses que lo aproximan a la nariz del rey difunto para proporcionarle ese aliento vital.

AJ
El Aj era uno de los elementos que componían al hombre y a los dioses (véase "Ba", "Ka", "nombre", "sombra", energías "Heka" y "Sejem", "corazón" y "cuerpo físico". Es precisamente bajo esta forma como el difunto habitaba en el Más Allá.
Se representó con aspecto Ibis crestado, aunque también podemos encontrarle en forma de Ushebti o de momia, acompañado del determinativo que identifica este ave. Es posible que en origen el ibis fuera el modo de expresar este concepto y que más tarde cambiara para ser personificado por el otro motivo.

Parece que el Aj guardaba cierta relación con la "luz", con un "ser luminoso divino", con la "transfiguración" o, para ser más explícitos, con un "espíritu transfigurado" y, en definitiva, con la sustancia del alma humana, transfigurada en luz en contraste con la muerte. No obstante, no estaba ligado al mundo de los vivos y sí al de los muertos y a las estrellas ya que nadie podía convertirse en Aj mientras vivía. La aparición del Aj se producía el reunirse el Ka y el Ba y coexistía con ellos.
De este modo, nos encontramos ante un principio luminoso que podría compararse a una estrella y las estrellas se entienden como formas de vida divina en el Más Allá: las estrellas circumpolares que nunca desaparecen se relacionan con las almas de los difuntos desde el Reino Antiguo. Por ello parece que el Aj transmite una idea de resurrección e inmortalidad (Englud 1978) y posee poderes mágicos. El Aj es un elemento espiritual e inmortal y pertenece al cielo, mientras que el cuerpo difunto pertenece a la tierra,

AJO
El ajo como símbolo de una necesidad mágica, se encuentra en un considerable número de tumbas, como parte del ajuar funerario. Fue tan importante como para que se hicieran reproducciones de éstos en barro o en piedra a fin de que, de forma mágica, pudieran hacerse realidad cuando el fallecido lo considerase oportuno. Suelen aparecer en contextos funerarios y, sobre todo, en relación con la Ceremonia de la "Apertura de la Boca", donde el .sacerdote oficiante ofrecía a la momia una serie de objetos y alimentos, con los cuales reconstruía la vida del finado, desde su nacimiento hasta la madurez. Aquí, los ajos simbolizaban a los primeros dientes que salen a los niños (Macy Roth 1992 y 1993) puesto que toda la ceremonia se encaminaba a conducir al fallecido hacia una nueva vida dándole la fuerza necesaria para subsistir después de la muerte.


ALA
Este es un motivo que se repite en la iconografía egipcia con asiduidad, ya que las entidades divinas aladas son numerosas. Las alas proporcionaban el aire divino para que los hombres pudieran respirar e inhalar el aliento imprescindible, tanto es así que desde la dinastía I, se entendió que el cielo estaba formado por las alas del halcón del dios Horus y que las nubes y las estrellas eran las plumas moteadas tan características en este ave.
Las alas suelen llevarlas las divinidades ornitomorfas, como el buitre o el halcón, así como el disco solar que, gracias a ellas surca el cielo diariamente. Con esta iconografía tenemos al Horus Behedeti.
El motivo de las alas desplegadas, se repite con frecuencia en los techos o sobre las puertas de acceso de los templos, donde ser preprodujeron halcones y buitres en pleno vuelo que protegían los puntos más vulnerables del santuario, las puertas.
A partir del Reino Nuevo y concretamente tras el reinado de Ajenatón, ciertas diosas que representaban conceptos de protección pueden aparecer con alas. Es muy frecuente encontrar al dios Osiris y acompañado de Isis y Neftis que extendiendo sus alas protectoras, abrazan al dios.
Las alas dibujadas sobre los sarcófagos se encuentran en los llamados "Sarcófagos rishi" convirtiendo la caja en un confortable y seguro envoltorio emplumado. Además, la presencia de deidades aladas dibujadas en los sarcófagos a la altura del pecho, son realmente habituales durante el Reino Nuevo.

AMULETO
Los egipcios emplearon desde el Período Predinástico (Badariense), y de forma creciente, un buen número de amuletos mágicos protectores, que utilizaron tanto los vivos como los muertos y que podían incluirse en el ajuar o colocarse directamente sobre el cuerpo del fallecido en forma de objetos sueltos, enfilados en collares, inscritos en anillos, pulseras, introducidos entre las vendas de las momias, etc. Cuando se empleaban como amuletos para los vivos, podían pender de un cordón o cadena y ser introducidos en una pequeña cajita protectora a modo de relicario, sobre todo a partir del Tercer Periodo Intermedio. Podría decirse que el mayor número de amuletos le hizo en época saíta, cuando se elaboraron casi de forma industrial debido a un incremento en la piedad de estas gentes.
Estos objetos debían realizarse con un material y color determinado ya que así aumentaba su poder. Cada uno tenía una propiedad específica que dependía del símbolo que representara y del color de éste. Ciertos materiales tenían un uso más dirigido al mundo de los muertos que al de los vivos. Por ejemplo, aunque no pueda generalizarse, el empleo de la diorita fue normal en amuletos de tipo funerario.
También podían pintarse en tela, sobre papiros, etc. Cuando no era posible obtener el metal, la pasta o la piedra que había que tallar o labrar, bastaba con imitarla manteniendo su valor mágico.
La variedad de objetos, fetiches y divinidades es sorprendente, solamente en el papiro Harris tenemos toda una amplia relación de amuletos de corazón y en el papiro de Leyden se especifica el modo de confeccionar los mismos para que estén "cargados" con las fuerzas benefactoras y poderosas que cada uno de ellos requiere. El papiro McGregor recoge toda una lista de los amuletos de uso funerario más importantes. Lo más corriente en el Reino Nuevo y el Período Ptolemaico era incluir en la momia unos treinta amuletos colocados en lugares concretos del cuerpo, sin embargo esta no fue una regla fija. Como ejemplo baste citar al rey Tut-Anj-Amón. Sobre o entre los vendajes de su momia se hallaron algo más de 140 amuletos.
Teóricamente los amuletos debían colocarse en lugares precisos, sin embargo el estudio de la localización de éstos sobre los cuerpos de los difuntos nos demuestra que no fue una regla rígida.
Tanto estos talismanes como algunos porta amuletos, traspasaron las fronteras egipcias y fueron adoptados por fenicios y cartagineses llegando a lugares tan alejados como la Península Ibérica. De hecho una gran cantidad de ellos se hallaron en la isla de Ibiza (Fernández y Padró 1982 y 1986).
Vamos a recoger en grandes apartados los amuletos egipcios más destacables:

Plantas
Se encuentran como símbolos de vida renovada, de resurrección y se sitúan en puntos precisos. Así, por ejemplo, el pilar de papiro solía colocarse cerca de la garganta del difunto y, teóricamente, debía de estar hecho de feldespato verde, como hemos anteriormente. Mediante el primero el difunto consigue "el que pueda convertirse en un escriba de los altares de la diosa Hathor", en el segundo el fallecido proclama "ser" como el mismo amuleto y "existir" delante de la humanidad. En ambos casos queda clara la función que lo relaciona con la juventud y renacimiento, además lo aproxima a la diosa Hathor, cuyas características engloban estos aspectos.

Animales o de partes de animales
Los egipcios fueron muy dados a crear amuletos en forma de dioses o diosas, bien en su aspecto antropomorfo o teriomorfo ya que otorgaban al fallecido sus favores. Cuando se trata de alguna de las partes sueltas de la anatomía de estos animales, podían querer conferir cosas distintas. Por ejemplo, la parte delantera de un león servía para hacer que el difunto disfrutara de fuerza, potencia y vigor, ya que a juzgar de los egipcios es precisamente en esta zona donde el león acumula mayor poderío; con la pata delantera de un buey, denominada Jepesh, se lograba que el difunto adquiriera fuerza, tanto física como divina
Los animales también podían simbolizar aspectos del océano primordial, es decir del caos que existía antes del comienzo de la creación o la fertilidad propia de esa creación; en este caso se encuentran las ranas y algunas serpientes.
Cuando se muestran con forma de animal completo, son la manifestación terrestre de dioses determinados.
Los escarabeos son uno de los amuletos más comunes. Podían llevarse en la vida diaria, pero, sobre todo eran imprescindibles sobre la momia o en sus pertenencias.

Partes del cuerpo
Aparecieron a finales del Reino Antiguo y en el Primer Periodo Intermedio y servían como sustitutos de los miembros u órganos humanos por si éstos sufrían alguna contrariedad en el Más Allá.
Cuando en el ajuar funerario se incluía una cara de dimensiones reducidas, servía para conseguir que los sentidos en general estuvieran activos tras la muerte. Operaba de la misma forma mágica que cuando incluían la réplica de uno de los órganos portadores de los sentidos, como son amuletos sentidos en forma de orejas, ojos.... Cuando, además, estos miembros adoptan ciertas posturas, como por ejemplo los brazos o las piernas, podemos entender que era para facultar la movilidad y la fuerza propia de este miembro, etc. Otras curiosas partes del cuerpo son los penes en miniatura cuyo objetivo mágico era la gran preocupación de los egipcios ante el riesgo de perder su capacidad sexual o su órgano reproductor tras la muerte. Los penes podían actuar de sustituto mágico pero también actuaban como ofrendas para que la divinidad protegiera al niño varón.
Determinadas partes del cuerpo tenían otros significados: los dedos juntos (índice y medio), generalmente de obsidiana, se colocaban junto a la incisión ventral de la momia (por la que se habían retirado los órganos en el embalsamamiento). La reproducción de éstos en piedra evocaban los del propio embalsamador, que los colocaba en el lugar más problemático, es decir, donde al haber abierto el cuerpo de forma artificial podía ser más vulnerable. Se suponía que con este amuleto se protegía a la momia con una garantía suplementaria y se reconfirmaba el proceso de embalsamamiento (Andrews 1.994).
Como ocurre con otros amuletos también los que representaban partes del cuerpo tenían que tener un color especial. Por ejemplo, el que representaba al corazón (ib) debía ser de color rojo y el que reproducía al papiro, de color verde.

Objetos sagrados e insignias reales
En este apartado podemos agrupar, entre otros muchos a las escaleras, obeliscos, sistros, cetros y coronas. Contra lo que a priori pudiéramos suponer, los objetos sagrados y las insignias reales, a partir del Primer Periodo Intermedio no se encuentran sólo en enterramientos de monarcas sino que aparecen en tumbas privadas puesto que gracias a ellos se obtenía los beneficios que proporcionaba la realeza y las propiedades mágicas que los objetos sagrados personificaban.
La escalera simbolizó la colina primordial por la que el difunto podía acceder al cielo, ya que era una de las metas más preciadas para obtener una vida eterna y renovada diariamente. En la misma línea estaba el disco solar, que se colocaba cerca del estómago de la momia y que proporcionaba toda la fuerza protectora y calorífica del Sol
Los obeliscos también formaron parte de los amuletos de los egipcios; se encuentran desde el Reino Antiguo y son representantes pétreos del Sol. Servían para propiciar la resurrección solar del difunto.

Dioses y diosas con aspecto animal o antropomorfo
Podían ser empleados tanto como protección para los vivos como para los muertos. En ambos contextos las cualidades y los beneficios propios de la divinidad reproducida. Entre los más importantes se encuentran aquellos que representaban a las dos diosas patronas del Alto y el Bajo Egipto, Nejbet y Uadyet; o a los llamados cuatro hijos de Horus, que velaban por el difunto.
La diosa hipopótamo Tueris solía incluirse como parte de los amuletos que debían llevar las mujeres para ser fértiles y tener un parto feliz; el dios Horus y la diosa Isis solían ser portados por mujeres y niños tanto en la vida como en la muerte. El dios Heh, que representaba la infinitud y los millones de años, ofrecía al difunto una vida prolongada a través de la eternidad.
Conceptos
Estos suelen estar colocados sobre las momias. En tal caso encontramos al pájaro con cabeza humana que personifica el Ba y que se colocaba sobre el pecho de la momia. En situación similar tenemos al que representa el horizonte y que proporcionaba el renacimiento.

Herramientas
Pueden ser interpretados bajo dos puntos de vista: por un lado como modelos de útiles de trabajo que mediante la palabra mágica podrían hacerse realidad y ser utilizados por el difunto; por el otro deberían ser entendidos como objetos que simbolizan hechos concretos enlazados con su aplicación práctica. Así, por ejemplo, la escuadra representaba la rectitud a través de los años de vida eterna y la plomada (hecha normalmente de hematita) el equilibrio eterno, la fuerza.

ÁNADE
Se encuentran con frecuencia representados de forma esquemática en los peines y paletas predinásticas y, más tarde, en el Reino Antiguo, en las mastabas de Sakkara siendo desde entonces habituales en la iconografía egipcia. También el ánade sirvió para escribir la palabra "hijo" e "hija", probablemente por homofonía.
Como ocurre con otros animales, los ánades parecen tener una doble significación y ésta depende del contexto en el que se encuentren. Cuando simbolizan el caos, las encontramos volando en bandadas y siendo cazadas por medio de redes o palos arrojadizos. Relacionados con aspectos más terrenales, los encontramos durante el Reino Nuevo en la mano de las muchachas, como si fueran animales domésticos o formando parte de la decoración de unas cucharillas para cosméticos, entendiéndose que pudieron tener algún tipo de conexión con la feminidad, la sexualidad y el erotismo e incluso con la regeneración.
El ánade se Identificó con ciertos dioses, entre ellos quizá debemos destacar la oca de Amón (Alopochen aegyptiacus), el emblema del dios de la tierra Gueb y el dios del aire Shu (Ansar albifrons).
Como entidad creadora aparece en infinidad de ocasiones con el nombre de Gen-Uer "El Gran Cacareador"; este apelativo lo llevan varios dioses creadores, sobre todo aquellos que en algún momento se relacionaron con la ciudad de Hermópolis (Amón y Gueb)
Pese a todas estas connotaciones religiosas, los ánades se encuentran entre las ofrendas y sacrificios que se presentaban a dioses y difuntos para su sustento eterno. La calidad de su carne no pasó desapercibida.
Como ocurrió con otros animales que sirvieron de manifestación divina, los ánades fueron momificados, sobre todo desde el siglo IV a.C.

ANIMALES, PLANTAS Y DIOSES
Los egipcios, grandes observadores de la naturaleza, atribuyeron ciertos poderes a animales y plantas y entendieron que éstos personificaban a manifestaciones de algunos de sus dioses.
El hecho de que el hombre desde la más remota antigüedad, tuviera certeza de su propia existencia, condujo a que pensaran que debía de existir una fuerza superior responsable de la creación del mundo y que llevara al mundo de lo divino hechos naturales que no podían entender ni explicar de otro modo. Por ello extendió, a ese mundo divino, cualidades de los animales que consideraron sobrenaturales y entendió que los dioses y las diosas empleaban ciertos elementos vegetales para manifestarse en la tierra. Así, algunos dioses recibieron culto en los templos en forma de animales con características específicas, tal es el caso de Sobek y los cocodrilos en Kom Ombo o de Apis y los bueyes en Menfis.
Por ejemplo Mut, con aspecto de buitre, se entendió y se la denominó “la madre”, aquella que en tiempos predinásticos acudía a la necrópolis para llevarse el cuerpo del difunto al cielo, poniéndose en paralelo con la función necrófaga de animal carroñero, algo similar a lo que ocurrió con el chacal Anubis; el halcón Horus, fue “el distante”, porque surcaba el cielo a gran altura y conseguía detectar su presa gracias a su magnífica visión; el escarabajo se vinculó al sol porque nacía de forma similar a éste ya que el coleóptero pone los huevos en el interior de una bola de estiércol que empuja con sus patas delanteras y esta bola le sirve como soporte para incubar los huevos, además de constituir el perfecto material nutricio para los pequeños escarabajos. Al eclosionar los huevos las crías emergen hacia la superficie y para el pensamiento egipcio esta “mágica” concepción y este “misterioso” alumbramiento -sin la aparente intervención de sus progenitores-, se puso en paralelo con el nacimiento de Ra, que en muchas ocasiones se representó como un escarabajo que arrastraba la bola de estiércol, identificada con la bola solar.
En el terreno de lo vegetal, las plantas y los árboles simbolizaron la regeneración y la renovación ya que, como el hombre, nacen, se reproducen, mueren y vuelven a nacer renovados al año siguiente, repitiéndose incansablemente el círculo de la vida.
Los árboles tienen las raíces hundidas en el suelo, en el cuerpo del dios Gueb y se elevan al cielo, creando un punto de conexión entre ambos. Además las características de su forma o de su madera también les sirvió para vincularse a los dioses. Por ejemplo, Osiris se asoció al cedro porque éste tiene una madera muy duradera y los egipcios la consideraron incorruptible; el sicomoro que se puso en conexión con el cielo y por tanto con las diosas Hathor y Nut por motivos semejantes. La lechuga se asoció a Min, porque se pensó que tenía propiedades afrodisíacas y, además, observaron que al cortarla rezumaba un líquido lechoso que interpretaron como semen divino, nada mejor para un dios vinculado a la fertilidad y a la potencia masculina creadora. Por ello los egipcios emplearon, como suele ser habitual en muchos casos, una misma palabra: menhep. que sirvió para designar tanto a la lechuga como al pene.

ANJ
Como regla aplicable a los símbolos egipcios podríamos decir que todos los que tienen forma de anillo o nudo representan lo ilimitado, aquello que está unido firmemente. Como veremos en ambos casos se encuentra el Anj, e símbolo solar más habitual en la iconografía egipcia al encontrarse en forma de amuleto, formando parte de frisos, cajas, espejos, elementos de joyería, etc.
En algunos lugares aparece citada como cruz ansada (crux ansata) puesto que la iglesia Copta la adoptó como una forma de la Cruz. Igualmente, fue identificada con la Tau griega.
Lo que representa este símbolo es difícil de identificar, algunos autores creen que se trata de un lazo, mientras que otros piensan que podría ser la parte superior de una sandalia, el cordón umbilical anudado.... Puede aparecer sola o compuesta, es decir, acompañada de otros símbolos como son el pilar Dyet y el cetro Uas, siendo este conjunto el que formaba parte del cetro que llevaban los dioses Sokar, Ptah y Osiris.
Lo que parece estar fuera de toda duda es que el Anj suelen llevarlo los dioses, que lo sujetan de la parte superior y lo aproximan a la nariz o a la boca del individuo situado frente a ellos para ofrecerles ese "aliento vital", para facilitarles la respiración divina y esa vida ultraterrena vital para el fallecido. Por todo ello, para los seres vivos el Anj simbolizaba la vida, el aire y por extensión el agua (la fuente de vida) así como la vida eterna y la fuerza vital para los difuntos.

Ocasionalmente, también aparece en manos de los miembros de la realeza siempre que se representen una vez fallecidos, tras haber sido juzgados por sus actos terrenales y considerados capaces de habitar en el Más Allá.
En el Reino Nuevo, y en concreto en época de Ajenatón (Amenhotep IV), se aprecia en las manos que salen del disco, es decir, al final de los rayos solares que daban vida a la tierra y a todos sus moradores.

ANTÍLOPE
Los antiguos egipcios dieron a los antílopes un sentido religioso desde épocas tempranas y como tal aparecen sobre cerámicas predinásticas de Nagada I y más tarde (3.000 a.C) en elementos de joyería. Igualmente, fueron representados tanto en las paredes de las tumbas y templos como en objetos de vida cotidiana o ajuar funerario; incluso en óstraka satíricos como los de Deir el-Medina.
Sus cualidades físicas y su carácter llevaron a los egipcios a relacionarlos con ciertas fuerzas divinas como por ejemplo Satis (Sehel) y Anukis (Komir), además de encontrarse sobre la frente de la deidad siria Reshep, dios adorado en Egipto durante el Reino Nuevo.
La gacela también se encuentra en el Reino Nuevo como atributo reservado a personajes de la familia real no estrictamente dinásticos (concubinas, princesas de segundo rango...) con la condición de que sean siempre mujeres. En opinión de Troy, la gacela fue un símbolo de Isis, que enfatizaba la feminidad.
Parece que los egipcios criaron antílopes en cautividad, como animal doméstico e, incluso los momificaron y enterraron con sumo cuidado.
Pero como los egipcios tenían un pensamiento dual, también la gacela pudo representar el caos y en este sentido se asoció al dios Seth. La leyenda cuenta cómo bajo el aspecto de un antílope este dios se había comido el Ojo de Horus por lo que Ra debió tomar cartas en el asunto. Para asegurarse que el daño causado a Horus era cierto, le pidió que cerrara el ojo sano y que le dijera qué era lo que veía. Horus contestó "veo blanco". En la lengua egipcia "ver blanco" y "antílope" (gacela) son palabras homófonas por lo que su relación parece evidente. Así se interpretó que el ojo había sido dañado por Seth en forma de antílope (Oryx dammah) ypor ello estos animales se emplearon para el sacrificio, desde el Reino Antiguo y en las fiestas de Osiris y Sokar para conseguir de forma mágica la restitución del Ojo de Horus y dominar las fuerzas del mal.
El sacrificio del antílope se reprodujo en relieves, paletas de aceites, vasos de alabastro, etc.

ANTORCHA
La antorcha, como instrumento que disipa la oscuridad por medio de la purificación del fuego, sirvió para alejar a genios malignos y se relacionó con el Sol.
En la celebración tebana de "La Bella Fiesta del Valle" los sacerdotes se dirigían a la orilla Oeste (orilla de los muertos) y se presentaban ante la estatua divina del templo funerario de Hatshepsut en Deir el-Bahari. Portaban cuatro antorchas y las colocaban en las cuatro esquinas de la sala, donde se había colocado la barca del dios. Con este acto se pretendía que la luz alcanzara los cuatro puntos cardinales y disipara las tinieblas lográndose la eliminación de las temidas fuerzas negativas que querían amenazar la estabilidad. Después presentaban la ofrenda de cuatro vasos de leche, que garantizaban la paz y el sustento del dios. En estos vasos se apagaban las antorchas cuando en la mañana el sol nacía por Oriente, eliminado toda clase de peligros.

APERTURA DE OJOS Y BOCA
A la muerte de un individuo su cuerpo debía embalsamarse para alcanzar la eternidad y para que la parte inmaterial del hombre siguiera teniendo un lugar reconocible para descansar. Al producirse esa muerte los sentidos del ser humano y los elementos espirituales quedaban momentáneamente aturdidos y desorientados, -de una forma similar a cuando estaba en lo que hoy conocemos como entrar en coma-. Esto es lo que ocurría en la Ceremonia (o rito) de la Apertura de la Boca, que los antiguos egipcios denominaban: Cumplir la Apertura de la Boca en el Castillo (o Casa) del Oro.
Para los egipcios, la muerte no constituía una ruptura sin esperanza, sino que se producía al separarse esos elementos espirituales del cuerpo físico, por lo que era imprescindible que se restauraran de forma armónica. No había otro modo para lograr el renacimiento, la fuerza y la regeneración necesaria para la vida eterna en el Más Allá. Así, se dotaba al dotar al fallecido de una nueva vida y, partiendo de un nuevo nacimiento, se le conducía mágicamente desde el estado de bebé al de adulto. De esta forma, como ser fuerte y completamente desarrollado, podría enfrentarse sólo a las eventualidades del Más Allá.
En la Ceremonia de la Apertura de la Boca participaban varios personajes, pero el más importante era el Sem que, asistido por otros miembros del clero y en estado de trance, era el encargado de partir en busca del Ka del difunto para hacerlo a la tumba y para unirse al cuerpo, obteniendo de este modo la restauración de los sentidos del ser humano.
Este ritual también se practicó sobre el sarcófago o las estatuas, ya que éstos podían servir como soporte del Ka si el cuerpo había sufrido algún percance.
La ceremonia de la Apertura de la Boca fue complicándose y ampliándose con el transcurso del tiempo, añadiéndose ritos nuevos pero sin modificar los pasajes originales. Existió una versión abreviada y otra más extensa, pero ambas eran igual de eficaces.

ÁRBOL, ARBUSTO Y PLANTA
Como en otras culturas, la conexión entre el árbol y lo divino es muy estrecha. En general, puede afirmarse que los árboles en Egipto eran, como elemento de la naturaleza vegetal, símbolos de la manifestación de los dioses, aunque en Egipto, como en otras culturas, el árbol no es un dios o diosa por sí mismo, sino un instrumento que éstos emplean para su epifanía, para surgir en momentos concretos. Algunas deidades fueron adscritas a ciertos árboles, arbustos o plantas que se representaron en ocasiones con brazos y manos, dotándoles de animación.
Los árboles se asociaron a la generación, regeneración y renovación ya que, excepto los de hoja perenne, pierden sus hojas y vuelven a recuperarlas en la primavera, relacionándose este hecho natural con la evocación de la muerte y la resurrección. Además tienen las raíces arraigadas en la tierra, en el cuerpo del dios Gueb, aunque también se elevan majestuosos hacia el cielo, hacia la diosa Nut, esposa de Gueb, en un acto simbólico de unión. En cierto modo están conectados al cielo y a la tierra.
Los árboles sirvieron como moradas más o menos temporales de ciertas divinidades. De todos es conocida la imagen de la diosa Hathor como deidad de Occidente, como diosa de la vida tras la muerte, saliendo de un árbol o personificada directamente con la imagen de un árbol dotado de brazos o pechos con los que alimenta al fallecido.
Inclusive ciertos nomos, por ejemplo el XIII y el XIV del Alto Egipto, estaban identificados con determinados árboles que fueron representados en sus estandartes.
Las distintas clases de árboles y arbustos, se listarán en su apartado independiente.
El empleo de la mirra en ceremonias religiosas, momificación y medicina pudo deberse a que tiene propiedades antiespasmódicas y estimulantes y, además, mezclada con vino era un poderoso narcótico.
Según los textos, la mirra se produjo gracias a las lágrimas de los dioses relacionadas también con las sustancias empleadas en la momificación.

ARENA
El hecho de que en los comienzos de la civilización egipcia se descubriera que la arena actuaba como agente deshidratador natural en los cuerpos, cuando éstos eran enterrados en el desierto directamente en ella, y que aparentemente los convirtiera en incorruptibles, hizo que la arena alcanzara la condición de sustancia mágica con cualidades purificadoras.
Ciertas calidades de arena se arrojaban ante la estatua divina. Ésta, procedía de ciertas ciudades consideradas "santas", como por ejemplo Heliópolis. También durante la ceremonia de la "Apertura de la Boca" la estatua se colocaba sobre un montículo de arena que podría simbolizar en la creación, la primera elevación de tierra. En el mundo del Más Allá, la arena indicaba la falta del agua vivificadora: era "la tierra de Sokar (el dios funerario) que está en su arena". Pero en este lugar también encontramos bancos de arena que dificultan la buena navegación de la barca del Sol. Allí, la arena podría ser una manifestación de la maléfica serpiente Apofis y concretamente de su espina dorsal.
Sin embargo también sirvió para purificarse y como elemento para crear objetos mágicos, tales como los "ladrillos mágicos" alojados en los depósitos de fundación porque estos ladrillos tenían que reunir "todos los elementos de la creación del universo primordial" y por ello estaban cargados de una poderosa y eficaz magia.


BA
El Ba era uno de los elementos poderosos e inmateriales que componían al hombre una vez que había acaecido la muerte (al menos durante el Reino Nuevo).
Tuvo aspecto de cigueña jabiru y, en el Reino Nuevo, de pájaro (halcón o ibis) con cabeza y brazos humanos.
El hecho de escoger estas aves pudo deberse a sus costumbres migratorias. Estos pájaros viajan hacia lugares remotos para retornar puntualmente en cada ciclo anual, interpretándose que ellas volaban al mundo de los dioses para más tarde, al llegar la noche, acudir a la tumba y alojarse en ésta con el cuerpo, ya que el Ba es una fuerza exclusivamente funeraria.
Éste es un elemento de difícil definición ya que no existe ninguna concepción actual que recoja fielmente tal concepto. Tradicionalmente se ha traducido como “alma”, sin embargo no puede interpretarse totalmente según nuestras concepciones modernas sino que sería más acertado decir que el Ba era la fuerza animada del difunto por la cual reyes y dioses pueden manifestarse en el mundo, la personalidad individualizada de cada persona que hacía que cada individuo fuera diferente a otro, la parte espiritual de este individuo, la animación, la manifestación una vez acontecida la muerte. Por medio del Ba, el difunto podía desplazarse y reunirse con su Ka, actuando como intermediario entre el cielo y la tierra, entre el mundo de los dioses y la tierra.
Tanto las estatuas de madera que se encontraban en la tumba, la Estela de Falsa Puerta o el cuerpo momificado, eran receptáculos para que el Ba pudiera reconocer la imagen a la que había pertenecido en vida y descansar en su interior.
No sólo los hombres tenían Ba. Los dioses e incluso ciertos objetos inanimados, como por ejemplo las pirámides eran expresión de este concepto. El Ba de las divinidades se manifestaba a través de sus encarnaciones terrenas (animales o estatuas de culto) o de otras entidades divinas con las que se asociaban, esto es, ciertos seres.
Bajo la forma de un amuleto se incluyó en las momias a partir del reinado de Tut-Anj-Amón y se colocaba sobre el pecho. Servía para preservar al difunto de un posible decaimiento.

BARCA
Como es lógico, en un país atravesado por un río, las embarcaciones grandes o pequeñas fueron, desde los primeros momentos de la civilización, el medio de transporte por naturaleza. Por ello los egipcios elevaron éstas a sus creencias divinas y, por supuesto, al Más Allá.
Las barcas, como medio de transporte, servían para desplazarse de un lugar a otro, interpretándose que también eran el medio para expresar un símbolo de transición, un modo de expresar el periplo de los cuerpos celestes, es decir del Sol y de los difuntos a través del cielo .
Durante el Reino Antiguo e incluso en época tinita, era común enterrar una o varias barcas para que el difunto pudiera hacer su viaje por el Más Allá. En las primeras dinastías eran más un simulacro de navíos; de este tipo son las halladas en Abidos. Uno de los ejemplos mejor conservados, aunque de época posterior, es una de las barcas de Jufu (Dinastía IV), que hoy se expone junto a su pirámide. Sin embargo, éste no es el ejemplo más temprano.
El dios Ra atravesaba el cielo egipcio en este medio y, llegada la noche, viajaba por el Mundo Subterráneo. Es fácil hallar la representación de una barca sujeta por un dios, el océano primordial Nun, con los brazos levantados que sujeta la barca para que no se caiga. Ra suele estar acompañado de una gran comitiva que le ayuda y defiende en ese peligroso deambular. Por otro lado es habitual encontrar en los relieves y pinturas egipcias a los dioses partiendo en barcas transportables que eran llevadas a hombros por los sacerdotes en el transcurso de las procesiones. Son barcas no funerarias, sino procesionales.
Aunque todos los dioses tenían sus propias barcas para desplazarse, las del Sol eran muy importantes. Ra tenía dos: la que utilizaba en el día, llamada Mandet, que tenía como emblema la golondrina,y la empleaba en la noche que se significaba por un niño sentado con el dedo en la boca y que se denominaba Mesektet. Ésta tenía la facultad de convertirse en serpiente para atravesar la caverna del Sokar en el Más Allá.
Otra barca fundamental era la que transportaba al dios Osiris, es decir la Neshmet, la gran barca Userhat del dios Amón (llamada Seshem-Ju en la capilla roja de Hatshepsut y cubierta de oro por Dyehuty) o la que parece más arcaica, la barca Henu del dios Sokar. Ésta tenía una gran cabina abovedada y numerosos remos. La proa estaba vuelta hacia el interior del navío y terminaba en una cabeza de oryx con cuernos muy largos. Algunas reproducciones de las barcas de los dioses eran de tamaño menor y se usaban, sujetas a un soporte, para ser llevada a hombros por los sacerdotes en el transcurso de en las procesiones. Durante el recorrido existían unos “reposaderos de la barca” para realizar ciertos ritos y darle descanso a los porteadores.
Un curioso elemento que se incluyó en tumbas del Reino Medio es una colección de reducidas barcas, mal llamadas maquetas. Su función consistía en actuar como los antiguos portadores de ofrendas cuando, por ejemplo, estas representan escenas de pesca. También servían para realizar el peregrinaje póstumo a las ciudades sagradas (Heliópolis, Busiris y Abidos) ya que, por magia, podían hacerse realidad.

BARRO O ARCILLA
El barro o la arcilla, tenía cualidades mágicas por mezclarse con agua, es decir con la sustancia del océano primordial. Además como otros componentes, era maleable, vinculándose a la productividad.
De barro, hadía el dios Jnum la figura del rey y de su gemelo en su torno de alfarero.
Se consideraba que el barro había sido la primera materia que había aparecido tras la retirada de las aguas del Nun y por ello estaba “cargada” con poderes sobrenaturales. Quizá esta fue una de las razones para que los templos, construcciones en piedra, se hicieran rodear de un muro de adobes que delimitaba el espacio sagrado llamado Thémenos (véase “templo”) y que en sus cimientos se enterraran modelos de ladrillo de adobe denominados tradicionalmente “ladrillos de fundación”. Éstos tenían como finalidad representar y asegurar la existencia de todos aquellos ladrillos que deberían emplearse en la construcción del edificio. Para que este acto mágico fuera eficaz, el barro se mezclaba con una serie de ingredientes simbólicos que hacían más efectiva su finalidad apotropaica.
El barro, como la cera, servía para hacer figurillas mágicas cargadas de poder, así como para otro tipo de figuras que después se rompían y que servían para “eliminar” simbólicamente al representado. Gracias a estas estatuillas los enemigos o los animales ponzoñosos se mantendrían alejados del ser humano.
Otro tipo de figurillas mágicas de barro son aquellas denominadas “Osiris Vegetantes”. Representaban al dios del Más Allá y eran símbolo del nacimiento de la vegetación. Para su confección, el barro (o limo) se mezclaba con el grano y, pasado un tiempo, en ellas se producía la germinación como alegoría del renacimiento tras la muerte.
Durante el Reino Nuevo, en el interior de las tumbas se incluían unos bloques de barro llamados ladrillos mágicos, cada uno de los cuales incluía un amuleto o divinidad específica y se colocaban orientados a cuatro los puntos cardinales para que les proporcionaran una eficaz protección contra las fuerzas negativas.
Por otro lado, la tradición apunta a que la mujer alumbraba sobre unos ladrillos de barro/limo sobre los que colocaba sus pies, dando a luz en cuclillas. Estos ladrillos representaban a la diosa de los nacimientos y proporcionaban a la parturienta y al niño recién nacido una protección contra los genios del mal que quisieran acosarles en tan peligroso trance.
Al barro se le atribuían cualidades de sanación; así, según el papiro Chester Beatty, era capaz de alejar los dolores de cabeza y fue empleado para rellenar el interior de algunas momias, aunque no parece que esto pueda interpretarse bajo un prisma religioso.
También de arcilla se hacían cuatro bolas mágicas que servían para protegerse de las serpientes y los reptiles ya que éstos deambulan por terrenos arcillosos y húmedos; por tanto, nada como el barro para neutralizar sus ataques.

BENBEN
La colina de donde surge el mundo es común a todas las cosmogonías egipcias y aparece en cada una de ellas con nombres distintos.
La piedra sagrada Benben, localizada en la ciudad santa de Heliópolis, era símbolo del principio creador masculino y el eje del mundo. Pudo ser de origen meteorítico y por proceder del espacio se convirtió en un objeto sagrado, en un símbolo de lo divino y primordial, de aquello que proporcionó fertilidad. El Benben sirvió para personificar el primer trozo de materia sólida que emergió del abismo u océano primigenio Nun en el comienzo de los tiempos, según la cosmogonía de Heliópolis.
En los textos aparece representada de variadas formas: pirámide de caras lisas o escalonada, montículo, trapecio... De hecho, éste elemento podría haber sido el inspirador y responsable de los montículos que se colaban sobre los enterramientos de los reyes tinitas (Dinastías I y II) y, posteriormente, de la construcción de las posteriores pirámides de caras lisas.
El acontecimiento del surgimiento del Benben se rememoraba cada año mediante la crecida del río Nilo y el Valle. Era entonces cuando el país quedaba inundado por un periodo de tiempo; al retirarse las aguas progresivamente, surgían pequeños islotes repletos de vida que iban creciendo en número hasta que el país quedaba completamente regenerado.
La relación de la piedra Benben con las pirámides y los obeliscos es indiscutible ya que su forma estilizada hacia el cielo no deja lugar a dudas. Tanto unos como otros eran una estilización de la piedra Benben y la parte alta de los mismos se cubría de oro o electrum , símbolo solar de inmortalidad por excelencia.
Tradicionalmente las culturas consideraron ciertas montañas como partes de la tierra que se elevan de forma sagrada hacia el cielo (Sinaí, Dyebel Bárkal, Kilimanjaro, Ararat, etc), símbolos de la divinidad celeste suprema y en ellas suelen morar ciertos los dioses. Estos lugares, donde convergen el cielo y la tierra, se consideraron el centro del mundo y, consecuentemente, simbolizaron a la montaña cósmica (Eliade 1981).

En la cosmogonía menfita la “tierra emergida” está representada por el dios Ptah-Tenen mientras que en Hermópolis este lugar se denomina “Isla de las llamas” donde ocurre el “resplandor del primer día”.
Personificada en los templos, se encontraba en las zonas más íntimas y sagradas: en el santuario, el lugar más elevado del recinto, donde descansaba la divinidad. En algunos casos, además era el propio templo el que de forma intencionada se erigía sobre un montículo circular y elevado que rememoraba la tierra emergida, tal fue el caso del santuario de Hierakómpolis en el Reino Medio.
La palabra benben tuvo relación con bennu y con otra que servía para designar el hecho de brillar: weben.

BENNU
El pájaro Bennu, identificado por los griegos con su ave fénix, estuvo personificado por la garza real Ardea cinerea o Ardea purpuirea. Los egipcios, grandes observadores de la naturaleza, advirtieron que este ave migratoria aparecía puntual y anualmente con la crecida del río Nilo, cuando las aguas anegaban la tierra egipcia provocando la beneficiosa inundación. Debido a sus costumbres fue considerada símbolo de la mañana (cuando aparecía en las orillas del río) y de regeneración (por su función de ave migratoria que reaparece, que renace, que se renueva, periódicamente).

Según la tradición heliopolitana, en el comienzo de los tiempos el ave se había posado sobre la colina primordial y se había hecho responsable del cuidado del huevo de donde surgió el Sol. Esta concepción tiene otras variantes iconográficas que consisten en situarlo sobre un sauce, una persea o encima de una percha que emerge del abismo primordial en medio de las aguas primordiales. Este emplazamiento se denominó la “Isla de fuego”.
Los egipcios entendieron que el Bennu era el Ba del Sol Ra (en su forma de Atum), en cuanto a divinidad primordial que se creó a sí misma, tanto es así que, en algunos lugares, aparece como el Ba de Shu, deidad del aire, o el Ba de Osiris,.
La palabra bennu tuvo relación con otra que servía para designar el hecho de brillar: weben y también con benen la montaña primigenia.

BUITRE Y ALIMOCHE
El alimoche Neophron percnopterus, identificado por Gárdiner (1988) en su lista de signos con el G1, y el buitre Gyps fulvus, fueron otras de las aves de gran envergadura que los egipcios introdujeron en su panteón divino. Ellos no pudieron pasar por alto la majestuosidad de este animal y lo llevaron a la esfera divina relacionándolo con una entidad femenina que representaba el concepto de “madre”, asociándola a las diosas Nejbet y Nut y vinculándose de forma estrecha al Alto Egipto, es decir, convirtiéndola en emblema de este punto geográfico que, por otra parte, se asoció a la realeza.

Su nión al concepto de madre protectora pudo nacen en sus costumbres carroñeras; cuando los egipcios se enterraban directamente en la arena, era el ave la que acudía a las necrópolis para alimentarse de sus cuerpos, trasladándolos al cielo. Cuando los difuntos comenzaron a inhumarse en tumbas protegidas donde el animal no podía acceder, la tradición hizo que continuara siendo representada como madre de los difuntos y después como protectora y madre del rey, siendo representada en los techos, en los relieves de los santuarios y en los laterales de los tronos reales, como protectora del rey y defensora ante genios del mal.
También el ave era una de las formas que el fallecido podía tomar para alcanzar el Más Allá porque gracias a esta transformación se le facilita el vuelo y se acrecentabasu poder.

BURRO
Presente ya en la llamada “Paleta Libia” de la Dinastía I y en los enterramientos desde el Reino Antiguo, el burro (Eqqus asinus) fue conocido y empleado por los egipcios desde la antigüedad. Sin embargo no se empleó como medio de transporte ni se utilizó para el arrastre de cargas.

En el Reino Medio, se asoció a aspectos, generalmente negativos y si, además, tenían la capa del pelo de color rojizo simbolizó el mal, convirtiéndose en el representante del dios Seth y de otros muchos genios potencialmente peligrosos. Precisamente en ese aspecto aparece en la tardía historia de Setne y su hijo Siosiris (siglo II d.C).


CABALLITO DE MAR
El hippocampo o caballito de mar no es en absoluto frecuente en la iconografía egipcia, sin embargo aparecen documentados al menos un par de casos, un bronce y un sarcófago, donde fueron representados. El primero se encuentra en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de Madrid (bronce nº 5 de la colección Faure) y el segundo forma parte de la decoración pictórica de la caja del sarcófago de Amenemone del Tercer Periodo Intermedio hoy alojado en el Museo del Louvre en París aunque, en este se ha representado un genio del Más Allá de cuerpo serpentiforme cuya cabeza es la de un equino y que evoca lejanamente a un hippocampo.
En todos los contextos parece lógico pensar que, de algún modo, se relacionó con alguna forma de divinidad asociada a la regeneración del difunto, pudiendo tener connotaciones apotropaicas. Su iconografía, sin embargo, no tuvo la resonancia que, paralelamente, tuvo en el Mundo Clásico.


CABEZAS DE RESERVA
Las “Cabezas de Reserva” son esculturas anepígrafas que representan sólo la cabeza y el cuello del fallecido a tamaño natural –o algo mayor- y a modo de autorretrato idealizado y a menudo con una especie de casquete o pelo corto. Pertenecen al culto funerario, y se encuentra en muchas de las mastabas del Reino Antiguo durante las Dinastías IV y V. La más antigua procede de la mastaba 5 de Dashur y está datada bajo el reinado de Seneferu.

Hay diferentes hipótesis en torno a su funcionalidad; se piensa que se colocaban en la cámara del sarcófago, en el suelo, en el espacio entre el pozo y la cámara sepulcral o en el serdab. Contextualmente, todas se hallaron en la subestructura. Una de las variadas teorías con las que se está trabajando supone que su propósito era que el “espíritu” del difunto pudiera reconocer su imagen en caso de que la momia sufriera algún percance, sirviendo además para la celebración de la ceremonia de la Apertura de la Boca. Recientemente se tiende a pensar que servían como modelos de escultor para hacer sobre ellas máscaras de yeso o limo, lo que explicaría los restos de yeso que hay adheridos sobre algunos ejemplares y las marcas verticales que, algunas de ellas, tienen en la parte posterior del cráneo. Algunas conservan parte de la policromía que tuvieron en origen, dominando el rojo y el amarillo. Incluso un ejemplar hallado por la misión australiana en el enterramiento 64560 de Guiza parece que fue pintada de negro.

CAMPOS DE IALU (CAMPOS DE OFRENDAS, CAMPOS DE CAÑAS)
Los Campos de Ialu, también llamados Campos de Osiris o Campos de Cañas, son los fértiles campos del Mundo del Más Allá, ideados a imagen de la tierra egipcia. En ellos crecía una exuberante vegetación y discurría un río de aguas inagotables. Estos campos eran el dominio de Osiris. Ante la posibilidad de que dios ordenara al difunto que trabajara para su mantenimiento, desde el Reino Medio, los fallecidos se hicieron enterrar con unas figurillas llamadas Usheties o “respondedores”, que, a modo de peonada, les sustituían en el trabajo.

En las tumbas tebanas hallamos unas bellas representaciones de estos campos, siendo la más conocida la de la Tumba de Sennedyem, en Deir el Medina (TT1). En ella se observan cinco registros horizontales, cada uno de los cuales queda delimitado por un canal. Básicamente la distribución es la siguiente: en el registro superior el difunto y su esposa están ante ciertos dioses en acto de adoración y se practica la Ceremonia de la “Apertura de la Boca” del cuerpo de Sennedyem aproximando una azuela mágica, por la cual se restituirá el uso de los sentidos. En el segundo registro (empezando desde arriba) Sennedyem y su mujer cortan con una azada el cereal, que ha alcanzado una altura considerable. En el tercer registro Sennedyem abre la tierra con la ayuda de un buey y un arado para que su esposa pueda echar sobre el surco el grano, que germina con rapidez según se muestra en la pintura. En el cuarto registro hay todo un muestrario de los ricos y variados árboles que se daban en el Valle del Nilo y que también crecen en el Más Allá.

CARNERO
En el antiguo Egipto se adoraron ciertos carneros como manifestaciones de la divinidad. Como los habitantes del Valle del Nilo representaron con extraordinario detalle su fauna y su flora podemos distinguir las distintas especies que fueron objeto de devoción; muchos de ellos fueron momificados casi tan cuidadosamente como si de un humano se tratase. Por otro lado, Igualmente, se han encontrado momias humanas envueltas en el pellejo de este animal puesto que así se obtenía la asimilación del difunto con Ra y Osiris, consiguiendo que el fallecido obtuviera unos poderes mágicos que garantizaban su inmortalidad.

El Ovis longipes palaeoaegytiacus, es un animal de cuernos largos y horizontales dispuestos en espiral, que personificó a dioses tales como Jnum, Tatenen o Herishef, mientras que el Ovis platyra, dotado de cuernos dispuestos en torno a las orejas, representó desde la dinastía XII a Amón, Banebdyedet, Herishef y Jnum, todos ellos deidades masculinas.
El carnero también sirvió para inmortalizar al Ba de Ra y de Osiris, tal y como se aprecia en las escenas de las tumbas privadas, sarcófagos y papiros, del Reino Nuevo.
Es curioso destacar que sobre las repletas mesas de ofrendas que se representan en tumbas y templos los carneros no se encuentran entre los numerosos animales que sirven para el sustento eterno.

CARTUCHO
Evidentemente el nombre de cartucho no es una voz egipcia, corresponde al apelativo francés, cartouche, dado por los soldados de Napoleón, (por su similitud a un cartouche de cigarrillos) al círculo sagrado que encierra la onomástica real.
Tiene forma elíptica y se cierra formando un apretado nudo. En su interior podemos encontrar dos nombres distintos de los soberanos: el de “la Caña y la Abeja” y el de “Hijo de Ra” y en su interior ocasionalmente se incorpora alguna titulatura al final del nombre propio del faraón.
Fue un símbolo solar por excelencia, quizá un alargamiento del Shen para poder circunscribir el nombre del monarca en un elemento con cualidades fuertemente protectoras.
El cartucho simbolizaba ponía en paralelo al rey con el curso del Sol que amanecía en la mañana y desaparecía en la noche para hacer su viaje nocturno, renaciendo en la mañana completamente renovado después de haber visitado a su tierra y a sus súbditos. Fue símbolo de la eternidad, del infinito retorno y por ello representó al universo.

A veces salas, sarcófagos, cofres, cajas y otros objetos, tomaron la forma de un cartucho.

CASAS DEL ALMA
Bajo este nombre se han catalogado distintas construcciones de tamaño reducido, similares a maquetas de casas elaboradas con arcilla cocida.
El mayor número de Casas del Alma se encuentran, sin duda, durante el Reino Medio coincidiendo con un hecho concreto: curiosamente, a partir de finales de la Dinastía VI las tumbas egipcias de personajes acomodados, dejaron de decorarse con motivos de vida cotidiana y grandes mesas de ofrendas que servían para garantizar la alimentación mágica del difunto y fueron sustituidas por maquetas, en talla de madera policromada, que reproducían a los sirvientes y a actividades relacionadas, en su mayor parte, con la alimentación. Éstas cumplían el mismo fin: hacerse realidad por la magia de la palabra. No obstante, las maquetas no estaban al alcance de los más humildes y ellos se inhumaron con simples modelos de barro.
Bajo el término Casas del Alma se agrupan una serie de modelos que van desde pequeñas bandejas de barro o adobe donde se representan las ofrendas funerarias, dotadas con canalones para las libaciones con agua (hasta la Dinastía XII), pasando por modelos de cámaras y templos funerarios también con ofrendas de comida y bebida ante éstos, así como pórticos, patios, graneros, establos y finalmente casas, desde las muy esquemáticas hasta las que presentan con detalle una morada con dos pisos.
Todos los difuntos en Egipto, grandes amantes de su tierra, anhelaban tener una vida similar a la que habían disfrutado o, en cualquier caso, mejorada. Gracias a las Casas del Alma disfrutaban de una tumba, una casa, una mesa de ofrendas, es decir, todo lo que se anhelaba y se esperaba para poder vivir en la eternidad.

CASA DEL NACIMIENTO
Fue Jean-François Cahmpollion el primero que, en el siglo XIX, empleó el término copto mammisi para designar el lugar donde se celebraba la unión entre una divinidad masculina con las diosas Hathor o Isis y el nacimiento de Horus (incluyendo sus distintas formas).
El mammisi es el lugar que rememora el emplazamiento donde la mujer daba a luz, que llevado al plano divino, se situaba en o junto al templo.
Ejemplos de esta concepción son los misterios del nacimiento de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahari y del rey Amenhotep III en el templo de Luxor. En el primero, más que en el segundo, se detalla, mediante una serie de relieves y descripciones inscritas en caracteres jeroglíficos todas las fases desde el momento en que la divinidad anuncia a la madre que va a ser engendrada por un dios (encarnado en el faraón reinante) y que dará a luz un futuro rey para Egipto.
El mammisi más antiguo conocido hasta la actualidad es el Nectanebo I en el templo de Dendera (quizás también este rey erigió un mammisi en Filé, que quedó englobado en el posterior, grecorromano). Sin embargo es conveniente recordar que en Dendera se erigió otro mammisi posterior en el periodo romano y que algunas dependencias del rameseum y en la capilla sur de Abu Simbel pudieron tener un sentido similar, al servir como salas donde el rey divinizado se regeneraba y nacía fundido a otras entidades divinas que estaban representadas en los muros.
En general están decorados con deidades que protegen el nacimiento divino, sobre todo el dios Bes, pero también deidades leontomorfas, genios serpentiformes, etc.

CEBOLLAS
La cebolla (Allium cepa) jugó un papel muy importante en la alimentación egipcia, apareciendo en multitud de representaciones, tanto en contextos funerarios como parte integrante de las repletísimas mesas de ofrendas, en las tumbas (sobre todo tebanas) donde el difunto las lleva en la mano a modo de ofrenda. No obstante, la cebolla también tuvo fuertes connotaciones religiosas y fue utilizada para el culto y cuidado de los vivos y de los muertos pese a que los autores clásicos insistan en su prohibición.
Graindorge (1992) opina que las cebollas guardaban cierta relación con el culto al dios Sokar y que también representaban los dientes del propio Osiris.
Graindorge, también piensa que existe una conexión entre las cebollas y el dios de la 25 del mes de Joiak se ofrendaban collares hechos con esta hortaliza y se presentaban para el culto al difunto, colocándolas, en ocasiones sobre o dentro del cuerpo momificado.
La importancia que los egipcios concedieron a esta planta y a sus cualidades terapéuticas hizo que se empleara no sólo en contextos mágico-religiosos sino, también, en medicina puesto que reconocieron sus cualidades sanadoras y antisépticas ya que se entendía que proporcionaba salud, actuaba como antídoto ante a picadura de animales ponzoñosos, abría el apetito y era eficaz ante el mal de ojo. Pero además, favorecía el flujo sanguíneo, el parto y era afrodisíaca.
Se utilizó como potente y eficaz amuleto con el fin de mantener alejadas a los ofidios.

CEDRO
Procedente de Sirio-Paestina, y más concretamente del Líbano, el transporte de esta madera hacia Egipto está documentado con mucha frecuencia por tener una madera resistente, de larga duración y una resina aromática. Por todo ello, los egipcios lo consideraron incorruptible y lo vincularon con la durabilidad algo que, irremediablemente les llevó a elaborar una leyenda en la que Osiris estaba involucrado. En algunas variantes de su leyenda, su cuerpo, después de ser asesinado y lanzado al río Nilo, quedó varado en el Líbano, en el interior del tronco de un cedro.
El cedro se empleó para la construcción de barcos y muebles, sarcófagos y objetos menores y su madera fue muy preciada.

CERA
Parece que la apicultura se empezó a desarrollar en Egipto durante el Neolítico, aunque la primera representación conocida data del reinado de Niuserra, del Reino Antiguo, en su templo solar de Abu Gurab. En cualquier caso, la apicultura como tal no es un motivo constante en la iconografía egipcia (aunque sí las abejas en la escritura jeroglífica).
La cera en el Antiguo Egipto se obtenía únicamente de las abejas y se entendía que tenía un origen divino, al proceder del Ojo de Ra (Pap. Bulak III), siendo las abejas las lágrimas del Sol.
Quizá la organización de estos insectos, su laboriosidad y los cuidados que prodigan a su prole fueran el modelo que siguieron los habitantes del Valle del Nilo para la identificación entre este insecto, el propio monarca, su corte y sus súbditos. Por ello al faraón se le denominó “El de la Caña y la Abeja” como símbolo de su reino.
Fue empleada para fines muy distintos, tanto benéficos como maléficos ya que se le atribuían cualidades mágicas y según los diferentes colores se relacionó con distintos conceptos mágico-religiosos. Su capacidad para modelarse y para transformarse, para fundirse y renacer en una nueva forma fascinó a la mente egipcia. Una figura podía ser elaborada una y otra vez en un acto “creador”; pero también podía ser eliminada por el fuego o por la acción de los rayos solares. En este sentido, en Egipto encontramos prácticas de execración por magia y en ella está implicada la cera. Como en el “vudú”, se elaboraban figuras donde se dañaba la parte de la persona o divinidad –real o ficticia- a dañar o se creaban estatuillas de seres abominables (apofis) que después se lanzaban al fuego.
Antagónicamente, la cera también se usó para encantamientos en los que se deseaba conseguir los favores del amado/a.
Los egipcios emplearon la cera en el proceso de la momificación ya que reconocieron las cualidades preservadoras de esta sustancia; es decir, era ideal para conservar eternamente, para mantenerse inalterable en el Más Allá. Sólo puede ser atacada por el calor pero es inalterable al aire, la humedad y en ella no existe el proceso de putrefacción. Suele encontrarse cubriendo la boca y la nariz.
En otro orden también la emplearon en la cirugía, siendo utilizada para cerrar heridas abiertas, en cosmética...

CERDO
Como ocurre actualmente en la religión islámica y en la judía, este paquidermo doméstico fue un animal impuro y como tal representaba al dios Seth. Los motivos pudieran estar relacionados más con cuestiones profilácticas y sanitarias que con el animal en sí. No obstante sus hábitos de rebuscar en las inmundicias y de revolcarse en la suciedad propiciaron esta imagen. Por otra parte el cerdo, aun siendo un omnívoro, tiene los caninos muy desarrollados, presentando en ocasiones un carácter agresivo (sobre todo el macho).
Sobre los muros del templo Ptolemaico de Horus en Edfú, podemos ver las diferentes etapas de las luchas acaecidas entre Horus y su tío Seth. Éstas comenzaron, en la noche de los tiempos, para vengar la muerte del padre de Horus, el dios Osiris, asesinado por Seth en un intento por hacerse con el trono. En estas representaciones, Seth aparece iconografiado de formas distintas (cerdo, hipopótamo, cocodrilo), todas ellas son aspectos que enfatizan su negatividad. Uno de ellos era el cerdo macho.
En el Libro de las Puertas (del Reino Nuevo), el cerdo se encuentra sobre una barca, donde también está un babuino que lo domina y conduce. En este caso al cerdo se le denomina ”el canalla.”
Sin embargo, y como ocurre con la diosa hipopótamo Tueris, la hembra del cerdo tenía unas connotaciones mucho más positivas. Posiblemente esta diferenciación tan clara entre el macho y la hembra sea fruto de reconocer el espíritu maternal de este animal que defiende a sus lechones con furia cuando siente que están amenazados. Además, la cerda estaba relacionada con la maternidad múltiple, con la vida y con las diosas Reset y Nut, entidad celeste. Se interpretó que diosa y animal actuaban del mismo modo: se tragaban a sus hijos (en el caso de Nut las estrellas) para darlas a luz en la noche siguiente y provocar un renacimiento completamente renovado. En el caso de la deidad femenina que personifica la bóveda celeste, se relacionaron las estrellas con los lechones. Por ello la cerda (y no el cerdo) se consideró un animal portador de buena suerte.
Pese a sus connotaciones y a las prohibiciones (de Baja Época) de su consumo, sabemos que formó parte de la alimentación de los egipcios desde el Neolítico documentados, por ejemplo, en Sais y mucho más tarde en Amarna, donde se hallaron porquerizas.

CERVEZA
Dentro de los productos básicos de la alimentación egipcia se encontraba la cerveza, que fue “la bebida por antonomasia”. Tanta fue su importancia que hubo determinadas divinidades asociadas a ella. Pero esta bebida en Egipto se “comía” en lugar de beberse ya que era mucho más espesa que la que elaboramos hoy; además tenía un alto valor nutritivo, llegando a formar parte del menú del difunto.
Se elaboraba amasando harina de cebada o trigo con la que se hacía pan poco cocido. Éste se deshacía y se mezclaba con agua y dátiles, dejándolo macerar y fermentar durante un tiempo, luego se añadía agua y se pasaba por un filtro. En el terreno mitológico que entendió que la cebada crecía a partir de las extremidades de Osiris.
Una deidad asociada a la cerveza fue Menket.

CIELO
Los egipcios entendieron el cielo bajo muy distintos aspectos, pero siempre como entidad femenina (en oposición a la tierra, entidad masculina). Por un lado era la diosa Nut arqueada, con las manos y los pies en el suelo. En ella estaban las estrellas y dentro de ella se producía el rejuvenecimiento del Sol.
Uno de los mitos entendía que el astro surcaba el cielo diurno diariamente y que al llegar la noche era engullido por esta diosa, (la bóveda celeste) para recorrer los espacios nocturnos, generalmente ubicados bajo la tierra. A la mañana siguiente, una vez completado el ciclo, sería alumbrado por la diosa plenamente rejuvenecido y habiendo adoptado el aspecto de un escarabajo o un niño.

Una emotiva leyenda de origen heliopolitano narra cómo el cielo y la tierra habían sido separados por el dios del aire Shu para dejar espacio a los seres vivos.
El cielo podía representarse de muy variadas formas, dependiendo del contenido y del modo de explicar el fenómeno de la creación en el comienzo de los tiempos. Este acontecimiento fue narrado de forma distinta en cada centro religioso pero la variedad de leyendas no fue un problema para los egipcios ya que todas ellas utilizaron imágenes distintas para explicar un hecho concreto e indiscutible. Así encontramos que el cielo puede tener el aspecto de una vaca y que sus patas eran los pilares que la mantenían separada del suelo. Sobre su panza se encontraban las estrellas y por ésta surcaba el Sol. Por otro lado también entendieron que el cielo era una plancha plana que estaba sujeta por cuatro pilares. En algunos textos esta plancha se considera metálica y por esta razón, al vibrar se produce el sonido de los truenos. También podía aparecer mediante la imagen de un gran árbol cuya copa cubre la tierra y del cual penden las estrellas.
En otros aspectos, el cielo también estaba representado en el interior de templos y tumbas, en sus techos. Por otro lado, las puertas de madera que cerraban la capilla del santuario, donde se encontraba la imagen más sagrada del dios, se denominaron “Las puertas del Cielo”. Además, los propios sarcófagos o en la tapa de los ataúdes se recogió el mismo simbolismo. La cuba era el dios de la tierra Gueb y la tapa la diosa del cielo Nut y precisamente en este último lugar es donde suele aparecer grabada o pintada, sobre todo a partir de la Dinastía XXVI. Mediante este juego mitológico, el difunto (o el santuario) se introduce en un microcosmos que le posibilitará tanto su resurrección como su integración en el cosmos.

CIEMPIÉS
El ciempiés es un artrópodo que se caracteriza por tener un elevado número de patas (un par en cada anillo de su cuerpo), unas pinzas venenosas detrás de la cabeza y cola bífida. Existen más de 2.000 especies de ciempiés, entre los que se encuentra la escolopendra, siendo muy posiblemente éste el que relacionaron los egipcios con ciertos aspectos de la divinidad.
Al ser un animal estrechamente unido al interior de la tierra, desde periodos muy tempranos se consideró emblema del dios Osiris. Ambos eran ctónicos y se relacionaron con las necrópolis. Como otros animales ponzoñosos se relacionó con la magia y se consideró que podía curar y proteger a su poseedor de las picaduras de estos animales

CINTURÓN (CEÑIDOR)
Entre los distintos tipos de cinturón que encontramos en el Antiguo Egipto hemos de destacar dos: el llamado cinturón de Sheshmetet, con elementos colgantes, y aquel que llevaban las mujeres ceñido en sus cinturas.
El arcaico cinturón Sheshemet tenía poderes mágicos, profilácticos y era un símbolo de poder. Era de piel y de él pendían unas tiras adornadas con cuentas de malaquita, pequeñas cabezas de Bat o Hathor y, aveces conchas cowrie o Cypraea moneta. (Aufrère 1991).
Aparece muy pronto en la iconografía y se encuentra en la cintura de algunos reyes del periodo tinita o del Reino Antiguo; entre ellos podríamos citar a Narmer y Dyeser, aunque el ceñidor permaneció en la iconografía hasta el periodo romano.
Estaba asociado a la diosa Sheshmetet (“la del cinturón Sheshemet” o “la de la malaquita”) una deidad cuyo centro de culto podría establecerse en la localidad de Saft el-Henneh, una localidad próxima al lugar donde se veneraba a Bastet.
Todo parece indicar que la semejanza entre el nombre de la divinidad y la piedra ornamental condujeran a los propios egipcios a cierta confusión, llegando a asociarlos ya en el Reino Antiguo.
Como observó Newberry, otras deidades masculinas también se representan con el citado cinturón: Horus, Seth, Thot, Sopdu y Sepa se encuentran en los monumentos portando este atuendo, aunque en un texto encontrado en el templo solar de Niuserra, se entendió Sheshmetet aparece como un aspecto de la diosa Bastet relacionando a ambas como Señoras de Menfis.

Otro tipo de cinturón muy particular, es aquel que llevaban las mujeres –posiblemente bajo la ropa- y que era también un elemento protector relacionado con la fertilidad y con la protección de los órganos reproductores. Estaba adornado con conchas cowrie, cuentas, peces... y se ajustaba al cuerpo sin que de él pendieran tiras, como es el caso del cinturón de Sheshmetet. Fue típico del Reino Medio aunque en el Reino Nuevo también se conocen ejemplares como los hallados en el enterramiento de las tres esposas de Tutmosis III. Era tal la importancia de la cowrie que se reproducía con todo detalle en distintos materiales, tales como oro, fayenza o piedras ornamentales.

CIPPUS
Es el término que los estudiosos modernos emplean para designar la imagen de Horus niño y que procede del latín cippum, cuyo significado es pilar, hito, mojón o pilón, soporte o no de inscripciones. Sería más correcto llamarlo por el nombre descriptivo “Horus sobre los Cocodrilos.
Aparece en el Tercer Periodo Intermedio aunque en la Dinastía XVIII ya existían ciertas figuras que cumplían la misma función. En cualquier caso se trata de estatuas en las que está Horus niño desnudo, en pie y sobre un par de cocodrilos, llevando en las manos animales ponzoñosos: serpientes y escorpiones, o peligrosos leones o gacelas, es decir, las fuerzas peligrosas que estaban relacionadas con Seth. Podían encontrarse en forma de estatuas o amuletos, y bajo este último aspecto podría decirse que se consideraba un instrumento de medicina preventiva muy empleado por los viajeros en Baja Época, que estaban expuestos a estos peligros. En ambos casos suelen estar trabajados en piedras de color gris, negro o verde (véase “color”), cargando al objeto con la magia del renacimiento, es decir de la curación.

Al entenderse que estelas que protegían contra los animales venenosos, se cubrieron de textos jeroglíficos milagrosos y sobre ellas se derramaba agua que más tarde se hacía beber al enfermo para obtener su curación. Otro método consistía en aproximarlas al individuo enfermo para que, al rozar su cuerpo, se produjera el “milagro”.
Las estelas se colocaban en lugares públicos para que los enfermos pudieran acceder a ellas. Otras se situaban en el interior de las casas o en los jardines, y servían como repelente, para que los ofidios no entraran en las moradas y picaran a sus ocupantes.
Es indudable que el agua no tenía cualidades curativas, pero al menos servía para tranquilizar a un enfermo acosado por problemas respiratorios.

CLEPSIDRA
La clepsidra, llamada por los antiguos egipcios “el que dice la hora” consistía en un vaso hecho de distintos materiales con un agujero en la base, por donde escapaba lentamente el agua. En su interior había doce columnas separadas por once marcas que determinaban el tiempo transcurrido durante su vaciado en cada uno de los meses egipcios y el exterior se decoraba con motivos divinos relacionados con los meses, los astros, etc.. En el exterior estaba decorada con motivos astronómicos repartidos, generalmente, en tres registros.

Durante el Reino Nuevo y, concretamente, a partir de Amenhotep III, la ofrenda de la clepsidra se hizo frecuente pero entonces no parece que tuviera una conexión directa con la diosa vaca, sino con el advenimiento del Año Nuevo. Gracias a la presentación de esta ofrenda en manos del soberano se aseguraba que el caos no retornara a Egipto, que Maat se afianzara, algo deseado y esperado por todo egipcio para su país.
Como instrumento de medida de fracciones del tiempo, la presentación de la clepsidra estaba relacionada tanto como con el tiempo horario, como con el concepto de tiempo-espacio, es decir, servía para conjurarlo de forma mágica y mantenerlo inalterable. Gracias a la clepsidra los fenómenos naturales que puntualmente acontecían en el Valle del Nilo se producían de forma cíclica y benéfica sin temer su interrupción. De igual modo, el tiempo y las estaciones transcurrían ordenadamente, sin sorpresas, tal y como debía acontecer para la buena marcha del país. Por todas estas razones la clepsidra se relacionó en Época Ptolemaica con el Ojo de Ra y con la diosa Hathor, símbolos del retorno de la crecida, aunque también con otras deidades femeninas con cabeza de leonas (Naguib 1990).
Este fenómeno tan esperado llegaba cada año, para más tarde retirarse habiendo fertilizado la tierra del Valle; todo gracias a la ofrenda de la clepsidra que posibilitaba la medida exacta del tiempo.

COBRA
En Egipto existieron varios tipos de cobras, unas más agresivas que otras, pero en cualquier caso, todas asociadas al Sol. En este país la cobra estaba considerada como un animal femenino.

Las serpientes, en general, se encuentran representadas en objetos egipcios desde periodos muy tempranos; ya en Nagada I (Amratiense) podemos observarlas sobre la superficie de paletas o cerámica.. Más tarde, algunos monarcas emplearon este mismo motivo para escribir sus nombres.
La cobra era entendida como una entidad divina beneficiosa, protectora y justiciera ya que castigaba con su picadura a aquellos que habían cometido actos de poca rectitud, personificando a diosas como Uadyet o la tebana Meretseguer. También representó conceptos de vida, de orden y de legitimidad real, es decir de la divina realeza, en forma de ureo.
La cobra era una divinidad solar, considerada la hija de Ra, pero además era la personificación de su propio Ojo. Éste podía tener personalidad propia y enfurecerse separándose de su padre y actuando a su antojo.
La cobra también pudo estar vinculada a la protección de las cosechas, aunque con esta función puede aparecer en foma de culebra. Asimismo, un paralelismo entre el grano, (Osiris) y los difuntos hizo que esta divinidad pasara al ámbito funerario y que se convirtiera en protectora de los fallecidos.
Otra divinidad identificada con la cobra fue Urethekau.

COCODRILO
El cocodrilo fue quizá uno de los reptiles que por su aspecto primitivo, su carácter y su hábitat llamó más la atención de los egipcios, por lo que terminó siendo relacionado con Sobek u otras divinidades. De carácter agresivo, como el hipopótamo tuvo dos interpretaciones, una negativa y la otra eminentemente positiva; por un lado, los egipcios vieron en él una entidad que emergía de las aguas buscando el Sol o, incluso, que salía de éstas “como” el Sol, por lo que se relacionó con el astro, por otro, en ciertas épocas incluso, los cadáveres de los difuntos podían ser arrojados al Nilo, en la creencia que esta divinidad acudiría para llevarlos al Más Allá, considerándose por tanto, un símbolo de renacimiento.
Fue frecuente que el feroz cocodrilo atacara las barquichuelas de papiro y asesinaba al ser humano y a los animales por lo que los habitantes del Valle del Nilo hiciero unas figurillas que reproducían su aspecto para obtener un poder mágico sobre estos animales.

Por ello, sobre los muros del templo de Horus, en la ciudad de Edfú, podemos ver al cocodrilo como representante de Seth, el hermano asesino del dios Osiris. En esta imagen es Horus el encargado de aniquilarlo por medio de un poderoso arpón, pero como es habitual en la iconografía egipcia Horus representa al monarca que en este acto aniquila o somete a las fuerzas del mal.
Si el difunto adquiría la apariencia del cocodrilo (o de cualquier otro animal) adoptaba también sus facultades de movimiento, es decir, era más rápido cuando tenía que cruzar un río o un terreno pantanoso.
El cocodrilo fue la manifestación de varios dioses en áreas donde el medio acuático estaba presente de una forma más patente, por ejemplo en el-Fayum. De entre todas las hipóstasis de dioses con aspecto de cocodrilo podríamos destacar a Jentijet y a Sobek, que tuvieron su templo principal en la ciudad de Kom Ombo. Tanto allí como en Crocodilópolis (Fayum) los cocodrilos se momificaban y enterraban con toda clase de ceremonias.
Hubo veces en las que el cocodrilo podía adoptar aspectos compuestos, por ejemplo, en Edfu se reprodujo con cuerpo de cocodrilo y cabeza del halcón.
Un cocodrilo situado en cada uno de los puntos cardinales era el método para delimitar el cosmos, según se cita en el “Libro de los Muertos” del Reino Nuevo y este animal también sirvió para representar cierta constelación pudiendo ser observado en los techos astronómicos, sobre todo en el de la tumba de Sethy I en el Valle de los Reyes o en la de Sennenmut en Deir el-Bahari, ambas del Reino Nuevo.
En los casos citados últimamente hemos de resaltar que el cocodrilo se conecta con el cielo o con el agua indistintamente, ya que según una de las concepciones egipcias, el cielo estaba formado por este elemento líquido elemento.

COFRES MERET
Eran cuatro cestos o cajas trapezoidales, rectangulares o cónicos, de uso ceremonial adornados con cuatro plumas de avestruz cada uno (aunque en la iconografía pueden aparecer con dos y con tres). Están envueltos con lo que parecen ser vendas de lino ya que mitológicamente contenían los lienzos o la ropa de diferentes colores que Isis, había empleado para la momificación de su compañero. Mediante éstos había logrado unir el cuerpo del dios cuando el hermano de ambos, el dios Seth, había asesinado y desmembrado el cuerpo de Osiris lanzando los trozos al río Nilo. Teóricamente eran de color blanco, verde, rojo y azul, aunque estos colores podían variar.
Mediante el rito asociado a estos cofres y su relación con el dios del Más Allá también se vinculaban al propio difunto en las ceremonias fúnebres y en opinión de Egberts (1995), restauraban la energía psíquica de Osiris, y por extensión del finado.
Cuando aparecen representados en los muros de los santuarios simbolizan cierta etapa de una ceremonia religiosa en la que se celebraba un rito, mediante el cual el rey debía golpear cada uno de los cofres cuatro veces ante el dios. Cada cofre era emblema de un punto cardinal y, por tanto, un rincón de la tierra. Por ello guardan relación con los Hijos de Horus y de hecho, este pasaje se parece mucho a la acción de soltar cuatro ocas o lanzar cuatro flechas de otros rituales egipcios que tienen idéntico simbolismo. Durante esta ceremonia el monarca debía cambiar de vestido y de corona para cada acto concreto.
Durante el Periodo Ptolemaico, los cofres Meret simbolizaban la propia tierra de Egipto por la similitud consonántica entre el nombre del país (tA-mri) y el propio nombre de los cofres Meret (tA mrt). Este nombre designaba al Egipto unificado, las “dos tierras”.
Tanto los cofres Meret como el rito de “Consagración de los Cofres Meret” aparecen bajo el rey Antef V, en la Dinastía XVII y permanecen hasta el periodo romano. No obstante existieron otros objetos parecidos en el Reino Antiguo (los enigmáticos contenedores Setjat) que, aunque de uso exclusivamente funerario, pueden llegar a confundir por su similitud. Éstos no tienen relación con los contenedores de vendas de Osiris que aquí tratamos y, además, tenían distinta aplicación tanto práctica como ritual.

COLORES
El empleo del color en el antiguo Egipto, no es arbitrario; en muchas ocasiones sirve para añadir un sentido concreto a algunos símbolos y signos, dotándoles de un poder mágico preciso. Por supuesto los artistas egipcios emplearon el color para recrear e imitar naturalezas vivas y muertas así como para marcar ciertas diferencias, como puede ser el tono más claro en la piel de la mujer.:
Amarillo y los dorados
Simbolizaba la incorruptibilidad y la totalidad, el Sol y se asoció con el oro al ser eterno e inalterable. Era el color de la carne de los dioses y de las estrellas, representadas en los techos de los santuarios y de las tumbas. Muchas de las Cámaras del Sarcófago de los enterramientos egipcios, están pintadas de amarillo simbolizando el oro, la inmortalidad.

Azul
En general el azul era el color del infinito, del cielo, del aire, el color de las aguas (las cósmicas, las primordiales y las terrestres). De este modo, simbolizaba la vida, el renacimiento, la regeneración, la gestación y el río Nilo.
Parece que los egipcios hicieron una sutil diferenciación entre el azul claro y el oscuro. El claro era la vida, el renacimiento, la luz de la mañana. El oscuro, la noche; podía guardar conexión con el negro y el verde, como ejemplo podemos citar la existencia en algunos relieves del dios Osiris con la piel de este tono.
Este color también se utilizó en la piel de los dioses relacionados con el río, con la inundación benéfica y anual del Nilo y, en definitiva con el agua, así como otras deidades relacionadas con la fertilidad.

Los textos no cesan de citar la relación del azul con el pelo y la barba de los dioses. De hecho estos atributos se dice estaban elaborados con lapislázuli un material divino cargado de simbolismo ya que evocaba el cielo estrellado y la regeneración, mientras que la turquesa era el agua como elemento de protección y alegría. Por otro lado, la corona o casquete Jeperesh debió de ser de este color, según se desprende de las representaciones egipcias.

Blanco
Fue un color asociado a la Luna y la plata, el color de la luz y, por tanto, un símbolo de pureza, limpieza y verdad que sirvió de alegoría para las cosas sagradas, en oposición al rojo.

De color blanco eran, entre otras cosas, las sandalias, el vestido de los sacerdotes y la corona del Alto Egipto, así que el blanco representaba el Sur. Por ello, la diosa Nejbet era denominada “La Blanca de Nejeb” y la planta heráldica de este punto cardinal, el loto, se entendía era de este color.


Negro
Representaba la oscuridad de la noche, la muerte, el Mundo Subterráneo, pero paradójicamente también tenía otro simbolismo muy distinto ya que existía una curiosa y estrecha conexión con el verde y con el azul. Los tres colores estaban identificados con el renacimiento y la regeneración por tres razones concretas: el negro es el color del fértil limo que permite la germinación y el crecimiento óptimo de las plantas, es decir obtiene el verde el de las plantas que nacen, se desarrollan, mueren y renacen, el azul el color de las aguas que hacen revivir la vegetación.
El negro también sirvió para simbolizar las aguas cósmicas y el cielo nocturno (como el azul) ya que tanto los profundos abismos como el firmamento pueden aparecer de este color que, por otra parte, era eminentemente benéfico.

Rojo
Nos encontramos ante un color complejo que para los egipcios fue el opuesto del negro, y que simbolizó conceptos antagonistas.
Como cabría esperar, el rojo era un color vital y cargado de energía que podía representar el fuego, la sangre que fluía por las venas, la energía, el poder, la fuerza, el color del Sol y de su feroz “Ojo” ya que los rayos del astro tenían en Egipto una fuerza particular. Este acontecimiento hizo que los habitantes del Valle lo relacionaran con la fiereza de su Ojo, aunque también lo identificaron con su protección al ser conscientes de su importancia en el desarrollo de la supervivencia de hombres, animales y plantas. Por todo ello era el color que representaba la vida, la regeneración y la energía, siendo un color protector que simbolizaba la defensa.
El rojo era también el color heráldico del Bajo Egipto (el Norte), de la corona representativa de este punto cardinal.
Pese a todas estas consideraciones, el rojo también era alegoría de conceptos agresivos, violentos, dañinos y peligrosos. Es decir se ponía en conexión con la destrucción, las desgracias, la amenaza de la vida y, por consiguiente, la muerte.

Verde
Representaba el color de todos los vegetales que nacían y crecían en la fértil tierra egipcia. Estaba asociado al negro y al azul.
Era un color eminentemente positivo, alegre, símbolo la naturaleza renovada, de la salud, del nacimiento, de la vitalidad, de la juventud acaecida tras la muerte y de la resurrección en analogía con las plantas que afloraban tras la retirada de las aguas de la crecida, favorecidas por el limo fertilizador. El verde era la fertilidad de la vegetación y de la vida (tanto terrena como ultraterrena), de la regeneración mágica, el desarrollo, la eclosión. Por ello Osiris (y otros dioses del Más Allá) tenían la piel de este color, y que todo lo relacionado con la existencia en el Mundo del los Muertos se identificó con el verde. Por otro lado, algunos estudiosos creen que existe conexión con el hecho de ser el verde el color propio de la putrefacción, es decir, aquel que se emplea en un estado transitorio para alcanzar una vida futura, una regeneración, que se afianza a través del nacimiento de las plantas. Todo ello encajaría perfectamente con Osiris y, por extensión, con los difuntos, asociados a la deidad.

Otra divinidad relacionada con el verde era Uadyet, patrona de la zona Norte del país y, en numerosas ocasiones, la corona del Bajo Egipto, a la que se denominaba “la verde” en muchos textos (aunque fuera roja). Quizá esta relación se deba al material vegetal con el que fue hecha en los comienzos, o a la diosa con la que está relacionada (Uadyet).
Asimismo, el Ojo de Horus presenta en numerosos textos este color ya que el verde tenía propiedades relacionadas con la sanación y con la salud.-

CORAZÓN
Para los egipcios el corazón era la víscera más importante del ser humano, aquel que proporcionaba la libertad de acción y de discernimiento. Emplearon dos palabras distintas para designar el órgano: una era ib y la otra Haty. Aunque existen problemas para percibir de una forma clara cuándo debía ser usado un término u el otro, parece que el primero se suele referir a la entraña como responsable de los actos, la conciencia, la sede del pensamiento, la memoria, la inteligencia, la imaginación, el valor, la fuerza de la vida, el deseo, etc, mientras que la segunda suele utilizarse cuando quieren indicar el corazón en su aspecto físico. Por todo ello era un órgano que no se retiraba del cuerpo en el proceso de la momificación.
La adscripción del corazón como sede del razonamiento queda clara en la teología menfita. En ella se explica cómo Ptah creó gracias a que su corazón “pensó” y, posteriormente, por la intervención de la palabra. Es decir, gracias a que “pensó” y lo que deseaba esto se hizo realidad originando todo cuanto existe.

Como órgano que originaba los sentimientos, tanto buenos como malos, era el que debía testificar en el Más Allá. Es decir, debía someterse a un juicio en el que el difunto sería juzgado por sus actos en la tierra. Para ello, era el corazón el que se pesaba en una balanza donde se situaba, como contrapeso, a la diosa del orden cósmico y de la justicia, Maat o la pluma de avestruz que la representaba. Para salir venturoso y ser considerado merecedor de vida futura, el corazón debía de ser tan ligero como la diosa. En caso contrario, éste sería devorado por un genio que esperaba al pie de la balanza y de este modo perecía definitivamente. En este acto parece que el corazón puede interpretarse como la conciencia (de ahí el término “psicostasia”). Sin embargo conviene tener presente que, aunque en el Reino Medio existía un tribunal que juzgaba los actos del individuo, entonces no existía aún el arbitraje que hizo su aparición en el Segundo Período Intermedio y de forma continuada en el Reino Nuevo.
Por esta razón, sobre los cuerpos de las momias y en concreto sobre su pecho, se incluía un sustituto del corazón, que consistía en un escarabeo (véase “escarabajo”) en piedra o pasta, grande, inscrito con el Capítulo 30 del “Libro de los Muertos”. En la inscripción se exhortaba al órgano para que no testificara en contra del finado, una especie de “fórmula mágica para la seguridad del fallecido”.

CORONA
En Egipto existieron distintas coronas que debían de ser usadas por el rey o los dioses (representados por el clero o en la iconografía sagrada) dependiendo del rito o del acto que se celebrara. Algunas representaban puntos geográficos (Corona del Alto y Corona del Bajo Egipto), otras estaban relacionadas con ciertos dioses, como por ejemplo la corona Atef, símbolo de Osiris. Un tercer grupo eran aquellas mal llamadas “de guerra” como por ejemplo la corona Jeperesh.
Conviene recordar que, sobre todo a partir de la Dinastía XIX, en la iconografía aparecen una serie de coronas recargadas que incluyen signos y símbolos no tradicionales en ellas. Éstas corresponden a un gusto más abigarrado por el que se incluían numerosos motivos que llegan a tener una destacable complejidad, dotándolas de mayor poder aún.
Según se aprecia en la la escena de coronación que se grabó en la capilla Roja de la reina Hatshepsut, el orden para la imposición de coronas era el siguiente: primero el nemes, después del Jeperesh, tras él la ibes, en cuarto lugar la net, en quinto la atef, en sexto la Henu, en séptimo la corona de Ra, en octavo la corona blanca y en noveno y último la corona roja.
En este apartado no se incluye el término “nemes”, que tiene su apartado independiente por considerarse más un atuendo que una corona.
Tampoco se incluye el casquete etíope por ser únicamente un distintivo de carácter étnico que aparece en un momento muy puntual de la historia egipcia.

Corona Atef
  

La corona Atef era la corona tradicional de los dioses Osiris y Herishef, aunque según Basílica y Hugonot estuvo relacionada con Ra-Horajty desde el reinado de Amenhotep II.
Da la sensación de que la corona Atef es una forma más elaborada (por adición) y compleja de la corona blanca del Alto Egipto. A ambos lados estaba adornada con sendas plumas de avestruz a las que más tarde (Reino Nuevo) se añadieron un disco solar, a veces unos Ureos y dos cuernos horizontales de carnero sobre los que se sustenta.
En estudio realizado por J. Hugonot primero y por Sowada después, se relacionó el motivo circular que aparece en la parte alta de esta corona durante el Reino Nuevo, con el fruto del árbol Ished, dándole un valor solar. Aparece por vez primera en el templo de Deir el Bahari, concretamente en la capilla de Hathor y suele estar pintado de color amarillo.
De forma mágica la corona, junto a otros atributos, facilitaba el renacimiento del difunto en el Más Allá, aun cuando este difunto no perteneciera a la familia real.

Corona Blanca
La corona blanca o corona del Alto Egipto, llamada por los antiguos egipcios Hedyet, Uereret (que significa “La que llega a ser grande”), estaba compuesta por una pieza troncocónica alta con el extremo superior redondeado, a modo de mitra. Aparece en el Protodinástico y se encuentra sobre las cabezas de los reyes tinitas; tal es el caso de Escorpión y Narmer. Estaba protegida por la diosa buitre Nejbet, deidad que aparece denominada en los textos como “La Blanca de Nejeb”.
 

Cuando el monarca se hace representar sobre los muros de los templos ataviado con esta corona suele hacerlo en los lugares orientados al Sur. En contrapartida, cuando lo hace con la corona roja, las imágenes suelen estar orientadas al Norte.
Aunque sigue siendo una incógnita el material con el que estaba hecha esta corona, todo induce a pensar que debió confeccionarse con motivos vegetales, por lo que presumiblemente debía de ser de color verde aunque en la iconografía aparezca pintada de blanco.
En opinión de Goebs (1998) mediante un estudio minucioso de los textos, puede afirmarse que esta corona podría tener un simbolismo lunar guardando, además, cierta conexión con el ojo Udyat (véase “Ojo de Horus”) y con el dios Thot.
El Blanco fue el color representativo del Alto Egipto, es decir, del Sur, sin embargo, la mención a las Coronas Verdes (tanto la blanca como la roja) se encuentra desde antiguo.

Corona Doble
La unión entre la corona blanca del Alto Egipto y la corona roja del Bajo Egipto (llamada por los habitantes del Valle del Nilo sejemty, cuyo nombre significa “Las Dos Poderosas”) aparece desde la primera Dinastía.
Esta reunión servía para representar la unificación entre los dos puntos geográficos egipcios, el Sur y el Norte. Dependiendo de la zona del país en que se quisiera hacer énfasis, la corona roja estaba sobre la blanca o viceversa.

Corona Hemhem
Era una variante de la corona Atef. Puede decirse que estaba formada por una triple Atef. Se cree que su nombre sea (onomatopéyicamente) la materialización de un grito de guerra.Curiosamente esta corona suelen llevarla las divinidades que se representan como niños ya que simboliza el triunfo del Sol sobre las tinieblas del Más Allá, el vigor, la vida que renace y la juventud. Por ello, también es frecuente encontrarla sobre la cabeza del rey difunto y podía combinarse con el nemes. La representación más antigua se encuentra en la tumba de Panehesi en Amarna.


Corona Jeperesh
El casquete, corona Jeperesh o corona azul tradicionalmente, aunque de forma errónea, ha sido denominado corona de guerra. Actualmente nada permite afirmar que se empleara en las batallas y lo que parece más acertado es que fuera una corona de “aparato” o ceremonial que aparece en la Dinastía XVIII. Cervelló (1996) opina que esta corona habría tenido su antecedente en desde comienzos del Segundo Periodo Intermedio, en una corona bonete. Por otro lado, el Jeperesh tiene una curiosa semejanza con un elaborado peinado que llevan los tutsi, actualmente (Iniesta 1989, il. 4).
El material con el que estaba confeccionada no se ha determinado pero podemos suponer sin riesgo a equivocarnos mucho que debió de ser paño o cuero de color azul y que su superficie se adornaba con discos de metal, que bien pudieran ser de oro. En opinión de Desroches-Noblecourt podría haber sido confeccionada con piel de avestruz.
Su significado es oscuro, pero algunos textos parecen indicar que tal vez tuvo que ver con el estado ideal de vigor y juventud.
La diosa Uerethekau “la Grande en Magia”, debió estar asociada a este casquete durante el Reino Nuevo, ya que suele encontrarse presente en los relieves que reproducen dicho acto.

Corona Roja
Documentada desde Nagada I y II, esta corona fue la que representaba al Bajo Egipto y fue llamada por los egipcios mHs (“La del Norte”), net (como el nombre de la diosa Neith), bit (véase “abeja”, “miel” y “cera”) o deshret (“La Roja”), dependiendo del aspecto de ésta que se quisiera destacar.También, podía llevar el nombre de Uert, es decir, “La Grande”. Tanto su nombre como el estudio de su función parece indicar que era la corona más antigua e importante. En contextos funerarios, se la nombra como “madre del rey difunto”.

Estaba protegida por la diosa Uadyet, aunque también es la corona que suelen llevar las diosas Neith, de la ciudad de Sais, y Amonet, contrapartida femenina de Amón, en la ciudad de Tebas. Representa al Bajo Egipto, es decir al Norte del país y por ello, generalmente, cuando aparecen representaciones del monarca sobre los muros de los templos ataviado con esta corona, éste se encuentra en lugares orientados al Norte.
Aunque esta corona aparece en la iconografía egipcia de color rojo, muchos textos hacen referencia a ella citándola de color verde. Otros se refieren tanto a la corona del Norte como a la del Sur denominándolas “las Coronas Verdes”.
Sin embargo debemos plantearnos una pregunta: ¿cuál es la razón para denominar como verde una insignia real que se encuentra en la iconografía claramente pintada en rojo? Quizá para encontrar la respuesta debamos trasladarnos a los periodos más antiguos. Entonces ésta pudo estar confeccionada de materiales vegetales, quizá coloreados, pero que condicionaron su denominación a través de los siglos.

Corona Shuty



Estaba compuesta por dos plumas de halcón y se empleó desde el reinado de Seneferu. Desde el Reino Nuevo pasó a ser emblema de las mujeres de alto nivel social de la casa real y de las Divinas Adoratrices, así como ciertas divinidades, primero masculinas (Amón, Horus de Hierakómpolis) y más tarde femeninas (Renenutet, Uerethekau o Isis-Sothis), vinculándose a la regeneración anual del sol.
 
Podía acompañarse de dos cuernos, enfatizando conceptos de fertilidad.
Simbolizó la unión de las dos tierras, las diosas Uadyet y Nejbet, pero además al añadírsele un disco solar adquirió un simbolismo que la puso en relación con los dos horizontes y con Shu y Tefnut. Fue un emblema de dualismo, de complementariedad.

COSMOGONÍA
La palabra griega Kosmogonia sirve para designar la parte de las mitologías que narran el nacimiento del mundo en culturas de la antigüedad.
En Egipto las más importantes fueron las de las ciudades de Heliópolis, Hermópolis, Menfis y Tebas. Todas ellas tienen elementos comunes y conceptos similares, entre los que cabe destacar el océano primordial, una colina primigenia, el Sol y unas aguas desorganizadas y caóticas donde se encontraba la potencia del dios creador. Precisamente éste, en un momento impreciso, toma conciencia de sí mismo y comienza el acto creador, separando las aguas, haciendo emerger un primer trozo de materia sólida (la tierra) y creando a dioses, hombres, animales y plantas.
La variedad de cosmogonías en el Valle del Nilo provoca, en el lector moderno, perplejidad y confusión. Hemos de ser conscientes de que son tradiciones locales que explican la creación desde diferentes puntos de vista y que la convivencia de distintas interpretaciones nunca supuso un problema de entendimiento para el habitante del Valle del Nilo. Por un lado él no conocía las complicadas especulaciones teológicas y, en cualquier caso, aunque las hubiese tenido presentes, todas ellas relataban algo que en definitiva se había producido: la creación. Todas las cosmogonías se apoyan en el dios principal del área donde estén elaboradas y a su alrededor se crea toda una “estirpe” nacida del propio creador, que constituye los elementos de la tierra, del cosmos o incluso aquellos que se relacionan con los principios de la monarquía.
Las deidades que se agrupan en las distintas cosmogonías egipcias se reúnen según la propia estructura básica social humana, es decir, según el ideal terrenal plasmado en el ámbito divino, esto es, la familia. Estos conjuntos divinos se denominan eneadas o lo que es lo mismo agrupaciones de nueve dioses, según el esquema heliopolitano. Sin embargo este término a veces se aplica erróneamente a conjuntos de más de nueve deidades. De forma curiosa cuando estas formaciones están compuestas por ocho entidades divinas (Hermópolis) sí se aplica un término apropiado ya que se las designa Ogdóada.

CREACIÓN
Como ocurre con otras civilizaciones, la egipcia creó ciertas leyendas que explicaban hechos tan inquietantes como el origen del mundo y de la humanidad.
Así, cada uno de los centros religiosos interpretó que esta creación estaba relacionada directamente con su dios local y le puso a la cabeza de tal acontecimiento, creando una serie de dioses demiurgos. Sin embargo todas ellas tienen puntos en común: la aparición de ciertos símbolos que emplean, de uno u otro modo, todas las escuelas teológicas, tales como el caos primordial o Nun, el Sol como creador o la tierra emergida. Los más importantes fueron los que se desarrollaron en Heliópolis, Hermópolis, Menfis y Tebas.
El caos se nos presenta como el lugar donde estaban “en potencia” todos los elementos, todos los gérmenes que más tarde toman aspecto concreto y emergen con el establecimiento del orden, es decir con la creación. Los textos dejan constancia de que en este caos se encontraba, en esencia, el creador andrógino y que tomando conciencia de sí mismo, comienza su labor creadora. Asimismo también están en potencia los seres y criaturas que poblarán el mundo terreno y el de los dioses, pero todos ellos dependen de la decisión del creador para su real existencia.
En casos excepcionales el dios creador no es dios sino es diosa. Tal es el caso de NeitT como ocurre en Esna, sin embargo ella, a juzgar por los egipcios contaba con dos tercios de su personalidad masculinos y uno femenino.
La creación según Heliópolis agrupaba a 9 dioses, y se les denominaba la Enéada. A la cabeza de encontraba el dios solar Ra (o Atum) que con su saliva o mediante la masturbación (según los textos) había creado una primera pareja llamada Gueb, (la tierra) y Nut, (la bóveda celeste). De ellos nacieron, Shu, (el aire) y Tefnut, (la humedad) y de éstos dos parejas: Osiris e Isis, Set y Neftis. Así encontramos la creación del “uno” que se convierte en “muchos”, en una multiplicación sin límite. En esta concepción era importante la dualidad. El Sol crea parejas que a su vez dan a luz a otras parejas.
En este caso concreto tendríamos un primer grupo formado por Atum_Ra, Shu y Tefnut que simbolizan la organización cósmica, un segundo grupo en los que hemos de incluir a Nut, Gueb, Osiris, Isis, Seth y Neftis que representan la vida de la naturaleza y, finalmente, en último lugar a Horus, representante de la vida del hombre. Así el mito de creación se divide en dos: el mitos cósmico (Atum-Ra, Shu, Tefnut, Nut y Gueb) y un mito de monarquía formado por Osiris, Isis, Seth, Neftis y Horus; éste último corresponde a la teologización del faraón. Todos ellos forman la Maat sin la cual el mundo no puede existir.
Veamos de forma esquemática la creación según la ciudad de Heliópolis:
Según la ciudad de Hermópolis Magna, la creación había tenido lugar gracias a cuatro parejas de ranas y serpientes llamados en conjunto “los padres y las madres que crearon la luz” o más recientemente la Ogdóada de Hermópolis. Se denominaban Nun y Naunet, (el agua primordial), Heh y Hehet, (el espacio infinito indeterminado), Kek y Keket, (las tinieblas) y Nia y Niat, (la vida o la indeterminación espacial). Todos ellos eran parte del caos de los comienzos. Los miembros masculinos tenían forma de serpiente y los femeninos de rana. Estas formas se deben a que los egipcios notaron que cuando se retiraban las aguas de la crecida del río Nilo, estas criaturas eran las primeras que aparecían en las aguas pantanosas. Así asociaron esta aparición con la creación del mundo. Estas parejas eran manifestaciones del dios Thot, artífice real de la creación; eran las responsables de cuidar e incubar el huevo cósmico de donde más tarde nacería el Sol.
Finalmente Menfis elabora una concepción mucho más intelectualizante ya que su dios Ptah crea gracias al pensamiento, al deseo y al acto de la palabra, es decir, la creación se materializa gracias al raciocinio y a la articulación mágica de la palabra que logra que las cosas devengan a la existencia.

CUCHILLO Y MARFIL MÁGICO
El frecuente empleo del término cuchillos mágicos como forma de designar ciertas varillas curvas y planas de marfil con forma de bumerangs e inscritos con figuras apotropaicas no parece ser correcto; quizá fuera más acertado denominarlos “Marfiles Mágicos”
De uso únicamente religioso, sirvieron a modo de talismán. Estaban hechos de colmillo de hipopótamo e inscritos con deidades y genios protectores (Bes, Heket, Ihy, Tueris y entidades del tipo grifo) que generalmente se encargaban de la guarda de los niños, de las mujeres embarazadas, de los malos sueños y, por tanto, de los genios malignos que podían acosarles durante este tiempo incierto. Precisamente la razón para emplear el marfil del hipopótamo como elemento protector se debió a que este animal está dotado de una gran fuerza y por ello se presuponía que su colmillo era especialmente válido ya que poseía la fuerza apotropaica tan necesaria en momentos proclives al ataque de fuerzas del mal.
Otro tipo de “cuchillos mágicos” eran aquellos que se utilizaban en operaciones mágicas de ataque de demonios o en ritos concretos como es la apertura en el costado del cuerpo en la ceremonia de momificación, etc. Éstos debían estar hechos de un material concreto, como por ejemplo el sílex.
También denominado como “cuchillo” encontramos el Peseshkaf, un instrumento empleado en la ceremonia de la Apertura de la Boca, documentado desde tiempos remotos. Mediante este cuchillo de sílex se conseguía y se garantizaba al difunto que sus sentidos pudieran ser empleados en el Más Allá. Posiblemente el empleo original de este cuchillo fue cortar el cordón umbilical del recién nacido; los dedos o cuchillas que lo acompañan tal vez servían para limpiar el mucus de la boca del recién nacido, por lo que también se uso en la Ceremonia de la “Apertura de la Boca” para reconstruir la etapa del nacimiento y producir un renacimiento mágico. Este objeto es relativamente frecuente en el Reino Antiguo y ocasional en el Nuevo ya que entonces fue sustituido por la tradicional azuela.

CUERPO FÍSICO
Fue uno de los elementos que formaban al ser humano, una de las partes del hombre que los egipcios denominaron Jat,.es decir, cuerpo físico perecedero. Él era el que tenía que someterse a una serie de ritos de embalsamación puesto que era necesario que permaneciera incorruptible para que el fallecido pudiera tener una vida eterna.


CYPRAEA
Los egipcios también emplearon las conchas marinas para expresar algunos símbolos y como en otras culturas, se relacionaron con la sexualidad, la procreación, la fertilidad y para ser más concretos con la vulva femenina. Concretamente la Cypraea moneta o concha cowrie representa este concepto y su uso es típico en la joyería egipcia, aunque no es la única concha de esta familia que emplearon los egipcios.
La Cypraea moneta se encuentra con frecuencia desde el periodo Badariense y permanece hasta el final de la civilización, bien al natural o imitada en oro, faienza u otros materiales semi-preciosos. Los egipcios la identificaron con la vulva femenina y, como tal, la convirtieron en amuleto, interpretando que protegía estas partes íntimas de la mujer. Además servía de talismán contra la esterilidad, para favorecer la fecundidad y para potenciar la sexualidad, obteniendo la protección, es decir, consiguiendo que las fuerzas negativas que podían atacar a la embarazada o aquellas que acuciaban provocando la imposibilidad para la concepción, no fueran efectivas.
Las cowries fueron muy frecuentes en el Reino Medio y aparecen en un tipo de cinturón que se colocaban las mujeres ceñido a la cintura.

CHACAL
El chacal, es un carnívoro con personalidad audaz, carroñero de costumbres nocturnas y solitarias que vive en el desierto y que parece haber sido otro de los mamíferos que fascinaron a los egipcios.
Según las representaciones murales parece que los egipcios no hicieron distinción entre el chacal y el perro salvaje lo que dificulta el interpretar correctamente cuál es el animal que sirvió para representar al dios Anubis.
En cualquier caso, la razón para la identificación del dios, sea perro o chacal, con las necrópolis parece clara y puede aplicarse también al perro salvaje. Ambos son animales carroñeros, pero además, el chacal se adapta a la presencia humana y puede deambular cerca de los hombres irrumpiendo en los pueblos, aldeas o cementerios, al abrigo de la noche, en busca de alimento. Por ello, los egipcios asociaron al animal con las cercanías de los lugares donde inhumaban a sus difuntos. En los primeros tiempos, los habitantes del Valle del Nilo ya notaron que al escarbar con sus garras hallaba cadáveres bien conservados (por la acción preservadora de la arena) y se alimentaba de ellos. Así interpretaron que el cánido acudía para llevarlos al Más Allá.
Fue el animal totémico de dioses tales como Anubis, Upuaut (“El Abridor de Caminos”) o Jentamentiu, una deidad local de Abidos.

DESIERTO
El desierto fue denominado la "Tierra Roja" (deshret) mientras que el fértil Valle del Nilo se llamó Kemet. De la primera palabra procede la moderna voz “desierto” y de la segunda "química".
Como ocurría con otros fenómenos o accidentes naturales que se producían en Egipto el desierto también fue objeto de identificaciones divinas y simbólicas. Se relacionó con el dios Seth, el hermano de Osiris, con el desorden y con las fuerzas del mal. Esto puede interpretarse del modo siguiente: la zona de cultivos ha de luchar continuamente para que las arenas del desierto no inunden el Valle, al igual que Horus luchaba eternamente para vencer a Seth. Por otro lado la aridez de este territorio, en el que aparentemente no existe la vida, y las pocas posibilidades de supervivencia fueron otros determinantes que, sin duda, hay que tener en cuenta, identificándose su sequedad con elementos dañinos o condenatorios.
A causa de los peligros que acontecían en estos terrenos yermos, los egipcios sintieron la necesidad de encomendar ciertas rutas a deidades benéficas que debían proteger determinados accesos o caminos. Como por ejemplo el dios Min, encargado de la custodia de las rutas caravaneras.
Pese a todo ello, los egipcios escogieron el desierto para inhumar a sus difuntos, sobre todo el desierto Occidental. Allí estaban localizadas la mayor parte de las necrópolis y era el lugar de entrada al Mundo Subterráneo. Precisamente en este punto cardinal desaparecía el Sol cada noche para renacer al día siguiente por el Oriente completamente rejuvenecido, un simbolismo tan acorde con el pensamiento egipcio que no pudieron pasarlo por alto.
Una de las indiscutibles causas para esta elección fue la limitada extensión de la zona fértil o, para ser más exactos su anchura. Es evidente que no podían permitirse desaprovechar zonas de cultivo en beneficio de zonas de vivienda o cementerios. Por otro lado, desde tiempos remotos los egipcios descubrieron que la arena actuaba como desecante y, por tanto, conservante natural y cuando los cuerpos comenzaron a ser embalsamados artificialmente, el desierto no se abandonó y continúó desempeñando su función de acogida de los fallecidos.

DUALIDAD y DUALISMO
Como dualidad entendemos la reunión de dos caracteres o fenómenos distintos en una misma persona o cosa y como dualismo la concepción que supone que en el conjunto de la realidad hay dos principios que se oponen irreductiblemente, pero que son igualmente necesarios, eternos e independientes el uno del otro. Ambos conceptos en Egipto llegan a unirse de tal manera que a veces es muy difícil establecer la frontera para poder hacer una clara distinción.
El concepto de dualidad expresa una idea de complementariedad que para coexistir implica que también subsista su antagonista. Se encuentra presente en gran cantidad de aspectos, representando pares opuestos. En muchos casos, se manifiesta bien mediante los principios cosmológicos, la androginia divina, una forma de expresar que el demiurgo se bastó por sí solo para comenzar a crear. El dualismo se hace evidente a través de otros muchos símbolos: el Alto y el Bajo Egipto, el desierto y el Valle, el bien y el mal personificados en Horus y Seth, el Este y el Oeste, o lo que es lo mismo la vida y la muerte, la derecha y la izquierda relacionadas respectivamente con Occidente y Oriente, la Corona Roja y la Corona Blanca, la izquierda (la Luna) y la derecha (el Sol), arriba, donde se encuentran los dioses y abajo donde están los genios peligrosos (el mundo subterráneo), etc.


DUAT
Los egipcios entendían que el Más Allá era un mundo dinámico, es decir, podían disfrutar de la vida tras la muerte de distintas maneras. Era posible ser felices en los campos de Ialu, donde gozarían de los placeres de la "vida", pero donde también debían cultivar los campos. También era posible ascender a las estrellas y surcar el cielo junto a Ra cada día, pero por la noche hacían un recorrido por el submundo, por la duat, que era a la vez subterráneo y celeste.
Para ser más específicos comentaremos que durante el Reino Antiguo la Dat, se situó en el cielo y durante el Reino Nuevo paso denominarse Duat y a designar al mundo subterráneo.
El amor de los egipcios hacia su país hizo que reprodujeran tras la muerte muchos aspectos de su tierra; así para la Duat se concibieron campos idílicos e incluso un río subterráneo a imagen del Nilo.
Al ser éste un mundo complicado, plagado de lugares enigmáticos y genios dañinos o beneficiosos, a partir del Reino Nuevo se compuso un libro llamado "Libro de la Amduat" donde se recogía su geografía y sus habitantes para que pudiera ser empleado a modo de guía. Todo esto se enmarcaba en el viaje nocturno del Sol y en su nacimiento en la mañana. El fallecido se asimilaba a este dios y de este modo viajaba por el Más Allá.
Este libro se recogió en papiros y en las decoraciones de las tumbas.

DYED

 
Nos encontramos ante uno de los símbolos más frecuentes en Egipto pero también ante uno de los menos claros en cuanto al objeto físico que reproduce.
Parece evidente que el pilar dyed pudo ser un antiguo fetiche de la prehistoria que pasó a formar parte de la iconografía egipcia, permaneciendo representado hasta el periodo romano. Estaba relacionado con los ritos agrícolas.
La presencia de dos pilares Dyed de época Tinita, hallados en Heluan y su inclusión en el recinto funerario del rey Dyeser en Sakkara (necrópolis de Menfis) indican que fue un símbolo asociado a otro concepto (soporte del cielo) o a otra divinidad y ésta bien pudiera ser Sokar y Ptah, ambas entidades divinas del área de Menfis, ya que los dos aparecen sujetando este distintivo en sus manos. Es muy posible que, dado que Osiris, Ptah y Sokar fueron en cierto modo asociados, el pilar pasara a formar parte del simbolismo de Osiris cuando se difundió su culto. Por otro lado, el Dyed también se encuentra en ciertas representaciones divinas que no incumben a estas divinidades. Tal es el caso de los dioses Thot y Jonsu..
Las interpretaciones que se han vertido acerca de lo que puede simbolizar han sido muy variadas y debatidas. Por un lado se piensa que pudo representar la columna vertebral del dios Osiris, por lo que aparece en los sarcófagos emplazado a la altura de esta zona del cuerpo. Por otro lado y a causa de la relación de Osiris con cultos agrícolas se ha creído ver en él un árbol, un poste con gavillas de grano atadas, etc.
En el Papiro de Ani, del Reino Nuevo lo encontramos situado sobre un signo Anj que está dotado de brazos que sujetan un disco solar en su nacimiento mientras una serie de monos proceden a saludar y adorar al Sol. Sin embargo, en este caso (no así en Dyeser) no hay lugar a dudas respecto a que el representado con forma de Dyed es el propio Osiris, ya que a ambos lados se encuentran su hermana Neftis y su esposa Isis.
En relación con este pilar, existía una célebre ceremonia que se llamaba "Erección del Pilar Dyed". Aunque de origen menfita, posiblemente para el dios Ptah, fue "osirianizada" con posterioridad y se reprodujo, entre otros lugares, en el templo de Sethy I en Abidos, lugar inequívoco de culto a Osiris. Mediante la celebración de esta ceremonia se simbolizaba la estabilidad del reinado, la resurrección de Osiris, la victoria de éste sobre Seth. Era un modo de evocar al rey difunto relevado por otro monarca que también era merecedor de ostentar el trono de Horus. Además y dado que este rito debía repetirse durante la fiesta o ceremonia del Heb Sed, constituía un modo de renovar, de regenerar y revitalizar periódicamente las fuerzas del monarca para que éste fuera capaz de seguir reinando de forma válida sobre el trono de Egipto.

ÉBANO
Originario del Este de África, su dura madera, negra (con la corteza gris) siempre fue muy apreciada por los egipcios. Se denominó por los egipcioshbny de donde, curiosamente, procede la palabra inglesa "ebony".
Por su asociación con el color negro, se empleó para la fabricación de una gran cantidad de muebles y estatuas de tipo funerario y se relacionó con el trono de Ra, cuando éste se encuentra a la cabeza de la Enéada .

ELECTRUM
Como es evidente, la palabra "electrum" procede del latín, a partir de un vocablo griego (elektron).
El electrum era una aleación muy utilizada por los antiguos egipcios, compuesta de oro y plata. Es una aleación natural, frecuente en los depósitos aluviales de oro.
Según Plinio (XXXIII:23) cuando la aleación tenía menos de un 20% de plata se la denominaba oro, mientras que cuando el contenido era superior se consideraba electrum.
Su color es más claro que el oro y se empleó, entre otras cosas para recubrir la parte alta de los obeliscos e incluso parece que algunos fueron recubiertos en su totalidad.
Por su color y por emplearse como recubrimiento de obeliscos, el electrum podía tener cierta conexión con la luminosidad del Sol.

ELEMENTOS DEL SER HUMANO
Al parecer de los egipcios el ser humano estaba formado por una serie de elementos, unos materiales y otros inmateriales. Dichos elementos son difíciles de comprender porque algunos difieren mucho de nuestras concepciones actuales y de nuestra mentalidad moderna pero, además, hay otra dificultad añadida: no hay una palabra concreta que sirva para designarlos. Entre los elementos más importantes tenemos el cuerpo físico, el corazón, el anj, el ka, el nombre, la sombra y las energías sejem y heka.

El cuerpo físico
Era aquel que debía ser momificado y que los egipcios denominaron Jat. Para disfrutar de una vida inmortal en el Más Allá, era necesario que al fallecer se sometiera el cuerpo a un proceso de deshidratación (inducida por natrón) que facilitaría su pervivencia incorrupta. Este acontecimiento pretendía rememorar, en el cuerpo de cada difunto, los mismos ritos que se habían celebrado a la muerte de Osiris, facultando así su vida eterna e imitando de forma artificial la desecación natural que se producía en el Predinástico, cuando los cuerpos eran enterrados directamente en la arena. Con la inclusión de sarcófagos y de salas en la tumba, el aire penetró en el enterramiento y esto produjo que en los cuerpos se desencadenase el proceso de putrefacción. Fue entonces cuando los egipcios sintieron la necesidad de “inventar” un método artificial que obtuviera la “incorruptibilidad” del soporte material que habían tenido en vida y que iban a seguir utilizando tras la muerte.
El cuerpo servia de soporte al Ka y este elemento espiritual necesitaba reconocer el lugar al que había pertenecido.

El corazón
Era la víscera más importante del hombre y como tal no se retiraba del interior del cuerpo en el proceso de la embalsamamiento. Los egipcios le denominaron ib o haty. El corazón cumplía funciones similares a las que hoy sabemos realiza el cerebro. Era la sede de los pensamientos, tanto buenos como malos, el que proporcionaba la libertad de acción y el responsable de los actos que se cometían en la tierra. Como tal, era el que debía ser juzgado en el Más Allá en la “Sala de las dos verdades”, presidida por Osiris. Allí, en una balanza se pesaba, actuando como contrapeso la pluma de la justicia que encarnaba a la diosa Maat. En el caso de que el corazón fuera más pesado que la pluma, inmediatamente sería devorado por un “monstruo”, la diosa Ammyt, eliminando toda posibilidad de vida eterna. Para garantizar el paso por el mencionado tribunal y como medida de seguridad, sobre el cuerpo de la momia se colocaba un escarabajo, denominado “escarabeo o escarabajo de corazón”, que llevaba grabado el capítulo 30 del Libro de los Muertos, así se conseguía que éste no testificara en contra del fallecido, delatando los “pecados” que había cometido en la tierra. El poder del corazón incumbía también labores creadoras y como tal lo encontramos en la llamada Teología Menfita, en la cual el dios Ptah crea gracias a haber “pensado” con el corazón”.

El aj
El ibis crestado es el animal que sirvió para representar el determinativo de este concepto espiritual vinculado a la “luz”, que también puede manifestarse como una momia. Se entiende como una parte del ser luminosa, con el espíritu transfigurado del difunto en contraste con el fin de la existencia. Es una fuerza exclusivamente funeraria ligada a las estrellas, interpretadas como formas de vida tras la muerte, sobre todo, en el Reino Antiguo, por ello, es una de las formas, el medio que el difunto dispone y desea tomar para ascender al cielo y unirse a las estrellas circumpolares que nunca se ponen, que en Egipto se asociaron a las “almas” de los fallecidos. Su aparición se producía al reunirse el ka y el ba, con los que coexistía, pero algunos autores piensan que podía formarse gracias a la unión entre el ba y el cuerpo. En cualquier caso se vinculó a la resurrección y la inmortalidad. Este elemento también lo tenían los dioses como se desprende en algunos capítulos del Libro de los Muertos.

El ka
Era uno de los elementos espirituales del hombre. Se representó mediante dos brazos que se elevan verticalmente formando un ángulo recto y que terminan en manos. Pese a haber sido traducido de forma incorrecta como “espíritu”, este elemento es el que posibilitaba la vida del individuo y como tal lo tenían tanto los vivos como los difuntos o los dioses. Se creaba a la vez que el cuerpo, como un elemento gemelo.
El Ka necesitaba alimentación y bebida para subsistir tras la muerte, así como contar con elementos materiales que pudiera reconocer tras la muerte: el cuerpo o una estatua. Por ello, como habitáculo del ka, el egipcio momificaba el cuerpo y colocaba estatuas que reproducían sus facciones en el momento de mayor esplendor físico. Sin embargo el ka no tenía movilidad y necesitaba al ba para poder alcanzar la parte espiritual de las ofrendas que se entregaban diariamente en el culto funerario. La eliminación del ka suponía la muerte definitiva y la imposibilidad de disfrutar de vida eterna. Para los egipcios los templos, los dioses, las tumbas, etc, también disponían de ka.

El ba
Es otro de los elementos espirituales que formaban al hombre y que también fue mal traducido como “alma”. Estamos ante una fuerza exclusivamente funeraria y que tenía movilidad. Gracias al ba, el ka recibía la esencia de las ofrendas ya que este último era el que podía desplazarse hasta las mesas de ofrenda para “absorber” su sustancia espiritual y hacerla llegar al ka. El ba se representó mediante la imagen de un halcón con cabeza humana que reproducía los rasgos del difunto. Encarnó la posibilidad del fallecido para desplazarse tras la muerte y gracias a él el difunto podía convertirse en cualquier forma y tomar cualquier apariencia que pudiera necesitar.
En el momento de la muerte el ba abandonaba el cuerpo y ascendía al cielo, pero al llegar la noche debía retornar a la tumba para descansar en el cuerpo. Además, el ba podía salir de la tumba y deambular a su antojo. Era él el que salía a través de la Estela de Falsa Puerta y visitaba la tierra que el difunto había amado, pero no era parte indisoluble del hombre sino que formaba uno de los elementos del ser. Es decir, que pese a no tener una dependencia total del cuerpo del individuo, sí lo necesitaba en algunos momentos.
Como ocurre con el ka, según el pensamiento de los egipcios, los dioses, los templos, las estatuas y las tumbas también tenían ba e, incluso, algunos animales que sirvieron como manifestación divina de divinidades concretas fueron entendidos como el ba de esos dioses ya que recibían las ofrendas terrenales destinadas a ellos.

El nombre
Realmente fue un elemento importantísimo. Para los egipcios la falta de un nombre concreto implicaba directamente la no existencia y por ello tanto los reyes, como los personajes privados o los dioses, hicieron inscribir los suyos sobre toda clase de soportes.

El nombre llevaba implícito la esencia del ser y como tal era un instrumento poderoso. Como medida de seguridad los dioses contaban con nombres secretos, para protegerse de otros dioses que, conociendo, su verdadera identidad podrían hacerse con un mayor poder.
Todo en Egipto debía poseer un nombre propio para tener una existencia real: tumbas, templos, hombres, animales y plantas (como manifestaciones divinas), etc.
Cuando los egipcios querían eliminar de forma mágica a un personaje que había reinado se limitaban a borrar el jeroglífico que contenía su nombre de todos los lugares donde se había inscrito entendiéndose que de este modo se restauraba el orden que en algún momento se había roto. Así ocurrió por ejemplo, con Hatshepsut, Ajenatón. Eliminar el nombre de un antecesor sobre la superficie de un templo o de una estatua y colocar del usurpador en su lugar, llevaba a que ese soporte material pasara de forma mágica a ser propiedad automática del segundo.

La sombra
Es curioso pero no extraño, que la sombra sea una de las partes del ser y que esté representada en un buen número de monumentos funerarios. En momentos puntuales puede estar acompañada del ba, pese a estar tradicionalmente unida a la tierra. Los egipcios la denominaron shuyt. Se representó mediante una forma humana de color negro y fue un elemento de protección muy eficaz. Los habitantes del Valle del Nilo entendieron que era una especie de doble en negativo del hombre, totalmente semejante a él y especialmente rápido


El sejem
Bajo este nombre encontramos dos conceptos: un cetro y una “fuerza” inherente al hombre. En este sentido personifica la energía del espíritu divino, es decir, del fallecido convertido en un dios.

El heka
También bajo este nombre encontramos tres conceptos: un cetro, un dios y una “fuerza”, que en este caso está asociada a la magia. El difunto precisaba esta fuerza energética, que provenía de su propia personalidad, para defenderse de los enemigos que pudieran querer interrumpir su paso por el peligroso mundo del Más Allá, antes de alcanzar la sala donde su corazón debía ser.

ENÉADA
Ennea es la palabra griega que sirve para designar un grupo de nueve cosas. De esta voz deriva la que actualmente utilizamos con el mismo sentido y en la mitología egipcia sirve para hablar de un conjunto de dioses agrupados que forman una "familia" divina. Este grupo fue denominado por los antiguos egipcios pesdyet.
La más importante y la única que realmente agrupa a nueve deidades fue la de la ciudad de Heliópolis en contraposición con Hermópolis con 8 dioses, Menfis cuyos componentes son los miembros y los órganos del dios Ptah (su corazón, su lengua, etc) o Tebas, donde la Enéada de Karnak en tiempos de Hatshepsut incluía a Amón, Montu, Atum, Shu, Tefnut, Gueb, Nut, Osiris, Isis, Seth, Neftis, Sobek, Hathor, Tyenenet e Iunit, un total de 15 entidades divinas.
Detengámonos en la enéada canónica, es decir la de Heliópolis, para ver su estructura. A la cabeza se encontraba el dios solar Ra (o Atum) que con su saliva o mediante la masturbación (según los textos) había creado una primera pareja llamada Shu, el aire y Tefnut, la humedad. De ellos nacieron, Gueb, la tierra y Nut, la bóveda celeste y, de éstos, Osiris, Isis, Set y Neftis. Así encontramos la creación del "uno" que se convierte en "muchos" en una multiplicación sin límite. Y, para enfatizar las características agresivas de Seth, en los textos se dice que nació del costado de Nut, de una forma violenta.
En esta concepción era muy importante la dualidad y este hecho queda plasmado en la propia formación de las parejas divinas, compuestas por un miembro estático y otro dinámico en cada generación. Así, el Sol crea parejas que a su vez dan a luz a otro par de deidades, naciendo al final un grupo de cuatro dioses (Osiris, Isis, Seth y Neftis) fruto de la última generación (Shu y Tefnut). Las cuatro últimas deidades se citan en los textos como dos parejas de niños. Ésta era la Gran Enéada, que en esquema estaría formada del modo siguiente.
También en la misma ciudad existió la denominada Pequeña Enéada de Heliópolis. Era una agrupación inestable que englobaba a dioses que habían sobrepasado los límites de su propia provincia pero que no tenían cabida en la Gran Enéada, variando en función de los intereses teológicos de cada momento. Entre ellos destacaríamos por supuesto a Horus pero también citaremos a Thot, Anubis y Maat.

ERIZO
Aunque no frecuente, los erizos también se encuentran entre los animales que los egipcios escogieron para representar algún concepto de tipo mágico-protector desde períodos muy tempranos. Ya a mediados de Nagada II encontramos vasos que imitan a este mamífero. En el Reino Antiguo se encuentra adornando la proa y la popa de algunas barcas como por ejemplo la registrada en la tumba de Pepi anj her ib, de la dinastía V, en Meir.
No podemos saber con certeza cual fue el motivo para elegir a este animal, pero de lo que no cabe duda es que tiene muchas características que pudieron ser tenidas en cuenta. Por un lado es un especialista en aprovisionar alimentos, por otro tiene la capacidad de aletargamiento cuando bajan las temperaturas, hecho que bien pudo relacionarse con el renacimiento. Además su talento para vivir en un medio tan hostil como es el desierto, convirtiéndose en un vencedor nato de las fuerzas del mal que habitaban en estas tierras estériles junto su habilidad para devorar algunas serpientes fueron aspectos que pudieron interpretarse desde un punto de vista divino. Finalmente, el aspecto exterior de su cuerpo, cubierto de púas puntiagudas, que le hacen capaz de defenderse con una magnífica eficacia, la facilidad para hacerse un ovillo cuando se siente atacado, dejando su cuerpo convertido en una bola espinosa, fueron sin duda otros de los motivos para que los egipcios se fijaran el él también pudieron reflejarse en el terreno mitológico. ¿Qué mejor aspecto podía tomar el fallecido para defenderse de los genios del mal que quisieran acosarle en el Más Allá?.
Según Osborn y Osbornová (1998) en la Dinastía XXVI en el oasis de Bahariya (tumba de Ba-n-nentin) existe una representación de una diosa llamada Ab´as que lleva uno de estos mamíferos sobre la cabeza.

ESCALERA
La escalera es un símbolo que se repite incesablemente tanto en la iconografía egipcia como en otras culturas (por ejemplo, la Escala de Jacob, en la Biblia, túmulos escalonados, en el mundo griego, etc) y siempre está relacionada con conceptos de ascensión y resurrección, es decir, como un instrumento para ascender a los cielos, como una forma de ir de un lugar a otro, de un estado al superior, del mundo de los muertos al de los vivos, para conducir al difunto al lugar donde se encuentran los dioses. Por ello está relacionada con la resurrección y se encuentra implícita en gran cantidad de objetos y monumentos. La escalera se empleó como modelo para construir la pirámide del rey Dyeser en Sakkara, como base en algunas estatuas, como apoyo simbólico de estatuas, dibujada en los papiros e, incluso como amuleto.

Además simbolizó la colina primordial, montículo emergido de las aguas originales gracias a la acción del dios Sol, lugar donde surgió la creación, donde emergió la vida. Por esta colina el difunto podía alcanzar su meta: el cielo.
Por otro lado, la escalera de 14 escalones también sirvió para representar el ciclo de la Luna (la Luna creciente), situándose en cada escalón una divinidad que lleva en sus manos un Ojo Udyat. Cada dios o diosa representa una parte del ojo que, al completarse, logra el ciclo de 28 días, es decir, el ciclo lunar.

ESCARABAJO
Los egipcios adoraron al escarabajo como la manifestación terrenal del Sol en su nacimiento y le llamaron Jepri. Simbolizaba "venir a la existencia" es decir, existir. También se asocia con una vida larga y en este sentido, se vincula al difunto, a su capacidad de regeneración.

El hecho de que este coleóptero ponga los huevos en una masa de estiércol, allí se incuben y, aparentemente de forma espontánea (mediante una supuesta autocreación) surjan nuevos escarabajos, se puso en paralelo con el nacimiento del Sol y con un concepto de metamorfosis. Además, este insecto empuja la bola de excremento, hecho que se puso en relación con la idea de que era el insecto el responsable de arrastrar el disco solar hasta que se produjera el nacimiento del astro en la mañana.
El escarabajo fue una divinidad eminentemente masculina, pero de forma curiosa, hacia el 3.000 a.C también lo encontramos como representante de la diosa Neith. Sin embargo, en este caso no es el Ateuchus sacer el que se escogió para la diosa sino otro escarabajo de la familia de los elatéridos que podría ser el Agrypnus notodonta. Éste es posible que tenga que ver con la función creadora de Neith y con el hecho reflejado en los textos romanos de Esna, que recogen una tradición remota cuando recuerdan que esta diosa, aun siendo una entidad "femenina", se considera dos tercios masculina y un tercio femenina, siendo posible por ello que realice la actividad creadora en el comienzo de los tiempos.
La forma iconográfica de este animal, con fines funerarios, ha recibido, en la Glíptica, el nombre de escarabeo, mientras que cuando se reproduce una estilización del escarabajo, sin que tengan los detalles anatómicos del mismo, se denomina escaraboide pudiendo adoptar la forma de placa, pastilla, botón, etc.
Los primeros escarabeos de finales del Reino Antiguo, carecían de cualquier tipo de inscripción y no tenían connotaciones funerarias. En el Reino Medio empezaron a usarse con más asiduidad y durante el Reino Nuevo se conviertieron en un elemento imprescindible. Se graban en la base una serie de inscripciones y se emplean como sellos. Por otro lado, sabemos que durante el Reino Nuevo algunos se usaron para conmemorar actos reales importantes, como vehículo de propaganda regia, y que otros se integraron como parte, desde entonces, imprescindible en el ámbito funerario. El escarabajo, en este momento, es el símbolo del renacimiento.
Entre los escarabeos más importantes ya hemos aludido a los imprescindibles "escarabeos" de corazón, que se incluyeron en la momia a partir del Reino Medio como teórico sustituto del corazón. La idea era grabar en el dorso un texto mágico religioso, el Capítulo 30 del "Libro de los Muertos", por el cual se lograba que este órgano del cuerpo, sede de los actos en la tierra, no testificara en contra del difunto en el momento de ser pesado en la balanza, ya que en ella se determinaría si el fallecido era merecedor de una vida futura.
Otro tipo de escarabajo, el Steraspis squamosa, se representó desde el Reino Antiguo, sobre todo en piezas de joyería. Éste es el coleóptero que pende del collar de la reina Hetheferes, conservado en Boston. En opinión de Kritsky (1993) podría haber estado relacionado con Osiris, ya que estos animales se alimentan del tamarisco, y éste fue uno de los árboles en los que se entendió que quedó varado el cuerpo de Osiris cuando fue asesinado y lanzado al río por su hermano Seth. De este modo, el Steraspis squamosa podría simbolizar también el renacimiento.
El escarabajo Tenebrionido también fue representado. Estos insectos tiene la capacidad de esconder sus patas y envolverse en una especie de sudario cuando se siente amenazado, y permanecer en esta postura durante un tiempo. Su similitud con una momia pudo ser la causa de representación (Kritsky 1993). Un claro ejemplo de este insecto es un collar con colgantes en forma de Tenebrionido encontrado en Guiza, datable a finales de la Dinastía IV o comienzos de la V que hoy se encuentra en el Museo de El Cairo (JE 72334).
Finalmente, el escarabajo rinoceronte o Orycter nasicornis se encuentra entre los objetos que nos ha legado del Antiguo Egipto. De este modo un pequeño sarcófago de bronce que hoy se encuentra en el Museo del Louvre (E 3957) muestra a uno de estos animales. Es de Época Ptolemaica y tiene una inscripción que lo relaciona con Ra.
El éxito iconográfico de este amuleto, así como de otros talismanes egipcios (Nefertum, Bes, etc) transcendió el ámbito nilótico, expandiéndose su uso por el Mediterráneo semítico (fenicios, cartagineses) y prerromano (etruscos, íberos), llegando a confines lejanos (desde el Sudán meroítico a los Balcanes –Adiguea-).

ESCORPIÓN
El escorpión es un arácnido muy corriente en Egipto y se entendía como un animal femenino.
Aparece representado en momentos muy tempranos, ya en Nagada II encontramos vasos que adoptan la forma de este animal. Más tarde, un soberano del periodo de Nagada III empleó al escorpión como distintivo de su propio nombre, quizá queriendo tomar para sí los poderes del arácnido, o quizá porque ya fuera una divinidad en el Predinástico.
Como otros animales venenosos fue venerado con dos sentidos aparentemente opuestos: como aspecto del mal y como deidad protectora con cualidades para sanar.
La realidad de observar a la hembra cuidando y transportando durante un tiempo las crías sobre su espalda hizo que se pusiera al animal en conexión con la "madre del difunto" y que se empleara como entidad funeraria con notables cualidades protectoras. Así el escorpión se convirtió en una diosa protectora muy ligada tanto a los vivos como a los muertos. Tal es el caso de la diosa madre de Horus y de algunos de los escorpiones que la acompañaban (Hededet, Selkis, Tabitet); simbolizaban aspectos diversos de la madre del dios halcón. Por otro lado también se relacionó con el hijo de Isis, el dios Horus, y con Shed, ya que tanto el uno como el otro poseían la magia de "cauterizar" su veneno al estar implicados en una leyenda en la que fueron picados por estos animales peligrosos.

Precisamente por esta razón los egipcios se erigían unas estelas y figuras, llamadas "Horus sobre los cocodrilos" donde el dios aparece a modo de "Señor de las Bestias". En sus manos sujeta serpientes, escorpiones y otros animales venenosos o potencialmente peligrosos y está en pie sobre uno o dos cocodrilos. El grupo se cubría con fórmulas mágicas y sobre el conjunto se derramaba agua. Ésta, en contacto con las figuras y las fórmulas mágicas, adquiría poderes extraordinarios que tenían la cualidad de sanar a todo aquel que sufriera la misma dolencia.
En Egipto existió una rama profesional vinculada al clero llamada los Sheduehet, encargados de echar a los escorpiones de los templos.

ESCRITURA
La escritura convertía en inmutable lo escrito. Así, la descripción (en templos y tumbas) de rituales, epítetos y cultos concretos aseguraban la pervivencia eterna de dichos ritos y cultos, por el mero hecho de haber sido registrados.
En el Antiguo Egipto existieron tres tipos de escritura: jeroglífica, hierática y demótica.

La jeroglífica fue utilizada desde la Dinastía I al Periodo Grecorromano y se empleaba para textos oficiales, funerarios y religiosos. Por ello aparece en tumbas, templos y papiros estructurada armónicamente, ya que la ubicación de sus símbolos y signos tenían una importancia vital para proporcionarles armonía y estética.
Como escritura sagrada, tenía un sentido mágico, a veces críptico. No estaba al alcance de toda la población, ni siquiera de la mayoría de los personajes más cultos, ni de todos los miembros del clero. Tuvo unos 7.000 signos a lo largo de la historia y una gramática compleja por lo que muy presumiblemente pudo ser del conocimiento de unos pocos y de aquellos que se iniciaban en "la Casa de la Vida", una especie de escuela localizada en los principales templos cuyo paralelo en nuestros días es lo que hoy entendemos por universidad.
Se escribía en columnas horizontales o verticales, de derecha a izquierda (preferiblemente) o de izquierda a derecha (menos veces) o de arriba a abajo. Como regla general, los mismos jeroglíficos dan la pauta para saber dónde comenzar a leer, ya que éstos miran hacia el lugar donde hay que empezar la lectura. Un hecho que no deja de ser curioso es que, a menudo, los símbolos gráficos que potencialmente pudieran ser peligrosos se "censuraban". Por ejemplo, a veces, encontramos que el equivalente a nuestra consonante "f", representada por una víbora cornuda, se dividía en dos, para que este animal venenoso no causara ningún mal o, si era posible, se sustituía por otro signo menos peligroso.
El hierático se utilizó a la vez que la grafía jeroglífica; se leía y se escribía de derecha a izquierda. Aunque también se usó para textos sagrados, generalmente, se empleó para asuntos laicos, es decir, aquellos relacionados con la administración, textos literarios, negocios, etc. Ésta consistía en una adaptación del jeroglífico, pudiendo decirse que fue la cursiva de los símbolos jeroglíficos. El Demótico se incorporó a partir de la Dinastía XXV y fue una escritura más popular, siendo una estilización de la anterior.
En época tardía, la escritura conoce una evolución peculiar: aparece la criptografía, escritura reservada a iniciados que permite una lectura superficial, más o menos al alcance de todos los lectores, y una segunda lectura, reconocible sólo por cierto grupo selecto (de sacerdotes), una elite. Se han reconocido textos criptográficos en inscripciones que van desde templos a escarabeos. Aunque defectuosamente conocida, la escritura criptográfica egipcia conoció un cierto desarrollo desde la Baja Época hasta el final del Egipto grecorromano.
El jeroglífico egipcio conoció un desarrollo autóctono en el reino de Meroe, en el que se usó (en dos vertientes, monumental y cursivo) para transcribir una lengua africana. Si en Meroe tuvo algún uso simbólico, nos es desconocido.

ESFINGE
Esfinge es una palabra de origen griego que en Egipto se empleó para definir a una divinidad masculina con cuerpo de león y cabeza humana, en lugar de femenina, como ocurre en el mundo heleno. No obstante muy esporádicamente algunas presentan la cabeza de una mujer como ocurre con Mutnedyemet y Nefertiti. Los antiguos egipcios la denominaron Sheps-anj, que significaba "Imagen viviente".
Aglutinaba en su personalidad la unión entre las cualidades humanas y la fuerza, potencia, poder y fiereza del león. Estaba identificado con conceptos de defensa y vigilancia.
Muchas fueron las figuras de esfinges que representaron los egipcios, tanto en bulto redondo como en relieves. De todas ellas destaca, por su antigüedad, la Gran Esfinge de Guiza, de la dinastía IV atribuida al rey Jafra (Kefren).
En el Reino Nuevo, algunos dioses, como por ejemplo Amón, tomaron para sí esta iconografía presentándose con cuerpo de león y cabeza de carnero.

ESPEJO
Los espejos en Egipto estuvieron ligados al culto de la diosa Hathor que, generalmente, se encuentra representada en el mango.
Estaban formados por superficies circulares de metal pulido con un mango elaborado que, dependiendo de los casos, podía llevar sólo a la ya mencionada diosa Hathor o incluir a otras deidades como Horus, Bes o Bastet o elementos vegetales como el loto o sirvientes.

Tradicionalmente, en el mundo antiguo, tenían la propiedad de mantener alejados a los genios y seres malignos y quizá este simbolismo también pueda aplicarse al Antiguo Egipto. Además están asociados a la belleza y, en este caso, su función solar está íntimamente unida a la de belleza en la diosa Hathor.
Por su forma circular y pulida se pusieron en relación con el Sol. Durante el Periodo Ptolemaico y romano en los templos egipcios se hacía la ofrenda de dos espejos mediante los cuales se conseguía el buen funcionamiento del ciclo del Sol y de la Luna relacionándolos, por supuesto, con Hathor y Nut, en cuanto a que estas diosas, en determinadas leyendas, eran las esposas del astro. La primera se entendía como el "disco femenino", deidad que al mirarse en su superficie conseguía la buena marcha del ciclo solar. Es decir, en el espejo el Sol y la Luna estaban unidos, sus rayos permanecían juntos en un perfecto hermanamiento. Así en opinión de Poo (1993) se lograba una metáfora de ambos astros (el Sol y la Luna), ya que en la presentación de estas ofrendas era frecuente que uno de los espejos fuera de oro (el Sol) y el otro de plata (la Luna). Igual simbolismo tenía la presentación de dos Ojos Udyat.


ESTANDARTE
Los estandartes eran unos soportes verticales en cuyo extremo superior había un trasvesaño horizontal del cual colgaba algún motivo vegetal que no siempre ha sido bien identificado. Sobre esta estructura se situaron árboles, insignias, animales y toda clase de fetiches , algunos de los cuales no han podido determinarse pero que, sin duda, fueron venerados desde la Prehistoria hasta el fin del Egipto Faraónico, primero en los distintos poblados y más tarde en los nomos o distritos del Egipto unificado. También podían estar colocados sobre el signo que servía para designar el distrito territorial figurando del modo siguiente
Cada uno de ellos era el protector de un primitivo grupo humano, sin que podamos adivinar cuál fue el motivo para llevar a esferas divinas determinadas insignias tan simbólicamente valiosas como para que permanecieran a lo largo de toda la historia egipcia. Los estandartes, junto a sus fetiches fueron verdaderos talismanes, vínculos entre un grupo humano o un poblado, con ciertos árboles, animales, plantas u objetos, que recibieron toda clase de atenciones y culto, como queda demostrado, por ejemplo, por aquel que representa lo que más tarde se interpretará como la cabeza o reliquia sagrada que contenía la cabeza del dios Osiris.
En el Antiguo Egipto los estandartes se documentan desde las primeras representaciones conocidas. Aparecen en antiguas etiquetas, sellos, paletas y cabezas de maza, por lo que su origen hay que buscarlo en remotos fetiches que tenían un poder especial. Eran dioses o espíritus sobrenaturales que protegían a la comunidad y que estaban presentes en las distintas ceremonias religiosas encabezándolas.

ESTELA DE FALSA PUERTA
La Estela de Falsa Puerta fue un elemento arquitectónico de madera o piedra relacionado con la vida póstuma del difunto y, en el Reino Antiguo, pudieron ser la imitación de otras más arcaicas, hechas con elementos vegetales. Se trata de una puerta simulada, cubierta con jeroglíficos e imágenes del fallecido, que se colocaba en los enterramientos o en los templos funerarios orientada al Oeste. Ante ella se colocaban las mesas de ofrendas con la comida, es decir, los alimentos y la bebida con los que el difunto debía nutrirse, y por ella el Ba del fallecido podía mantener un contacto entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Sobre su superficie se hacían inscribir textos jeroglíficos mágicos donde se recogían fórmulas de alimentación, los títulos del fallecido y se dejaba constancia de las vituallas que el rey directamente entregaba al difunto, los cuales por la magia de la palabra se hacían realidad cuando pudiera necesitarlos. También se hacía representar al difunto ante una mesa de ofrendas grabada en la parte alta de la misma.


1.- Títulos y nombre del difunto
2.- Fórmula funeraria.
3.- El difunto ante la mesa de ofrendas.
4.- Retrato del difunto y portadoras de ofrendas.
5.- Puerta figurada.












ESTELA Y BUSTO DE ANCESTRO
Durante el Reino Nuevo y, sobre todo, en el área de Deir el-Medina (Tebas), todos aquellos personajes que en vida habían destacado sobre los demás eran, en cierto modo, sacralizados y como tales se les adoraba y se les hacía representar en forma de estela acompañada de un texto jeroglífico, o en busto/estatua anepigráfico policromado de arenisca, piedra caliza, barro o madera. Éstos últimos tenían una cabeza trabajada en detalle, pero sin rasgos personalizados, solían llevar una peluca tripartita, mientras que el cuerpo era prácticamente un esbozo, adornado con una flor de loto en el cuello o un collar. Da la sensación de que los personajes estaban arrodillados o sentados sobre sus propias piernas. Aunque no siempre, podían llevar en la parte frontal una inscripción jeroglífica. Los bustos tenían distintos tamaños (de 10 a 25 centímetros). En el caso de las estelas en todas ellas el difunto se denomina Aj iker en Ra, o lo que es lo mismo "Espíritu excelente de Ra".
Las estelas parecen tener idéntico simbolismo; en ellas el difunto suele aparecer sentado oliendo una flor de loto. Ante él, una mesa repleta de alimentos o un personaje hace ofrendas al fallecido. Su tamaño varía de 9 a 50 centímetros. Aunque la mayor parte de ellas distinguen a personajes de sexo masculino, existen algunos ejemplos donde la representada es una mujer.
Los bustos se colocaban en las casas, en una especie de capillas o nichos colocados en la pared de la primera y segunda habitación, y se les elevaban rezos y ofrendas. A ellos se les presentaban cartas de queja y oraciones con la esperanza de que, al representar a un pariente difunto y divinizado, asociado al dios del Sol, actuara en favor del demandante solucionando el motivo de su desazón y atendiendo sus peticiones.
Nos encontramos, sin duda, ante una forma local del arraigado culto a los ancestros y una representación del Aj (*).
Algunos ejemplos hallados fuera del área de la ciudad de Deir el-Medina se han localizado en localidades ubicadas entre el Delta y la Tercera Catarata, aunque su número, realmente, no es significativo.

ESTRELLA
El egipcio antiguo entendió que las estrellas eran las "almas" de sus difuntos que, tras acontecer la muerte, habían pasado a vivir a la esfera divina. Así el mayor deseo era convertirse en un astro circumpolar que nunca desaparece, es decir, se buscó la elevación hacia el principio, la conversión en el orden cósmico, la permanencia a través de la eternidad. Por ello, las estrellas eran los habitantes del Más Allá y fueron convirtiéndose en los seguidores del dios Osiris.
La concepción estelar fue trascendental en el comienzo de la historia egipcia; de hecho, basándose en esta idea se orientaron las entradas de la primeras pirámides y los templos funerarios. Más tarde se produjo el auge del culto solar y aunque el estelar no se olvidó dejó de ser el preponderante.
Algunas estrellas y algunas constelaciones se relacionaron con determinados dioses. Así Osiris era la constelación que hoy conocemos por Orión (la Sah de los egipcios). Isis era la estrella Sirio (la Sopdet egipcia y la Sothis griega), cuya aparición marcaba el comienzo de la crecida.
Sothis, como representante de Isis, aparece en el cielo en el amanecer y es la más brillante cuando se acerca el solsticio de verano. Ella era la que marcaba la crecida beneficiosa que puntualmente debía llegar a Egipto en cada ciclo anual y, además, también marcaba el comienzo del año egipcio. Esta fiesta era muy importante y requería una gran cantidad de ritos mágicos para conjurar la partida de un año "viejo" y celebrar la llegada de uno nuevo, renovado. Era por tanto un momento delicado ya que todas las fuerzas mágicas estaban en movimiento.
Siguiendo con la identificación del difunto con las estrellas encontramos que éste no sólo se conforma con ser estrella circumpolar, sino que insiste en relacionarse con Orión, cosa completamente lógica si tenemos en cuenta que los egipcios al morir se convertían en un Osiris.
Otra concepción paralela era aquella que presenta al cielo como una mujer arqueada (Nut) que devoraba a sus hijas las estrellas durante el día y que al anochecer les daba a luz.
Sobre los monumentos egipcios las estrellas se representaban en los techos de las tumbas y santuarios. Estaban formadas por cinco puntas y podían presentarse como tal o formando constelaciones.
El uso de las estrellas como ornamento se constata a través de los sacerdotes de la ciudad de Heliópolis que las llevaban incrustadas en la piel de felino a modo de indumentaria específica y con un sentido mágico-religioso especial.
Otro lugar donde los egipcios vieron la imagen de estos astros fue en el lapislázuli.
Esta piedra es de color azul pero está moteada con inclusiones de pirita de hierro, las cuales se relacionaron con las estrellas del cielo; además, el color azul oscuro del lapislázuli, estaba identificado con el cielo nocturno.
Para los egipcios fue muy importante la interpretación de los sueños y la realización de actos mágicos. En ambos casos era imprescindible la consulta a las estrellas y esta consulta concernía no solo a los vivos, sino también a los muertos.

FESTIVAL SED
El Heb Sed (Festival Sed o “Fiesta de Renovación del poder Real”.) fue una conmemoración cuyo origen se remonta a la prehistoria; en la que el monarca tenía que probar que física y mentalmente era apto para permanecer en el trono. Se trata de un ritual simbólico de renovación vital, en el cual el rey reabre un ciclo de gobierno. Dicho festival, estaba relacionado con un dios de origen oscuro, llamado Sed, cuyo aspecto es el de un chacal o un lobo y que guarda cierta relación con Upuaut “El abridor de Caminos”.
Estaba plagado de complicados rituales mágicos que se celebraban a lo largo de varios días y en él ellos rey debía de cumplir todo un complejo ceremonial de regeneración que incluía cambios de vestimenta, de atributos regios, invocaciones para la presencia de los dioses locales del Egipto unificado, etc. En teoría debía de celebrarse al llegar al año 30 del reinado de cada monarca, y repetirse con la misma periodicidad, ya que se entendía que éste era el paso de una generación. En la práctica sabemos que algunos faraones del Reino Nuevo, no cumplieron este requisito y que los sucesivos Heb Sed, se realizaron con intervalos de tiempo variables sin que podamos saber con seguridad la razón del cambio del periodo.
Conocemos imágenes de su celebración desde el reinado del monarca Den. Todo hace sospechar que, en los comienzos, el rey podría haber sido sacrificado si no era capaz de cumplir con los actos prescritos pero, más tarde, se convirtió en una forma mágica de regeneración que no exigía la inmolación del soberano.
Durante el Reino Antiguo, y concretamente bajo la Dinastía III, la fiesta fue incluso pensada para obtener la regeneración en el Más Allá. Muestra de ello es el magnifico complejo funerario del rey Dyeser, donde a modo de escenario se construyeron todos los edificios que tradicionalmente se empleaban para esta fiesta aunque éstos son en realidad edificios macizos que no sirven más que de decoración o de escenario mágico.
Las fuentes clásicas informan de un ritual similar en Meroe: se sacrificaba al monarca reinante cuando perdía su capacidad de fecundación (símbolo de la llegada de la senectud). El sacrificio lo realizaban los sacerdotes. Ergámenes I había sido el primer rey que se opuso a este sacrificio, triunfando las prerrogativas reales frente al arbitraje sacerdotal.

FETICHE DE ORISIS
El fetiche de Osiris pudo ser en origen la representación de la colina primordial a la que más tarde se le añadieron dos plumas e, incluso en algunos lugares, como por ejemplo en el templo de Sethy I en Abidos, lo encontramos con una cara dibujada en la parte frontal. Precisamente, por alguna razón se interpretó que era el relicario que contenía la cabeza del dios Osiris, una de las partes esenciales del dios, reverenciándose en esta ciudad y convirtiéndose en su emblema. Es bastante habitual en el interior de los sarcófagos del Tercer Periodo Intermedio, situado en el fondo de la caja, allí donde debía reposar la espalda del finado, aunque también puede estar dibujado en el exterior sustituyendo la tradicional imagen del dios del Más Allá.
Los fragmentos de Osiris que se veneraban en cada uno de los nomos egipcios, se reencontraban, de forma mágica, a través de los Osiris vegetantes, en el mes de Joiak, produciéndose un triple acontecimiento mágico-mítico-religioso.

FLAGELO NEJEJ
Tanto el origen del flagelo o cetro Nejej, como del cayado Heka es incierto; ambos pudieron ser dos instrumentos empleados por grupos nómadas para la conducción del ganado, a modo de espantamoscas o látigo. Posteriormente este uso derivó en la guía de los hombres en lugar del grupo de animales y se siguió empleando en la iconografía.
Precisamente su relación con la agricultura y la ganadería deriva de su conexión con el dios Osiris, deidad a la que tradicionalmente se le atribuía la enseñanza de ambas técnicas. Por analogía solía llevarlo el monarca en escenas rituales o en contextos funerarios para simbolizar su derecho a ser rey de Egipto y su identificación funeraria con Osiris (soberano del Más Allá), tras la muerte.
El flagelo podría indicar la función de conducir, mientras que el cayado Heka, señalaría protección. En cualquier caso el Nejej es un símbolo de autoridad y poder.

FUEGO
Como ocurre en otras culturas, el fuego era un elemento ambivalente; es decir, era considerado tanto benéfico como dañino, purificador y devastador.
Fuego era lo que desprendía la diosa serpiente (Ureos) cuando se encolerizaba, lo que escupía cuando -situada en la frente de Ra o del monarca- le protegía contra todo el mal que quisiera atacarle. Era el elemento que empleaban algunas deidades para espantar a las fuerzas malignas.

A causa de las propiedades térmicas del Sol, los egipcios sospecharon que era fuego y como tal situaron su morada en un lugar denominado “la isla de las llamas” o “Isla de Fuego”. Este “fuego” se percibía cada mañana en los amaneceres teñidos de rojo.
El fuego podía ser un símbolo de vida y de salud, tan imprescindible como para que los difuntos sintieran la necesidad de él como energía para mantener su cuerpo “vivo”; precisamente para esta función se enterraban con ciertos talismanes, llamados hipocéfalo.
Pese a sus cualidades purificadoras, como elemento peligroso y temible, también tenía que ser conjurado para que no dañara al fallecido. También como elemento purificador, sirvió para deshacer ciertas figurillas de cera que reproducían a algunos animales (simulando virtualmente su sacrificio real) o la imagen de los enemigos a las cuales se les dotaba de personalidad gracias a la reproducción de su aspecto característico y la inscripción que se grababa o pintaba sobre la superficie de la figura.
Aparece citado en multitud de ocasiones como un medio de tortura para los condenados en el Más Allá, como martirio para aquellos que no habían sido justos en la tierra. Los seres que morían quemados no tenían posibilidad de que su Ba perviviera en la eternidad y las almas condenadas en el juicio del Más Allá también sufrían este castigo o pena capital.


GATO
Los egipcios fueron un pueblo amante de los gatos; aparecen representados en multitud de contextos, es decir, como animales de compañía o como deidades. En Egipto podemos distinguir dos tipos: el Felis chaus o gato de los pantanos y el Felis (silvestris) lybica o gato salvaje africano .El Felis chaus es algo más grande que el Felis (silvestris) lybica, de constitución robusta, patas largas y cola más bien corta.

Existieron varios tipos de gatos en Egipto; el Felis (silvestris) lybica tiene una constitución y características similares al gato doméstico europeo, aunque posee una cola algo más corta que el gato doméstico. Fue el que sirvió para representar a las diosas Hathor, Mut, Sejmet, Bastet... y fue el predecesor de los gatos domésticos del Antiguo Egipto. Por el contrario, el Felis (silvestris) lybica es un gato de tamaño mayor y fue el que sirvió para encarnar al Gran Gato de Heliópolis.
Pese a que el gato está presente desde el Predinástico, no se puede asegurar categóricamente que esta especie estuviera domesticada en fecha tan temprana pudiendo ser durante el Reino Medio cuando sufrió esta domesticación.
El gato en general era, como el león un símbolo solar, pero, además, era un protector del hogar, convirtiéndose en una mascota querida y apreciada, a juzgar por las representaciones registradas en las tumbas del Reino Nuevo, a partir del reinado de Thutmés III. Allí, se sitúa junto a sus amos, sobre todo bajo el asiento de la mujer, interpretándose como una forma de enfatizar la feminidad, la sexualidad y las eficaces cualidades del ama de casa. En este caso, el gato estaría asociado a un aspecto de la diosa Hathor y ésta, a su vez, con las mujeres.
También en el Reino Nuevo existen pequeños sarcófagos con gatos momificados que fueron enterrados en las tumbas de sus dueños, además de estelas, papiros, etc donde figura tanto el Gran Gato de Heliópolis junto a la persea, como la gata maternal.
Un buen número de momias de gatos se encontraron en necrópolis exclusivas de felinos. Éstas estaban encomendadas a ciertas deidades -generalmente leonas- que fueron el aspecto agresivo que podía tomar este animal, es más, no fue hasta el Tercer Período Intemedio cuando esta diosa represento el aspecto pacífico de Sejmet.
Podríamos citar algunos cementerios donde se inhumaron felinos como ofrendas a (o hipóstasis de) diosas tales como Pajet, Sejmet o Mut, pero también, a partir del Tercer Periodo Intermedio, de la gata Bastet.
En Época tardía la gata se nos muestra de forma conmovedora bajo el aspecto de la diosa Bastet. Aparece tumbada amamantando a su camada o cuidándola amorosamente mientras los gatitos se sitúan a sus pies. Sin embargo, cuando el gato se encolerizaba, todos los aspectos maternales desaparecían y se convertía en una diosa sin piedad, es decir, podía tomar la apariencia de una fiera leona (Hathor-Sejmet) que eliminaba sin compasión a sus adversarios.
En su aspecto masculino, el gato fue el defensor del Sol, y lo encontramos citado como “El Gran Gato de Heliópolis”. Se encuentra al pie de una persea (o árbol ished) armado con un cuchillo y aniquilando a la serpiente Apofis, serpiente que cada día intenta interrumpir el periplo solar.

GENIOS, DEMONIOS Y ESPÍRITUS
Los antiguos egipcios tenían un gran panteón de divinidades; entre ellas existían unas entidades divinas menores que eran los genios o demonios y que habitaban en el Mundo Subterráneo. Algunos eran hostiles al difunto, mientras que otros le ayudaban en su deambular por ese mundo. En cualquier caso, los más dañinos podían ser dominados conociendo su nombre o la fórmula concreta para aplacarles.
Otro tipo de genios y demonios eran los que se encontraban bajo las “órdenes” de la diosa Sejmet cuando estaba encolerizada. Éstos podían actuar, por ejemplo, mediando en los sueños o en los cinco días epagómenos que se incluían al finalizar el año de 360 días para completar el ciclo de 365 jornadas.
Un tercer grupo es el formado por aquellos que eran beneficiosos y ayudaban al difunto en el tránsito entre la vida y la muerte.
Muy poco sabemos de los genios malévolos del más allá; a veces su aspecto es realmente extraño y solamente conocemos su nombre o su iconografía. Pueden tener cabeza de tortuga, serpiente o de cualquier otro animal o estar escondida en una forma oscura. Suelen caracterizarse porque en sus manos sujetan unos cuchillos (*) afilados.
Aunque poseedores de un carácter malévolo, algunos se ubican como entidades protectoras del difunto, es decir, son genios temibles para quien quiera hacer daño al difunto y benefactores para el que ha fallecido.
De entre todos los genios del Más Allá el más conocido es Ammit, demonio híbrido que se encuentra al pie de la balanza donde se pesa el corazón del difunto. Es aquí donde se determina si éste fue justo en la tierra y si es merecedor de vida futura.
Otras entidades catalogadas entre dioses y genios son Bes y Aha, dos entidades entrañables que pueden ser consideradas dioses del hogar y sobre todo Bes, que gozó de un enorme culto popular. Por su apariencia, era un genio protector que podía repeler las fuerzas malignas que quisieran atacar, durante el sueño, a las madres y a los niños. Se encuentra tanto en contextos de vida diaria, como en templos o formando parte de distintos objetos en el ajuar funerario. Esta entidad se representa tanto con cuchillos en las manos como con distintos instrumentos musicales (por ejemplo tamboriles y arpas).

GUEPARDO
El guepardo u Onza africana, Acinonyx jubatus, fue uno de los felinos que figuró en la iconografía religiosa del antiguo Egipto. En este caso no es el representante concreto de una deidad, sino que se encuentra en las pieles que algunos sacerdotes empleaban para oficiar.
Su alto valor simbólico hizo que el uso de estas pieles estuviera regulado y que se empleara exclusivamente para una parte muy bien definida del cuerpo sacerdotal; por ello la caza de los mismos nunca fue masiva y la especie no se vio amenazada.
Debemos hacer notar que en algunos trabajos egiptológicos el guepardo se agrupa entre las panteras; sin embargo está fuera de toda duda que este felino pertenece a los Acinonichinae y no a los Phantherinae, siendo por tanto una confusión bien de traducción o por similitudes morfológicas. Parece que guepardos y leopardos tuvieron cierto carácter apotropaico: es posible por tanto, que emplearan indistintamente rasgos de uno y de otro en relación con los atuendos sacerdotales, simplemente porque se trataban de pieles moteadas, que era lo realmente importante.
El simbolismo del guepardo y su relación con ritos religiosos todavía está en estudio. No obstante, como es bien sabido, algunos pueblos negroafricanos tienen la idea de que el uso de pieles de felinos moteados (leopardos y guepardos) tienen la propiedad de contagiar a su portador con las cualidades inherentes al animal, además de ser un eficaz elemento protector. Por otro lado, en muchas culturas la piel del animal aportaba a la persona que la llevaba una facultad muy importante: favorecer el estado de trance. Esto parece que puede aplicarse al Antiguo Egipto desde la misma prehistoria. Es decir, ciertos cultos centro-africanos se afincaron en el Valle del Nilo arraigándose profundamente en fechas tempranas.
En la iconografía egipcia básicamente son dos los sacerdotes que llevan pieles moteadas como atavío ceremonial: el Sem y el Iunmutef. Un análisis de estos miembros del clero parece indicar que con más frecuencia el Iunmutef lleva pieles de guepardo mientras que el Sem suele vestir pieles de leopardo, atuendo que, por otra parte, sabemos estaba rigurosamente regulado.
El guepardo fue un animal que los egipcios adiestraron y que se utilizó tanto para la caza como asistente de la policía. Fue pronto domesticado y tenemos representaciones en las que aparece en una actitud sumisa junto a su amo, es más, la reina faraón Hatshepsut declara haberlos tenido como animales de compañía.
En contextos funerarios pudo asociarse a la fecundidad femenina y al cielo protector y en este papel lo encontramos en las tapas de algunos sarcófagos del Reino Antiguo.

HALCÓN
El halcón común fue otra de las divinidades cósmicas que se adoraron en Egipto Simbolizó al Bajo Egipto, se vinculó al rey vivo y a todos los dioses guerreros.
La divinización de este pájaro posiblemente se debió a la admiración hacia el halcón peregrino, una espléndida ave de rapiña, bastante agresiva, que surcaba el cielo egipcio de forma majestuosa.
El culto a deidades identificadas con el halcón en Egipto fue algo muy extendido. Suponemos que en el Periodo Predinástico muchos de estos halcones se fusionaron en Horus –el distante-, ya que éste terminó siendo el más importante aunque también fue la encarnación animal de Ra, Sokar, Montu, Mandulis, Sopdu, etc.
Se entendió que tenía por ojos el Sol y la Luna. Es decir, se pensó que era una transfiguración del Sol, tomando el nombre de Hor-Behedeti, y a la vez se convirtió en un símbolo real. El monarca era un halcón en la tierra, era la hipóstasis de Horus, por lo que era el propio dios Horus.
En la necrópolis de Sakkara existía un lugar donde estas aves eran enterradas con toda clase de cuidado y respeto ya que en muchos templos donde se adoraba al halcón se criaban estos animales. No todos los ejemplares fueron considerados sagrados sino que constituían ofrendas o presentes agradables a la divinidad que los peregrinos llevaban a los lugares de culto, sobre todo en Baja Época. El halcón elegido como ofrenda era únicamente el depositario de la encarnación terrestre del dios.
Dos de los cinco nombres del rey estaban identificados con el halcón: el nombre que se introducía en un Serej y el denominado Horus de Oro .
En Egipto también encontramos, aunque en muy contadas ocasiones y en épocas muy tardías, halcones femeninos. Éstos se hallan, por ejemplo, en las criptas del templo de Dendera y representan a la diosa Hathor o a la diosa Isis.
En contextos funerarios protege la nuca o el pecho del difunto.

HEKA (Energía mágica “Hekau” o magia y Cayado)
Bajo el mismo nombre pero con dos grafías distintas encontramos dos conceptos distintos: un cetro y la personificación de la magia.
El cetro Heka se ha interpretado como un antiguo cayado de pastor, que más tarde pasó a ser un símbolo del dios Andyeti, una deidad de la ciudad de Busiris y Abidos. Cuando Andyeti fue fusionado a Osiris, el cayado pasó también a formar parte de la iconografía de este dios permaneciendo a lo largo de toda la historia faraónica. Se encuentra presente en las pinturas de la tumba 100 de Hierakómpolis datada a finales predinástico tardío.
Ambos cetros, el flagelo y el cayado son dos instrumentos cuyo origen puede remontarse a los primeros estadios de la civilización faraónica. De hecho en la tumba Uj del cementerio predinástico de Abidos se encontró uno de estos cetros. El flagelo indicaría la función de conducir (ganado), mientras que el cayado indicaría protección, pasando más tarde a relacionarse con la conducción de los hombres, cuya dirección era responsabilidad del monarca.
Además el cetro Heka era una insignia real, un báculo que aparece en manos del monarca junto al flagelo Nejej. Era uno de los cetros más importantes y más poderosos de todos los hallados en el país del Nilo y se encuentra, a modo de amuleto, en los enterramientos privados como símbolo de protección real.
Bajo este mismo nombre encontramos al dios Heka, personificación del poder mágico del Sol, es decir, de la magia. Fue considerado el “Gran Ka de Ra”.
Era la fuerza energética de origen mágico que ha de tener el difunto para defenderse de los posibles peligros de Más Allá pero que proviene de su propia personalidad.

HIERRO
Antes de que en Egipto aparecieran los primeros centros de fundición de hierro, es decir en la Baja Época (Dinastía XXVI), éste estaba presente a través de una serie de objetos considerados mágicos, litúrgicos y religiosos. Tradicionalmente en casi todas las culturas se entendía que el hierro era un material al que temían las fuerzas del mal y por ello pudo emplearse para determinadas herramientas de orden mágico-religioso.
El primer hierro egipcio fue de origen meteorítico y se denominaba bia en pet, es decir, “metal del cielo”. Precisamente su procedencia celeste le llevó a ser considerado sagrado ya que había caído desde la infinitud del cielo donde habitaban los dioses; fue emblema de fertilidad y, algunas veces considerado eje del mundo. Con bastante probabilidad la tradicional piedra sagrada de Heliópolis, el benben, tendría esta procedencia. Asimismo, ciertos instrumentos de la ceremonia de la “Apertura de la Boca” debían estar elaborados con “hierro celeste”; cabe citar como ejemplo la azuela, que facultaba y daba vida a los distintos órganos sensoriales, además de tener la capacidad de obtener la rehabilitación y reanimación del fallecido.
Gracias al origen estelar del hierro, los fallecidos podían, ascender al cielo, al lugar de donde procedían los meteoritos, es decir a las estrellas imperecederas, meta deseable para todo difunto en el Valle del Nilo.

HIPOCÉFALO
El hipocéfalo es un objeto funerario en forma de disco que servía como talismán y que debía estar situado bajo la cabeza del difunto para proporcionar calor, es decir, para darle energía tras la muerte y obtener luz eterna.
Los precedentes directos del hipocéfalo se hizo en resina; más tarde, en la Dinastía XVIII se elaboraron con lino y aparecen como tal. A partir de la Dinastía XXI, cuando fueron más populares, se confeccionaron con lino estucado, papiro, tela, madera o bronce estucado e, idealmente, debían estar pintados de color oro.
En el disco se inscribía el Capítulo 162 del “Libro de los Muertos”, adornándose con una complicada iconografía relacionada con el Sol. Tenía por función provocar una llama bajo la cabeza para que el finado estuviera siempre caliente. De este modo, el difunto sentía el calor de Amón-Ra que le ayudaba y auxiliaba en el Más Allá. Frecuentemente estos discos están decorados con la figura de la vaca Ihet, a la que por otro lado se consideraba “la Madre del Sol”.
En el periodo grecorromano se incluyó en sus inscripciones el Segundo Libro de las Respiraciones, acompañado de otras fórmulas de protección mágica.

HIPOPÓTAMO
Desde tiempos Predinásticos fue representado en gran cantidad de figuras, tanto en forma de pintura, relieve o estatuilla.
Parece simbolizar el vigor y la fuerza, características de este mamífero herbívoro pero además por su asociación con las aguas del río y los terrenos pantanosos (siempre que fuera hembra) se relacionó con la fertilidad y la maternidad.
El macho de la especie simbolizó al mal. Esta identificación (sobre todo si era de color rojo) no carece de lógica, puesto que realmente suponía un peligro para las frágiles embarcaciones de papiro e, incluso para la barca de Ra, en el Más Allá. Es más en el arcaico ritual de la caza del hipopótamo se reproducía la victoria del orden (el bien) sobre el caos (el mal), manteniendose así el equilibrio cósmico.
Como representante del desorden se relacionó con el dios Seth, siendo éste uno de los muchos aspectos que podía tomar este dios y así lo encontramos representado en los muros del templo ptolemaico de Edfú donde se reflejan las batallas acaecidas entre Horus, para vengar la muerte de su padre y su tío Seth.
La hembra del hipopótamo se relacionó, entre otras, con la diosa Tueris. Su voluminoso vientre recordaba al de las embarazadas, haciendo de ella una entidad positiva que con su gran fuerza defendía a las mujeres, les otorgaba fertilidad y, después de la muerte regeneración. Otras divinidades femeninas que toman el aspecto de una hipopótamo hembra fueron Opet, Isis, Nut y Hathor, entre otras. Todas ellas ayudaban al difunto para que se produjera su renacimiento en el Más Allá.

HORIZONTE (Ajet)
Ajet era la forma de designar el horizonte. Consistía en la representación del Sol saliendo entre dos montañas, que evocaban las dos cadenas montañosas lindantes con el Valle del Nilo, cuya imagen evocaba el renacimiento. Estas montañas también estaban personificadas por el dios Aker, cuya iconografía es la de dos leones yuxtapuestos entre los cuales nace el disco solar. También está representado por los dioses Shu y Tefnut, que toman, como Aker, el aspecto de dos leones que se dan la espalda. Este espacio era el lugar donde residía y renacía Ra, el Sol. Por ello éste era también un símbolo de renacimiento.

Ajet aparece implícito en muchos otros símbolos egipcios, como por ejemplo los pílonos de los templos cuyo aspecto se asemeja al que venimos mencionando, las dos cadenas montañosas, en los dos cuerpos laterales y el centro, más bajo, el lugar por donde el Sol renacía cada mañana.

HUEVO
El huevo estuvo relacionado con la inmortalidad, con el concepto de repetición del acto creador en el comienzo de los tiempos y se identificó, en muchas las culturas, con el creador. El huevo es un receptáculo cerrado y misterioso de donde surge la vida sin que aparentemente intervenga ningún otro elemento, un símbolo uterino relacionado con el vehículo de la divinidad, al igual que las barcas o el uroboros. Es decir, al igual que las aves nacen de forma espontánea y misteriosa de un huevo, el dios Sol aparece por primera vez del mismo modo. Es la vida en potencia y se convirtió en un símbolo cósmico.
En Egipto muchas leyendas locales nos hablan de este nacimiento y emplean el huevo como lugar de donde surge el Sol. Sin embargo no sólo es Ra el que sale de un huevo, sino que dioses como Nefertum, que normalmente nace de un loto, a veces aparece representado naciendo del mismo lugar. A ellos se une Harsomtus, el cual aparece en las criptas del templo de Hathor en Dendera con el aspecto de una serpiente encerrada en un huevo, que emerge de un loto. El propio Himno de Atón, atribuido a Ajenatón (Dinastía XVIII), hace referencia al milagro de la vida saliendo del huevo, gracias al calor de Atón.


HUMANIDAD
Es curioso que los egipcios no expliquen de una forma clara y concisa cómo se produce el nacimiento de los hombres y que, sin embargo, sí relaten con bastante detalle la formación del cosmos y el mundo en si mismo. Da la sensación de que mitológicamente este punto no fue tan importante como el origen de sus dioses, ya que quedó recogida con bastante poca frecuencia y bastante imprecisión, creándose varias teorías que constituían modos de explicar de una forma un poco vaga la organización de los seres vivos y la de la humanidad.
Los hombres según una leyenda surgieron fruto de las lágrimas de Ra, ya que la palabra llorar (remu) y la palabra hombre (remet) fonéticamente son similares. Así, indagando en los textos encontramos cómo se articula este “juego”:
“Un dios sacrosanto nacerá hoy. Cuando abra su ojo, será luz, cuando lo cierre, serán las tinieblas. Los hombres nacerán de las lágrimas de su ojo y los dioses de la saliva de sus labios”.
Es decir, realmente nos informan de que la humanidad se crea a partir del ojo del propio dios creador haciendo un juego semántico más: la palabra iret (ojo) y la palabra iret (hacer, crear, producir).

Otros mitos también se refieren a la aparición del hombre, pero de forma radicalmente distinta. En ellos nos cuentan que fue creado partiendo del barro; él fue moldeado por el dios alfarero Jnum, una deidad en forma de carnero con cuerpo humano cuyos principales centros de culto estaban en Esna y Elefantina. Él creó a los hombres formándolos en su torno, tal y como podemos observarle, por ejemplo, en el templo de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahari (Tebas Oeste).
Otros textos mitológicos hacen también referencia imprecisa del nacimiento del hombre. Así la teología surgida en la ciudad de Menfis hace responsable a su dios Ptah y nos cuenta que la humanidad debe su nacimiento gracias al pensamiento y la palabra mágica de este dios, es decir, Ptah piensa en los hombres, los nombra y automáticamente se crean, pero también este texto deja una laguna importante para nosotros ¿por qué siente la divinidad suprema la necesidad de darnos nacimiento?.

IBIS
Los egipcios conocieron tres tipos distintos de Ibis, el Threskiornis aethiopicus o Ibis sagrado, el Geonticus eremita o Ibis religiosa y el Plegadis falcinellus o Ibis brillante. Sin embargo sólo los dos primeros se asociaron con asuntos divinos: uno con el dios Thot y el otro con el Aj.
El Threskiornis aethiopicus sirvió para representar la encarnación terrestre de Thot.
Este ave migratoria se distingue, entre otras cosas, por su pico curvo y su persistencia al buscar de forma concienzuda y curiosa el terreno en busca de alimentos y el gusto por nutrirse de peces, insectos dañinos y serpientes, encarnaciones, en muchos casos, de las fuerzas del mal, condicionantes para identificarlo con la Luna (el pico curvo y color blanco) y en consecuencia con el control del tiempo (por su aparición periódica, el agua). Vinculado a las ciencias, gracias a su curiosa conducta, se pensó que esta constante búsqueda de alimentación tenía relación con la búsqueda de la sabiduría e incluso con la posesión del saber, convirtiéndose en dios de la sabiduría, patrón de los escribas y registrador del tiempo (por su conexión con la Luna).


INCIENSO
El incienso fue una resina muy valorada y preciada en el país del Nilo, por su buen olor. Se relacionó con el aroma de los dioses; es decir, era una parte intangible de la divinidad, su “olor”, su “sudor” el medio por el que se hacían presentes.
Se entendió que tenía capacidades mágicas y que poseía la facultad de repeler y alejar a las fuerzas del mal. Además gracias a la columna de humo que producía al quemarse se abría un camino rápido y seguro para que las oraciones llegasen a los dioses y para que el Ba del difunto pudiera desplazarse con rapidez. Se quemaba en unos incensarios que el rey o los sacerdotes acercaban a la imagen del dios.
Sirvió para hacer ofrendas a los dioses y a las momias, así como para fumigar el cuerpo. A través del humo del incienso los dioses podían manifestarse; es decir, la fragancia del incienso era la que anunciaba la presencia de “lo divino” y por ello, este incienso también podía transformar al difunto en un estado próximo o igual al de los dioses.
En los Textos de las Pirámides, se advierte que el incienso se produjo gracias a las lágrimas de los dioses por lo que tenía cualidades sobrenaturales.

JEPRI
Uno de los símbolos más característicos de la cultura egipcia desde el Reino Antiguo es sin duda el escarabajo pelotero (Scarabeus sacer) que hallamos en relieves, pinturas, amuletos, sarcófagos, etc. Pese a no ser el único coleóptero que aparece en la rica iconografía egipcia, sí es sin duda el más popular y para los Antiguos Egipcios tuvo una significación realmente importante, vinculada a su asociación con una entidad divina masculina: Jepri o Jeper. Representó el renacimiento, la vida longeva y como tal se vinculó a una divinidad solar. Él era el propio dios Ra en el momento de su nacimiento porque los egipcios fueron unos observadores magníficos de la naturaleza y relacionaron la concepción de estos pequeños animales con la creación del Sol.
El Scarabeus Sacer o Ateuchus sacer pone los huevos en el interior de una bola de estiércol que empuja con sus patas delanteras y que sirve como soporte para incubar los huevos, además de constituir el perfecto material nutricio para los pequeños escarabajos. Al eclosionar los huevos las crías emergen hacia la superficie y, para el pensamiento egipcio, esta “mágica” concepción y este “misterioso” alumbramiento -sin la aparente intervención de sus progenitores-, se puso en paralelo con el nacimiento de Ra. Es más, en muchas ocasiones el Sol se representa mediante un escarabajo que arrastra la bola de estiércol identificada con la bola solar, como un escarabajo dotado de dos alas extendidas o como un hombre con cabeza de escarabajo. Pero otras fases del Sol también podían ser manifestadas de modos distintos, Por ejemplo, el dios Atum con aspecto humano era el Sol al anochecer y el disco solar o una figura humana con cabeza de halcón representaba a Ra, el Sol en el cénit.
Los egipcios emplearon el escarabajo a modo amuleto o de sello, inscribiendo sus nombres en la parte posterior, así como de soporte para conmemorar acontecimientos importantes. Sin embargo, quizá su uso más importante fue cuando fue empleado como sustituto del corazón y en este sentido es el único usado con fines funerarios, ya que el resto de los escarabajos parecen tener un sentido protector más unido al mundo de los vivos.
Al acontecer la muerte el fallecido tenía que someterse a un juicio en el que se pesaría su corazón, entendido como sede y responsable de los actos terrenales- en la llamada Sala de las Dos Verdades. En este juicio el corazón se pesaba en una balanza, donde actuaba como contrapeso la diosa de la justicia Maat. Era una medida de seguridad porque podía ocurrir que el corazón delatara al difunto y confesara haber cometido pecados en la tierra. Para remediarlo los egipcios colocaban sobre el cuerpo de la momia un escarabajo grande de piedra o pasta en el que se había grabado el capítulo 30 del Libro de los Muertos, el cual encomiaba a este corazón para que llegado el momento, y de forma mágica, no declarara todos esos pecados ante el tribunal divino, facultándole para que pudiera disfrutar de vida eterna.
En forma de amuleto, fue uno de los más numerosos, tanto como para haber traspasado las propias fronteras egipcias y haberse infiltrado entre fenicios, cartagineses, etruscos, íberos, romanos, etc, los cuales pese haber perdido su significado original seguían incluyéndolo entre sus pertenencias.
Como elemento mágico protector y símbolo de renacimiento, el escarabajo recibió tal veneración como para que algunos ejemplares fueran preservados y vendados en pequeños sarcófagos que hoy podemos admirar en los museos con colecciones egipcias ya que no solo el Scarabeus Sacer sirvió como manifestación divina. Otros tipos de escarabajo también estuvieron presentes en el panteón y se asociaron, por ejemplo, a la diosa Neit (Agrypnus notodonta) o al dios Osiris (Steraspis squamosa), etc, razón por la cual contamos con curiosas muestras de escarabajos conservados en el interior de pequeños sarcófagos. Estos ejemplares presentan vendajes muy cuidadosos, algo que no puede por menos que dejar patente la veneración que los egipcios sintieron hacia este emblema.
No obstante, la variedad de los escarabeos egipcios no se limita a la representación física del animal, por ejemplo, algunos presentan cuerpo de escarabajo con cabeza humana o mantienen el aspecto del coleóptero pero sin grabar detalladamente sus características anatómicas.
El culto al escarabajo fue tan evidente que pasó incluso a otras culturas, aunque éstas no aplicaran muy bien la simbología que tuvo en Egipto. Así, encontramos ejemplares en todo el mediterráneo semítico y prerromano, llegando a confines lejanos.

KA
Era uno de los conceptos que formaban al hombre, junto al Aj, el Ba, el nombre, la sombra y el cuerpo físico.
Se representaba con dos brazos levantados en ángulo recto, con las manos extendidas y con las palmas hacia arriba en acto de adoración.
Nos encontramos ante un elemento que compone al ser humano de muy difícil traducción porque actualmente no tenemos un concepto concreto similar que sirva para aproximar lo que los antiguos egipcios entendieron como Ka. Fue traducido por Gaston Maspero como “doble vital”, aunque también se ha empleado el término “doble”, “gemelo”.
Tradicionalmente ha sido mal traducido como espíritu, pero esta equiparación se revela insuficiente y problemática ya que el Ka es más una fuerza que da vida al individuo y que está asociado al cuerpo temporalmente, permitiendo que el cuerpo se mantenga con vida y que el difunto pueda alimentarse. El Ka protege al hombre mientras vive y permanece como protector tras la muerte, siempre que se cumplan unos ritos específicos, ya que está ligado a la alimentación. En algunos contextos parece transmitir un sentido de poder intelectual y espiritual; no era individual sino que constituía una fuerza común a una familia y pasaba a la descendencia de padre a hijo. Además la palabra Ka sirvió también para designar al toro y al alimento.
Como elemento del ser humano nacía y se creaba con la persona o con cada divinidad. Pero curiosamente el Ka también está presente en objetos teóricamente inanimados como son las estatuas (como representaciones fieles del hombre) o los alimentos. Por otro lado la expresión “ir al Ka” fue un giro idiomático egipcio para expresar “renacer” y “morir”
El Ka era invisible, permanecía junto al hombre hasta que acaecía la muerte, momento tras el cual se unía a la divinidad. Sin embargo, para que subsistiera necesitaba nutrirse de alimentos y bebidas que eran ofrendadas por un clero instituido para tal misión, “los sacerdotes del Ka” o, en su defecto, por las vituallas representadas en los muros o mesas de ofrendas ubicadas en las tumbas a modo de talismán mágico para el caso de que estas ofrendas no se hicieran puntualmente. La falta de esta alimentación causaba la desaparición del Ka y, por tanto, esfumaba la esperanza de vida tras la muerte y por ello estas ofrendas iban acompañadas de una frase “tipo”: Ofrenda para su Ka. Es decir, siempre que el Ka viviera en la eternidad, se garantizaba la vida eterna del individuo.
Es evidente que el Ka no se nutría de la sustancia física de los alimentos, sino que tomaba de ellos su esencia espiritual. Así el soporte material servía para la alimentación de los sacerdotes encargados de su culto.
El Capítulo 15 del “Libro de los Muertos” deja constancia de que los dioses también tenían Ka, pero en este caso no sólo tenían un Ka, sino que, como entidades divinas, poseían varios.

LADRILLO
Aunque los ladrillos de adobe se emplearon como elemento de construcción también tuvieron ciertas connotaciones religiosas, siempre que reunieran algunas características concretas.
La mujer egipcia, para dar a luz, generalmente se colocaba en cuclillas y se sujetaba sobre cuatro ladrillos que se consideraban mágicos. Estos representaban a las cuatro diosas Mesjenet, deidades relacionadas con los nacimientos y hacedora del Ka, aunque a veces el número de estas “hadas” se reduce y en su lugar aparece el dios del destino Shai y la diosa Renenutet, una diosa protectora encargada de cuidar que la leche de las madres no se retire. Estos dos últimos dioses se encuentran en forma de ladrillos las escenas de la pesada del corazón puesto que los antiguos egipcios creyeron que en ellos el dios Thot había inscrito el momento de la muerte del recién nacido.
También bajo el nombre de ladrillos mágicos se agrupan los cuatro ladrillos de adobe mezclado con ciertas sustancias que incrementaban su poder mágico. Se colocaban en los enterramientos, situándose cada uno en un punto cardinal. Servían para proteger al fallecido de las fuerzas negativas que quisieran dañarle al igual que sirvieron a Osiris.
Otro tipo de “ladrillos mágicos” son aquellos que aparecen en Ceremonias de Fundación, con simbolismo análogo al de los ladrillos de la pesada del alma. En los depósitos de fundación se almacenaban una serie de objetos (generalmente en miniatura) que proporcionarían de forma mágica todos los beneficios que se deseaba para la construcción. Así, los ladrillos simbolizaban los miles de estos objetos que iban a ser vitales en la obra.

LAGO SAGRADO
El lago sagrado era una parte muy importante de los templos egipcios. Simbolizaba el lugar donde en el comienzo de los tiempos había emergido el primer trozo de materia sólida, es decir, la tierra. Así, el lago sagrado era la manifestación de las aguas del océano primordial, el Nun.
En él se celebraban fiestas sagradas y por ejemplo el de la ciudad de Abidos era protagonista de ciertos festivales mistéricos que en este caso incumbían al dios Osiris. También se usaron para recoger agua de los rituales y para que los sacerdotes hicieran las abluciones rituales necesarias antes de prestar servicio a la divinidad consiguiendo que elimiaran todo lo negativo que pudieran llevar encima. Posteriormente se creó en los templos una sala especial de purificación (el uabet), con la misma función.
Aunque generalmente eran rectangulares, se conocen casos en los que estos lagos tenían formas curvilineas como por ejemplo en el templo de Mut en Karnak.

LECHE
Los egipcios valoraron desde muy pronto las cualidades de este alimento ya que fue la fuente nutricia no sólo de hombres sino también de dioses y difuntos, proporcionándoles la renovación.
Su color blanco proporcionó un simbolismo adicional ya que denotaba pureza y, por tanto era agradable para las divinidades y a los difuntos.
La leche solía ser ofrecida a los dioses "niños", esto es, los que cumplían el papel de hijos de la divinidad principal o en ceremonias donde se reproducía el nacimiento ritual del monarca (Coronación y Apertura de la Boca). A menudo la leche la ofrecía la diosa Hathor o la diosa Isis y se entendía que esta leche procedía del pecho de estas deidades. Es muy frecuente la representación de una deidad femenina en forma de vaca que amamanta al monarca, bebiendo tan preciado líquido cargado de poderes divinos.

Es muy familiar la imagen de diosas con aspecto de vacas. En este caso tenemos por ejemplo a Hathor o Isis, las cuales aparecen con frecuencia amamantando al rey o al pequeño Horus. Mediante este acto, ellas les transferían sus fuerzas divinas y les daban la inmortalidad. Con este mismo simbolismo en Egipto se representaron ciertos árboles, que dotados de abundantes pechos amamantaban al fallecido.
En el plano funerario la leche proporcionaba cualidades mágicas y nutrientes para que el difunto pudiera mantener su vitalidad en el Más Allá y renovarse continuamente. De este modo podría defenderse de todos los males que quisieran acuciarle y, además obtener el renacimiento. Si esta leche procedía del altar de un dios alcanzaba un poder mágico y protector aún mayor.
Su importancia se percibe a través de las innumerables veces que aparece citada o representada, confirmando una costumbre ancestral propia de pueblos pastores.



LECHUGA
La lechuga aparece en la iconografía egipcia unida al dios Min. No se trata de la lechuga común sino de una variedad comestible mucho más estilizada que puede alcanzar un metro de altura (Lactuca sativa) y de la que existen muchas variedades.
Aunque posee un principio farmacológico calmante, el hecho de vincular esta verdura al culto de Min se debió a que los egipcios vieron en ella cualidades afrodisíacas y entendieron que el líquido lechoso que desprende al cortar sus hojas guardaba directa relación con el semen del dios. Es posible que el color verde de sus hojas también se valorará desde un punto de vista de magia cromática.
Introducida en Mendes, según Koemoth (1994) la relación entre la fertilidad y la lechuga se hace patente a través del homónimo que se emplea para designar al pene y al vegetal (mnHp), convirtiéndose en símbolo de vida, de potencia masculina generadora.
Cuando se encuentra acompañando al dios Min se halla posada sobre un altar en forma de naos situado a la espalda del dios. En tal caso suele representarse más de un ejemplar.

LEÓN
La figura del león es muy frecuente en la iconografía egipcia. Se encuentra desde el predinástico, permaneciendo a lo largo de toda la historia del Egipto faraónico para encarnar a algunas divinidades y al propio rey, al cual encontramos con frecuencia practicando la caza de este felino como método de representar la dominación contra las fuerzas agresivas.

La presencia del león en Egipto parece haber sido frecuente en el Predinástico, disminuyendo considerablemente en el Reino Nuevo y debiendo ser importados después desde Nubia y el Oeste de Asia. Su caza fue prerrogativa real.
Aunque los egipcios relacionaron macho y hembra de la especie con distintas divinidades, son menos numerosos los dioses asociados al león que las diosas vinculadas a las leonas.
Tradicionalmente el león representó el poder, la ferocidad, la protección y fue símbolo de soberanía, encarnando la fuerza, el valor y la defensa. Fue emblema del vigor, de los poderes regeneradores ya que, identificado con el Sol, nacía en la mañana y moría en la noche repitiéndose el ciclo cada día. Por ello se vinculó a Atum-Ra, Aker, Shu y Tefnut, Mahes, Apedemak, Ruti, Horajty y en ocasiones el propio Horus, entre otros.
El león como símbolo protector, poderoso y defensor, se representó en sillas y camas a fin de velar por el descanso de sus propietarios, así como en las gárgolas de los templos.
Además la piel de este felino fue empleada con fines mágico-protectores. No hemos de olvidar que algunas pieles representadas en el Reino Antiguo se parecen sospechosamente a este animal y que el dios Bes utiliza esta piel como parte de su indumentaria.
Las leonas también fueron un símbolo solar por naturaleza, pero éstas representan la luminosidad de la luz solar y la fiereza de sus rayos.
La leona era el aspecto agresivo y vengativo de algunas otras diosas como es el caso de Mut, Tefnut y Pajet. o de la vaca Hathor o, en los últimos periodos, de la gata Bastet. Es decir, cuando estas últimas se enfadaban adoptaban el aspecto de una leona encolerizada (mito de la Diosa Lejana). Sin embargo la leona también era patrona de los médicos ya que se consideraba que las enfermedades y las plagas provenían de esta diosa (Sejmet). Por ello, nadie mejor que ella conocía los remedios contra estos males.
Representó al Ojo de Ra, una entidad divina con vida propia e independiente, que partió de Egipto para vengar la traición de los hombres y de todos los enemigos del Sol, aniquilándolos a su paso. Cuando Ra fue consciente de los males que estaba causando su hija, mandó a una comitiva de dioses para que, con ciertas argucias, la engañaran, la embriagaran y lograran hacerla retornar.

LEOPARDO
La familia de los Felinae o Félidos, pertenecientes al orden de los carnívoros, se agrupa en tres géneros o subfamilias: Felis o Felinae (gatos), Acinonyx o Acinonychinae (guepardos) y Panthera o Pantherinae (leones y leopardos). Muchas publicaciones de egiptología agrupan erróneamente como panteras un número de felinos que en realidad no deben considerarse así tasonómicamente. Es decir, debemos entender como panteras únicamente al león y al leopardo y en ningún modo al guepardo. Este error lleva a considerar genéricamente como propias de pantera todas las pieles moteadas que sirvieron de atuendos sacerdotales, tanto si son de guepardo como de leopardo.
El origen de la utilización de la piel “moteada”, bien de guepardo o de leopardo, es muy antiguo, quizá se remonte a la Prehistoria y tenga relación con cultos africanos afincados en el Valle del Nilo, cuyas muestras todavía pueden encontrarse en el país. Las pieles moteadas de felino (guepardo o leopardo) aparecen siempre en relación con usos mágico-sacerdotales, iniciáticos, utilizándose como vestido o capa; por tanto, el empleo de estas pieles parece que estaba canónicamente regulado. Durante el Reino Antiguo pudo vincularse al cielo y a la fetilidad, puesto que aparece en la tapa de algunos sarcófagos de piedra.
El empleo de las pieles como elemento que transfiere poder está bien documentado en todas las culturas y sobre todo en África, desde la Antigüedad hasta hoy en día. La piel de forma mágica aportaba a la persona que la llevaba una protección especial pero, además, en muchas culturas, podía favorecer el estado de trance. Esto encajaría perfectamente en Egipto, sobre todo con el sacerdote-Sem, ya que una de sus labores era partir, en estado de trance, a la muerte del difunto, para buscar la “fuerza vital”, el “alma” del fallecido y hacerla retornar, así el fallecido podría participar de los ritos que se celebraban en los funerales.
En otro orden, tenemos también algunos ejemplos donde la piel de leopardo se encuentra como atuendo sacerdotal de determinadas divinidades. Así la diosa de la escritura Seshat aparece representada con la piel de este felino cubriéndole su propio traje.
Otro elemento muy antiguo, (se encuentra desde la Dinastía I) de la iconografía egipcia es el fetiche Imiut (véase “Nébrida”). Consiste en una piel colgada de un palo vertical y sujeto en la base sobre una especie de mortero. Citar este elemento es problemático, porque los distintos autores no aciertan a ponerse de acuerdo respecto a si la piel que cuelga del palo es de leopardo o de un toro; en cualquier caso suele asociarse con el dios Anti y más tarde con Anubis. No obstante, parece que desde finales de la Dinastía XVIII las representaciones tienden a mostrar una piel de felino.

Es relativamente frecuente encontrar textos en los que el rey se identifica con el leopardo para adquirir y demostrar parte de sus feroces poderes. Así, en la Dinastía XVIII encontramos que al monarca se le denomina el “que aparece como un leopardo” (Urk. IV, 139, lín 9-10). Esta afirmación se hace en referencia a su indignación con pueblos extranjeros (libios, nubios...) y se ha interpretado como una declaración de guerra.
Aunque la piel moteada se ha puesto en relación con una divinidad remota y poderosa, llamada Mafdet, el animal que representa a esta diosa no ha podido ser determinado con precisión y los autores difieren en su identificación. Unos lo relacionan con un felino (quizá el leopardo) mientras que otros creen que representa una mangosta.
Por otro lado, en opinión de Westendorf (LÄ IV, 664-665), el cielo se representó, según una teología local, en forma de una gran gata (posiblemente un leopardo hembra) que se comía el Sol al llegar la noche y lo daba a luz en la mañana (como la diosa Nut). Su vientre estaba plagado de estrellas (las manchas de la piel) y sus patas eran los pilares que sujetaban el cielo. Efectivamente, la relación entre el leopardo y las estrellas puede haber nacido de la identificación entre las manchas de este animal y su parecido con las estrellas que se extienden en el firmamento.
Los sacerdotes de Heliópolis se vestían con la piel de este felino, adornada con estrellas.

LIEBRE
La liebre del desierto fue otro de los animales relacionados con la divinidad desde el Reino Antiguo.
Estos animales se vincularon, desde el Reino Antiguo, con la fertilidad, la fecundidad, regeneración, el renacimiento y la eternidad, siendo muy frecuentes en amuletos del Periodo Tardío. La agudeza de sus órganos sensoriales y la rapidez de reacción se relacionaron con una capacidad especial para detectar los peligros con antelación, y fueron cualidades que no podían ser pasadas por alto y a las que se atribuyó un sentido divino.
Desde un punto de vista antropológico, la libre en otras culturas ha representado desde siempre una divinidad lunar.
En Egipto la liebre se identificó con la diosa Iunit, deidad de Hermópolis y Hermontis, en cuya personalidad se intuye una cierta tendencia lunar. Además se encuentra representada en el Más Allá en forma de genio de que lleva cuchillos en sus manos, y protege una de las puertas de este mundo.
La liebre también puede encontrarse sustituyendo al sol en su nacimiento. Así podemos observarlo en algunos sarcófagos de la dinastía XXI, donde en el espacio interior de un Uroboros se ha sustituido la figura del niño sol por la de una liebre colocada sobre un estandarte.

LIBRO DE LAS RESPIRACIONES
Es un libro religioso empleado y desarrollado en el área de Tebas dentro del Periodo Grecorromano (aproximadamente entre los siglos I a.C-II d.C). Está dividido en dos documentos denominados Libro I y Libro II. Ambos se escribieron en hierático o demótico sobre papiro usándose anverso y reverso.
Fue empleado sobre todo por los sacerdotes tebanos, que incluyeron al dios Amón en este documento como agente en ciertas cuestiones del Más Allá. Incluye fórmulas de libros religiosos más antiguos como por ejemplo el “Libro de los Muertos”, la Ceremonia de la “Apertura de la Boca”, Glorificaciones o algunos de los conjuros que debían recitarse en la momificación, etc. Además se añaden fórmulas completamente nuevas redactadas en este periodo.
Como se ha dicho, el conjunto del Libro de las Respiraciones está compuesto por dos libros., El primero, parece ser más antiguo y se atribuye a la diosa Isis mientras que el segundo se imputa a Thot. En el caso primero, el libro habría sido confeccionado para “vivificar el Ba y el cadáver de Osiris y reunir todos sus miembros por segunda vez”. El segundo contiene textos de función muy concreta: los sarcófagos, la guía del Más Allá, la conservación del nombre, los textos relacionados con el hipocéfalo y las protecciones mágicas, el renacimiento a través de la dios Nut, etc.
En genera en su contenido se destaca una gran preocupación hacia la falta de aire tras la muerte y en este contexto se incluye a Amón como “creador del viento” o del soplo de vida. En el mismo caso se presenta Shu.
Estos documentos son una innovación tardía y servían al fallecido, más que como un libro religioso por sí mismo, como un repertorio que ha de utilizar a modo de pasaporte para su vida tras la muerte y su aceptación en las esferas divinas.

LIBRO DE LOS MUERTOS
El “Libro de los Muertos” es un conjunto de textos religiosos que se incluyeron en papiros colocados junto al cuerpo del fallecido o entre los vendajes. También se recogieron sobre los muros de algunos enterramientos del Reino Nuevo, en ambos casos para guiar el destino del difunto. Los primeros aparecen en el sarcófago de una reina de Mentuhotep y en el de Herunefer (din XIII-XVI).
Su verdadero nombre es: “Libro para salir al día”. Está formado por la recopilación de fragmentos de los “Textos de las Pirámides”, de los “Textos de los Sarcófagos” y una serie de fórmulas nuevas redactadas por los teólogos de este periodo. De una extensión variable, conocemos algunos rollos que tienen una longitud muy grande, entre ellos mencionaremos el del artesano Ja que hoy se encuentra en el Museo de Turín.
El conjunto de los Capítulos debía de ser personalizado, es decir, incluía el nombre del fallecido para que los textos fueran realmente eficaces. Su uso era puramente mágico-religioso, una garantía para su deambular por el Más Allá.
En Baja Época el “Libro de los Muertos” se introducía en el interior de una estatuilla que representaba al dios Ptah-Sokar-Osiris, dándole así un mayor poder mágico y añadiendo textos de nueva generación que podían inscribirse, a partir de la dinastía XXI sobre los sarcófagos. La primera versión saita se encuentra en el papiro de Nespasef. Algunos otros lugares donde se inscribieron ciertos Capítulos de este Libro, bien en escritura jeroglífica, hierática o demotica, fueron sobre amuletos, ushebtis, hipocéfalos ... Sobre los amuletos podríamos destacar el escarabeo de corazón, inscrito con el Capítulo 30, en los ushebtis se solía colocar el Capítulo 6 y en los hipocéfalos el Capítulo 162.
Sin embargo el Capítulo más importante y el más trascendental para el fallecido fue aquel en el que éste debía presentarse ante un tribunal divino y recitar su “Declaración de Inocencia”, tras la cual se sometía a la pesada de su corazón para juzgar sus actos y determinar si era merecedor de una vida futura (psicostasia)..

LOTO
El loto acuático fue una planta familiar en el paisaje del Antiguo Egipto. Se documentan varia especies: el azul (Nymphea cerulea y Nelumbo nucifer), el blanco (Nymphea lotus) y en Época tardía el rosa (Nymphea nelumbo) que fue importado.
El loto azul era solar por excelencia y fue un símbolo de vida y renacimiento. El blanco se relacionó con la luna y el rosa, de hojas más grandes no parece haber tenido ninguna identificación digna de resaltar, de tipo simbólico.
El loto sagrado era el Nelumbo nucifer, fue emblema del Alto Egipto, mientras que el papiro se asoció al Bajo Egipto. Cuando aparece como planta heráldica en los templos, suele representarse en los puntos orientados al Sur, siempre que esto fuera posible. También es muy frecuente encontrar el loto en las paredes de las tumbas egipcias. En estos casos suele estar en las manos del fallecido, que aspira su fragancia, o sobre la frente de la mujer a modo de adorno. Gracias a la inhalación, el loto proporcionaba vida al fallecido.
Uno de los mitos de creación elaborados en el Antiguo Egipto describía cómo el Sol había surgido, por vez primera, del interior de una de estas flores al abrirse en la mañana. De este modo, Nefertum puede aparecer bajo la forma de un loto que al abrirse deja ver en su interior a un niño, bajo el aspecto de un dios con un loto sobre la cabeza, como un loto rematado con una doble pluma o como un loto del que emerge la cabeza del dios.
El nacimiento del dios solar surgiendo de la flor de un loto se simbolizó en los templos a través de la ofrenda de un loto de oro. Uniendo el significado del loto y el del oro se obtenía un sentido concreto, la llegada de la luz, de la inmortalidad, de la creación que surgía con el advenimiento de un nuevo día.
Se empleó en medicina y para la composición de fórmulas mágicas ya que pensaban que su fuerte fragancia repelía los malos olores y, por tanto, también a los genios malignos que quisieran hacer el mal. Algunos autores piensan que incluso pudo emplearse mezclado con el vino con usos narcotizantes.
Usados en los capiteles de las columnas, se distribuyeron generalmente : los abiertos en el patio exterior y los cerrados en el interior.

LUNA
Luna fue entendida como un Sol nocturno y por su color blanco tuvo conexión con la pureza.
Según creían los egipcios la Luna, diferencia del Sol, sufría variación una física que se percibía a través de sus fases. Tenía tanta variación que incluso llegaba a desaparecer, fenómeno que se asoció tanto con su muerte como con la leyenda del Ojo de Horus devorado por Seth. Es decir, las fases del ciclo lunar se relacionaron con la lucha contra las fuerzas malignas, concluyendo con la victoria del bien.
Otra forma de explicar el ciclo lunar bajo el punto de vista mitológico fue el desmembramiento del dios Osiris y su renovación eterna, asociándose a las distintas fases cíclicas y su reaparición.
Otras deidades relacionadas con la luna fueron: Thot , Iah y Jonsu, Hathor y Nejbet. Por el mismo sistemas, hubo objetos inanimados que se asociaron al astro de la noche, como por ejemplo ciertos cuchillos curvos identificados con la eliminación de genios y demonios maléficos, el pilar sagrado Iun de la ciudad de Heliópolis, etc. Lo mismo ocurrió con ciertos metales preciosos, cuyos ejemplos se perciben en la plata y el electrum.
En cuanto a su relación con algunos animales podemos destacar al cinocéfalo.

MAAT
Definir Maat es en extremo difícil si tenemos en cuenta que además de ser una diosa es un concepto abstracto básico y trascendental en el Antiguo Egipto, uno de los más importantes del pensamiento egipcio pero sin una correspondencia exacta en la actualidad.
Maat personificó el orden cósmico, la verdad, la justicia (a partir de la Dinastía V), la estabilidad que ha de existir en el mundo y el cosmos. El rey y los dioses se alimentan de Maat, ya que el soberano y los dioses son los responsables directos del orden y la armonía. Además el monarca era el “Hijo de Ra” y Maat era la “Hija de Ra”. Consecuentemente él era el más apropiado para cubrir este papel, para mantener este “equilibrio”, sin el cual el mundo estaría condenado a permanecer en el caos más absoluto. Por esta razón era la ofrenda por excelencia, la fundamental y se encuentra representada en numerosas ocasiones del modo siguiente: el rey, como garante del orden, sujeta en sus manos la figurilla de Maat y la aproxima a la divinidad para que se alimente de su poder. Tanto uno como el otro simbolizan aspectos paralelos. El primero es el responsable de mantener el equilibrio cósmico, la segunda “es” este equilibrio.
Precisamente era ella la que aparecía en el contrapeso de la balanza cuando se pesaba el corazón del difunto para determinar si era merecedor de vida en el Más Allá. En esta escena podía aparecer con el emblema que le caracteriza (una pluma de avestruz) o bajo la forma de una diosa sentada con el mismo atributo sobre la cabeza.
Sin Maat no podía existir la creación, como universo ordenado, ya que tanto dioses como seres vivos están sometidos a Maat y esta Maat debía permanecer en cada individuo para que todo funcionara correctamente. En el caos no había Maat, porque era un lugar sin forma ni volumen, sin orden ni concierto. Oler Maat (o comer Maat) era nutrirse de justicia, de armonía, en definitiva de orden cósmico.
Maat también puede aparecer representada de una forma “escondida”, esto es a través de los pedestales sobre los que suelen colocarse los tronos de los dioses. Dichos pedestales representaron igualmente la colina primordial donde se originó el orden universal.

MAGIA


MANGOSTA
La mangosta común o icneumón, se introdujo como animal representativo de ciertas divinidades del Periodo Tardío (Atúm, Ra y Horus) por llevar a la esfera divina sus hábitos alimenticios. La mangosta caza serpientes y está inmunizada de su veneno, interpretándose que ella aniquilaba a la peligrosa serpiente Apofis. Por otro lado la también se alimenta de huevos, entre los cuales se encuentran los del cocodrilo, y por esta razón, se le asoció al nacimiento del Sol.
Por sus costumbres diurnas representó el lado claro del dios Horus, Mejentiirty (Horus el de los Dos Ojos), otra deidad encargada de luchar contra Apofis y relacionada con la luz. Finalmente sirvió como emblema y encarnación de algunos genios defensores del Sol en el Más Allá.
Por su asociación con el Sol en la iconografía egipcia la mangosta aparece levantada sobre sus patas traseras y adornada con un disco solar y un Ureo sobre la cabeza. Precisamente por llevar este emblema se relacionó con la cobra Uadyet, y quizá con Mafdet, aunque hay dudas respecto a si el mamífero que lo representa es una mangosta, una jineta, un leopardo o un lince. Si esto fuera así habría sido introducida en el panteón mucho antes del Período Tardío ya que esta divinidad aparece desde momentos muy tempranos.

MAZA
Mientras que las varas y los bastones son un signo de poder y autoridad, la maza con forma de pera o disco, podría catalogarse más bien como arma ofensiva que, en muchas ocasiones, es puramente votiva.
Su origen habría que buscarlo en primitivos palos y porras que fueron evolucionando a partir de finales del predinástico; más tarde, aprovechando la superficie de la piedra, sirvieron como objetos ceremoniales y en su superficie se grabaron acontecimientos relacionados con la dominación que el rey ejercía contra el enemigo como método de simbolizar la contención del desorden.

Entre los primeros ejemplos podríamos recordar la cabeza de maza perteneciente a Escorpión hallada en Hieracómpolis y conservada en el Museo Ashmolean de Oxford, la famosa paleta de Narmer o, más tarde, los relieves que decoran el exterior de muchos de los primeros pílonos de los templos egipcios que reproducen la misma imagen grabada en la paleta de Narmer: el monarca aferrando con una de sus manos la maza dispuesto a golpear a los enemigos que inmoviliza por el pelo con la otra mano.

MENAT
El menat era un collar de cuentas de uso ritual que tenía varias vueltas y que se complementaba con un contrapeso que servía a modo de mango y que se empleó como instrumento de percusión para fiestas sagradas.
Dicho collar emitía un sonido agradable a la divinidad cuando se agitaba y ahuyentaba los espíritus malignos. Estaba decorado con motivos propios de la diosa Hathor o de alguna de sus manifestaciones (Bastet) así como de entidades divinas relacionadas con ella (Bes u Horus). También se incluían símbolos de fecundidad y renacimiento.
El menat se entendía como el poder mágico de Hathor que, como entidad creadora, obtenía la soberanía de la divinidad sobre el universo que ella había establecido. Este poder incluía facultades mágicas de sanación y de rejuvenecimiento por lo que, en los rituales funerarios, también se empleaba con fines de renacimiento, regeneración y renovación del difunto.
El menat lo hacían sonar toda una suerte de sacerdotes y sacerdotisas, entrenados especialmente para tocar tanto el sistro como el menat. Es decir, grupos dirigidos por un miembro superior. También aparece, representado en los muros de los templos a modo de ofrenda.
Otra deidad en cuya iconografía aparece el menat fue el dios Jonsu, cuando representaba al gemelo del rey o a la placenta.

MESA DE OFRENDAS
Estas mesas eran uno de los enseres más importantes que se incluían en los enterramientos y eran de uso exclusivamente funerario.
En los comienzos de la civilización faraónica las ofrendas alimenticias que se hacían a los difuntos se presentaban sobre unas esteras vegetales; más tarde, en el Imperio Antiguo, éstas se sustituyeron por mesas de piedra que reproducían las anteriores y a las que se les fueron añadiendo toda una serie de alimentos y bebidas, que fueron incrementándose con el paso del tiempo, llegando a alcanzar una cantidad considerable.
También podían estar representadas sobre los muros de los enterramientos o en las Estelas de Falsa Puerta.
En todos los casos su función consistía en recoger los alimentos y las bebidas para que, de forma mágica, éstas se hiciesen realidad en el caso de que no llegaran puntualmente a su destino los alimentos frescos que debían presentarse al fallecido, para su subsistencia póstuma. Fue precisamente esta desconfianza la que indujo a incluir cada vez un mayor número de elementos. Las mesas tenían un canalillo para que corrieran los líquidos ofrecidos sobre ellas y tenían la forma del jeroglífico “hetep
En el caso de los ejemplares trabajados en piedra, la mesa de ofrendas se localizaba en un lugar accesible, para poder colocar sobre ella las dádivas diarias con las que el difunto iba a subsistir tras la muerte. En contextos meroíticos, las mesas de ofrendas podían llevar inscrita una invocación sagrada, y la representación de Isis y Anubis
En las mesas de ofrendas se incluían distintos tipos de pan, ocas, pichones, cerveza, vino, agua, bueyes... e incluso algunos objetos que no se relacionaban con el alimento, como por ejemplo lino, alabastro, ungüentos, etc., si no podían reproducirse físicamente podían citarse en la inscripción jeroglífica que se encontraba en la mesa, la cual , en ocasiones, iba acompañada de la “pancarta”, relación pormenorizada y tabulada de las ofrendas.

MIEL
Parece que la apicultura, desarrollada en Egipto desde el Neolítico, no fue un motivo común en la iconografía egipcia. De hecho no hay una representación concreta hasta el reinado de Niuserra (Dinastía V) que la incorporó en su templo solar de Abu Gurab. A finales de esta misma dinastía el rey Unas recogió otra imagen similar y la situó en la calzada que une su pirámide con el “Templo del Valle”. Tras estas dos representaciones no se conoce, por el momento, ninguna escena de apicultura hasta el Reino Nuevo cuando, al menos Rejmira (TT100) y Thanuro (TT101), ambos de la Dinastía XVIII y en la tumba de Pabasa (TT279) de la Dinastía XXVI, se volvió a representar. Pese a no ser común este tipo de escenas, lo que sí se encuentra con cierta frecuencia es la ofrenda de miel, aunque, curiosamente, además de las citadas, el resto se limita a tumbas de la Dinastía XVIII, en el cementerio privado de Tebas.
Por otro lado es evidente la importancia de las abejas en el culto al dios Min, ya que algunos de sus sacerdotes llevaron títulos relacionados con la miel y las abejas.
Como ocurre en otras culturas, los egipcios tuvieron a la reina de las abejas como un animal macho y quizá la organización de estos insectos y los cuidados a su prole fuera el modelo que escogieron para el propio monarca egipcio y su corte. Por ello al faraón se le denominó “El de la Caña y la Abeja” como símbolo de su reino. Así ciertas sustancias producidas por la abeja se utilizaron en Egipto y se consideraron símbolos de algunos conceptos.
La miel, como sustancia creada gracias a la intervención mágica de las abejas, representaba el renacimiento, la inmortalidad, y estaba relacionada con la resurrección y con la facultad de repeler a los demonios. También se identificó con las lágrimas de Ra, según se recoge en el papiro Bulak III.
Por sus cualidades terapéuticas, la miel también se consideró remedio mágico contra ciertas fuerzas del mal y algunos textos nos citan cómo elaborar amuletos cuya base es este ingrediente, para ser empleados como protección ante estos genios y demonios que con su ataque producían enfermedades. También se empleó en la momificación al tener la propiedad de impedir el crecimiento de las bacterias.
En otro plano, se empleó para expresar conceptos de tranquilidad y gozo. Así el papiro Hearst (215) 14,7-10 relata cómo el corazón de los dioses se dulcificó gracias a la ingesta de la miel tras lo cual fueron felices. Del mismo modo el difunto desea y espera que gracias a la ofrenda de esta sustancia su felicidad tras la muerte quede asegurada.

MILANO
El milano es un ave rapaz diurna, de carácter agresivo y costumbres migratorias. Tiene un vuelo lento pero suave lo que le dota de una elegancia de movimientos en el aire.
Mora en las proximidades del río, donde aprovecha para alimentarse de inmundicias, así como de ranas, sapos y peces enfermos que toma de la superficie. Se caracteriza por aprovechar cualquier oportunidad para arrebatar los frutos del río a los pescadores o a otros animales.
La razón por la que se relacionó con Isis y Neftis nos es desconocida. Quizá se deba a su cercanía y su relación con el río puesto que Osiris fue asesinado por su hermano Seth y lanzado al Nilo. La tradición cuenta cómo Isis partió por este río buscando los trozos de su esposo para recomponer su cuerpo y darle vida de forma mágica.
La mención de los dos milanos se documenta ya en la liturgia funeraria real más antigua siendo desde entonces asociados al entorno del dios del Más Allá aunque a veces se sustituyen por dos halcones hembra.


MIRRA
Es una gomorresina suministrada por una planta arbórea: la burserácea Commiphora myrrha y tiene su origen en Arabia y Abisinia. Es de color rojizo y transparente, y procedía del llamado país de Punt, como otras sustancias exóticas. Por su fragancia, era muy valiosa y se relacionó con Min y con Hathor, como se desprende de los “Textos de los Sarcófagos”.
Por su fragancia se usó en unciones y purificaciones, otorgándole cualidades mágicas y se empleó, sobre todo en los ritos funerarios.
En la “Ceremonia de la “Apertura de la Boca” se usó para ungir la boca del fallecido puesto que, gracias la magia de la mirra, se conseguía que el difunto pudiera tener su boca pura y dispuesta para recibir la ofrenda de los alimentos imprescindibles que se le iban a presentar, algo que también hacía el rey con idéntico sentido purificador. Además también se utilizó en medicina y en cosmética para la elaboración de perfumes (sobre todo para la cabeza).

MOMIFICACIÓN
Para cualquier egipcio antiguo el primer requisito para conseguir una vida tras la muerte era conseguir que su cuerpo fuera embalsamado porque así se preservaría en la eternidad y los elementos espirituales tendrían un lugar reconocible donde descansar.
En el caso de un enterramiento de lujo: a la llegada de un cuerpo, los especialistas enseñaban los distintos modelos de momificación para que los familiares escogieran la más conveniente y una vez acordado el precio comenzaban a actuar sobre el cuerpo, que colocaban sobre una mesa de piedra que tenía un receptáculo a los pies para recoger los líquidos sobrantes que habían sido derramados sobre el cuerpo.
La momificación más cara consistía en la repetición de los ritos que se habían llevado a cabo sobre el cuerpo del dios Osiris.
Gracias al relato del historiador griego Herodoto tenemos más información sobre las distintas técnicas que se llevaban a cabo. Si bien es cierto que Herodoto no detalla el proceso paso a paso, normalmente consistía en romper el tabique nasal y el hueso nasal inferior, traspasando la lámina cribosa del hueso etmoides con un gancho introducido por las fosas nasales, verter en el interior una serie de líquidos para su descomposición, batir el cerebro y sacar el contenido de la caja craneal por las fosas nasales. Estas técnicas se constatan desde la dinastía IV -aunque no son corrientes- (cráneo, mastaba 17 de Meidum). En el caso de los niños, el cerebro solía eliminarse retirando uno de los huesos parietales, como ocurre con los fetos encontrados en la tumba del rey Tutanjamón, de la dinastía XVIII, o por la bóveda palatal (esta última también presente en cuerpos adultos, a partir de la dinastía XII).
Los órganos internos los retiraban haciendo una incisión vertical en el costado izquierdo del abdomen (técnica que ya encontramos en la dinastía IV). Para ello utilizaban una cuchillo de piedra etiópica, según Heródoto, y se momificaban preparándolos en otra pequeña mesa de piedra similar a la empleada para el cuerpo.
En algunos casos, la evisceración se realizó por el ano, lo que coincidiría con el tercer método que nos describe Herodoto (el más barato y más rápido, pero igualmente eficaz). Se hacía mediante un purgante que se mantenía en el interior, rellenado todo el intestino delgado y grueso hasta que lo diera de sí. Para hacer estanco el relleno, se taponaba el ano o se suturaba dejando que las propiedades corrosivas del aceite hicieran su efecto, durante el tiempo que transcurría la deshidratación inducida por el natrón. Al retirar el tapón los órganos internos, licuados y descompuestos y mezclados con el aceite, salían deshechos por este conducto (Pensilvania 3, din XXV, mujer). Después por el mismo lugar se introducían materiales de relleno.
Pese a que ésta es considerada la embalsamación más modesta, se han encontrado restos, en algunos cuerpos de aceite de cedro del líbano, sustancia muy cara ya que era un producto de importación. El conocimiento de las propiedades químicas de este aceite para licuar el contenido visceral, fue el determinante para su uso en la fase de la evisceración funeraria.
Si los órganos se habían retirado practicando una incisión en el abdomen, en el interior se vertía vino de palma y sustancias aromáticas. Más tarde lo vaciaban, lo rellenaban, cosían la incisión y se cubría con una placa protectora. Según los textos, el cuerpo se cubría con natrón sólido durante 70 días. Después lo lavan, y si el personaje era importante le adornaban con una serie de dedales en las manos y en los pies e incluso con una lengua artificial de oro. A continuación, lo vendaban en el orden siguiente: los dedos de manos y de los pies por separado, las extremidades, el tronco y la cabeza. Una vez vendadas estas zonas, se realizaba un vendaje general de arriba abajo y de abajo arriba, intercalando los amuletos protectores cuyo número se incrementaba en el tronco. También se incluían materiales de relleno (trapos o prendas de vestir) para dar forma crisaliforme y se adherían pegando el vendaje al cuerpo con resina. Como curiosidad comentar que parece que las vendas eran entregadas por los propios familiares, utilizando para ello restos de telas de la casa, incluso hay casos en los que se ha hallado una vela de barco entera entregada para tal función (hombre de Lyon, del Período Ptolemaico).
Finalmente se cubría con un sudario, una máscara, un cartonaje, lienzo o retrato, aunque en época Ptolemaica llegaron a pintarse sobre las propias vendas. Cada uno de estos procesos de vendaje requería la recitación de textos precisos para cada parte del cuerpo, recogidos en el Libro de los Muertos.
Los órganos internos (intestino, hígado, pulmones, estómago) eran momificados aparte y se introducían en unos recipientes llamados Vasos Canopos, mientras que el corazón, como órgano más importante del cuerpo era la única víscera que se dejaba en el interior de la momia y sobre ésta un sustituto mágico del corazón en forma de escarabeo.

MONO
Entre los monos que habitaban el Valle del Nilo, el Cercopithecus aethiops, llamado de forma común Tota o mono verde, el Papio hamadryas denominado también Hamadriae, Papión sagrado, cinocéfalo o babuino y el Papio cynocephalus anubis o Papión perruno fueron los que se representaron sobre los muros de templos y tumbas y se relacionaron bien con ciertos símbolos o dioses o bien se valoraron como animales de compañía.

Por su activa vida sexual, en general, los monos representaron en Egipto el amor carnal; así, en contextos funerarios se representaban como el ideal de la vida sexual activa que deseaba algunos dioses e, incluso, el difunto en el Más Allá. Por su capacidad para el aprendizaje se relacionó con la sabiduría y fue designado patrono de los escribas, conectándose con el dios Thot. El babuino también se asoció a la luna en su faceta de medidor del tiempo, puesto que precisamente había sido Thot el que había logrado que la Luna llena apareciera periódicamente gracias a la curación del Ojo de Horus y que retornara la crecida del Nilo anualmente.
Como vemos el babuino suele aparecer relacionado con las medidas y así lo encontramos junto a la balanza en la que se pesa el corazón del difunto para determinar si es merecedor de vida tras la muerte. Sin embargo, gracias a ese sentido dual del pensamiento egipcio, también estuvo conectado al Sol puesto que estos animales profieren algunos gritos al amanecer, entendiéndose que eran los saludos que dedicaban al astro. En el Más Allá se encontraban en la primera hora de la Amduat, en el horizonte.
En Hermópolis Magna aparece como responsable de la creación. Allí fue venerado principalmente bajo la forma de un babuino siendo éste inhumado en la cercana necrópolis de Tunah el-Gebel.
El dios Hedy-Ur (“El Gran blanco”) es otra manifestación que personifica al babuino. Otros dioses asociados con más o menos frecuencia al babuino fueron: Jonsu, Hapy, Shu y Atum.

MORINGA
Es un árbol de hoja caduca de cuyo fruto puede extraerse un aceite inodoro y dulce que fue empleado en perfumería. En Egipto se utilizó en el ritual del embalsamamiento y se decía que manaba del ojo de Horus.
Por alguna razón que se nos escapa la moringa se relacionó con el dios Jeribakef. Esta deidad, de la que hay pocos datos, fue adorada en Menfis donde se fusionó al dios local Ptah.
Al ser su madera idónea para la elaboración de estatuillas funerarias (Usheties) la moringa sufrió identificación con el dios del Más Allá, Osiris en varios aspectos.


MOSCA
Como cualquier otro país con altas temperaturas estivales, Egipto tiene una destacable población de estos insectos, incluyéndose en el pensamiento mítico desde el Predinástico (Nagada I-II) cuando comenzó considerarse un ser apotropaico, quizá por .reconocer en este animal unas cualidades valerosas y persistentes.
Durante el Reino Medio se incluyó en la decoración de los llamados “marfiles mágicos” y a comienzos del Reino Nuevo se identificó con la valentía, utilizándose su reproducción en oro u otro metal, como condecoración militar. Se llevaban pendiendo de una cadena en el cuello.

MURCIÉLAGO
Pese a ser el murciélago los egipcios lo relacionaron con las aves.
Este mamífero es uno de los más problemáticos a la hora de interpretar el sentido simbólico-religioso que los egipcios pudieron darle. Aunque es muy frecuente en Egipto, no aparece representado con asiduidad en monumentos y objetos.
Algunos autores interpretan como murciélagos algunas paletas predinásticas de cosméticos, mientras que otros ven en estas mismas paletas esquemáticas, simplemente barcas. En la colección egipcia del Museo de Historia del Arte en Viena se conserva una figura de serpentina, datada a finales del IV milenio a.C (nº inv. 1180) que representa, sin lugar a dudas, un murciélago con las alas extendidas y con dos orificios en la parte superior por donde se sujetaba quedando el animal suspendido en posición invertida. La perfección al tallar el mamífero induce a pensar en la reproducción de una entidad divina que en época posterior tiende a desaparecer.
Durante el Reino Medio, hallamos una pintura en la tumba de Baket III donde claramente se dibujó este animal, inmortalizado también en un óstraka que se conserva en el Museo de El Cairo, datado en el Reino Nuevo. Más tarde, en el Período Tardío y Ptolomaico reaparece la figura del murciélago y se encuentra tanto en forma de amuleto como en estatuillas de bronce.
Aunque nada hay concluyente, como hipótesis de trabajo podríamos afirmar que nos encontramos ante un animal cuyas cualidades físicas debieron ser llamativas para los egipcios. Su aparente buena vista, su facilidad para volar en la noche sin tropiezos, su aspecto durante el día -envuelto en el sudario que forman sus alas- son características que inducen a situarlo como un genio protector del Más Allá, quizá destinado a ayudar al difunto a moverse en la oscuridad. Debido a la creencia errónea de su agudeza visual, el murciélago se empleó en recetas médicas para remediar problemas de los ojos.
MUSARAÑA
La musaraña es el más pequeño de todos los mamíferos pero cuenta con una rapidez de movimientos digna de destacar y un carácter muy fiero.
Quizá por sus hábitos crepusculares y nocturnos se relacionó con el aspecto subterráneo y oscuro del dios Horus, en su forma de Jentienirty, siendo la contrapartida mitológica del Icneumón. Por ello, se identificó con aspectos nocturnos del Sol y con el renacimiento al que éste se sometía cada noche, tras pasar por el Mundo Subterráneo.
Se han hallado algunas musarañas cuidadosamente momificadas e introducidas en pequeños sarcófagos, en cuya tapadera aparece la figura tallada del animal.
En la Baja Época está representado en un buen número de bronces, e incluso se han encontrado sus diminutos cuerpos momificados en pequeños contenedores de madera.

NATRÓN
El natrón es una sal compuesta de carbonato sódico, bicarbonato sódico, sulfato sódico y cloruro sódico, que en Egipto se encontraba en estado natural. Se obtenía, principalmente en el Uadi Natrum y en el-Kab, aunque los textos nos citan distintas variedades.
Tuvo muchas aplicaciones: se usó en rituales religiosos, en la momificación, en la limpieza diaria, así como en la elaboración de ciertos objetos que podrían incluirse dentro de las “artes menores” (cristal, mezclas con incienso...). No obstante cabe destacar sobre todas sus aplicaciones la de actuar como deshidratador y conservante sobre los cuerpos de los difuntos para que éstos se mantuvieran incorruptibles eternamente.

Gracias a sus cualidades, el natrón, como sustancia divina, denotaba pureza tanto en las abluciones de los vivos como en las que se llevaban a cabo en honor de los dioses o a los difuntos. Así fue especialmente importante en la Ceremonia de la "Apertura de la Boca". Mitológicamente se entendió que era una emanación de la diosa Hathor, pero que había sido producida por su hijo Horus. Igualmente, el natrón obtenido del Uadi Natrum, se relacionó con las exudaciones del dios Osiris, ya que estaba relacionado con las aguas (y por tanto con los depósitos de natrón acumulados en ciertos lagos) y la germinación.
En los templos del periodo ptolemaico y en ciertas ceremonias funerarias se cita el acto de ofrecer cinco bolas del natrón del Norte y cinco bolas de natrón del Sur, en conexión con las diosas tutelares del Bajo y Alto Egipto: la cobra Uadyet y el buitre Nejbet.
Tal fue la importancia que tuvo el natrón en la civilización faraónica que en el Periodo Ptolemaico se convirtió en un monopolio real.

NÉBRIDA (Imiut)
Presente desde la dinastía I, la nébrida consiste en una piel colgada de un soporte vertical apoyado en una base que tiene el aspecto de unmortero. Citar este elemento es problemático, porque las distintas interpretaciones no aciertan a ponerse de acuerdo respecto a si la piel que cuelga del palo es de un toro, de una vaca o de un felino ya que tras finalizar la Dinastía XVIII en las representaciones parece más la piel de felino, pudiendo ser la de un leopardo. En cualquier caso suele asociarse al dios Nemty y desde el Reino Antiguo a Anubis; de hecho, algunas veces lo encontramos bajo la denominación “el fetiche de Anubis”, pasando posteriormente a ser representado junto a Osiris. Este objeto ha sido denominado nébrida acuñándose un término griego usado para denominar el uso de una piel de ciervo (a modo de revestimiento) en fiestas dionisíacas.

Es posible que el origen de este pellejo debamos buscarlo en las antiguas pieles de animal en las que se enterraban los difuntos, estableciéndose quizás un paralelo entre estas y la generación, la regeneración y la resurrección del difunto en el Más Allá.
La conexión con Osiris responde a que el Imiut se denomina “El que está en las vendas” relacionándose al dios del Más Allá momificado y regenerado con esta piel.

NEFER
El jeroglífico Nefer es quizá uno de los signos más comunes en las inscripciones jeroglíficas. Tuvo connotaciones positivas y sirvió para designar conceptos de belleza y de bondad.
Existen dudas respecto a lo que pudiera representar. Así algunos autores se inclinan a pensar que se trata del estómago conectado a la tráquea, otros un corazón junto a la tráquea y finalmente un tercer grupo al esófago y el corazón. Estas dos últimas versiones son las que parecen acercarse más a lo que los egipcios quisieron representar. En cualquier caso es un conjunto de algunas partes internas de un animal mamífero y en ningún modo de un ser humano.
El signo nefer, como otros de los que integran la escritura jeroglífica, es extremadamente antiguo. Una de las primeras veces que aparece, aunque de forma burda, es sobre una estela de la Dinastía I que perteneció a un sirviente del rey Semerjet y que hoy se aloja en el Museo Británico.

La razón para conectar todos estos órganos animales con una significación más abstracta como lo bueno, lo bello, feliz, joven o perfecto, es decir, a connotaciones francamente beneficiosas, es todavía un misterio. Sin embargo su uso, en este sentido se repite sin cesar presentándose como un amuleto muy utilizado, tanto como elemento aislado como pendiendo de collares, o inscrito en brazaletes y pulseras.
El signo nefer aparece también en una importante cantidad de nombres propios desde el Reino Antiguo.

NEMES
El nenes era un cubrepeluca confeccionado en tela con el que se adornaban los reyes. Consistía en una pieza que cubría la cabeza cayendo a ambos lados del rostro y anudado en la parte posterior.
Aparece tanto en contextos donde el rey se representa vivo como cuando ya ha fallecido. En ambos casos el atuendo le sirve para identificarse con la divinidad y obtener cierto poder indeterminado.
Aunque en las representaciones pictóricas suele aparecer como si fuera listado en amarillo (o quizá oro) y azul, los textos nos hablan de un pañuelo blanco, relacionado con la diosa Nejbet, patrona del Alto Egipto. Mitológicamente, el azul con el que pudo teñirse esta pieza de tela era del mismo tono que el lapislázuli por lo que podría guardar cierta relación con el mineral. Por otro lado el color amarillo del oro era un símbolo solar de eternidad e incorruptibilidad.

Se encuentra desde periodos muy tempranos y en algunas tabletas tinitas el monarca se muestra vistiendo un atuendo muy similar al tradicional, aunque algo más largo, que podría ser el precedente del que aparece en el Reino Antiguo. Tras finalizar el Reino Antiguo, el nemes puede encontrarse relacionado con enterramientos de personajes que no han ostentado el trono de Egipto. En estos casos el nemes actúa de talismán.
Su aspecto se hará habitual en todos los periodos de la civilización faraónica como un modo de representar el poder del rey contra las fuerzas del mal, simbolizando en este caso por el enemigo asiático de Egipto.

NOMBRE
Junto al Ka, el Ba, el cuerpo físico y la sombra, éste era uno de los elementos que formaban al ser humano. Debía ser asignado nada más nacer para que el individuo existiera realmente y era un concepto importante e imprescindible. Sin el nombre el recién nacido no existía, no tenía identidad, como tampoco podía existir ningún objeto inanimado o deidad.
El nombre era un poderoso instrumento mágico que portaba parte de la esencia de la persona o cosa que lo llevara y su eliminación suponía la anulación de su propio ser. Conociendo el nombre de un dios o de un individuo se tenía control sobre el mismo, se tenía conciencia de su “ser”, pero también se corría el riesgo de una manipulación maligna. Especialmente arriesgado para los dioses era que fueran conocidos sus nombres secretos ya que eso suponía perder el dominio sobre su persona, sobre su energía y transferir en beneficio del conocedor parte de sus poderes. El propio secreto tenía en sí mismo un poder sobrenatural. Al respecto, conocemos una descriptiva leyenda, recogida en el llamado papiro mágico de Turín, donde se nos cuenta cómo la diosa Isis, amparada por su magia, logró enfermar al dios Ra para, por medio de promesas de curación, robarle su nombre secreto y obtener el poder y la fuerza del dios.
Una medida de precaución divina era tener un número grande de nombres, algunos secretos, tal y como relata el Capítulo 142 del “Libro de los Muertos”, del Reino Nuevo, haciendo referencia a Osiris e, identificado a éste con el difunto. De este modo nunca se podría atentar contra la persona del dios o del fallecido
Por todo lo expuesto, se explica que en el Antiguo Egipto los reyes y los personajes privados tuvieran un especial interés en permanecer eternamente con su nombre inscrito en estelas, templos, tumbas o cualquier objeto material. Por la misma causa algunos soberanos ordenaron eliminar el nombre de un monarca anterior que no hubiese seguido la regla o las costumbres establecidas desde tiempo inmemorial condenándoles a la desaparición eterna y logrando la restauración del orden, un sistema seguido también mediante la supresión de la imagen.
Los reyes egipcios inscribían su nombre en el interior de un cartucho. Poseían cinco nombres: el Nebty (las Dos Señoras o lo que es lo mismo Uadyet y Nejbet), el nombre de Horus, el Horus de oro, el de la Caña y la Abeja y el de Hijo de Ra, que era el nombre que se le daba al nacer.

NUDO
Los nudos en Egipto se interpretaron como una forma mágica de “atar y desatar”, de ligadura energética. Fue el modo mágico de unir ciertos elementos básicos para el mantenimiento del orden, proteger contra demonios o genios agresivos y peligrosos, practicar ciertos encantamientos e incluso para magia amorosa, entre otras cosas.
Se encuentran citados en los textos más antiguos y continúan hasta el fin de la civilización del Egipto Faraónico alcanzando, progresivamente, un mayor simbolismo. Simbolizaba la unión, la eternidad, la infinidad ya que una cuerda anudada y en forma de anillo no tenía principio ni fin. Por ello se identificó con el ciclo solar y se relacionó con la vida imperecedera.
Muchos son los signos y símbolos que incorporan el nudo en su aspecto gráfico. Entre ellos destacaremos la Sema Taui, como representación del Egipto unificado, el Shen o el Tit.

NÚMERO
Los egipcios emplearon los números como método para simbolizar distintas cualidades y conceptos más o menos abstractos. Citaremos los más importantes.

El uno
Era el símbolo del creador. Es el dios que se hizo consciente de sí mismo y creó sin necesidad de contrapartida femenina a los dioses y al mundo ordenado.
Uno era el dios principal del santuario (excepto en por ejemplo el templo de Haroeris y Sobek en la ciudad de Kom Ombo) aunque en el templo se veneraran a otras divinidades secundarias. Era además, un importante distintivo singularizador.

El dos
Representó la dualidad puesto que los egipcios veían en el mundo muchos conceptos duales formados por pares opuestos y lo plasmaron en su pensamiento. Por ejemplo, existía el Alto y el Bajo Egipto, la Corona Roja y la Corona Blanca, la diosa Uadyet y la diosa Nejbet, el bien y el mal, el desierto y el valle, la noche y el día, el hombre y la mujer, el invierno y el verano, la Luna y el Sol, etc. En definitiva, lo complementario.
Una forma clara de entender esta dualidad es siendo conscientes de que los egipcios concebían que existía un mundo paralelo al suyo, con elementos iguales a los existentes en el Valle del Nilo. Éste era el Más Allá idílico.

El tres
Era la pluralidad, el concepto de tríada que representaba el modelo a seguir, la formación de una familia (padre, madre, hijo) llevada a la esfera divina.
Según la cosmogonía de la ciudad de Heliópolis, el mundo se creó en tres fases: uno creó a dos, dos crearon a dos, dos crearon a cuatro obteniendo la enéada como conjunto de divinidades.
También el Sol mostraba tres aspectos consecutivos: Jepri en la mañana, Ra en el cénit y Atum al anochecer.
A un nivel más terrenal, el día estaba dividido en tres periodos: mañana, tarde y noche y el año en tres estaciones, (Ajet o la inundación, Peret o la siembra y Shemu o la recolección).
Como número mágico, algunos rituales debían repetirse tres veces en el día (Culto Diario) para que los dioses estuvieran complacidos.

El cuatro
Corresponde al concepto de totalidad, de algo que está completo. Era la protección universal.
Cuatro eran los pilares que sujetaban el cielo, los hijos de Horus, los cuatro vientos e incluso algunas divinidades podían representarse con cuatro cabezas. Los puntos cardinales también eran cuatro; por ello el rey debía lanzar cuatro aves hacia esos lugares para que todo el cosmos tuviera noticia de sus hazañas.
Los egipcios entendían que las razas humanas estaban divididas en cuatro: nubios, libios, asiáticos y egipcios.
Ciertos objetos litúrgicos, como los cofres Meret se ofrendaban cuatro veces pero, además, aparecen en conjuntos de 4 y llevan cuatro plumas en la parte superior. Los cofres simbolizaban las cuatro esquinas de la tierra, los cuatro puntos cardinales y en época tardía al Egipto unificado. Por lo que el cuatro simbolizó la inmensidad del espacio.
Algunas ceremonias se repetían cuatro veces para que su magia llegara a los confines del mundo.
El cinco
Este número se encuentra en títulos sacerdotales de gran importancia tales como el del Sumo Sacerdote de Hermopolis, denominado “El Más grande de los Cinco”.
Además también aparece en relación con el monarca, ya que éste tiene cinco nombres; cinco son asimismo los elementos que forman al ser humano (Aj, Ba, Ka, Nombre y Sombra .
Cinco eran los días que se incluían al finalizar el año de 360 días para completar el ciclo de 365 jornadas y que se denominaron días epagómenos. Finalmente las estrellas que adornan los techos de tumbas y templos tenían cinco puntas.

El seis
Estuvo relacionado con el calendario lunar.
En el Encantamiento 75 de los “Textos de los Sarcófagos” se encuentra el seis con un alto valor simbólico y se cita una misteriosa mansión de justicia divina denominada “La Mansión de los Seis”.

El siete

Denotaba perfección y totalidad y era un número mágico por excelencia. Unía en sí mismo las cualidades del tres y del cuatro.
Algunos dioses presentan siete hipóstasis de sí mismos ya que así se simbolizaba algo que, al ser perfecto, era también completo.
La mitología egipcia nos cita las siete Maat y éstas se encuentran en el Encantamiento 126 de los “Textos de los Sarcófagos” del Reino Medio. Por otro lado, un claro ejemplo de siete hipóstasis divinas lo constituyen las 7 Hathor, hadas madrinas que auxiliaban al difunto y que, en el mundo de los vivos, eran las encargadas del destino del individuo desde su nacimiento. Se encuentran en el Capítulo 148 del “Libro de los Muertos” del Reino Nuevo:
Análogamente algunas divinidades, como es el caso de Ra, estaban dotadas de 7 Bas o podían presentarse con siete formas distintas.
El siete, como otros números, también se utilizaba crípticamente, es decir, empleando sus múltiplos. El 14 se obtenía duplicando el número 7 y era el número de los Kas de Ra. El 42, fruto de multiplicar 7 x 6, era el número de los jueces que presidían el juicio ante Osiris.
Asociado al dios del Más Allá, se encuentra a través de las capillas que se ubican en el templo funerario que el faraón Sethy I mandó construir en Abidos. Estas estaban encomendadas a: Sethy I divinizado, Ptah, Ra-Horajty, Amón-Ra, Osiris, Isis y Horus.
Siete aceites se empleaban en los funerales, siete escorpiones que acompañan a la diosa Isis, son otros símbolos mágicos que se recogen en el “Libro de los Muertos”.
Los siete nudos también se citan en los “Textos de los Sarcófagos” del Reino Medio, gracias a los cuales se conseguía un poder mágico. En la mitología estos nudos servían para aliviar el dolor de cabeza de Horus y como número mágico servía también como remedio para los hombres vivos o muertos.
Ciertas fórmulas debían de repetirse siete veces, cumpliendo requisitos específicos, para que tuvieran el resultado deseado.
En un plano más terrenal, los egipcios consideraban que la cabeza tenía siete orificios (dos ojos, dos orejas, una boca y dos en nariz).

El ocho
Fue el número de los componentes de la Ogdóada hermopolitana o de los ocho dioses Heh que creó Shu para sujetar la bóveda celeste.
Su simbolismo parece relacionarse con la repetición del número 4 y, por tanto, se entendía que se duplicaba el concepto de totalidad.
El ocho era también el número del conjunto formado por las siete vacas del destino más el toro que las acompañaba.
Ocho fueron los dioses “Heh” creados por el dios del aire Shu para sostener la bóveda celeste, representada en forma de vaca.

El nueve
Fue el resultado de la creación según la cosmogonía de la ciudad de Heliópolis y simbolizó a la pluralidad en la esfera divina. Según la concepción del mundo de esta localidad, los primeros dioses nacieron gracias a un proceso establecido en tres fases: uno hizo a dos, dos hicieron a dos, dos hicieron a cuatro dando como resultado el nueve. Éste fue uno de los sistemas de creación que más influyeron en el Antiguo Egipto, tanto como para que en algunos textos religiosos se dé por supuesto que la agrupación de nueve entidades divinas no pueda ser otra que la de este lugar.
El nueve era la pluralidad multiplicada por sí misma, la cifra más grande posible antes del comienzo de un nuevo ciclo superior que empezaba con el diez. Por otro lado, simbolizaba a la humanidad hostil, que en Egipto se representaba con los llamados “nueve arcos”, es decir, los nueve enemigos tradicionales del país.

El diez
Fue la representación del comienzo de un nuevo ciclo, la plenitud, la medida del tiempo y del espacio. Es la base del sistema numérico egipcio, que es decimal (excepto en astronomía, campo en el que la influencia mesopotámica impuso un sistema sexagesimal).
Triplicando el diez se obtiene el treinta, número de los días de los meses egipcios. Treinta eran también los años que debían transcurrir para celebrar el Festival de Renovación Real, denominado por los egipcios Heb Sed, pudiendo relacionarse con el paso de una generación.

El doce
El doce aparece en Egipto ligado al tiempo. Doce eran las horas del día y doce las de la noche, doce fueron los meses egipcios, divididos en tres estaciones. En algunas leyendas también se relacionó con los pedazos en los que fue desmembrado Osiris cuando fue asesinado por su hermano Seth, en algunas versiones del mito.
En otro plano, los ncestros reales estaban representados a través de la imagen de cuatro grupos de tres dioses con cabeza de chacal o de halcón, llamados “las Almas de Pe y Nejen”. En la Baja Nubia, los gobernantes ptolemaicos regalaron a Isis de Filé los 12 schenoi, el Dodecaschoenos, territorio del Sur de Filé que llegaba a Dakka.


El catorce
Es uno de los números más significativos. Como ocurre con el doce y con el cuarenta y dos, algunos mitos citan este número como símbolo de los fragmentos del dios cuando fue desmembrado por Osiris. Precisamente en relación con el dios del Más Allá, el catorce simbolizaba la perfección y lo que está completo y los catorce nomos en los que Egipto estaba dividido en algunos periodos. A su vez este número guarda conexión con el ciclo lunar.
Se obtenía duplicando el número siete, mágico por excelencia y doblando así su poder.
Según el historiador griego Plutarco, en su obra Sobre Isis y Osiris (368) nos habla también del número catorce en relación al dios del Más Allá y con la luna:
Cuarenta y dos
Como ocurre con el doce y el catorce, se relacionó con los trozos del cuerpo de Osiris que su esposa Isis tuvo que reunir ya que se encontraban dispersos por todo Egipto. Es decir, Isis recorrió los cuarenta y dos nomos que en el Periodo Tardío estaba dividido Egipto (20 en el Bajo Egipto y 22 en el Alto Egipto) erigiendo un santuario en cada centro donde halló un fragmento.

Por otro lado, 42 es el número de dioses que se encuentra en el tribunal del Más Allá, según se desprende del capítulo 125 del Libro de los Muertos del Reino Nuevo. Ante ellos el difunto debe hacer una “declaración negativa”, es decir confesar no haber cometido ciertos pecados para poder ser considerado justo y merecedor de vida en el Más Allá.

El mil
Fue el numeral que sirvió para denotar el concepto de “gran cantidad”. Miles de panes, miles de jarras de cerveza, miles de aves o miles de “cosas buenas”, era parte de la ofrenda funeraria que se inscribía sobre las “Estelas de Falsa Puerta” para que el difunto, por medio de la magia de la palabra pudiera hacerlas realidad, asegurándose que no le faltaría alimentación ni bebida en la eternidad.

El cien mil
Representado con una rana recién nacida (renacuajo) simbolizaba el número que los egipcios entendían como “ilimitado”, la regeneración eterna y la abundancia.

Un millón

Era el número que simbolizó lo infinito y se representó mediante un genio llamado Heh que llevaba en la mano una hoja de palma y que se relacionaba con la infinitud de la creación. Significaba “incontable”, “inacabable”.
“Millones de Años de Vida” era la medida inmortal de años que todo humano deseaba disfrutar. Es la medida simbólica de la eternidad.
Los “Templos de los Millones de Años”, son los templos funerarios donde el rey muerto se regeneraba en un ciclo anual infinito.


OBELISCO
Obelisco es un término de origen griego que sirvió para designar a un monolito en piedra, con forma de tronco de pirámide cuadrangular (casi un paralelepípedo), rematado en su parte superior por una sola pieza piramidal denominada piramidion. Generalmente tuvieron una altura que podía sobrepasar los treinta metros aunque los hubo de pequeñas dimensiones. Los egipcios lo denominaron tejen.
El obelisco más antiguo data del reinado del rey Teti (Dinastía VI) y se emplazó en Heliópolis, tenía una altura aproximada de tres metros. Algunos personajes privados, desde el Reino Antiguo y en concreto de la Dinastía VI, también erigieron obeliscos de menor tamaño (hasta de 80 centímetros) y peor calidad que los construidos por los monarcas ya que éstos llegaron a alcanzar los 30 metros.
Idealmente debían estar recubiertos de oro, al menos el piramidion, pero en la práctica no todos los obeliscos pudieron cubrirse con tan preciado metal. A lo largo de sus caras suele llevar una inscripción jeroglífica conmemorativa que incluye el nombre del monarca que lo mandó levantar. En la base, un friso de babuinos subrayan su estrecha relación con el sol.
Vinculados al simbolismo solar, estaban relacionados con la colina Benben; de hecho, eran la estilización de ésta. Además, igual que las pirámides su forma se entendía como petrificación de los rayos solares al caer a la tierra, y por ello eran sagrados en sí mismos.
Durante el Reino Nuevo se emplazaron a pares ante los pílonos de los templos no sólo por la solarización de los dioses iniciada en el Imperio Medio (la asimilación de los dioses a Ra), sino también como símbolo de un lugar "santo", una morada del dios. El hecho de presentarse en pareja puede tener relación con el concepto de dualidad tan arraigado en el pensamiento egipcio.

OGDÓADA
El término ogdóada sirve para designar un grupo de ocho divinidades responsables del huevo de donde nació Ra, en el comienzo de los tiempos, según la cosmogonía elaborada en la ciudad de Hermópolis. Estas formas divinas se encontraban imbuidas en el caos primigenio y en conjunto se denominaron "Los Padres y las Madres que Crearon la Luz" es decir, el sol. Sin embargo son elementos inmateriales, vínculos para explicar un proceso concreto, el nacimiento del verdadero creador del mundo ordenado: Ra. Ellos preparan el terreno, crean una colina para que se pose el astro y esta colina se llamará la "Isla de las Llamas". Realmente son manifestaciones del dios Thot que se encuentra a la cabeza de este escenario creado para la aparición del disco solar.
La ogdóada estaba estructurada de forma dual, ya que se compone de cuatro parejas de machos y hembras, encarnados en serpientes y ranas respectivamente, que simbolizan distintos aspectos del océano primordial. Dichas parejas fueron: Nun y Naunet el agua primitiva (primordial), Heh y Hehet el espacio infinito indeterminado, Kek y Keket las tinieblas, Nia y Niat la vida o la indeterminación espacial. A este grupo de cuatro deidades se añadió con posterioridad Amón y Amonet, sustituyendo a los últimos, con fines claramente legitimistas, por parte de los teólogos tebanos.
La elección de estos animales para crear tal mito cosmogónico se debió a que tanto las ranas como las serpientes son las primeras en aparecer cuando se retiran las aguas de la crecida del río Nilo, que, por otra parte, están identificadas con las aguas primigenias. Dichas criaturas podían ser observadas en los islotes que iban surgiendo del río, relacionados con la colina primordial. Este acontecimiento natural se puso en conexión con la creación en los primeros tiempos y convirtió a sus protagonistas en los responsables del cuidado del sol.

OJO
El ojo ha sido en todas las culturas un símbolo vital ya que el órgano visual es uno de los más importantes en el ser humano. Precisamente por esta causa los hombres lo llevaron a las esferas divinas y lo relacionaron con el concepto de luz y de energía luminosa.

Ojo humano
El ojo humano es un elemento que aparece representado desde la Dinastía V.
Aunque se desconoce su significado exacto pudo estar relacionado con la capacidad de percepción del mal y fue un poderoso amuleto contra las fuerzas negativas.
Ojo de Horus
Ciertas luchas mitológicas acaecidas entre el dios Horus y su tío Seth hicieron que el ojo de Horus, simbolizara la totalidad, aquello que ha vuelto a su ser y se ha completado. Los egipcios lo denominaron Udyat. Dicha narración cuenta cómo Horus tuvo que luchar encarnizadamente con su tío Seth para vengar la muerte de su padre Osiris. En la batalla Horus perdió el ojo izquierdo, que fue dañado o robado por Seth, teniendo que ser sustituido por el Udyat.
El ojo izquierdo de Horus se relacionó con la Luna, mientras que su ojo derecho se identificó con el sol. El punto de conexión entre el Udyat y la Luna se debe a una versión del mito que cuenta que el ojo herido tuvo que ser sanado y reconstruido por el dios Thot. El proceso de curación se percibía en la naturaleza a través de las fases lunares, es decir, la Luna modificaba su aspecto cuando estaba en trance de curación y la Luna Llena aparecía cuando el Ojo de Horus estaba sanado completamente.
La conexión entre mitos solares y osiríacos que se percibe en esta leyenda parece indicar que los propios egipcios fusionaron historias que pertenecían a deidades distintas, Horus el Viejo (Haroeris) y Horus el Joven (el hijo de Osiris e Isis) y que al final el Ojo sirvió como modelo de la ofrenda que Horus el Joven le hacía a su propio padre para volverle a la vida. Es decir, Horus el Joven llegó a fusionarse con su homólogo cuando el mito de Osiris comenzó a cobrar importancia.
En forma de amuleto, era uno de los más poderosos e importantes y la cantidad de ejemplares que se llevaran o incluyeran en la momia incrementaba el valor protector del mismo. Servía para contrarrestar los efectos del mal de ojo, como remedio contra las enfermedades oculares y para proteger al difunto de cualquier encantamiento dañino o de la mala suerte, potenciándole la visión, tanto la real como la introspectiva.
Aparece en multitud de contextos; por ejemplo, sobre los muros de los templos se recoge la ofrenda de dos Ojos de Horus para asegurar el buen funcionamiento del ciclo solar y lunar. Idéntico simbolismo tenía la presentación de dos espejos (Véase “espejo”). También en el santuario el Udyat se personifica en la cerradura del naos de la divinidad. La parte por donde entraba el pestillo se denominaba de este modo y el pestillo en sí era “el dedo de Seth” evocando de nuevo los problemas entre ambos dioses; el retorno de maat (orden), personificado por el dios del templo, estabilizaba el cosmos agitado por esta lucha.
El Udyat se encuentra en el ajuar funerario, formando parte de la decoración o, incluso, integrado en la ornamentación de cetros, proas de las barcas, etc. Con la inclusión del ojo se animaba el objeto y de forma mágica se facultaba para que tuviera la facultad de ver.
El Ojo de Horusfue considerado la ofrenda por excelencia. En opinión de Hornung (1992) podría ponerse en paralelo con la ofrenda de Maat ya que con ambos se conseguía alejar las amenazas peligrosas y dañinas logrando que la justicia y la armonía permanecieran o retornaran. Estas dos ofrendas se presentaban una junto a la otra en ceremonias tales como el “Culto Diario” y se acercaban a la boca de la divinidad. Una estatuilla representaba a la diosa de la justicia y del orden cósmico, Maat, que portaba sobre la cabeza una pluma de avestruz como símbolo distintivo.
Ella constituía el alimento genérico del dios, ya que éste se sustentaba de la justicia, fortaleciéndose con el "espíritu" de este concepto que facultaba la buena marcha del país. Por otro lado, el Ojo de Horus simbolizaba la salud, otro de los elementos esenciales para el mantenimiento del maat. Gracias a estas ofrendas se insuflaba a la estatua la "vida" mágica y poderosa, necesaria para la armonía de la tierra egipcia.
Algunos dioses como Iah (la Luna) o Nefertum en su aspecto de “Soberano de la Comida” (Reino Nuevo) llevan con frecuencia este órgano en la mano como símbolo de “toda” ofrenda. Es decir, llegó a personificar no sólo conceptos relacionados con la luz, sino que también podía ser, por ejemplo, la materialización mágica de alimentos. Representado en el lateral de los sarcófagos servía para que el difunto pudiera ver mediante ellos el viaje que realizaba a través del cielo, incluyéndose a finales del tercer milenio.

Ojo de Ra
Como se ha citado en el apartado anterior, el ojo está relacionado con el concepto de luz y de energía luminosa. El ojo izquierdo de Horus está relacionado con la Luna, mientras que el ojo derecho se identifica con el Sol y es el Úreus vigilante y defensor que se encuentra en su frente.
En este caso nos encontramos ante la personificación del ojo del dios solar, que tenía la facultad de ser independiente del dios, pero que le preservaba del mal.
El Ojo de Ra estaba identificado con la llama, con el fuego y éste a su vez se relacionaba con la diosa Sejmet, el aspecto destructor del sol. Esta diosa podía tomar la forma de una cobra o el de una mujer con cabeza de leona. Dicha cobra protectora se colocaba sobre la frente del dios Ra y en la del soberano como símbolo de poder potencia y defensa.
La leyenda cuenta cómo el Ojo (personificado en una diosa Hathor-Sejemet) se desprende del propio dios Ra y, encolerizado por el trato que los humanos han dado a su padre (el sol) viaja furiosa hasta Nubia para vengarse de los hombres y aniquilarlos a su paso. Dándose cuenta del desastre que está ocasionando, Ra le ordena cesar la matanza, pero ella, enfebrecida por el sabor de la sangre, no escucha sus ruegos. Por ello el sol ha de convocar a los dioses y ordenar a una comisión divina que parta en busca de su Ojo y le ordene retornar a su lugar.
Cuando la encuentran tratan de aplacarla con música y danzas, y deciden embriagarla con una bebida de color rojo, compuesta con madrágoras fermentadas, que vierten sobre el suelo. Al despertar, la diosa bebe en abundancia y completamente borracha calma sus ánimos, así los dioses logran llevarla a Egipto donde se lava en las aguas de la primera catarata del río Nilo (relacionadas en este caso con las aguas primordiales) y se convierte en una hermosa mujer. Después de ser recibida en varios centros religiosos con muestras de alegría y alborozo, Ra la convierte en Úreus y la coloca en su frente para que nunca más pueda escaparse.
Este mito se recoge por primera vez en la Tumba de Sethy I en el Valle de los Reyes y más tarde, con distintas variantes, se repite en los templos ptolemaicos, documentándose también en papiros de época Grecorromana. Es conveniente recordar que la sangre y el vino estaban en Egipto íntimamente relacionados. En cualquier caso esta leyenda varía en función de la versión del mito que se consulte. Así, en algunos lugares el responsable del retorno y del apaciguamiento de esta deidad es el dios Thot, mientras que en otros textos es Onuris, Shu y Tefnut, etc. En todos los casos el responsable se hace acompañar de todo un cortejo de dioses menores, genios y músicos que mediante sus cánticos y el sonido de sus instrumentos calman a la diosa encolerizada y la hacen volver con su padre Ra que la coloca en su frente en forma de Úreus.

OLIVO
Fue cultivado desde el 3.000 a.C y se encuentra representado en algunas paletas del período tinita (Wilkinson 1998). No tiene gran altura (unos cuatro o cinco metros), es de hoja perenne, copa ancha que si no se poda tiene forma piramidal y tronco retorcido de madera dura y extremada longevidad (de 500 a 1.000 años). Su fruto es la aceituna.
Quizá las cualidades citadas fueron las causas para determinar su conexión con la ciudad de Heliópolis ya que en esta urbe se relacionó con el dios Horus, en su aspecto de dios halcón solar.
El olivo también se fusionó con una arcaica deidad de la que no hay muchos datos, llamada Jeribakef, al que se le denominó “El que está bajo su olivo”.
Como soporte de objetos artísticos, sólo se empleó en el la Baja Época para elaborar estelas.
La hoja del olivo es un poderoso hipotensor, cualidad que pudieron conocer los egipcios.

El testimonio físico más antiguo se encuentra unos ramilletes de olivo, atados con persea que se han encontrado en la tumba de Dyehuty, en Tebas Oeste, donde está excavando un equipo español.

OREJA
Las orejas representaban la capacidad del dios de escuchar las plegarias de los devotos y con su ofrenda el egipcio esperaba que sus ruegos llegaran al dios de forma mágica más fácilmente y con mayor rapidez. Podemos encontrarlas inscritas en las estelas o modeladas en forma de ofrendas.
Un gran número de ojos y orejas votivas se encontraron, por ejemplo, en Deir el-Bahari (Tebas-Oeste); estaban destinadas a la diosa Hathor para que escuchara las plegarias de sus devotos.
En la cara este del templo de Karnak existía una curiosa construcción de época de Ramsés II, denominada “Amón el de la Oreja que Escucha” o “Amón que escucha las plegarias”, cumpliendo la misma función y en Menfis existía un lugar similar para el dios Ptah, denominado “Grandes de Oído”. En otros centros religiosos se hallaron más ejemplos de este tipo, e incluso algunas orejas de reducidas dimensiones las llevaban los egipcios como amuleto.

En otro plano los egipcios pensaban que la oreja derecha el punto por donde entraba el soplo de vida, mientras que la izquierda era por donde entraba la muerte.
Las orejas requerían un cuidado especial ya que por ellas podían penetrar en el individuo fuerzas negativas que avanzaban por el cuerpo hasta alcanzar la sede del “pensamiento”, es decir, el corazón.

ORO
El oro en Egipto simbolizó la carne de los dioses, especialmente de Ra, ya que los rayos del astro se asimilaron al color de este metal inalterable y teóricamente imperecedero. Además el oro tiene la cualidad de mantenerse brillante y sin oxidación, fenómenos que no fueron pasados por alto por los observadores egipcios y que se relacionaron con la vida eterna..
Una leyenda de la Dinastía XIX nos cuenta que el cuerpo de Ra estaba formado por huesos de plata, carne de oro y cabellos de lapislázuli, uniéndose en una misma entidad divina el simbolismo de los materiales y del color.
La relación entre el oro y el dios Ra, como entidad suprema, fue precisamente la causa por la que los egipcios incluyeron este metal en muchos de los objetos funerarios que se incluían en las tumbas. Además, se “imitaba” en la pintura y por ello en algunos enterramientos se utilizaba el amarillo para la decoración. Es más, la Cámara del Sarcófago se llamaba “La Sala o Casa del Oro” ya que aquí se producía el renacimiento, la regeneración del difunto.
Otras divinidades, tanto masculinas como femeninas, asociadas al oro fueron: Hathor, denominada en muchos casos “la dorada”, una manifestación femenina de la luz del astro del día, Horus y las diosas Isis y Neftis, las cuales, con frecuencia, están arrodilladas sobre el símbolo que representa este metal y Seth puesto que su culto se centró en una ciudad denominada Nubt, palabra que también servía para designar este metal. Del mismo modo, los egipcios pensaban que la constelación de Orión, (Sah para los egipcios) tenía la piel de oro.
La importancia ritual del oro se manifiesta en un texto donde Dyehuty, Intendente del Tesoro de Osiris y orfebre, relata haber incrustado con oro y plata uno de los suelos del templo de Karnak y la barca Userhat de Amón.
Uno de los cinco nombres que tenía cada monarca egipcio era “El Horus de Oro”, asociando al rey con el sol. Sin embargo, por otro lado tenemos constancia de que el dios halcón Horus recibe el nombre de “oro” en multitud de ocasiones y otro halcón relacionado con el cielo y con el sol denominado Ra-Horajty lleva el epíteto de “Disco de Oro”.
Según Daumas, pesaba prohibición sagrada (tabú) sobre el contacto con el oro, lo cual explicaría el que apenas circulara (en forma de moneda) entre los egipcios, tras las primeras acuñaciones, quedando en manos de mercenarios griegos.

ORTÓPTEROS (SALTAMONTES, LANGOSTAS Y MANTIS)
En este apartado nos ocuparemos de la langosta, el saltamontes por tener un tratamiento simbólico afín en el Antiguo Egipto aunque los egipcios distinguieron sin dificultad el pacífico saltamontes, la temible langosta y la mantis.
Los relieves de las mastabas del Reino Antiguo nos muestran escenas en el campo donde el saltamontes aparece, por ejemplo posado sobre papiros (Ptahotep). Sin embargo, en otros contextos pudo tener una significación religiosa.
Hay presencia iconográfica de estos animales en los techos de las tumbas, como por ejemplo la de Neferhotep (TT50), en las cajas de cosméticos (Museo de El Cairo, Dinastía VI), en las joyas (broche del brazalete de Tut-Anj-Amón Cairo 62362) y en los bronces de la Época Baja (Museo Fitzwilliam E.9, 1937, del Tercer Período Intermedio).En estos casos –y sobre todo en los numerosos amuletos- podríamos encontrarnos ante deidades protectoras asociadas a conceptos de felicidad y la fertilidad, dotadas con connotaciones de abundancia y riqueza.
La mención del saltamontes en textos religiosos es otro dato a tener en cuenta, ya que ésta es una de las formas que toma el difunto para poder alcanzar con más facilidad el cielo, el Más Allá. Como ocurre con las serpientes se relacionó con la resurrección puesto que cuando nacen las larvas y se alimentan, convirtiéndose en ninfas, mudan de caparazón para convertirse en un insecto adulto.
Ciertos autores (Budge 1969) han relacionado la langosta, desde la Dinastía IV, con una forma del dios Ra jubiloso.
En otro plano, y como animal que puede volar y que se desplaza en grupos muy numerosos asolando a su paso todo alimento vegetal que se encuentra, la langosta también fue una fuerza de destrucción y los propios egipcios en los textos religiosos sitúan al difunto en una barca divina gracias a la cual logra escapar de las langostas. Además este animal protagonizó en Egipto la octava plagas bíblica, según relata el Éxodo (10, 1-20)
La mantis parece que se relacionó con la Apertura de la Boca, según se aprecia en la tumba de Sethy I en el Valle de los Reyes y en el óstrakon 44892 del Museo de El Cairo. Esta asociación pudo deberse a la observación de la fiereza y la voracidad del animal , que utiliza sus grandes y espinosas patas delanteras para llevarse a la boca la presa viva o, incluso que devora a sus congéneres, cualidades muy útiles para el difunto, necesitado de voracidad y poder para vencer los peligros del Más Allá. Por otra parte, el color verde del animal se puso en relación con los conceptos de “crecimiento” y de “fertilidad”. La matis nace de un huevo y al ver la luz está aún desprovisto de alas permaneciendo así hasta que es adulto. Este desarrollo se asemeja al proceso de renacimiento que tenía lugar gracias a la Ceremonia de la “Apertura de la Boca”.
En forma de amuleto tuvo un uso exclusivamente funerario.

OSIRIS VEGETANTE Y CAMA DE OSIRIS
Camas de Osiris eran unos pequeños moldes de madera con la silueta de Osiris, ataviado con la corona Atef y los cetros de poder en sus manos. Su interior se rellenaba con tierra y semilla que más tarde germinaba. Se hacían colocar en las tumbas desde el Reino Medio y son típicas del Reino Nuevo.
Los Osiris vegetantes, que aparecen en el Periodo Tardío, pudieran ser los descendientes de las “Camas de Osiris” que surgen con Hatshesut. Son unas figurillas momiformes modeladas con barro y otros materiales mágicos (minerales, sustancias aromáticas...) que se vendaban cuidadosamente y solían introducirse en un pequeño sarcófago de madera.
Ambas se incluían en el ajuar funerario consiguiendo que las semillas germinaran dentro de una imagen de Osiris, rememorando su función de dios del grano y propiciando la agricultura por medio de la regeneración, muerte y resurrección. De este modo se cumplía el ciclo de nacimiento, crecimiento, muerte y renacimiento, proceso al que se sumaba el fallecido de forma mágica, obteniendo así su propio renacimiento, su regeneración en el Más Allá.

Aunque representan a Osiris, en ellas se fusionan tres divinidades relacionadas con el Más Allá: Osiris, Ptah y Sokar. Gracias esta asimilación entre los tres dioses se creó una deidad denominada Ptah-Sokar-Osiris, que estaba unida tanto al ciclo de Osiris como al solar.
Las figurillas sufrían el proceso de la vejez y, al pasar un año, debían de ser sustituidas por otras de similares características, celebrándose un festival denominado los “Misterios de Osiris” donde se llevaba a cabo la complicada elaboración, cocción y preparación de la estatuilla mágica; en él se rememoraba el enterramiento de la figurilla de barro confeccionada el año anterior coincidiendo con la fecha en la que, de forma mítica, había acontecido la muerte de Osiris (día 18 del mes de Joiak). Al estar vinculadas a Osiris, tenían conexión con la agricultura y en concreto con el grano y de forma simbólica, con el ciclo vital. La primera estatuilla se inhumaba con toda clase de pompa, ya que había cometido su función anual: la germinación y la muerte, renovándose el proceso mágico de nacimiento-muerte-resurrección, es decir el ciclo de la vegetación.
Koemoth (1992) expone la posibilidad que estas figuras estuvieran relacionadas con ciertos objetos alargados cubiertos de trigo hallados en la tumba 2498 de Sakkara, datados en la Dinastía II.


PALMERA
Fue otro de los árboles que apareció en la iconografía egipcia y que llamó la atención de los egipcios por su altura (algunas alcanzan hasta 20 metros), tronco esbelto y erecto, copa con grandes hojas pecioladas (de tres a cuatro metros) pero sin ramas, y por su resistencia aun con altas temperaturas. Por ello se relacionó con conceptos de durabilidad y de renacimiento y, como otros árboles, con el cielo ya que se consideró que su copa formaba la bóveda celeste.

Las muescas de sus ramas se entendieron como marcas divinas que el dios Heh, dios de la eternidad, había hecho para representar el número de años. En este sentido, la hoja de la palmera está presente en una de las ceremonias de regeneración real más importante: el Heb Sed.
La palmera guardaba relación con el dios solar (M. Lurker 1.991) ya que la disposición de sus ramas y la altura de su tronco recordaba, por un lado a los rayos del astro y por el otro la majestad de este dios; era el eje del cosmos. La palmera crece en lugares cálidos donde el agua no es abundante. Por tanto simbolizó el triunfo de la vida sobre la muerte, es decir, la resurrección.
Como el sicomoro, la palmera era un árbol de la vida y también se asoció a otras divinidades, sobre todo femeninas, tales como Nut, Hathor, Isis e Iusaas. Todas ellas se hallan en los textos citadas como “Señoras de la Palmera Datilera”; se pensaba que estas entidades divinas se encontraban en el árbol y ofrecían alimentación y bebida al difunto.
En opinión de A. Wilkinson (1998) la palmera datilera era un emblema del Alto Egipto.
El tipo de palmera que los egipcios llamaron Dum (Hyphaene thebaica) es la que de forma común se conoce como palmera de Arabia), su madera es más dura y compacta y cuenta con más de un tronco que parte desde la base. Su opulencia se puso en relación con otras divinidades, tales como Sepa, Osiris, Min y Thot de Hermópolis Magna (Lurker 1991). La palmera Phoenix dactylifera cuenta con una madera blanda y de mala calidad.

PANTERA
El uso de pieles de felino como prenda que vestían los sacerdotes al oficiar es común a muchos cleros, sin embargo existe la tendencia a relacionar dentro de las panteras a otros felinos, como es el caso del guepardo que no pertenecen al género de las Panteras.
Es decir, debemos entender como panteras únicamente al león y al leopardo sin que realmente exista un animal que pueda llamarse “pantera o pantera negra”. Esta sería simplemente una imprecisión puesto que realmente nos estamos refiriendo a un leopardo con una modificación en su melanina que modifica su color, algo que aprovecharon los egipcios para incluir en el aguar funerario por el simbolismo del negro durante las dinastías XVIII y XIX.
Si ubicamos taxonómicamente estos animales, encontramos que la familia de los Felinae o Félidos pertenece al orden de los carnívoros. Se agrupa en tres géneros o subfamilias: Felis o Felinae (gatos), Acinonyx o Acinonychinae (guepardos)y Panthera o Pantherinae (leones y leopardos)
Centrándonos únicamente en África, el segundo género (Pantherinae) consta de animales de mayor alzada, tales como el león (Panthera leo) y el leopardo (Panthera pardus). Ambos tienen entradas independientes en este texto.

PAPIRO
Representado hasta la infinidad en el antiguo Egipto, el papiro crecía mayoritariamente de forma salvaje en el Delta de Egipto, sobre todo en los lugares pantanosos. En la actualidad ha de reproducirse en lugares artificiales y no crece de forma espontánea en su suelo como antiguamente.
Esta planta echaba sus raíces en el agua o en la orilla del río, siendo esta la causa por la que se pensaba que crecía directamente del océano primigenio Nun y que posaba (o había posado) sus raíces sobre la colina emergida del abismo. Además se entendía que cielo y tierra estaban separados gracias a cuatro pilares de papiro que los sustentaban. Por ello, los egipcios los esculpieron como capitel de sus columnas en las salas hipóstilas de los santuarios, rememorando la creación.
Fue la planta simbólica del Bajo Egipto y representando al Norte se colocó en los santuarios, siempre que fuera posible orientado hacia este punto cardinal. Fue asociado a la diosa Uadyet, denominada “la del color de papiro” y, por tanto, con la corona del Bajo Egipto que, aunque de color rojo, aparece citada en algunos textos como “la verde”.
No obstante algunos autores piensan que la adscripción del papiro con esta parte de Egipto (el Norte) es equívoca y que en realidad, el papiro serviría como emblema del punto cardinal Oeste y del área menfita.
El papiro también se relacionó con la diosa Hathor que, en cuando se manifestaba como una vaca salvaje surgía entre los bosques de papiro. Ella, al igual que la planta, tenía connotaciones positivas, en conexión con la alegría del nacimiento, la frescura, la juventud, la fertilidad, el vigor y a regeneración.
Un tallo de papiro era el que llevaban las diosas femeninas en la mano; él estaba cargado de energía y la posesión del mismo confería una protección especial.
En forma de amuleto se encuentra en infinidad de momias.
El empleo del tallo de papiro para confeccionar soportes de escritura (antecedente de lo que hoy conocemos por papel) se debió a que este material era más cómodo, más transportable y menos pesado que otros soportes y además tenía una cualidad especialmente apreciada: permitía el borrado. En él se escribía todo tipo de correspondencia, se compilaban textos religiosos, se hacían anotaciones, inventarios, etc., y parece que no debió de ser tan costoso como se creía hasta hace unos años.
Los papiros se hacían en pliegos y conocemos algunos ejemplares de largo considerable. Normalmente se escribía por una sola cara, pero en ocasiones se llegaron a reutilizar aprovechando ambos lados.
También sirvió para confeccionar cartonajes para las momias, cestos, sogas, etc.

PATECO
Los patecos eran unas deidades menores relacionadas con el dios Ptah.
Tenían apariencia de enanos con piernas curvadas (como el dios Bes) y deformes. En Menfis estaban relacionados con la elaboración de piezas de joyería. Los enanos no fueron menospreciados en Egipto sino que gozaron de una gran consideración.
Por su aspecto, se encuentran con frecuencia en forma de amuletos ya que gracias a su apariencia lograban expulsar a los demonios que amenazaban tanto a los vivos como a los muertos. El empleo de este tipo de talismán se incrementó en la Baja Época, difundiéndose por el Mediterráneo gracias a comerciantes fenipúnicos.

PECES
En general el pez suele relacionarse con la fecundidad, ya que es prolífico en crías, y con el océano primigenio, un lugar hostil y peligroso, ya que habita en las profundidades del agua.
El hecho de que ciertos peces aparezcan como símbolos en la mitología y que se asocien a algunos dioses se debió a que algunas especies destacaban sobre otras por ciertas características (el color de su piel, su fortaleza, sus capacidades...) por lo que mientras que en algunas localidades o provincias era un animal sagrado, en otras no tenía ninguna significación especial o, simplemente, representaba la encarnación del mal, muy posiblemente como consecuencia de la dificultad de su conservación en un medio cálido (excepto si se secan y se salan). Su rápida putrefacción, su fuerte y desagradable olor y el hecho de vivir bajo el agua en las oscuridades misteriosas pudo provocar que tuvieran connotaciones negativas.
Cuando el historiador Plutarco, entre los años 85 y 126 d.C., escribió su libro “Sobre Isis y Osiris” señaló que el dios Osiris había sido asesinado por su envidioso hermano Seth, fragmentando su cuerpo y lanzando los trozos al Nilo. La esposa de Osiris, la diosa Isis, buscó todos los fragmentos hallando todos excepto el falo, que había sido devorado por tres peces: la carpa del Nilo (Lepidotus), el Oxyrrynco (Mormyrus) y el mújol (Phagrus). En consecuencia estos peces fueron considerados impuros en ciertos centros religiosos, y a sus sacerdotes les estaba prohibido su consumo, sobre todo en la Baja Época, momento en que las identificaciones entre los peces y ciertas divinidades fueron mucho más comunes.
Sabemos que en los almacenes de los templos había pescados secos y salados para el consumo sacerdotal y que la restricción de algunas especies variaba simplemente en función de los tabúes locales. Es conveniente resaltar que el pescado jugó un papel muy importante en la alimentación de los antiguos egipcios tal y como e aprecia en las mastabas de Saqqara o en la paredes de las tumbas del Reino Nuevo. Sin embargo, no es corriente encontrar peces sobre las mesas de ofrendas o en las listas de alimentos (menus o pancartas), salvo en casos excepcionales.
Algunos sirvieron como elementos mágico-decorativos en paletas predinásticas, cucharas de afeites, platos, colgantes, vasos, etc.
No es intención de este trabajo hacer un análisis exhaustivo de todas las especies de peces que hubo en Egipto aunque sí las más significativas y las que tuvieron una mayor relevancia en el ámbito mágico-religioso.

Anguila o Anguilla vulgaris
Por su actividad nocturna, ningún animal acuático reunía mejores características para relacionarse con Atum. Además su apariencia es similar a la serpiente terrestre, entidad primordial por naturaleza a la que está asociado el dios como demiurgo. Por otro lado, su hábitat acuático se vinculó al del creador cuando estaba diluido en las aguas caóticas del Nun, antes de tomar consciencia de sí mismo y comenzar la creación como dios primigenio.
Como es bien sabido, las serpientes fueron consideradas animales ctónicos; al añadir al aparente oficio un medio que incluía el agua, su simbolismo se enriquecía considerablemente.
Algunos dioses vinculados a la anguila fueron Shu-Onuris y Tefnut-Mehyt

Barbo o Lepidotus (Sp. Labeo, Barbus bynni). Familia de las Carpas
El hecho de que los egipcios escogieran al barbo como animal mitológico pudo deberse, como en otros casos, a la observación de sus costumbres puesto que este pez es capaz de nadar contra corriente en las condiciones más adversas. Esta cualidad le llevó a ser representante de valor, fuerza y fortaleza puesto que, además, puede vivir en aguas muy sucias sin sufrir problemas en su organismo. Es por ello que se asoció a la putrefacción y por tanto a la fase sufrida por Osiris a su muerte, gracias a la cual se produjo su resurrección.
Inexplicablemente y debido a ese pensamiento complementario que tuvieron los egipcios, en algunas localidades se consideró un ente hostil, identificándole con uno de los peces que se habían tragado el falo del dios cuando su hermano Seth le asesinó y lanzó sus pedazor al río, mientras que en otros puntos de la geografía egipcia conservó su perfil beneficioso.
En Lepidontópolis, la egipcia Per-Mehit, actual Nag el-Masharyt, recibió culto al vincularse con el dios del Más Allá y formó pareja con la Hatmehit, una diosa local que llevaba sobre la cabeza un pez y que se ha relacionado con la carpa (por su aspecto se parece más a un siluro y según algunos autores un delfín).
Fue muy frecuente la presencia de barbos en los bronces de la Época Tardía y sus cuerpos fueron momificados desde períodos anteriores.

Chromis labriformes o Tilapia nilótica
Conocido por el nombre árabe bulti, éste es el pez inet de los antiguos egipcios.
Al ser un cíclido, simbolizó el renacimiento, la vida y la fertilidad y se relacionó con la habilidad para dominar el caos (como el Clarias). Por todas estas razones se entendió como una transformación del Osiris -y del propio difunto- que, además tomaba la forma de pez para cuidar que su barca no encallara. A menudo se encuentra inmortalizado junto a un loto, otro símbolo de renacimiento muy habitual.
Aparece con mucha frecuencia en las paletas de época predinástica (Nagada II) e incluso se encuentra representada en etiquetas de marfil del período tinita. Quizá el hecho de que los egipcios se fijaran en este animal fue porque este pez era del color del sol (rojizo) y además tenía una forma ovalada, es decir, reunía los requisitos idóneos para relacionarlo con Atum-Ra.
Estuvo asociado al Bajo Egipto, lugar donde proliferaba. En este sentido, tanto la Tilapia como la perca aparecen juntas en escenas de caza en los pantanos donde, con un mismo arpón, se pescan ambos animales, simbolizando el Norte y el Sur de Egipto.
La Tilapia nilótica también se identificó con Horus cumpliendo el papel de rechazar a los enemigos de Ra en la barca nocturna y, en el Periodo Ptolemaico, se relacionó con Hathor de Dendera, la contrapartida femenina del sol por esta vinculación y porque algunos ejemplares tienen un color azulado por lo que se relacionó con la turquesa.

Mújol, Phagrus (Mugil auratus, M. capito, M.cephalus, y Mugil ramada)
Es un pez de aguas salobres, que durante el verano entra en el río Nilo en grandes bancos, nadando contra corriente y saltando por encima del agua hasta llegar a Assuan, algo que fascinó tanto a los egipcios como para incluirlo dentro de su mitología, considerándose un heraldo que anunciaba la crecida del río y mensajero de Hapy. Por otro lado, por el color rojizo de sus aletas y por el tono dorado o plateado de su piel se relacionó con el sol nocturno y por tanto con la luna y con Osiris.
El hallazgo de estos peces momificados en el yacimiento de Elefantina parece indicar que allí tuvo un centro de adoración, muy posiblemente por su relación con el Nilo aunque en otros fue considerado un animal impuro.
La identificación de este pez con el Phagrus, llamado por los antiguos egipcios HbA, es aún motivo de estudio. Mientras que algunos entienden que se trata del Mújol cephalus otros lo relacionan, con el alestes o con el hydrocynus, ambos de la familia de los Characidae o peces tigre.

En cualquier caso, el Phagrus fue citado por autores clásicos (Elio, Plutarco, Clemente de Alejandría) del que dijeron era uno de los tres peces responsables de comerse el falo de Osiris cuando fue desmembrado y lanzado al río por Seth.
Aunque los egipcios supieron muy bien distinguir al phagrus del oxirrinco, parece que no ocurrió de igual modo a la hora de escoger el pez que debía ser cuidadosamente momificado y en cementerios donde en teoría sólo debían inhumarse oxirrincos también se han hallado fagros.

Oxirrinco o Mormyrus oxyrhyncus, Mormyrus kannume o Pez Elefante
Como ocurre con otros muchos peces, el oxirrinco fue considerado en algunas localidades impuro y en otras sagrado. Es otro de los pescados responsables de haber comido el falo de Osiris, cuando Seth lanzó sus miembros al río.
Su aspecto benéfico se justifica por haber nacido de las heridas causadas al dios Osiris y en este mito no se le vincula a la ingestión del miembro viril del dios del Más Allá.
En la ciudad que llevó su nombre, actual el-Bahnasa, se han hallado una serie de necrópolis comunitarias donde estos peces, previa momificación, eran enterrados cuidadosamente. Allí pudo relacionarse con Tueris, según una estela escrita en griego de época de Ptolomeo XI.
En ocasiones el phagrus y el oxirrinco se confunden aunque el segundo parece haber sido más popular.


Perca del Nilo o Lates nilóticus
La perca del Nilo estaba asociada al Alto Egipto, lugar donde se encuentra más fácilmente (la tilapia se relacionó con el Bajo Egipto). Ambos peces aparecen representados juntos con cierta frecuencia.
También se relacionó con Neith de Esna, entendiéndose que era el aspecto que tomó la diosa para poder desplazarse por las aguas del Nun. En este yacimiento y concretamente en su necrópolis se han hallado una buena cantidad de estos peces momificados.
Los egipcios le denominaron Abdu. Por su apariencia extraña y por el tono azulado de su piel lo vincularon al lapislázuli, lo que le añadió unos poderes especiales. El abdu fue también una manifestación del dios Osiris, cuando comenzaba en la noche a regenerarse bañado en las aguas regeneradoras, acontecimiento que algunos autores han definido como la “gestación antes del renacimiento”.
También era el protector y conductor de la barca nocturna de Ra, el que cuidaba de que no quedara encallada y el que avisaba de la presencia de los genios maléficos o de la dañina serpiente Apofis. En algunos textos se le denomina “Ba de Ra”.
Como símbolo del renacimiento lo encontramos en la tumba de Ja-bejent, en la ciudad de obreros de Deir el-Medina. Allí podemos observar la típica representación de Anubis momificando a Osiris, pero en este caso, Osiris ha sido sustituido por un gran pez posado sobre una cama.

Pez Gato
(Synodontis betensoda, Synodontis schall, Selachi, Mustelidae, Bargrus, Sciaena, Arius trachysurus, Eutropius y Schilbe (Siluro), Melapterurus electricus y otros).
Bajo este nombre se agrupan un número importante de especies. En general, como su propio nombre indica, se caracterizan por poseer unos bigotes que recuerdan a los de los gatos. Algunos ejemplares como el Malapterurus electricus emite ciertas descargas eléctricas para atontar a sus presas y quizá fue esta la especie a la que los egipcios dieron connotaciones funerarias, ya que esta cualidad podía ser imprescindible para que el difunto se defendiera de los genios malignos en el Más Allá.
Otros peces del suborden de los peces gatos son los que pertenecen al género Clarias y Heterobranchus, fáciles de distinguir por la forma de su cabeza. Estos son peces especialmente resistentes que pueden vivir en aguas con carencia de oxígeno y pueden nadar hacia la superficie y respirar el aire de la atmósfera. Por otro lado, están capacitados para cubrir distancias de hasta 200 metros en tierra con objeto de desplazarse buscando un nuevo y más apropiado lugar donde vivir. Por lo tanto no era un pez que pudiera pasar desapercibido y por ello aparece desde períodos muy tempranos. Se encuentra entre los signos que componen el nombre del rey Narmer en su célebre paleta. En este caso el Heterobranchus fue denominado por los antiguos egipcios Nar. También parece encontrarse en una pequeña placa de marfil del rey Dyer de la misma dinastía.
Algunos autores suponen que, como la Tilapia, tenía cierta relación con la fertilidad, la habilidad para dominar el caos.
El pez gato se relacionó con el sol y se pensó que era uno de los peces que servía de guía a la Barca de Ra en el Más Allá. De hecho algunos genios que ayudan al sol en su recorrido nocturno tienen cuerpo de pez y cabeza de Pez Gato.
Por su parecido al felino, en Baja Época se asoció a la diosa Bastet.
Veamos algunas especies más concretas:

Synodontis betensoda
Dentro de los peces gatos, algunos se relacionaron con la maternidad y los niños, y en consecuencia con la fertilidad, siendo el que adorna los cinturones y las trenzas de las mujeres, en los amuletos que se encuentran en las tumbas de niños o en los frascos de cosméticos.
Siluro o Schilbe
Aunque la carpa del Nilo ha sido identificada con el pez que aparece sobre la cabeza de la diosa Hatmehit, su aspecto se parece más al del siluro pese a que algunos autores piensan que pudiera tratarse de un delfín.
Éste es un pez de agua dulce de difícil clasificación ya que existen veintiocho familias con más de mil especies.
En general se caracteriza carecer de escamas; su piel está recubierta por una especie de placas óseas que le protegen a modo de armadura. En la boca tiene una serie de babillas que varían en número, dependiendo de la especie, de dos a ocho. Se defiende de sus enemigos emitiendo una corriente eléctrica o con una fuerte espina, que puede ser dentada, conectada a unas glándulas venenosas. Vive en la profundidad del río pero tiene la capacidad de poder subsistir, en casos extremos, en charcas de aguas cenagosas con muy poca profundidad (2 cm). Su actividad se desarrolla principalmente en la noche.
Al ser un pez poderoso y temido pudo colocarse a la cabeza de los animales acuáticos aplicándose a la personalidad de Hatmehit “la que está frente a los Pescados” o “la que Preside la Crecida”, que a su vez se relaciona con Banebdyedt, con Jnum y con el Nilo.

PERRO
El perro aparece desde período muy tempranos y ya se encuentra citado en los Textos de las Pirámides del Reino Antiguo.

Existe la tendencia a relacionar al dios Anubis con el perro salvaje (Lycaon pictus), con el Perro del Semién o Caberú (Canis simensis) más que con el chacal. Entre estos animales es el segundo el que se asemeja más al aspecto que encontramos en pinturas y relieves egipcios pese a que actualmente el hábitat del perro del Semién se limita a una zona muy reducida del centro Este de África. Otros estudiosos identifican tanto al perro como al chacal, con el dios Anubis.
El hecho de escoger a este animal como protector pudo deberse a la personalidad propia del can. Los perros son unos magníficos guardianes y, domesticados, fieles compañeros del hombre desde el Neolítico. No obstante, ninguno de los animales citados destacan por tener el pelo de color negro, hecho que, en el caso de su representación en el Egipto faraónico, pudo deberse a la necesidad de cambiar el tono del pelo para darle unas connotaciones funerarias.
La presencia de estos animales como representantes del nomo 19 del Bajo Egipto y del 12 y 13 del Alto Egipto, demuestra que la veneración hacia estos cánidos jugó un papel primordial en la mentalidad egipcia. No en vano el perro también estuvo vinculado con los dioses Jentamentiu y Upuaut.
Fuera del contexto religioso, desde períodos muy tempranos, los egipcios disfrutaron del perro (Canis familiiaris) como animal doméstico y fue tal el cariño que demostraron hacia estos animales que no sólo los representaron en muchos relieves y pinturas sino que también los enterraron en sus propias tumbas.

PERSEA
El árbol de la persea presenta problemas de identificación en la iconografía. Según algunos autores es el SwAbegipcio mientras que otros lo identifican con el ished.
Es de hoja penene y puede alcanzar 20 metros de alto.
Vinculado a Heliópolis fue emblema de renovación cíclica y como tal era el árbol de Ra, aunque Osiris residía en él.
La persea se relacionó también con Thot y con Seshat. En el primer caso se asoció con la crecida del Nilo y en el segundo y tercero se vinculó con la escritura y el destino, ya que ambas deidades, a partir del reinado de Hatshepsut. eran las responsables de supervisar el registro de los títulos, nombres y número de años de reinado de cada uno de los monarcas sobre sus frutos.

La persea crecía en el mundo donde vivían los dioses y estaba guardada por el gran gato de Heliópolis que, con un cuchillo, lo defendía de los ataques de la serpiente enemiga del Sol, Apofis. Por su estrecha relación con la ciudad “santa” de Heliópolis, parece ser que este árbol se cultivó en el templo que el Sol tenía en esta ciudad.
Los frutos de la persea eran comestibles y es frecuente encontrarlos formando parte del alimento funerario que se depositaba en la tumba. Quizá esta ofrenda se deba a que éstos tenían una forma similar a la del Sol y una madurez que les recordaba la crecida del Nilo. Así, la persea se vinculó con el renacimiento diario del astro y por extensión con el difunto, como tal aparece por ejemplo en el cuento de Bata (Los dos Hermanos).
Se usó pala la elaboración de elementos funerarios durante el Reino Nuevo y la Época Baja.

PIEDRA (minerales y gemas)
Las piedras no constituyen una manifestación directa de la divinidad en sí misma, sino que fue el material que proporciona una función mágica asociada a ciertos dioses, siendo más que adoradas, utilizadas. Tanto es así que, por ejemplo, la turquesa noera Hathor, pero la diosa era “Señora de la turquesa”.
En este sentido, el material con el que se hicieron estatuas, sarcófagos, joyas y monumentos, no fue aleatorio y, cuando no era viable la utilización de materiales idóneos, se buscaban sustitutos similares que mantenían idéntica función simbólica.
La piedra más preciadas fueron, en general, monopolio real siendo el faraón quien determinaba que bloques, vasos, estelas, etc, se le asignaban a los nobles.
Alabastro egipcio
El alabastro que emplearon los antiguos egipcios es el que denominamos alabastro calizo, de muy buena calidad. Realmente se trata de una variedad de la calcita (carbonato natural de calcio cristalizado) y es más duro que el alabastro yesoso. Es translúcido, amarillento, semitransparente y veteado con suaves colores. Todas estas características no se daban en otros tipos de piedras lo que pudo llevar a vincularla con la pureza.
Desde el Reino Antiguo está citado en cantidad de fórmulas “tipo” de ofrendas. Mil panes, (mil) cervezas, (mil) bueyes, (mil) aves, (mil) ropas, (mil) “alabastros”... era lo que el difunto precisaba para surtirse en el Más Allá.
La calidad de los vasos egipcios en piedras duras -especialmente en “alabastro”- traspasó las fronteras del Valle del Nilo, siendo exportados (vía comercio fenicio) al Egeo y Mediterráneo Occidental.

Amatista
La amatista que se encuentra en Egipto es una variedad violeta del corindón. Se empleó para hacer vasos y muchos escarabeos por lo que pudo representar aspectos relacionados con el renacimiento en conexión con el sol de la mañana.
Se usó con frecuencia durante el Reino Medio aunque tenemos ejemplos de objetos tallados con amatista desde el Reino Antiguo.


Basalto
Es una roca magmática efusiva (roca volcánica) de extrema dureza y color negro, gris oscuro o verde. Por su naturaleza y color se relacionó con el Más Allá y con conceptos de renacimiento, utilizándose en sarcófagos, esfinges, vasos, en los suelos de los templos funerarios o como material de amuletos y estatuas.

Cornalina
Fue una de las piedras más utilizadas para la elaboración de amuletos. Es una variedad del ágata translúcida y su color puede variar desde el rojo oscuro al rojo claro e, incluso irisado de amarillo.
Simbolizó aspectos antagónicos: por un lado representó aquellos conceptos relacionados con los sentimientos coléricos, con deidades agresivas, con la aridez y la ira. Por el otro, representó la sangre como fuente de energía del ser humano, el dinamismo.

Estuvo relacionada con Hathor cuando tomaba su apariencia irritable (Sejmet), convirtiéndose en un valioso talismán protector gracias al cual el difunto adquiría la fuerza y la cólera necesaria para defenderse de sus enemigos potenciales en el Más Allá. Guardando idéntico sentido, se identificó con la llama abrasadora que defendía al dios de sus enemigos, bajo el aspecto de la diosa Mehyt.
Tanto esta piedra como el jaspe rojo (o cualquier otra piedra de este color) se excluía de la procesión que se realizaba con ocasión del Año Nuevo. Las piedras rojas –aunque también tuvieran connotaciones positivas y vitales- se consideraron potencialmente peligrosas. Siendo esta fecha cuando debían de regenerarse las fuerzas positivas del año los egipcios prefirieron, prudentemente, emplear otras piedras que evocaran conceptos más positivos, tales como el nacimiento y la fecundidad,.

Cuarcita
Es una roca metamórfica (roca silícea) compacta, resistente y dura que puede ser muy blanca si está compuesta exclusivamente de cuarzo o tener otras tonalidades (amarillo, rojo y blanco) si tiene además otros minerales. Según los textos procedía del Alto Egipto aunque sabemos que existió la montaña roja de Heliópolis, de donde Hathor era patrona.
Se relacionó con cultos solares, siempre que fuera de color amarillo o rojo, y se empleó con frecuencia para la construcción de piramidiones.

Diorita
Es una roca magmática intrusiva muy dura, con un color que puede variar desde el gris oscuro al negruzco.
Tenía connotaciones funerarias y estaba relacionada con la resurrección y con el cielo nocturno.
Parece que por alguna razón desconocida estuvo asociada a las diosas Satis y Anukis.

Esmeralda
La existente en Egipto pertenece a la familia de los berilos y es una variedad del corindón, formada por alúmina pura.
Esta piedra preciosa, empleada en contadas ocasiones y casi siempre en el periodo romano, en nada se parece a la esmeralda pura y pulida con la que estamos familiarizados puesto que tiene un color que varia del verde al verde amarillento, con un aspecto bastante opaco.

Aunque se denominó brgty los egipcios también la llamaron wAD.ti o wADwAD que significa “la más verde”.
Por su color podemos suponer que estaba relacionada con el renacimiento y la juventud.

Esquisto
Es una roca metamórfica (pizarra) homogénea y de grano fino que tiene un color verde oscuro con difuminados azulados o violáceos. Es homogénea y de grano muy fino característica que llamó la atención del hombre del predinástico el cual la utilizó para elaborar paletas geométricas o con aspecto de animal. Pudo tener un valor mágico y apotropaico.
Cuando procedía de la zona de Elefantina, por su color se asoció al dios Min.

Feldespato verde
El feldespato pertenece al grupo de aluminosilicatos naturales de potasio, sodio, calcio y bario.
Parece que el feldespato verde fue un mineral preciado sobre todo para la elaboración de amuletos. Suele estar asociado al “Uady” por lo que, sin duda, evocaba la juventud y el renacimiento.


Granito
Es una roca magmática intrusiva (plutónica) formada básicamente de cuarzo feldespato y mica. Puede ser de color blanco, gris claro, rosado, amarillento en masa y más raramente verdoso dependiendo de su color el simbolismo que los egipcios le aplicaron.
En general el granito se relacionó con la crecida anual del río y por alguna razón desconocida se le atribuía la cualidad de menguar la subida de las aguas cuando éstas crecían en demasía. Por ser el material con el que se hicieron los obeliscos y piramidiones, se relacionó con el sol entrando en el océano primordial Nun.
Fue utilizado masivamente en construcciones de carácter real o religioso, templos, naoi, obeliscos, etc, así como en estatuaria.

Hematite
Es un mineral de hierro, y como tal, tuvo unas fuertes cualidades mágicas (véase “hierro”) y representaba la fuerza que el fallecido deseaba poseer en el Más Allá para poderse defender de nefastas eventualidades y, por ser un mineral ferroso, le ayudaba en su ascensión al cielo. Se relacionó con el dios Seth.
Se empleó, sobre todo, para confeccionar amuletos que representaban reposa-cabezas.

Jaspe rojo
Es una calcedonia opaca de color rojo, variedad del ópalo que se presenta generalmente con una serie de vetas.
Suele emplearse para la elaboración de amuletos, sobre todo del nudo Tit, por tanto simbolizaba cualidades relacionadas con la vida y con la sangre que fluye por las venas, además de tener connotaciones solares. Se relacionó con Hathor-Sejmet, diosa que en Nubia era denominada “Señora o Dama del Jaspe Rojo”.
Los egipcios procuraron excluir cualquier piedra de color rojo en la procesión que se realizaba con ocasión del Año Nuevo ya que eran minerales potencialmente peligrosos por sus connotaciones coléricas. De este modo se sustituyeron por otros que evocaran conceptos más positivos.

Jaspe Verde
Es una calcedonia opaca, una variedad ferruginosa del sílice hidratado que puede denominarse falsa malaquita.
El simbolismo de este mineral es parecido al de la turquesa puesto que se relacionó con los primeros atisbos de luz en el amanecer, con la primera luz del comienzo de los tiempos que posibilitó el nacimiento de todo lo que nace, crece, se reproduce y muere.

Lapislázuli
Es un compuesto del grupo de la sodalita que forma agregados de granos pequeños o muy finos con inclusiones de pirita. Tiene color azul oscuro, aunque puede tener verdosa o violeta y el tono no siempre es uniforme. Posiblemente el lapislázuli de los egipcios procediera del actual Afganistán.
En Egipto el lapislázuli estuvo considerado casi tan valioso como la plata y el oro, y cuando no se podía obtener el mineral se “imitaba” con pasta vítrea. De hecho, en la lengua, existe el término “verdadero lapislázuli” para designar al mineral y diferenciarlo de las imitaciones que se hicieron de él.
Para los egipcios tenía un origen celeste y por su color azul intenso se relacionó con el cielo nocturno y con las aguas primordiales y en consecuencia con el renacmiento.
También tuvo connotaciones eróticas, amorosas e incluso parece que se utilizó como cosmético para los ojos, ya que tenía cualidades sanadoras.
Según la mitología, el cabello de los dioses estaba hecho de lapislázuli y simbólicamente hablando, ciertas divinidades eran de este mineral.
Algunas divinidades tuvieron conexión con los minerales. Vinculados al lapislázuli podemos encontrar a Hathor, en primer y destacado lugar, así como el pez Abdyu, Sokar, Min, Osiris y Amón, quien a veces ostentó el título de “Señor del Lapislázuli”.

Malaquita
Es un mineral de carbonato básico de cobre de color verde esmeralda.
Los egipcios conocieron dos tipos de malaquita (Shesmet y Uady). Ambas estaban vinculadas a la diosa Hathor o a alguna de sus formas locales. Concretamente la primera (Shesmet) se identificaba con la diosa Sheshmetet “Señora de la Malaquita”, así como con su hijo Horus (shesmty). En cuanto a la segunda (Uady) se relacionó directamente con Hathor, con Horus del Este y con Neith.. Cuando se referían a la malaquita, Uady, jugaban con un doble sentido ya que esta palabra también sirvió para designar al color verde por lo que se ponía en conexión con todo lo que este color congrega: juventud, alegría, etc. En este sentido, los llamados “Campos de Ialu” estaban considerados simbólicamente como “Campos de Malaquita” en cuanto a que eran un lugar deseable lleno de todas las cosas buenas y frescas que el difunto podía desear.

Obsidiana
Como el sílex, es un material duro y precisamente esta característica fue la que llevó a relacionarla con la permanencia y, por extensión se identificó con la magia y la eternidad.
Ésta fue la que Heródoto mencionó como “piedra etiopica” cuando nos habla de la momificación y de la incisión que se practicaba sobre el costado del fallecido para retirar por allí sus vísceras y, gracias las evidencias arqueológicas, sabemos que se empleó para hacer ciertos cuchillos que poseían propiedades mágicas y profilácticas. Es decir, que servían para realizar intervenciones menores (circuncisiones, corte del cordón umbilical, etc) para neutralizar los peligros propios de una infección.

Serpentina
Tenía propiedades mágicas y se utilizó, sobre todo, para objetos que sirvieran como protección contra animales venenosos, en especial las serpientes, ya que esta piedra tiene una veta en forma de ofidio.

Sílex
Denominado por los egipcios ds, se empleó desde el Paleolítico para confeccionar, entre otros objetos, ciertos cuchillos “especiales” utilizados en la medicina, en ciertas ceremonias (como el nacimiento o la “Apertura de la Boca”) o en la momificación. Su uso se mantuvo incluso cuando los egipcios sabían y podían emplear otros materiales.
Al igual que la obsidiana, la extrema dureza de este material hizo que se le atribuyeran poderes mágicos y, en opinión de Aufrère, se le relacionó con los “Guardianes de la Divinidad o de las Puertas del Más Allá”; que llevaban en las manos uno o dos cuchillos de sílex. Por estas mismas características se entendió que tenía la capacidad de durar eternamente sin alterarse, convirtiéndose en un símbolo de permanencia y eternidad. Se le atribuían toda suerte de poderes mágicos y protectores y también sirvió para repeler los males que podían amenazar en las intervenciones delicadas.

En el cuento en el que Horus corta la cabeza de su madre Isis, lo hace precisamente con un cuchillo labrado con este material.

Turquesa
La turquesa también fue una piedra empleada en joyería, poseedora de un alto valor simbólico por su color azul celeste lo que llevó a relacionarla con el agua, el medio por el cual se engendraba la vida.
Esta piedra no simbolizó las aguas caóticas del Nun, sino que representó las aguas ordenadas, la luz del amanecer y el cielo. Por ello se unió a Jepri, la forma del sol en el instante de su nacimiento en la mañana y se puso en conexión con conceptos de renovación, procreación, maternidad, etc. Quizá por ello a Hathor se la denominaba “Señora de la Turquesa”.

Cuando tenía un tono verdoso podía representar el color del crecimiento de las plantas y de la fertilidad, quizá por su relación cromática con a la vegetación. Por esta causa sirvió también para evocar la resurrección, planteada como una nueva vida en el Más Allá.

PILAR IUN
Fue símbolo de la ciudad de Heliópolis. Pudo ser un totem arcaico que recibió veneración y que fue epónimo de esta ciudad (Iunu). Aparece citado en los Textos de las Pirámides del Reino Antiguo, donde con frecuencia se observa su relación con una forma del rey muerto.
Estuvo relacionado con el toro Mer-ur puesto que ante el pilar se celebraban una serie de ceremonias que incluían su erección, denominadas “Erigir el pilar Iun” o “Erigir el Toro de Heliópolis”, así como la ofrenda de una cabeza de buey o de toro, la cual se colocaba en el extremo del estandarte.
Este emblema adquirió connotaciones astrales y sirvió para simbolizar la luna, asociándose en Época Tardía al dios Osiris. Su relación con la luna, entendida como representante nocturna del sol y como astro medidor del tiempo, llevó a correlacionarlo con el obelisco o la pirámide, símbolos del sol en el día.
Aparece en todos aquellos aspectos que simbolizaban el concepto de “pilar”, tanto físico como figurado, siendo por tanto uno de los soportes del cielo.

PIRÁMIDE
La pirámide es una construcción que tiene por base un polígono regular de cuatro lados; sus caras forman triángulos que convergen en un vértice a cierta distancia de la base. En Egipto las hubo muy altas, como es el caso de la erigida por Jufu (Keops) en la planicie de Guizah la cual tiene una altura de 146.59 metros, junto con otras de reducidas dimensiones, como por ejemplo la de Shepseskaf, en la necrópolis de Sakkara, que cuenta con tan sólo 18 metros. El vértice superior debía estar coronado por un piramidion monolítico, que podía estar inscrito con fórmulas solares (algunos no tienen texto alguno) y cubierto de oro, también un símbolo inequívocamente solar.
La cantidad de pirámides erigidas entre los Reinos Antiguo y Medio supera las 80; a todas ellas se les asignó un nombre de naturaleza mágica, que les daba personalidad propia, puesto que sin él simplemente no podían existir. “Grande es Jafra”, “Puros son los lugares de Userkaf” son algunos ejemplos de los apelativos que recibieron estas construcciones.
Una etimología hace proceder la palabra pirámide del griego pyramis, nombre que servía para designar una clase de torta que presumiblemente tenía un aspecto similar al de las pirámides egipcias. Para los habitantes del Valle del Nilo se denominó mer y fue el enterramiento tradicional de los monarcas de los Reinos Antiguo y Medio y, mucho tiempo después, de los reyes de Nápata y Meroe.
Sin embargo la pirámide no es simplemente un monumento funerario, sino que es un símbolo que atraía el poder y la energía solar en beneficio del difunto que en ella se inhumaba. Por otro lado, representaba la tierra primordial, es decir, rememoraba eternamente el nacimiento del sol y el surgimiento de la primera colina primigenia donde había comenzado la vida además de simbolizar los rayos del sol petrificados, cayendo sobre la tierra. De este modo, el difunto se asociaba al sol; al igual que éste había nacido en el promontorio, el difunto se beneficiaba de una regeneración eterna puesto que era una lanzadera que empleaba el fallecido para ascender al cielo. Tanto la forma escalonada de la pirámide de Dyeser como las pirámides de caras lisas de la Dinastía IV servían para ayudar al difunto a alcanzar ese cielo tan preciado en el que disfrutaría su eternidad, para alcanzar las estrellas circumpolares que nunca desaparecen, con las que deseaba fusionarse.
Pese a todas estas consideraciones, la pirámide no debe interpretarse como un edificio aislado, ya que forma parte de todo un complejo funerario. que, básicamente, tenían un Templo del Valle, una calzada y un templo funerario (adosado al enterramiento) así como una o varias pirámides subsidiarias que deben interpretarse en conjunto.
En opinión de Lehner podemos distinguir claramente dos tipos de complejos funerarios. Por un lado los desarrollados a partir de Dyeser, orientados Norte-Sur con la entrada a la pirámide en la cara Sur, con una “tumba Sur” para el Ka del rey (en lugar de una pirámide satélite) y con el templo funerario en la cara Norte o Sur de la pirámide. Por el otro estarían las pirámides construidas después de la de Seneferu en Meidum; en ellas la orientación es Este-Oeste, la entrada al enterramiento y el templo de la pirámide se trasladan a la cara Este y poseen una pirámide satélite para el Ka del rey. El templo está también en la cara Este. A simple vista se puede detectar cómo sobre todo en el primer tipo se vislumbran creencias estelares ya que la orientación de los distintos elementos no deja lugar a dudas. En el segundo tipo las tendencias solares son más patentes (aunque se mantengan concepciones estelares) y la orientación Este (donde nace el sol) y Oeste (por donde se pone) juega un papel primordial para las expectativas del difunto.
A partir de la pirámide de Unas (Dinastía V) los soberanos se inhumaron rodeados de una serie de textos mágico-religiosos que inscribieron en el interior de sus pirámides (antecámara y cámara del sarcófago). Estas fórmulas le garantizaban su resurrección y le protegían de cualquier fuerza negativa.
Durante el Reino Medio y el Segundo Período intermedio la pirámide siguió siendo utilizada como enterramiento real y en el Reino Nuevo sólo parecen haber existido al comienzo de la Dinastía XVIII con Ahmose; después, los soberanos abandonan la pirámide como lugar de inhumación y construyen sus moradas eternas al abrigo de la colina tebana, que de forma natural tiene un aspecto piramidal. En esta época la construcción de pequeñas pirámides permanece en aquellas que coronaron algunos enterramientos privados, manteniendo el simbolismo solar. La más antigua, hasta el momento se situó sobre la tumba de Hery, un personaje que vivió en tiempos de Amenhotep I.
Sólo en la lejana Nubia, los monarcas de Nápata (1.000-300 a.C) y Meroe (300 a.C-300 d.C) hicieron construir unas 180 pirámides de escala muy reducida, mucho más toscas, con un ángulo más agudo y con materiales perecederos, empleándolas como enterramiento y tipológicamente más cercana a las de los personajes privados del Reino Nuevo en Tebas.

PLACENTA
La presencia de la placenta como símbolo mágico dotado con grandes poderes, no sólo se circunscribe a Egipto sino que es un recurrente en otras culturas. Parece que la placenta estaba considerada como una parte importante del ser humano, símbolo del principio de vida, puesto que nacía con él y por ello recibía un tratamiento especial.
En Egipto se consideró la placenta desde tiempos remotos y en algunas tumbas se han hallado extrañas representaciones que pudieran reproducirla aunque esta interpretación está siendo muy debatida y nada hay concluyente hasta el momento. También se ha pensado que aparece en un objeto amorfo, con cierta tendencia circular, que se encuentra en los estandartes representados en las paletas del Período Predinástico. Prácticamente en todos los casos suele estar acompañada de otro estandarte que representa al dios Upuaut, “el Abridor de Caminos”, pudiendo estar ambos emblemas vinculados al trance del nacimiento.
La placenta del rey guardó una estrecha relación con el dios Jonsu, tanto es así que se ha propuesto la traducción del nombre de este dios como “placenta del rey”. Debemos tener en cuenta que al establecerse un paralelismo entre la esfera divina y la realeza, se entendió que tanto Jonsu como la placenta eran gemelos del monarca, siendo la última el gemelo que nacía muerto.
Algunos autores han querido ver en la placenta un objeto de veneración que se guardaba y se inhumaba junto al difunto en un enterramiento satélite.

PLATA
La plata fue un metal escaso que tuvo que ser importado ya que su sus yacimientos eran prácticamente inexistentes, convirtiéndose en un material muy preciado que superaba el valor del oro y el electrum en algunas épocas de la historia del antiguo Egipto.
Generalmente la plata procedía de Nubia y de Punt o era importada de Asia y, posteriormente, del Egeo, siendo todas de diferente pureza. Los egipcios llegaron a denominar a cierto tipo de plata “oro blanco”.
La importancia ritual del oro se manifiesta en un texto donde Dyehuty, Intendente del Tesoro de Osiris y orfebre, relata haber incrustado con oro y plata uno de los suelos del templo de Karnak y la barca Userhat de Amón.
Se relacionó con el material con el que estaban hechos los huesos de los dioses (la carne era de oro y el pelo de lapislázuli) y, por su color blanco, fue el símbolo de pureza vinculándose a dioses lunares de la talla de Jonsu y Thot, Iah y Anubis.

PLOMO
El plomo debió de gozar de un alto contenido mágico-simbólico puesto que aparece cubriendo un lugar tan peligroso como la incisión que se practicaba al realizar la momificación sobre el costado de la momia. Precisamente por esta incisión se sacaban las vísceras que se momificaban aparte, a excepción del corazón que debía permanecer en el interior del cuerpo.
Posiblemente su maleabilidad, su peso extremo y su color gris azulado, fuera lo que fascinó a los egipcios, otorgándole unas cualidades sobrenaturales y protectoras.
Quizá por su maleabilidad fue asociado a Osiris, empleándose para la confección de figuras de fertilidad (genios del Nilo).
Inexplicablemente también se utilizó en compuestos médicos.

PLUMA
Los motivos compuestos con las plumas se repiten en Egipto con frecuencia y, la mayor parte de las veces, éstas son plumas de avestruz o de halcón.
En el caso del avestruz no deja de ser curioso que se aplique un marcado simbolismo a las plumas de un ave que no vuela, ya que son éstas las que aparecen representadas con más asiduidad. Este hecho pudo ser consecuencia de la admiración que mostraron los egipcios (así como otras culturas) hacia la belleza del animal así como a su rapidez cuando corre, dando a sus plumas un sentido “único” y divino.
Las plumas de halcón parecen tener un simbolismo más claro ya que la divinidad que las posee (Horus entre otros) influenció en todas las esferas religiosas. Así, encontramos sus plumas sobre la cabeza de diferentes dioses, como por ejemplo Amón, Min, Jpris de Hieracómpolis, mientras que las de avestruz representan a Shu y, sobretodo, Maat. En ambos casos están relacionadas con el viento, con el cosmos y con dioses creadores y, cuando se sitúan sobre dioses masculinos, denotaban virilidad.
Como emblema de diosas, también se relacionan con aspectos de entidades relacionadas con la creación, el aire, el viento, el aliento vital, la justicia y por tanto la resurrección.
Igualmente aparecen sobre objetos sagrados, tales como los Cofres Meret, como ofrenda mágica en la Ceremonia de la “Apertura de la Boca” o sobre los estandartes de algunas deidades (Hathor de Occidente).
Como emblema divino, puede observarse actuando como contrapeso en la psicostasia del difunto, acto en el que se determina si ha sido justo en la tierra mediante la pesada de su corazón en una balanza.
Formando parte de ciertas coronas encontramos las plumas de avestruz en la Atef de Osiris así como en algunas que llevan los reyes desde, las reinas, algunas diosas y las Divinas Adoratrices sobre todo a partir de comienzos del Reino Nuevo, cuando las dos plumas se conectan con la iconografía solar. Es decir, a algunos tocados se les añade un disco solar y las plumas simbolizan los dos horizontes, a los dioses Shu y Tefnut, lo masculino y lo femenino en perfecta armonía y el poder de transformación.
En contextos funerarios también encontramos las plumas cubriendo sarcófagos reales, a partir del Segundo Período Intermedio, y privados durante el Reino Medio. Son los llamados sarcófagos rishi, término árabe que significa “emplumado”. Éstos se encuentran envueltos en su totalidad por plumas a excepción del rostro, el collar, y las plantas de los pies. De muy difícil interpretación, algunos autores creen que podríamos encontrarnos ante una forma de representar el “Ba”.
Asimismo la presencia de las plumas se mantiene también a través de diosas que protegen con sus alas el cuerpo del difunto y que hacen su aparición con Amenhotep III.

PUNTOS CARDINALES
El simbolismo de los puntos cardinales tuvo uno de los conceptos más claros en Egipto. El eje Norte-Sur estuvo relacionado con concepciones estelares -era el eje del río Nilo-, mientras que el Este-Oeste estaba identificado con creencias solares, estableciendo un paralelismo entre el nacimiento del astro (el Este) y la muerte y del mismo (Oeste).
Los puntos cardinales fueron el modo de simbolizar el cosmos por lo que en muchas ceremonias se lanzaban al viento cuatro aves para que comunicaran a todo ser viviente, y en toda la tierra conocida, las noticias de un acontecimiento concreto que el monarca había realizado.

Norte
Era el lugar donde a comienzos del Reino Antiguo se situó la entrada de la pirámide ya que en este punto se encontraban las estrellas circumpolares a las que el difunto esperaba fundirse.

El Norte también se relacionó con la diosa Uadyet, con el loto y con la Corona Roja. Generalmente en los templos se conservaba esta orientación para situar a las divinidades y a los símbolos (coronas, plantas heráldicas...) que pertenecían al Bajo Egipto.
Símbolo del Norte fue uno de los cuatro hijos de Horus, el dios Hapy que tenía cabeza de mono, así como la diosa Neftis. De hecho los vasos canopos que guardaban las vísceras momificadas del fallecido se orientaban según el dios que personificaba cada recipiente, siendo Hapy adscrito a los pulmones.

Sur
Era el punto donde se entendía que estaba el origen del mundo, es decir, el eje de la tierra y el lugar de donde manaban las aguas primordiales. Éstas fluían del interior de una cueva, localiza en la isla de Elefantina (Assuán) guardada por el dios Jnum y de allí procedía la crecida que cada año beneficiaba al país.
El Sur también estuvo relacionado con la diosa Nejbet, con el papiro, con el color blanco y con la corona del Alto Egipto.
Generalmente y siempre que era posible, en los santuarios se conservaba esta orientación para situar a las divinidades o a los símbolos (coronas, plantas heráldicas...) que pertenecían al Alto Egipto.
Símbolos del Sur eran el dios con cabeza humana Amset, uno de los cuatro hijos de Horus y la diosa Isis. De hecho los vasos canopos que guardaban las vísceras momificadas del fallecido se orientaban según el dios que personificaba cada recipiente. Esta deidad era la guardiana del hígado.

El Este
Era el punto del renacimiento, el lugar donde el sol y el difunto amanecían cada mañana completamente rejuvenecidos después de haberse regenerado en el viaje nocturno en el Mas Allá.
En el Este era donde, generalmente, se construían las ciudades y donde a mediados del Reino Antiguo se colocó la entrada de la pirámide y el Templo Funerario.
Asociado a este punto cardinal estaba la diosa Iabet, vinculada al renacimiento del sol.
Símbolos del Este eran el dios con cabeza de chacal Duamutef (uno de los cuatro hijos de Horus) y la diosa Neith. De hecho los vasos canopos que guardaban las vísceras momificadas del fallecido se orientaban según el dios que personificaba cada recipiente. Duamutef era el encargado de velar el estómago.

El Oeste

Es el punto por donde se produce la puesta de sol, el emplazamiento del Mundo de los Muertos y el lugar donde, generalmente, situaron las necrópolis.
Algunas deidades estaban asociadas a este punto cardinal; tal es el caso de la diosa Hathor en su forma de Amentit, que llevaba el titulo de “Señora de Occidente” encargada de la protección de los muertos aunque de forma subordinada, las divinidades de las necrópolis estaban también asociadas a este punto cardinal.

Símbolos del Oeste eran el dios Kebhsenuf, con cabeza de halcón, (uno de los cuatro hijos de Horus) y la diosa Selkis. De hecho los vasos canopos que guardaban las vísceras momificadas del fallecido se orientaban según el dios que personificaba cada recipiente, siendo Kebhsenuf el responsable del intestino.

RANA
La rana es otro de los animales que se encuentran en el panorama religioso del antiguo Egipto al llevarse al terreno de lo divino animales y objetos de la naturaleza. De hecho su nombre genérico (Qrr) es quizá la onomatopeya del sonido que emiten.
Ellas eran, junto las serpientes, eran las primeras que aparecían y se reproducían en los islotes que emergían tras la retirada de las aguas de la crecida del Nilo de una manera realmente prolífica. Su etapa de renacuajos y su transformación en batracios adultos no acabó de entenderse muy bien y se les asignó un simbolismo religioso de transmutación y renacimiento, de vida renovada, de generación espontánea puesto que se vincularon a lo ctónico y primordial.
Según la cosmogonía de la ciudad de Hermópolis, el grupo responsable de incubar el huevo de donde nació Ra (el Sol) eran estas ranas y estas serpientes (la ogdóada hermopolitana), siendo las ranas los miembros masculinos de estas parejas.
Como animal protector aparece representada en multitud de amuletos y en los llamados “marfiles o cuchillo mágicos”, unos objetos que guardaban a las mujeres proporcionándoles protección y fertilidad puesto que la rana fue responsable de que el embarazo de las mujeres llegara a buen término.


El renacuajo sirvió para escribir el número 100.000, es decir el que servía para designar lo “ilimitado”, la regeneración eterna y de la abundancia.
Fue símbolo del dios de la magia Heka y de la diosa del nacimiento Heket.
Finalmente, recordar su presencia iconográfica en contextos meroíticos, representada sobre vasijas tal vez como símbolo de presencia (permanente) de agua.

REJIT
El pájaro Rejit es un chorlito o avefría que se representó con cuerpo y cabeza de pájaro pero con brazos humanos, en muchos casos.
El significado del Rejit parece haber variado a lo largo de la historia. La piedra de Palermo identifica a los Rejit con los nomos del Oeste del Delta pero diferentes estudiosos opinan que en épocas remotas eran habitantes del Valle mientras que otros aseguran que son los invasores del Delta. En definitiva, el problema de los Rejit todavía hoy sigue siendo controvertido y aún no puede hacerse una valoración definitiva.
Lo cierto es que inicialmente el ave Rejit comenzó a representar a los enemigos del pueblo egipcio, a los pueblos conquistados y finalmente simbolizó simplemente al pueblo. Es de este modo como suele encontrarse en las partes públicas de los templos, indicando los lugares más exteriores y accesibles del santuario.

REPOSA-CABEZA
El Ueres o reposa-cabeza fue un utensilio rígido que los egipcios emplearon, al menos desde el Reino Antiguo, a modo de “almohada”.
Podían adornarse con una serie de símbolos, inscripciones o deidades que, de forma mágica, añadían poder al objeto y lo dotaban de una carga protectora puesto que facilitaba el sueño regenerador y evitaba que ningún genio o demonio pudiera amenazar a su usuario en uno de los momentos en que era más vulnerable.
El reposacabezas guardaba cierta relación con el Sol. Igual que éste se levantaba cada mañana de entre dos colinas, el difunto (o el vivo) hacía lo propio cada mañana. De hecho el aspecto que presenta nos recuerda a la curvatura de las dos montañas de donde tradicionalmente emergía el astro solar.
Realmente resulta extraño que un elemento tan incómodo pudiera servir realmente para dormir, sin embargo ciertos pueblos de África, como por ejemplo la etnia Shilluk del Sudán, utilizan una estructura similar, de madera, para evitar que durante la noche se estropeen sus elaborados peinados, realizados con motivo de ciertos rituales.
El reposacabezas también sirvió de amuleto y se reprodujo a escala reducida. De este modo tuvo varias funciones: sustituir al de tamaño natural, al que el difunto había empleado en vida, pero además orientar la cabeza del difunto, levantarla para la resurrección y protegerla de cualquier eventualidad, ya que una de las mayores preocupaciones era perder la cabeza en el Mundo Subterráneo.

SA
El amuleto protector Sa es uno de los símbolos cuya identificación es problemática. Dependiendo del autor consultado encontramos que pudiera ser una tienda de pastor de papiro enrollada (al menos en la Dinastía XVIII), un abrigo plegado de pastor que se usaba para proteger la espalda del viento o una especie de salvavidas de papiro. Ciertamente, lo que no cabe duda es que nos encontramos ante un elemento vegetal curvado hacia abajo con los cabos atados.
Fue un símbolo de protección por excelencia que aparece tanto solo como acompañando a las divinidades bienhechoras Tueris y Bes, así como compaña a otros símbolos mágicos como por ejemplo el Anj .
El Sa aparece con mucha frecuencia inscrito en los llamados “marfiles mágicos”, junto a otros genios protectores pero también se utilizó como elemento ornamental y profiláctico en objetos de joyería.

SACRIFICIO
El hallazgo de algunos cuerpos en los enterramientos del Periodo Tinita parecen apuntar que el sacrificio humano se realizó en Egipto aunque esta práctica desapareció muy pronto. Las razones bebieron tener que ver con la idea de que al fallecer el monarca necesitaba sirvientes y compañeros que le asistieran en el Más Allá al igual que lo habían hecho en vida.
En la tumba del Horus Aha (Dinastía I) se encontraron 34 pozos que podrían corresponder a otros tantos sacrificios de individuos que no excedían los 25 años y bajo el reinado de Dyer –cuando se produjo el mayor número de ejecuciones rituales- se hallaron más de 318 inhumaciones de siervos o servidores en las inmediaciones de su tumba en Abidos; de algunos de estos personajes se encontraron estelas, y corresponden a 76 mujeres, 11 hombres y 2 enanos. En la cámara funeraria de este rey se enterró también su esposa, inmolada a la muerte de su marido.
Todo parece indicar que las víctimas eran ejecutadas antes de ser introducidas en las cámaras funerarias que les servirían de morada eterna.
Al finalizar la Dinastía II este tipo de sacrificios desaparecieron definitivamente siendo reemplazados por la reproducción mágica de éstos sobre los muros de las tumbas o por estatuillas de sirvientes, portadores/as de ofrendas, carniceros, panaderos... y posteriormente en las mal llamadas maquetas. También con esta utilidad se incluyeron, a partir del Reino Medio unas figurillas mágicas denominadas Usheties.
Los “Textos de las Pirámides”, del Reino Antiguo, recogen mitos, costumbres y tradiciones que se remontan a la Prehistoria. En ellos existen ciertos pasajes, que se han venido denominando “Texto Caníbal” en los que el monarca se come a los dioses; quizá sea una reminiscencia de ciertos ritos remotos o quizá una licencia para expresar de forma metafórica el poder que alcanza el rey a su muerte y la fuerza que posee para defenderse en el Más allá.
Otro tipo de sacrificios que acontecieron en el Valle del Nilo y se mantuvieron hasta el final de la civilización fueron aquellos que incluían animales. Mediante la inmolación de los mismos se conseguían varios objetivos, entre ellos la eliminación del mal personificado por un genio maléfico o un enemigo potencial. Esto se hacía mediante la ofrenda a un dios determinado de una animal concreto que era de su agrado o, simplemente, gracias a la presentación de alimentos animales que servían para el sustento de los dioses primero (éstos se nutrían de su esencia) y de los sacerdotes después (la parte material de los mismos).
En la ceremonia de la “Apertura de la Boca” se sacrificaba un buey, al que se le arrancaba la pata delantera. Ésta se aproximaba a determinadas partes del cuerpo del fallecido para que pudiera tomar, de forma mágica, el poder y la fuerza del animal difunto.
Otros sacrificios de animales eran aquellos que se llevaban a cabo bien para interpretar a partir de sus vísceras en los oráculos o bien un simulacro de este sacrificio, realizado gracias a la reproducción mágica en cera de su efigie, que más tarde era consumida por el fuego.
Algunos restos de los animales sacrificados se aprovechaban para hacer ciertos objetos, tales como vestidos de piel de Orix o escudos de la concha de la tortuga.

SALIVA
Según la cosmogonía heliopolitana, el dios Atum, tomando conciencia de sí mismo, creó con su saliva a la primera pareja de dioses formada por Tefnut (la humedad) y Shu (el aire). También gracias su saliva el dios Thot pudo curar el Ojo herido de Horus, entendiéndose que así se producía el fenómeno físico del crecimiento de la Luna .
En este sentido es inevitable poner en conexión esta secreción del cuerpo humano con los actos de creación y de sanación llevados al ámbito divino quizá por el conociendo inconsciente de las cualidades alcalinas de la saliva, que engloba a las bacterias, las pone en suspensión y facilita su expulsión.

SANGRE
Como es lógico, la sangre en todas las civilizaciones antiguas se consideró vital para el ser humano dándole un protagonismo especial y convirtiéndolo en símbolo vital. De este modo, adquirió un poder mágico-sanador y se relacionó con el vino y la cerveza, empleados en el tratamiento mágico, por ejemplo, de las picaduras de escorpión. Así, dioses relacionados con el vino y su proceso de producción también se relacionaron con la sangre desde el momento en el que un individuo pecador que había fallecido podía correr el riesgo de ver su cabeza exprimida para obtener vino.
La mitología egipcia nos presenta distintos relatos en los que la sangre juega un papel crucial, tanto es así, que en una leyenda nos transmiten algo que no suele ser habitual: la creación de la humanidad y en ella hacen responsable de esta creación a una gota de sangre del dios Ra brotada del su falo al ser circundado. Pero la sangre como protagonista de la creación se repite también en los árboles: el cedro, había surgido gracias a la sangre de Gueb, el dios de la tierra.

SARCÓFAGO
Palabra griega (Sarkophagos) adoptada por el latín (Sarcophagus) que significa “que se come el cuerpo”, en sentido figurado. No deja de llamar la atención que los egipcios lo llamaran “al señor de la vida” puesto que se entendió como una morada para el fallecido que acogía su cuerpo momificado e incorruptible eternamente, un microcosmos donde se introducía el fallecido. Así su tapa se relacionó con la bóveda celeste y en consecuencia con la diosa Nut mientras que la caja, es decir el lugar donde reposaba el cuerpo, puso en conexión con el dios de la tierra Gueb, lográndose la participación y la fusión del difunto en el cosmos.
Sin embargo, los primeros difuntos egipcios no fueron inhumados en sarcófagos. Por aquel entonces los difuntos se enterraban directamente en la arena -que actuaba como deshidratador natural-, conservándolos a la perfección. Entre finales de Nagada III y comienzos de la Dinastía I, las tumbas fueron más complejas y los cuerpos de los difuntos empezaron a estar expuestos al aire por lo que se hizo necesario añadir un elemento para protegerlos que, en principio, fue la envoltura en una piel animal.

La evolución de la tumba y de la protección del muerto continuó a lo largo del Período Tinita cuando se introdujo la costumbre de utilizar unos recipientes cerámicos a modo de huevos y después pequeños sarcófagos rectangulares de madera, donde el cuerpo se colocaba en posición contraída. De forma intermitente en la Dinastía III (con más frecuencia en la Dinastía IV) aparecieron los tradicionales sarcófagos -más largos que los anteriores- para que el cuerpo del fallecido pudiera estirarse, como respuesta a una necesidad: poder acceder al abdomen en el proceso de la momificación para practicar la incisión por donde se sacaba las vísceras para ser embalsamadas aparte.
En las leyendas mitológicas también aparece este elemento. Un sarcófago fue el que se usó para encerrar el cuerpo de Osiris cuando fue asesinado por su hermano Seth.
El difunto egipcio podía enterrarse en una serie de sarcófagos dispuestos y encajados uno dentro del otro a modo. Podían ser rectangulares (qersyu) o antropoides, que solían ser los internos (suhet), surgiendo el primer antropoide de madera en el Reino Nuevo con Userhat y en piedra con Merimose, Virrey de Nubia en tiempos de Amenhotep III. Toda su superficie podía estar decorada, pasando por distintas etapas: Los primeros (Reino Antiguo) solían grabar lo que tradicionalmente conocemos como “Fachadas de Palacio”; en el Reino Medio, se añadieron algunas inscripciones mágicas, dos Ojos de Horus, mediante las cuales el fallecido podía ver su “viaje”, y una pequeña “puerta”. A estos se les irá añadiendo progresivamente más iconografía que incluía dioses protectores garantes de su cuidado y ciertas fórmulas apotropaicas, que aseguraban su bienestar. Esta costumbre alcanzó su zénit en el Tercer Período Intermedio, encontrándose desde entonces ejemplos de una gran belleza inscritos tanto en el exterior como cubriendo las paredes interiores de la caja, con escenas de los libros sagrados funerarios.

SAUCE
Es un de madera rojiza y ligera y fue llamado por los antiguos egipcios tcheret.
En Egipto fue símbolo del dios Osiris, posiblemente porque en una de as versiones de la leyenda de Osiris fue le que protegió su cuerpo cuando, después de ser asesinado, quedó varado en la costa de Biblos (algunas variantes de la misma leyenda identifican el árbol con el cedro). Otra narración nos comenta que sobre sus ramas se posaba un ave, que era el “alma” de Osiris, bajo su forma de pájaro Bennu, cuyo cuerpo se encontraba bajo éste. Por todo ello, todos los centros religiosos en los que se veneraba el culto al dios del Más Allá se jactaban de poseer la hipotética tumba de Osiris y se adornaban con este árbol, símbolo del dios.
En Egipto existía una fiesta anual denominada la “Erección del Sauce” y en el templo de Hathor de Heliópolis existía una capilla llamada “capilla para alzar el sauce. El simbolismo de ambas guardaba sin duda estrecha relación con el campo, el crecimiento de los árboles y con la ceremonia de la “Erección del Pilar Dyed”, que por otra parte, aunque en origen fue símbolo del dios Sokar y del dios Ptah, más tarde pasó a formar parte de la iconografía tradicional del dios del Más Allá.
Fue empleado en medicina ya que tiene propiedades antiinflamatorias y sirvió como soporte para la elaboración de estelas durante la Época Baja.

SEJEM
Fue un cetro de poder, fuerza y autoridad, constatado desde momentos muy tempranos, que llevaron reyes, nobles y algunas reinas, cuando realizaban algún ritual que guardaba relación con el poder.
El cetro parece que estuvo asociado a dos deidades: Osiris y Anubis y cuando aparece en la iconografía egipcia lo hace como manifestación o emblema de estas divinidades.
Como personificación de poder, fuerza y autoridad fue imprescindible en las ceremonias funerarias y divinas puesto que garantizaba que los ritos fueran especialmente favorables.
Sejem también era una de las partes del ser humano y significaba la energía del espíritu divino.

SEMA Y SEMA TAUI
La interpretación de lo que representa se nos escapa aunque algunos autores piensan que puede ser la estilización de los pulmones y la tráquea de un animal.
Como amuleto tenía una significación relacionada con la unión, la unificación.
Cuando se colocaba sobre un cuerpo difunto en forma de amuleto, simbolizaba la garantía de que su cadáver estaba unificado, es decir que no se iba a fragmentar, que permanecería unido eternamente, una garantía esencial para poder disfrutar de una vida eterna.
También este símbolo aparece en Sema-taui, es decir en la “unión de las dos tierras” (el Bajo y el Alto Egipto). En este grupo encontramos el Sema en la parte central, en el lugar donde se atan las plantas simbólicas del Norte y el Sur, representadas por el papiro y el loto . Las plantas están atadas por dos genios que personifican ambas partes geográficas de Egipto, aunque también pueden ser sujetadas por los dioses Horus y Seth, como representantes de ambos puntos cardinales.

Algunos autores piensan que la adscripción del loto como emblema del Alto Egipto es equívoca y que sería más correcto considerarlo emblema del punto cardinal Este y del área de Heliópolis, siendo el papiro el representante del área menfita y del Oeste. Igual ocurriría con los dioses Set y Horus relacionados con dichas zonas. De este modo Horus debería identificarse con el Oeste y Set con el Este. Así el Sema-taui sería la unificación de las dos riberas del Nilo y no de la tradicional división del Sur y de Norte. Sin embargo esta última interpretación ha de ser tomada con precaución hasta que nuevas investigaciones confirmen tal hipótesis.

SENET
Fue uno de los múltiples juegos de mesa que usaron los egipcios, quizá el más popular y uno de los más antiguos. Su nombre significa “pasaje o tránsito”.
Sus reglas no se han conservado y que jugó un papel simbólico en entornos funerarios. Consistía en un tablero rectangular provisto de 3 filas de 10 casillas. El juego consistía en partir de la casilla de salida hasta la número 30, sacando allí las fichas y venciendo al oponente.

Para incentivar el juego, sobre el tablero había algunos signos jeroglíficos, que servían a modo de casillas “seguro” o “puente”. Los peones tenían forma cónica o de carrete (cilíndrica) y, a modo de dados, se usaban tablillas o huesos de astrágalo que, dependiendo de cómo caían sobre la mesa o el suelo, determinaban el número de casillas a avanzar.
En el terreno simbólico el juego se relacionó con conceptos de inmortalidad es decir, el fallecido lo empleaba como símbolo que servía para sortear las dificultades que encontraba en el Más Allá y ganar la eternidad.
Una curiosidad radica en que en las pinturas y relieves, el fallecido juega sin un contrincante conocido, ya que éste jamás se representa.
El ejemplo más antiguo se hallaba en la tumba de Hesy, que vivió en la dinastía III.

SERDAB
No existe una palabra en el antiguo Egipto para designar lo que nosotros denominamos serdab; es un término árabe sirdãb que sirve para designar sótano, subterráneo, cripta o pasadizo. Parece que cuando los antiguos egipcios se refieren a esta construcción la denominan “Casa del Ka” y no tiene nada que ver con el sentido literal del préstamo actual del árabe.
El serdab en las construcciones faraónicas fue un recinto semicerrado donde se introducía la estatua del ka del difunto para que pudiera disfrutar de las ofrendas que se colocaban frente a este lugar y para que el ba tuviera un lugar donde residir (además del cuerpo) cuando retornaba a la tumba. El recinto estaba comunicado con el exterior a través de una pequeña ventana o abertura.
Aparece bajo el reinado de Dyeser y permanece en enterramientos privados del Reino Antiguo y desaparece como tal al finalizar el Reino Antiguo.


SEREJ
Es el nombre antiguo que empleamos para designar lo que hoy conocemos como “fachada de palacio”, probablemente de origen mesopotámico. Su decoración consiste en resaltes y nichos verticales, con o sin un halcón, posado en la parte superior.
Presente desde Nagada I y claramente definido en el período de Nagada III, fue el modelo en piedra de la decoración de antiguas residencias reales hechas con materiales vegetales. Una vez que los egipcios dominaron el arte de trabajar la piedra, tales motivos se reprodujeron con este material imperecedero y también sirvieron para la decoración de templos funerarios, tumbas, “Estelas de Falsa Puerta”, sarcófagos de piedra del Reino Antiguo, etc.
El serej como motivo epigráfico, se usó para introducir el nombre del soberano en caracteres jeroglíficos, relacionándolo con Horus que era la divinidad que se posa sobre él.

SERPIENTE
La gran cantidad de ofidios que habitan en África desde tiempo inmemorial, llevó a los egipcios a destacar algunas especies y llevarlas al ámbito divino.
Es muy posible que todas las variedades fueran representadas por los antiguos egipcios y que dada su similitud seamos capaces tan sólo de distinguir algunos ejemplares como por ejemplo la cobra (Úreo), la serpiente pitón (Apofis), ambas fácilmente diferentes o, en algunas ocasiones, la culebra Renenutet.
Quizá la vida silenciosa, sibilina y oculta de las serpientes, junto con la ponzoña del veneno de algunos ejemplares, fue el motivo para que desde momentos muy tempranos, tuvieran una conjunción de sentimientos encontrados, asociándolas a la divinidad.
Los oficios crecen durante toda la vida y por ello han de mudar su piel (su camisa) cuando ésta se ha quedado pequeña: Los egipcios vieron en este hecho natural los indicios de un rejuvenecimiento y un renacimiento, creyendo que tenían la capacidad de transmutarse y pensaron que ellas se habían encontrado sumidas en el océano del caos, antes del comienzo del mundo pasando después ha vivir en lugares solitarios y bajo tierra. De este modo se convirtieron en deidades primordiales y ctónicas, vinculadas a las fuerzas cósmicas protectoras de la vida, como ocurre en la cosmogonía hermopolitana.
Así las encontramos en variedad de entornos. Puede mordiéndose la cola (serpiente cósmica), como imagen del infinito o presentando varias vueltas en su cuerpo; incluso en ocasiones la encontramos con piernas bajo el sinuoso cuerpo. Sobre el lomo puede llevar cuatro cabezas que representan a los cuatro hijos de Horus o presentar un cuerpo humano con cabeza de ofidio.
Al morar bajo tierra se creyó que poseían conocimientos especiales y se las hizo patronas de causas justas, como ocurrió con la diosa Meretseger. Los antiguos egipcios pensaron que la picadura de una serpiente - en este caso una cobra - era la consecuencia y el castigo por haber realizado un acto deplorable y, con el mismo sentido también creyeron que se podía invocar a la cobra para recuperar la visión. También se vincularon al campo, a la fertilidad y al grano, tal y como se plasma en la figura de Renenutet.
Otra deidad con forma de serpiente y más concretamente de cobra y relacionada con la fuerza destructora pero benéfica del sol es Uadyet, patrona del Bajo Egipto, que en este aspecto protege la frente de Ra (y del soberano) de las posibles fuerzas malignas, siendo además la responsable de la corona roja del Bajo Egipto
Relacionada con el tiempo, se denominó metui e identificada con la infinutud del tiempo, aparece en las tumbas del Reino Nuevo en el Valle de los Reyes. Otra serpiente benefactora fue Mehen, quien guardaba a Osiris y la barca de Ra, protegiendo la cabina con su cuerpo.
En la iconografía egipcia encontramos las serpientes tanto como animales peligrosos que atacan al Sol (Apofis), como animales benéficos (serpiente protectora de Ra). También benéficas eran: Nehebkau, una serpiente pitón asociada al renacimiento del difunto que, en el “Libro de las Cavernas”, protege a Ra, y Uerethekau “la Grande en Magia” una diosa relacionada con la justicia, capaz de dar y quitar la vida, siempre que fuera justo.
Con un sentido completamente opuesto, tenemos a la ya citada Apofis, una pitón cósmica muy grande, que deambulaba por el Mundo Subterráneo (símbolo del océano primigenio y, de lo “no creado”). Ella existió antes del nacimiento del mundo y de los seres vivos y como entidad anterior al establecimiento del orden luchaba diariamente para impedir la “renovación” de Ra pretendiendo interceptar noche a noche su barca para que no pudiera seguir su camino.
La barca de Ra podía convertirse en una serpiente para poder atravesar, en el Más Allá, el reino del dios Sokar: las arenas del desierto y Atum, también podía tomar la apariencia de un ofidio.

SHEN
El Shen era una tira de papiro o una cuerda atada en la parte baja que forma una vuelta cerrada. Puede aparecer en forma de amuleto o como símbolo en los muros de tumbas, templos u otros objetos.

Algunos autores lo han relacionado con un símbolo uterino de la dualidad cosmogónica y de la realeza de la diosa Hathor. Lo cierto es que el Shen es un nudo cargado de magia que simbolizó claramente la eternidad, la duración, la infinidad, y por tanto la regeneración, sin principio ni fin. Podía estar asociado al dios Heh puesto que esta entidad era también emblema de infinitud y de vida imperecedera.
En la iconografía egipcia es muy usual. Suelen llevarlo Horus y Nejbet o el pájaro que simboliza al Ba del difunto, cuando surgen respectivamente con el aspecto de halcón y de buitre, lo llevan sujeto en las garras para ofrecer una mayor salvaguarda. También está presente en la superficie de los sarcófagos, acompañado de de Isis y Neftis que amparan al fallecido.
Aparece con mucha frecuencia como amuleto para dotar al difunto con la protección del Sol y del poder universal.

SICOMORO
Identificado por los egipcios como Nehet; el sicomoro es una higuera de la especie Ficus Sycomorus de madera incorruptible, pero de calidad tosca, por lo que no hay que divagar mucho para entender cual fue la razón para relacionarlo con conceptos de nacimiento, regeneración o infinitud.
Era el árbol celeste por antonomasia, vinculado a la protección y a la diosa Hathor -sobre todo Hathor de Menfis, Señora del Sicomoro del Sur-, Nut, Isis, Iusaas y a Ra, todas deidades solares.
Quizá por durabilidad y por su relación con la diosa Hathor, se empleó para la construcción de sarcófagos puesto que así el difunto se introducía en un micro-cosmos compuesto por la tapa (Nut), la caja (Gueb). Además todo el conjunto estaba creado con la madera asociada a la diosa Hathor que le acogía como una amorosa madre.

Tal acontecimiento fascinó sin duda a los egipcios y se empezaron a hacer amuletos con la madera del sicomoro ya que consideraron que tenía poderes mágicos y que ninguna fibra mejor que la del sicomoro podía emplearse para elaborar ciertos cordones en los que se colgarían los amuletos, para después, colocarse sobre la momia.
También en la zona tebana, y durante el Tercer Periodo Intermedio, se hicieron pequeñas estelas funerarias, policromadas, en madera de sicómoro. Todas ellas están decoradas con motivos solares y suele aparecer Ra y Atum.
Igualmente se entendió que las ramas de la copa de este árbol eran los brazos de esta diosa (Nut) que cubrían el cielo y de las que pendían las estrellas. Los dioses estaban sentados en su copa.
Otra función del sicomoro es aquella en la que aparece citado en pareja: “dos Sicomoros de Turquesa” y los sitúan en el horizonte oriental, de donde Ra surgía día a día completamente rejuvenecido. El hecho de figurar como árboles de turquesa se debe a la asociación de esta piedra con el cielo. Por ello esta imagen se conectó a la fecundidad propia de las plantas, al nacimiento y al renacimiento (igual ocurrió con la persea), así como a todo lo relacionado con estos conceptos: la procreación, la maternidad... Por ello, siempre que fuera posible, era conveniente plantar uno de estos árboles en las proximidades del enterramiento o en la entrada de los templos. El o los sicomoros del horizonte oriental parecen actuar, en muchos casos a modo de árbol cósmico de enormes dimensiones, eje del mundo.
Parece que de los frutos de este árbol se extraía cierta bebida que servía de alimento tanto para los dioses como para el Ba del fallecido.
En opinión de Koemoth (1994) el sicomoro también tuvo relación con Osiris hasta comienzos de la Época Romana.


SISTRO
El sistro pudo ser en origen un fetiche que más tarde se convirtió en un instrumento de percusión ya que este tipo de objetos se consideran, en muchas culturas primitivas, objetos mágicos con los que poder alejar las fuerzas del mal y emiten sonidos que agradan a las fuerzas del bien. Se utilizó desde períodos muy remotos, ya que tanto en el yacimiento de el-Omari como en Nagada II, se han hallado ejemplos que han sido interpretados como primitivos sistros.
Más tarde, en el Reino Antiguo, encontramos los primeros ejemplares que podríamos denominar “clásicos” y que evolucionan con el paso del tiempo.
En Egipto encontramos dos tipos de sistros, el denominado Sesheshet y el. Sejem Algunos autores (Reynders 1995) son de la opinión de que la diferenciación clásica entre
El Sesheshet parece ser el más arcaico (Reino Antiguo), mientras que el Sejem hizo su aparición en el Reino Nuevo. Tenía forma de naos cerrada y en su interior se introducían semillas; de la base del naos nacía un mango en cuyo extremo superior suele estar representada la diosa Hathor, Bat (en el Reino Medio) o cualquier otra divinidad relacionada con ellas. Sonaba agitándolo de modo parecido a las actuales maracas.
El Sejem tenía una forma curvada, es decir era un “sistro de bastidor” y estaba atravesado por tres o cuatro varillas que, al agitarlas, producían el sonido. Éstas, además podían tener unos discos insertados, que con el movimiento chocaban entre sí aumentando la sonoridad. Al igual que el primero, el mango recogía la imagen de la diosa Hathor o de otras divinidades que de un modo u otro se relacionaban con ella puesto que se consideró la patrona de las actividades musicales. Es más, el sistro también se relacionó con su hijo Ihy.
Atendiendo a ciertos títulos y representaciones murales parece que pudo haber toda una rama sacerdotal de hombres y, sobre todo, mujeres entrenada para hacer sonar este instrumento, dirigidas por un miembro superior que normalmente era la esposa del Sumo Sacerdote. Ellos deberían aprender no sólo a tocar este instrumento (mérica y rítmica) sino también el momento en el que debían intervenir, dependiendo del ritual, y el modo de hacerlo.
El sistro no sólo se empleó en el culto a Hathro sino que también se utilizó en las ceremonias de otras divinidades y en el culto funerario ya que su sonido agradaba a los dioses y espantaba las influencias negativas y malignas y proporcionaba el renacimiento.
En multitud de ocasiones, y en los mismos contextos, el sistro está acompañado de un instrumento/collar de percusión llamado Menat.
El sistro se mantuvo vinculado al culto isíaco en época grecorromana. Son famosos los sistros de bronce hallados en el Iseum (templo consagrado a Isis) de Pompeya, siguiendo la tipología egipcia tradicional.

SOL
Si en Egipto existe un símbolo claro y típico, éste es el Sol, fuente de vida para todas las tierras, que distribuye felicidad a todos los seres.
Nada en África es más espectacular que el amanecer y el anochecer, dos momentos clave que fueron llevados a la mitología. En el amanecer se producía el nacimiento del sol, después de que éste se hubiera sometido a un renacimiento en el Mundo Subterráneo. En el viaje nocturno. el astro había vencido a las fuerzas del mal, a las tinieblas, al caos, y Egipto se beneficiaba de ello.
El comienzo del culto al sol data de Reino Antiguo, según se vislumbra en los Textos de las Pirámides, mientras que su apogeo fue en la Dinastía V.
Como en otras culturas, el culto solar está directamente relacionado con la élite. Sin embargo, fue tal la importancia del Sol en Egipto que en el Reino Medio casi todos los dioses fueron influidos por él. Una prueba de ello se refleja en las terrazas de muchos santuarios donde existía una capilla, llamada “solar” a la que se subía en la mañana del primer día del Año Nuevo la estatua del dios o la diosa, para que se produjera la fusión de su ka con el ka del sol, recargándose por otro año de energía.
Es conveniente recordar que la palabra que desde antiguo sirvió para designar al disco solar en sí mismo fue “atón” término empleado más tarde por Ajenatón (Dinastía XVIII) para nombrar a su único dios. Precisamente este rey compuso uno de los himnos más bellos y descriptivos:
El dios Sol(Ra o Jepri) nacía cada mañana después de haber sido alumbrado por la diosa Nut completamente rejuvenecido, tomando el aspecto de un escarabajo o un niño. Aparecía entre las espaldas del doble león Aker . Sin embargo parece que, en origen, el culto solar sustituyó a otro más antiguo: el celeste, personificado por un halcón .
El Sol puede manifestarse a través de muchos símbolos. Es el escarabajo Jepri al nacer , el dios Ra en el mediodía y el dios Atum en la puesta de Sol . Es decir, dependiendo del momento de la jornada, puede tener cabeza de halcón, de escarabajo o simplemente apariencia humana con la doble corona, pero, además, se representa como lo que es: un disco solar . Precisamente bajo esta forma se encuentra en el reinado de Amenhotep IV (Ajenatón). Del disco penden unos brazos que terminan en manos extendidas que simbolizan los rayos solares dirigiéndose a la tierra .
El Sol puede tener aspecto de carnero ; este es el animal que eligieron para entender la forma del Sol por la tarde o la forma del Sol en el mundo del Más Allá, cuando se desplazaba en su barca nocturna. Ra poseía dos barcas distintas, una la empleaba para cruzar el cielo diurno y la otra para el nocturno. Otra tradición comenta que durante su recorrido por el Más Allá, debía vencer a toda una suerte de genios malignos que querían atacarle y, además, calentar el reino del Más Allá y a los difuntos que en él se encontraban.
Sin embargo, una de las apariencias más curiosas y de significado más oscuro es cuando toma (en su aspecto de Atum) la forma de un lacértido: lagartija o geco. Quizá el gusto de estos animales hacia el sol, su capacidad para desprenderse de la cola, en caso de necesidad, y el hecho de que ésta crezca de nuevo, fueron hechos que indujeron a relacionarlos con la divinidad, asociando al Sol a conceptos de regeneración.
La imagen del Sol (en forma de disco solar o de escarabajo también aparece acompañándose de un par de alas extendidas . El objeto de añadir estos elementos fue crear un sincretismo entre el astro y el cielo. Sin embargo, las variadas representaciones del Sol incluyeron muchas más formas: el león , o la imagen de un niño tocado con el disco y con el dedo en la boca .
Otra forma de representar al Sol es mediante la creación de una imagen compuesta con otros símbolos, como por ejemplo un pilar Dyed , sobre éste un Anj dotado con brazos en alto sujetando el disco solar en su nacimiento.
Una evocadora imagen del Sol es aquella que nos lo muestra saliendo del interior de un loto sagrado, de un loto que emergió del abismo en el comienzo de los tiempos. El Sol se encuentra en el interior del capullo y éste al abrirse deja ver a la divinidad con el aspecto de un niño.
Algunas divinidades con aspecto de diosas leonas se relacionaron con el Sol y se pensó que eran sus hijas, como por ejemplo Maat o la cobra Uadyet. Numerosas leyendas nos narran las historias del Ojo de Ra, una deidad femenina que tenía personalidad propia, aunque fuera una parte del mismo dios.
La diosa Hathor mantenía una especial conexión con el sol, ya que ambas deidades expresaban, en síntesis dual, la realidad del lo masculino, el disco solar (la unidad del cosmos), y lo femenino, el calor de sus rayos.

SOMBRA
Junto al Ka, Ba, el nombre, y el cuerpo físico, era uno de los elementos que formaban al ser humano.
Fue un principio de protección muy eficaz, capaz de moverse rápidamente, que acompañaba al fallecido en el día y que era inseparable. Era un doble misterioso del hombre, representado en negativo y como tal, una parte imprescindible del individuo y de su existencia.
Suele representarse con el aspecto de una forma humana de color negro. Este aspecto cromático puede interpretarse de dos modos: por un lado, la sombra que hace cualquier objeto al interponerse con el Sol, es negra; por el otro, este color simbolizó la tierra fértil del Valle del Nilo y, por tanto, una tierra que sólo aporta elementos beneficiosos al hombre no puede por menos que ser un importante color protector y benefactor.
La sombra aparece con cierta frecuencia representada en contextos funerarios. Suele encontrarse junto al cuerpo y al ba quizá para otorgar una mayor facilidad y rapidez de movimientos. No iba al cielo, sino que permanecía aferrada a la tierra y a la palabra. Pese a esta concepción, la sombra podía acompañar momentáneamente al Ba cuando éste abandonaba la tumba.

SUEÑOS
Los egipcios pensaban que los sueños podían interpretarse y que, en muchos casos, los dioses se comunicaban con los hombres gracias a ellos. Por esta razón fueron muy importantes ya que, además, advertían acerca de hechos que aún pertenecían al futuro pudiendo estar prevenidos mediante su interpretación y permitiendo estar al tanto de acontecimientos indeseados.
Su explicación se hacía por medio de profesionales que consultaban textos específicos donde se indicaba su posible significado, como por ejemplo, el papiro Chester Beatty III de época Ramésida. En él se hace una relación de los supuestos sueños indicándose sí lo soñado era “bueno” o “malo” y a continuación se detallaba su interpretación.
Uno de los sueños premonitorios más conocidos es el que tuvo el rey Thutmose IV cuando aún era príncipe. El joven, habiéndose quedado dormido al pie de la esfinge de Guiza, escuchó la voz de ésta en un sueño, el dios le comunicó que, si la liberaba de la arena que la mantenía enterrada, haría de él un futuro rey. Lo cierto es que Thutmose IV accedió al requerimiento, y a la muerte de Amenhotep II fue nombrado faraón.
Otro de similares características se recoge la llamada “Estela del Hambre”. Aunque fechado en el año 18 del Horus Neterijet (Dyeser) se trata de un documento escrito con posterioridad (Época Ptolomaica), en el que se cuentan los siete años de escasez que sufrió Egipto a causa de que el Nilo no había crecido a su debido tiempo. Fue entonces cuando el dios Jnum se le apareció en sueños al rey comunicándole que él, responsable de la crecida, haría crecer el río para que los habitantes de Egipto no pasaran hambre. Este sueño y los años de hambruna tienen su paralelo literario en la Biblia (Génesis 41, 1-39).

TAMARISCO
Los egipcios denominaron a este arbusto, de hoja penenne, iser y lo asociaron a un dios del área de Abidos denominado Upuaut, "el abridor de caminos", así como también a Thot, Ra, y posiblemente Nemty, quizá por el color rojo de sus hojas y por sus cualidades refrescantes y depuradoras.
Según Plutarco, el tamarisco también estaba vinculado a Osiris puesto que sobre la tumba de este dios se plantó el arbusto, información coincidente con los análisis realizados en los restos hallados en el Osieium de Abidos.
Por otro lado, el tamarisco era el árbol sagrado del nomo XVIII del Alto Egipto, donde se veneraba a Nemty.
Se usó para la elaboración de un numero variado de objetos.

TEKENU
Es una enigmática figura que ha tenido múltiples interpretaciones y que aparece representada sobre las tumbas desde el periodo tinita, relacionada con las ceremonias que se realizaban en los funerales y en concreto con la ceremonia de la "Apertura de la Boca".

Entre algunas formas de representarse aparece como un hombre acurrucado, tapado con una piel o sudario, con la cabeza asomando y sobre un trineo. Algunas veces esta cabeza humana no aparece y simplemente el Tekenu adopta una forma indeterminada,. En otros casos, simplemente aparece un individuo agachado y, finalmente, hay ejemplos en los que lo representa un hombre vestido con una indumentaria de tipo sudario, pero con líneas horizontales rojas.
Una de las múltiples interpretaciones apunta a que en el interior de este "paquete" podían agruparse aquellos órganos internos del ser humano que no se introducían en los vasos canopos, vísceras que no podían ser eliminadas sin más. Otra hipótesis afirma que simbolizaba el cuerpo en sí mismo, o que es la iconografía heredada del arcaico sacrificio humano que se practicó en periodos remotos y que involucraba a un prisionero extranjero. Es decir, que este objeto pudo reproducir, de forma simbólica, una inmolación que realmente ya no se practicaba, pero que de forma mágica se llevaba a cabo "idealmente" sin crueldad ninguna.
Cuando está manifestado en un hombre acurrucado y envuelto en un sudario encarnaba al difunto que, una vez que se despojaba de la tela envolvente, rememoraba el renacimiento, pudiendo ponerse en paralelo con la salida del niño del útero.
Para Reeder el Tekenu no es un receptáculo donde agrupar los órganos y tejidos humanos que no se habían introducido en los canopos sino que: "Seguramente el tekenu es un actor principal en las ceremonias funerarias, conduciendo la procesión, con gente gritando a su paso durante el camino a la tumba".
En cualquier caso, parece que el Tekenu estaba encarnado en sacerdote Sem cuando, entrando en trance, actuaba en un momento concreto de los funerales, es decir cuando acudía en busca del "alma" del difunto, llevando a cabo un rito de transformación. En un pasaje del texto de la "Apertura de la Boca" se indica que el individuo "duerme" o "duerme profundamente", quizá un modo de expresar lo que hoy entenderíamos por trance.

TEMPLO
En Egipto el templo era la "Casa del Dios" y allí se cumplían los ritos para que la divinidad estuviera atendida y tuviera todo lo que pudiera necesitar. De este modo se pretendía que la divinidad complacida, diera a Egipto todo lo que esperaba y deseaba de ella.
Sin embargo y aunque utilicemos los términos "templo", "santuario" o "Centro de Culto", en ningún modo debemos entender este emplazamiento como las actuales iglesias cristianas, las sinagogas judías o las mezquitas musulmanas, ya que allí no acudía el pueblo para celebrar culto y, ni siquiera los sacerdotes ejercían forma alguna de apostolado para captar nuevos creyentes.
En cada uno de los templos egipcios se representaba la creación, es decir eran en sí mismos un microcosmos. Allí se encontraba el primer trozo de materia sólida (colina primordial) que había emergido del caos en el comienzo de los tiempos, el punto de unión entre el cielo, la tierra y el mundo subterráneo.
Dentro del templo, todo era tal y como debía ser ya que allí reinaba la Maat (el orden, el equilibrio, la estabilidad). Fuera del recinto sagrado, se encontraba todo el potencial peligroso, el caos que amenazaba lo creado, el desorden. Por ello el recinto sagrado o témenos lo aislaba del exterior delimitándolo con este muro de circunscripción. Así se creaba un espacio, una zona sagrada separada del espacio profano y se marcaba el lugar donde se levantaba el recinto sagrado como símbolo del universo, como centro local del mundo, las fronteras físicas de la Casa del Dios que reposaba en su Sancta Sanctorum asistido por el clero que le lavaba, vestía, acicalaba, alimentaba...
En Egipto hubo distintos tipos de templos y aunque básicamente todos ellos reunían los mismos elementos y tenían idéntica función, algunos variaban ligeramente en su arquitectura. Así podemos distinguir los Templos Solares (a cielo abierto, sin techos), los Templos para el culto real (templos funerarios), los Templos del Valle y los Templos de Culto Divino.
El templo tebano estaba flanqueado por una entrada monumental que los griegos llamaron Pylon (pílono)y los egipcios bejent . Estos elementos han sido interpretados como la alegoría de las dos cadenas montañosas limítrofes del Valle del Nilo: la arábica y la líbica. El lugar que queda entre las dos masas de piedra era por donde míticamente nacía el Sol cada mañana, recorriendo el santuario, al igual que ocurría en el país diariamente. Sus fachadas estaban decoradas con símbolos del poder real, cumpliendo una doble función: magnificar visualmente el poder del rey y alejar los poderes malignos que quisieran amenazar al templo. En Época Ptolemaica los pílonos se identificaron con Isis y Neftis.
De todas las zonas del santuario, las más peligrosas eran las puertas, por donde podían penetrar fuerzas del mal. Precisamente por esta razón debían dotarse con una protección adicional y se colocaban ciertas invocaciones además de representar sobre ellas divinidades aladas que las guardaban.
Ante los pílonos se colocaban obeliscos , generalmente dos. Una vez pasado el primer pílono, el templo seguía una trayectoria que incluía suelos ascendentes y techos descendentes hasta llegar al lugar más sagrado, la Sede Venerable. En este trayecto la iluminación iba decreciendo y precisamente la parte más interna se encontraba en penumbra.
Las primeras dependencias estaban formadas por grandes patios abiertos al Sol. La siguiente, normalmente era una hipóstila. En este lugar se levantaba todo un bosque de columnas que se elevaban hacia el cielo y que representaban pilares cósmicos. A la vez reproducían motivos vegetales en sus fustes y capiteles, ya que la sala en sí era la reproducción de las primeras plantas crecidas gracias al fértil limo. Eran bosques de papiros o lotos emergiendo del suelo, de la tierra primordial, reemplazada aquí por suelos que podían estar cubiertos de plata. Ésta, al oxidarse por el contacto con el aire, se convertía en un metal negro, dando la sensación de ser el limo fertilizador. De hecho, en las bases de las columnas se representaban símbolos relacionados con el río, con el crecimiento y la fertilidad; éstos podían ser motivos vegetales o figuras de fertilidad.
Los techos se decoraban con estrellas de cinco puntas, buitres y halcones con alas extendidas o motivos astronómicos que reproducían el cielo egipcio.
Sobre los muros se recogían escenas que rememoraban acontecimientos míticos o reales que acontecían en la tierra: las ceremonias, las ofrendas, el dominio del faraón sobre los enemigos (a partir de Thutmés III)... Todos ellos eran actos que ocurrían entre el cielo y la tierra, es decir en el lugar exacto que el santuario quería simbolizar.
El interior del templo no era de acceso público, ya que se requerían ciertas cualidades de pureza para penetrar en él. Sólo en determinadas ocasiones y con motivo de ciertas fiestas, algunos personajes podían acceder hasta un patio exterior, llamado "Patio de las fiestas". Más allá y en dirección hacia el santuario donde estaba la estatua sagrada del dios, los sacerdotes penetraban según su jerarquía, de modo que al final del recorrido, en el Sancta Sanctorum o Sede Venerable sólo podía penetrar el Rey o en su defecto el Sumo Sacerdote como su representante directo.
En Egipto hubo dos tipos de Naos: el de piedra, colocado en los santuarios y el de madera, que era el empleado para guardar a la divinidad en las procesiones.
Los santuarios tenían unos "lagos sagrados" donde míticamente se encontraba el agua del Nun y en ellos se hacían ciertas ceremonias y purificaciones. También aquí se rememoraba el origen del universo y el proceso de creación.

TEREBINTO
Es una higuera salvaje de donde se obtiene la trementina. De madera dura, de él se obtiene la trementina. Sus frutos son rojizos pero que conforme van madurando se transforman en negros.
Posiblemente el terebinto pueda identificarse con el árbol que los egipcios denominaron Ayebaty nefer de donde se obtenía una resina de cualidades purificadoras y fuerte olor, con marcadas propiedades mágicas.
Se asoció a Hathor-Jentet-itenus y fue emblema de las ciudades de Licópolis (Assiut) y Cusae.

TEXTOS DE LAS PIRÁMIDES
Este término es moderno y no existe jeroglífico que agrupe el conjunto de textos inscritos en el interior de las pirámides del Reino Antiguo, a partir del reinado de Unas.
Los “Textos de las Pirámides” son el primer corpus religioso que aparece en el Valle del Nilo. Se hicieron inscribir por vez primera en el interior de la pirámide del rey Unas, y se mantuvieron en nueve pirámides de reyes y de algunas reinas del Reino Antiguo y del Primer Periodo Intermedio.
Aunque posiblemente fueron recopilados por los sacerdotes heliopolitanos, en ellos se agruparon tradiciones muy arcaicas que pueden remontarse a la Prehistoria, junto a concepciones estelares, nuevas doctrinas solares e, incluso, pasajes relacionados con el dios del Más Allá Osiris. Realmente se trata de un completo compendio de fórmulas mágicas que ayudaban al difunto rey en el tránsito hacia el Más Allá.
Estos textos posiblemente fueron conjuros de tradición oral que el sacerdocio funerario regio recogió por escrito. En total constituyen un corpus de más de 760 conjuros distintos, cada uno de ellos con una utilidad específica.
Este corpus volvió a ser utilizado con bastante frecuencia bajo el renacimiento saita.

TEXTOS DE LOS SARCÓFAGOS
No existe termino jeroglífico conocido que sirva para denominar el conjunto de textos religioso-funerarios que se recogen en los sarcófagos del Reino Medio.
Los “Textos de los Sarcófagos” están compuestos por un grupo de fórmulas que se inscribían en los sarcófagos, con la finalidad de servir de guía y protección al difunto en su deambular por el Mundo de los Muertos. El traslado de los textos desde los muros de las pirámides, en el Reino Antiguo, a la superficie de los sarcófagos, en el Reino Medio, tuvo que ver sin duda con motivos económicos y prácticos.
Este conjunto recopilaba fórmulas de los “Textos de las Pirámides” además de incorporar invocaciones propias.
En el Reino Antiguo el rey, sus familiares y allegados más cercanos, podían disfrutar de textos mágico-religiosos que les aseguraban la consecución de una feliz vida en el Más Allá. En el Primer Período Intermedio esta práctica se hizo extensiva a miembros de la nobleza hasta alcanzar a cualquier individuo, sea cual fuere su categoría, que pudiera permitirse la inclusión de estos textos en su sarcófago. Los primeros textos de este tipo se encontraron en el sarcófago de Medunefer, que vivió bajo Pepi II. Todos ellos pertenecen a personajes nobles puesto que no se han hallado textos reales de esa época.
Este proceso se ha venido traduciendo como una “democratización” de las creencias funerarias y coincide con la generalización del culto a Osiris.

TIERRA
Como otras concepciones o fenómenos de la naturaleza, los egipcios entendieron la existencia de la tierra desde planos muy dispares, pero en ningún modo este antagonismo supuso un problema de entendimiento. Todas las interpretaciones plurales, modos de describir algo que tangiblemente existía: la tierra.
Su formación había sido posible gracias al dios creador Ra que, en el comienzo de los tiempos y según la cosmogonía heliopolitana, había hecho surgir el montículo benben de las aguas caóticas y primigenias que lo envolvían todo. Así se había creado un cosmos ordenado y en él estaba la tierra. Según otras concepciones teológicas, como por ejemplo la de la ciudad de Menfis, la tierra había nacido gracias al dios Ptah-Tenen (la tierra emergida). También se pensó que la tierra era una superficie plana, situada sobre el océano primordial. Por ello, se justificaba la existencia de las aguas suterráneas.
La tierra era el dios Gueb, el esposo de la bóveda celeste Nut. Se encontraba separado de ella por el dios del aire Shu y constantemente intentaba levantarse para poder volver a unirse a su pareja. Esta era la explicación de los terremotos y por ello se alzaban las montañas.
En Egipto, a diferencia de otras culturas la tierra no se consideró una entidad femenina (diosa-madre) sino que se entendió como una entidad masculina (en oposición al cielo que era femenino).
En un ámbito local, la tierra egipcia fue el Valle del Nilo constituido por la tierra fértil que flanquea el Nilo y por el desierto. El Valle fue símbolo de fertilidad y se denominó Kmt, la “Tierra Negra” en contrapartida con la zona árida, el desierto, Deshret. El motivo para estas dos designaciones fue la observación de un fenómeno natural: los depósitos de limo negro fértil que dejaba el Nilo tras la crecida. Por otro lado el desierto, de arenas doradas o incluso rojas, fueron las que dieron nombre a esta región y el color, junto con su esterilidad y su peligro. Fue inevitable llevar a la mitología estos dos territorios; El Valle del Nilo se veía a menudo invadido por las arenas abrasadoras del desierto, que amenazaban con cubrirlo. Todo ello se plasmó en las luchas acaecidas entre Seth y Horus, convirtiéndose cada una de estas deidades en emblemas de sus respectivas zonas.

TITULATURA REAL
La titulatura real se colocaba ante el nombre de los monarcas y servía para indicar algunas de las cualidades concretas del rey. Hay cinco elementos distintos; veamos a continuación su significado y su aplicación.

El Nombre de Horus

Fue el título más antiguo. Remarcaba la naturaleza divina del rey asociándolo al halcón Horus, pero de carácter solar. Se colocaba sobre un serej, o fachada de palacio, un muro de resaltes y nichos.
El nombre que le sigue es el propio de cada monarca ya que todos ellos eran encarnaciones distintas de esta divinidad.
Posteriormente se mantendría Horus, pero no el serej.

Nebty

Se traduce como “el de las Dos Damas”, es decir la diosa buitre Nejbet del Alto Egipto y la diosa cobra Uadyet del Bajo Egipto.
El motivo para escoger estas dos divinidades se debe a que ellas fueron las diosas patronas del Sur y en el Norte de Egipto en la época formativa. Nejbet tenía su centro de culto en la ciudad de el-Kab y Nejbet en Nejeb.
Con este título se enfatizaba y potencia el poder del rey sobre todo el Egipto unificado, considerándose una monarquía dual.
Apareció con Aha en la Dinastía I.

Horus de Oro
Se representó con un halcón posado sobre el símbolo jeroglífico de oro. Se interpreta como la encarnación del monarca identificado con Horus y con el resto de los dioses, que mitológicamente tenían la carne de oro, como símbolo de incorruptibilidad.
Ser un Horus de Oro suponía convertirse en un ser inmortal asociado a la divinidad.
Es decir, aunque a la hora de la muerte el soberano falleciera, como cualquier ser vivo, se le asimilaba directamente a uno de los dioses más poderosos e influyentes del panteón.
Apareció con Den, en la Dinastía I.

Nesut bity
Traducido como “el de la Caña y la Abeja”. Es lo mismo que decir “Rey de las Dos Tierras”.
Tiene un simbolismo similar al título Nebty aunque, en este caso, no hay seguridad en cuanto a cuál fue la razón para emplear estos dos signos para el Bajo y el Alto Egipto.
Aunque tradicionalmente se ha considerado que la abeja (o el papiro) era el emblema del Bajo Egipto y la caña del Alto Egipto, este último presenta dificultades y desacuerdos en su interpretación. Se ha especulado que podría ser un junco marítimo, pero esta planta no se encuentra en el Valle del Nilo.
A continuación se escribía el llamado “Prenomen” en el interior de un “cartucho” que incluía el nombre que el rey tomaba en la coronación y que, con mucha frecuencia, agrupaba el nombre del sol en el de el propio rey. De este modo se obtenía el dominio y la asimilación del soberano con el sol y su circuito, tanto en el día como en la noche.
Apareció con Den en la Dinastía I, aunque es posible que fuera empleado con anterioridad, aunque no precedió a un “cartucho” hasta el reinado de Seneferu (Dinastía IV). Durante el Reino Medio este es el más importante de los títulos, seguido del nomen.

Sa Ra
Se traduce por “Hijo de Ra”. Este título precedía, al llamado “nomen”, es decir, el nombre que el soberano había recibido al nacer, el cual se introducía en el interior de un cartucho.
Gracias a él, el rey asumía el parentesco directo con la divinidad más importante del panteón, aquella que creó el universo. Como tal, era responsable de hacer cumplir sus leyes en la tierra.
Durante el Reino Medio este es el segundo nombre en importancia, precedido por el prenomen.
Apareció con Seneferu en la Dinastía IV.

TOCADOS
Los tocados de dioses y soberanos fueron muy variados y, en el caso de las divinidades, fueron en muchas ocasiones, su distintivo particular.
Muchos tocados se compartieron; tal es el caso de los cuernos y el disco solar de las diosas Isis, Hathor, la pluma de avestruz de Maat o Shu o los cuernos de carnero retorcidos de Jnum o Benebdyedet. Todos ellos denotan aspectos generales de las deidades representadas. Así por ejemplo, los cuernos en forma de lira y disco solar indican una relación con el cielo, con deidades que podían representarlo pero que guardan alguna relación con el Sol. Los tocados formados por plumas suelen corresponder a entidades creadoras y están relacionados con el aire, el aliento, necesario para subsistir. Los formados con cuernos de carnero indican procreación, sexualidad claramente activa. Aquellos en forma de cuernos de toro también están relacionados con la creación, pero, además se identifican con aspectos lunares, algo que también ocurre con los cuartos crecientes del astro de la noche.
En otro plano están las coronas de los reyes; éstas pueden ser relativamente sencillas o incluir tal cantidad de elementos mágicos que llegan a ser complicadísimas, aunando elementos protectores que las dotan de un mayor poder profiláctico. Con esta complejidad fueron comunes en Baja Época y en el Período Ptolemaico y a menudo su simbolismo es tan sólo parcialmente descifrable.

TORO
Desde el Período Predinástico podemos encontrar sobre las paletas tanto el toro como el león representando al líder predinástico y más tarde al rey que, con su potencia, su fuerza salvaje, su vigor y su fiereza destruía al enemigo..
El toro fue también símbolo de la fertilidad y fecundidad del suelo, con un marcado sentido sexual. Él era el germinador, el fertilizador, por excelencia, el portador de vitalidad y por ello se convirtió en heraldo de los dioses y símbolo de la potencia y la fertilidad masculina.
En muchas ocasiones las representaciones egipcias pueden inducirnos al error, identificando como toros los que realmente son bueyes. Los bueyes, al ser animales mucho más dóciles, con un carácter mucho menos agresivo, se emplearon para el trabajo y para ser inmolados en algunos sacrificios, como por ejemplo en la ceremonia de “La Apertura de la Boca”. Además, por ser la carne del buey comestible, de excelente calidad, y por poder aprovecharse todas sus vísceras, sirvió como alimento para el clero, que, una vez finalizadas las ceremonias, se nutría con la parte material de estos animales.
El toro estuvo relacionado con las fuerzas cósmicas y con la luna puesto que fue símbolo de la oscuridad y de la noche y además sus cuernos tenían la forma del astro nocturno. Identificado con él lo encontramos fusionado, por ejemplo, con el dios Jonsu. Sin embargo, hay veces que el toro es la representación de los ojos de Ra, el derecho el Sol y el izquierdo la Luna. Es posible que originariamente fuera un símbolo lunar que más tarde se solarizó. No hemos de olvidar que la luna se entendió como “el sol nocturno”, mientras que el ternero simbolizaba al Sol en su nacimiento.
Muchos faraones llevaron el epíteto de “Toro de Horus”, “Toro Poderoso” o “Toro de su madre” dando a entender el vigor sexual de este animal, la virilidad y el coraje y poniéndolo en paralelo con el del soberano. No obstante, estos símbolos no sólo denotaban la potencia sexual sino que también subrayaban la potencia militar del rey, su carácter guerrero y agresivo.
El toro y el buey fueron la encarnación terrestre de un número importante de divinidades, entre las que se encuentran Apis (manifestación del dios menfita Ptah), Merur (personificación de Ra o Atum-Ra en Heliópolis, denominado por los griegos Mnevis), Bujis (hipóstasis de Montu en Tebas), Kamutef (imagen terrestre de Min) y ocasionalmente Nun. Se han hallado cementerios de toros en la ciudad de Armant, para el toro Bujis; en Heliópolis para el toro Merur, y en Menfis para el toro Apis.
Algunos ejemplares, los que mostraban los signos inequívocos de ser el dios en la tierra, eran venerados en Egipto, embalsamados y enterrados con todo el ceremonial.
Una interesante costumbre funeraria fue la presencia, en los enterramientos, de un friso formado por cabezas de toros. Con este símbolo mágico se pretendía repeler a todas las fuerzas dañinas que quisieran molestar al difunto. Documentados desde el Predinástico, cuando no se encuentran físicamente, aunque están representados en piedra.
Parece que era una cola de toro la que llevaba el monarca pendiendo del cinturón de su faldellín, por detrás.

TORTUGA
Aunque comenzó siendo un animal simbólicamente negativo, más tarde se tornó benéfico, sin embargo nunca figura en las mesas de ofrendas pese a que sí se comieron.
Los egipcios consideraron a la tortuga una clase de pez. Aunque en otras culturas suele estar relacionada con la representación del cielo y la tierra (la parte curva del caparazón es la bóveda celeste y la plana la tierra) en Egipto no parece haberse identificado con tal concepción, sino que, muy por el contrario, estuvo adscrita al Mundo Subterráneo.

Aunque hay varios tipos de tortugas que pudieron ser identificadas con fuerzas sobrenaturales cuyo hábitat fueron el Mar Mediterráneo, el Mar Rojo y el Nilo.
La tortuga de río es de costumbres nocturnas. En el proceso de hibernación se entierra en el lodo del fondo del río y puede permanecer allí sin necesidad de respirar durante varias semanas puesto que puede extraer el oxígeno del agua, aunque no tienen branquias. Su relación con el agua y su aparente resurrección la hizo un magnifico símbolo de renacimiento. Además este animal realiza la puesta de huevos en la orilla del río, de donde, al cabo de un tiempo, surgen las pequeñas tortugas “espontáneamente” dirigiéndose directamente al río. Todas estas peculiaridades, junto a su longevidad y su capacidad para esconderse dentro del caparazón, fueron quizá motivos más que suficientes para ver en ella una entidad divina.
Cubriendo un papel mucho más negativo, a partir del Reino Nuevo, figura siendo arponeada quizá por considerarse peligrosa al nadar bajo el agua y suponer un peligro potencial para la barca de Ra.
Como ocurre con otros animales acuáticos fue considerada desde dos puntos de vista. Por un lado parece haber sido un animal protector ya que se encuentra desde el Predinástico representada en paletas de esquisto teriomorfas empleadas para moler minerales para el maquillaje, en forma de vasos y vasijas, en los marfiles mágicos del Reino Medio” y más tarde como genio del Más Allá.
Desde un punto de vista más práctico, los egipcios emplearon la concha de la tortuga de mar para confeccionar escudos.

TRÍADA
La palabra tríada procede del griego triás, tríados y sirve para designar un conjunto de tres seres o cosas, estrecha o especialmente vinculados entre sí.
Ya desde el Predinástico se empleó el concepto para designar la reunión de tres divinidades que formaban un conjunto familiar -a imitación del esquema humano- dejando patente la importancia que para los antiguos egipcios tenía la familia. Ésta era una institución estable que contenía una parte importante del equilibrio cósmico (representado por la diosa Maat). Por ese apego hacia la familia, los egipcios sintieron la necesidad de agrupar a sus dioses locales e integrarles en “familias” o enéadas, respondiendo a razones históricas o políticas que hicieron conveniente que determinadas deidades se reunieran para ser adoradas como un grupo divino. De este modo se ordenó, entendió y estructuró la jerarquía sobrehumana para razonar hechos aparentemente inexplicables, que sólo podían tener origen fuera del mundo. Todo ello respondía a la idea de que si el hombre existe, debe existir una fuerza superior creadora de todas las cosas y esta entidad, aun actuando como demiurgo, debe estar rodeada de un entorno familiar.
Así en una tríada encontramos a un padre, una madre y un hijo, es decir a dos elementos masculinos junto a uno femenino. De este tipo tenemos, entre las más conocidas a Amón,. Mut y Jonsu o a Osiris, Isis y Neftis. En algunos casos, la tríada está formada por dos elementos femeninos y uno masculino; de este tipo podemos mencionar a Jnum, Satis y Anukis.
Otra tríada diferente es la que agrupa al rey divinizado, a su esposa (con el aspecto de Hathor) y a la deidad local de un nomo o bien al monarca acompañado de las dos deidades que simbolizan al Norte y al Sur de Egipto. De este tipo son las tríadas del rey Menkaura (Micerinos), de la Dinastía IV, junto a la reina y, en cada grupo escultórico la personificación de una de las provincias, a modo de portadoras de ofrendas, que éstas entregaban al soberano, obteniendo así una variada y rica alimentación funeraria.
Otra variante muestra a tres figuras masculinas, en ocasiones durante la acción de coronar al rey.
En cuanto a formas tripartitas son aquellas en las que se agrupa a tres dioses fusionándolos en una sola entidad como es el caso de Ptah-Sokar-Osiris. Prácticamente en el mismo caso se encuentran los distintos nombres citados para designar una sola entidad. El sol se denominaba Jepri al amanecer, Ra en el cénit y Atum al anochecer, o Ra-Horajty-Atum “Dios Grande Señor del Cielo”, muy venerado en la ciudad obrera de Deir el-Medina. Esta fórmula llegará incluso hasta el mundo judeo-cristiano: por un lado tenemos a la tríada canónica (padre, madre e hijo) y por el otro a la trinidad como tríadas monásticas, el equivalente a Padre, Hijo y Espíritu Santo en la religión cristiana. Además, el número tres fue la forma más pequeña de expresar la pluralidad.
Para representar las almas de los antepasados (es decir, los ancestros divinos) se empleó el conjunto de tres halcones o tres chacales antropomorfos que simbolizaban a los soberanos del Alto y el Bajo Egipto o, lo que es lo mismo, las almas de la ciudad de Pe (en el Norte) y de la ciudad de Nejen (en el Sur).

TYET/TIT (NUDO DE ISIS)
El Tyet es un motivo muy frecuente que, desde los comienzos del Reino Nuevo, se le denominó “Nudo de Isis”.
Era la contrapartida femenina del pilar Dyed y, en forma de amuleto, se colocaba en la nuca o en el pecho del difunto y servía para asegurarse la protección de la diosa Isis, obtener vida eterna y bienestar.
Suele aparecer acompañando al Dyed y al Anj y, más tarde, al Uas, aunque también se encuentra de forma aislada. Pero como ocurre con otros símbolos, a veces se revestía de personalidad propia y surgía coronado con las cabezas de algunas diosas tales como Hathor e Isis.
Este nudo se encontraba en el nudo de los cinturones y autores como Wilkinson entienden que representa la naturaleza invencible de la vida. Otros estudiosos (Andrews) creen que era una pieza de tela empleada en la menstruación, teniendo un color con connotaciones regeneradoras: el rojo.

UADY
Era un cetro de papiro que, en contextos funerarios, evocaba la resurrección. Igual que el papiro crecía a orillas del río Nilo, el difunto renacía en el Más Allá pero, sobre todo, garantizaba la ayuda de una de las diosas más importantes del panteón egipcio, la diosa Uadyet, patrona del Bajo Egipto.
En el plano divino solían llevarlo las diosas y era un poderoso cetro de poder que simbolizaba el rejuvenecimiento, el verdor, la juventud eterna.
En forma de amuleto se encuentra en el Reino Nuevo pero se hace muy popular a partir de la Dinastía XXVI. Normalmente estaba confeccionado con algún material de color azul o verde. Solía colocarse en la nuca o el cuello del difunto y servía para obtener juventud y virilidad, en el caso de los hombres, y fertilidad en el de las mujeres. Para ambos era un símbolo de regeneración.


UAS
El origen del significado de este cetro se nos escapa. Algunos autores creen que podría ser un antiguo fetiche protector, un dios totémico del Predinástico que estaba asociado con la felicidad, la prosperidad y la potencia divina, o un antiguo bastón para conducir al ganado; lo llevan usualmente deidades masculinas. Parece tener una conexión solar. Otros creen que en él aparece la cabeza estilizada del dios Seth ya que, en ocasiones, la parte superior del mismo está animada con un ojo y a veces se encuentra dotado de brazos que sujetan distintos emblemas o motivos mágico-religiosos. Sin embargo nada permite confirmar tal hipótesis. Lo que parece más verosímil es que fuera un cetro en cuya parte superior se pudo representar de forma estilizada un animal, posiblemente canino.
En opinión de Cervelló este objeto, se asemeja mucho a un bastón que empleado en África por los actuales pastores peul, para ayudarse a transportar sus objetos personales.
El cetro termina por su parte inferior en dos extremos curvados hacia el interior en forma de horquilla.
Está documentado desde el Protodinástico, lo llevan las deidades masculinas (en casos especiales también algunas diosas) y se lo entregan al rey como símbolo de poder y fuerza. Puede aparecer asociado al Anj (la vida) y al Dyed (estabilidad).
En contextos funerarios proporcionaba el bienestar y la dominación en el otro mundo. Por ello se incluyó en el ajuar, colocándose junto al cuerpo del difunto y suele estar pintado de verde y ocasionalmente de rojo. Asimismo se empleó como parte de la decoración en tumbas y sarcófagos, además de aparecer en adornos de joyería.
Cuatro cetros Uas representaban los cuatro pilares que sustentaban el cielo.
Desde el Reino Antiguo podía acompañarse de una pluma, simbolizando el nomo de Tebas.

UDYAT
En Egipto encontramos muchos ejemplos donde el ojo juega un papel fundamental pero, quizá, entre todos ellos, el que se ha convertido en el más popular llegando incluso a reproducirse en la joyería moderna, es el denominado Udyat u Ojo de Horus, cuyo significado es: el que está completo. La asociación entre el Ojo Udyat y el dios Horus se percibe a través de una de las leyendas más importantes que se recogieron en el Valle del Nilo, donde se narran las batallas que personificó en contra de su tío Seth.
Horus era el hijo de Osiris, un dios que había sido asesinado por su hermano Seth. Cuando Osiris resucitó y pasó a presidir el Más Allá, su hijo se convirtió en el vengador de su padre y acometió toda una serie de luchas contra Seth, el asesino de su progenitor. En estos encarnizados combates Horus siempre salió victorioso pero, en el transcurso de las mismas ambos contendientes sufrieron heridas y pérdidas vitales, entre ellas la mutilación del ojo izquierdo de Horus (o los dos dependiendo de la versión del mito) y la amputación de los testículos de Seth. Gracias a la intervención del dios Thot el ojo de Horus pudo ser sanado y sustituido por el Udyat, para que el dios recuperara la visión. Este ojo estaba dotado de unas cualidades magníficas.
Por otro lado, desde el Reino Antiguo hasta el fin de la civilización faraónica, las leyendas cuentan que los dos ojos de Ra estaban vinculados uno a la luna (el Udyat) y el otro al Sol y en el terreno mitológico se explicó del modo siguiente: las fases lunares respondían a los periodos de curación del Ojo de Horus, manifestándose en la Luna Llena el momento en que éste había sanado por completo y en la Luna Nueva cuando había sufrido el daño. Por ello, éste momento se consideró peligroso, ya que fue el instante en que Horus había perdido la visión y causa por la cual el astro no podía manifestarse en el firmamento nocturno. Es decir que, mediante el Udyat, se aseguraba y garantizaba el buen funcionamiento del cosmos, entendido como el buen discurrir del circuito diurno del Sol y las fases cíclicas de la Luna. Todos estos acontecimientos y sobre todo la mágica sustitución del milagroso Ojo de Horus, determinaron su uso para la protección y curación de enfermedades relacionadas con los ojos.
Sobre los relieves egipcios es frecuente encontrar la ofrenda del Ojo a los dioses, es más, era la ofrenda por excelencia, un distintivo de orden que podía ponerse en paralelo con la ofrenda de Maat. El propio Horus (o el rey como encarnación terrestre del dios) era el encargado de presentarlo ante la boca de su padre Osiris para lograr su “cura”, es decir, para obtener su resurrección, logrando el buen funcionamiento del mundo divino y terrestre.
Sarcófagos, amuletos, cetros, piezas de joyería, estelas, barcas y remos, etc, son algunos de los soportes donde encontramos este curioso órgano que, para los Antiguos Egipcios, estuvo vinculado a conceptos de totalidad, luz, salud y curación pero que, además, servía como un poderoso instrumento de protección contra el mal de ojo, propiciador de la buena suerte y guardián contra las fuerzas hostiles que pudieran acosar tanto al difunto como al hombre vivo.
Lo encontramos grabado, por ejemplo, en las plazas protectoras que se colocaban sobre la incisión que se practicaba a la momia, un lugar especialmente peligroso ya que, al ser una abertura “arficial” era un punto susceptible para que las fuerzas del mal pudieran atacar al difunto, provocando la putrefacción y por tanto, la imposibilidad de qué el individuo disfrutara de vida eterna. También grabado o pintado sobre la superficie lateral de los sarcófagos, servía para que el difunto tuviera garantizada la posibilidad de ver tras la muerte, pudiendo observar el viaje que debía realizar por el cielo. En definitiva, el Udyat fue un elemento de protección muy poderoso y como tal su número en la iconografía egipcia es más que significativo.
Además de Horus, en Egipto encontramos a algunos dioses que también llevaron la ofrenda del Ojo. Nos estamos refiriendo por ejemplo al dios Iah, manifestación de la luna, o al dios Nefertum que como encargado de los alimentos que se depositaban en las ofrendas, llevaba también el ojo en sus manos.
Finalmente y unido al mito tenemos a dos manifestaciones de Horus: Jentyirty y (Me)jentyirty, ambos personifican al dios halcón con el ojo sano en el primer caso y enfermo, en el segudo.

ÚREUS
Úreus fue el término empleado por Horapolón, un estudioso que vivió en el Alto Egipto en la segunda mitad del siglo V d.C., y que ofreció una interpretación ideográfica de la escritura jeroglífica en su tratado Hieroglyphica. Este término se ha mantenido desde entonces para designar a la serpiente protectora que se encontraba en la frente de Ra, de algunas deidades solares del panteón y del monarca. Simbolizaba majestad, divinidad, la luz y se puede distinguir, bajo la forma de la diosa Uadyet, -tradicional diosa del Bajo Egipto- con seguridad desde el periodo de Nagada III.
Puede aparecer en forma de amuleto, en enterramientos no reales. En estos casos servía para otorgar al difunto la protección de la realeza con todos los beneficios que esto conllevaba.

UROBOROS
Uroboros es el nombre que dieron los griegos a una serpiente que aparece mordiéndose la cola, formando un círculo. Literalmente significa “(Con) la cola en la boca”; también puede interpretarse “fuera de la oscuridad” (del océano primordial).
Simbolizó la eternidad, el retorno cíclico, lo que no tiene principio ni fin, es decir la idea de que cuando algo finaliza vuelve a comenzar, en eterna repetición. Fue un modo de representar la continuidad de la vida, la totalidad, el tiempo indefinido.
Al igual que el huevo o las barcas, fue un símbolo que sirvió para encarnar el vehículo del dios, su morada. A este simbolismo hay que añadirle la de la serpiente, que en Egipto tenía conexión con el renacimiento y el rejuvenecimiento, la inmortalidad, el resurgir eterno.
La primera representación conocida del uroboros se encuentra en la segunda capilla del rey Tut-Anj-Amón, donde aparece una figura momiforme con dos serpientes que se muerden la cola, una situada en la cabeza y otra en los pies. La primera se denomina Mehen. Es el dios primordial que vino a la existencia y también está presente en la hora duodécima de la noche. En su interior aparece con frecuencia la imagen de un niño chupándose el dedo de la mano que emerge de la espalda de dos leones yuxtapuestos, símbolo de las dos colinas lindantes al Este y al Oeste de Egipto. Esta imagen no es más que un modo de expresar el sol en su nacimiento.

USEJ
El Usej era un collar de oro con cualidades protectoras que estuvo relacionado con Hathor. Aparece en una gran cantidad de relieves y en todos ellos se encuentra como una ofrenda destinada a los dioses.
También se colocaba sobre las momias ya que, por su relación con la diosa vaca, este instrumento mágico permitía obtener la eternidad, la resurrección y proteger a su portador de los enemigos que quisieran causarle algún mal.
Parece que el origen de esta joya ha de buscarse en un antiguo collar vegetal que tenía nueve filas de pequeñas de plantas, que bien pudieran ser lotos u otro tipo de flor, siempre que desprendieran un olor agradable. Posteriormente, al ser reproducido por los orfebres, se trabajó en oro y los textos especifican que debía ser de oro, adornado con piedras preciosas y lapislázuli.
El collar se denominó en ocasiones “guirnalda de Atum” y las nueve filas que lo componían aparecen citadas de varias formas: “la efigie de la enéada”, “Atum reunido con sus niños” o “guirnalda de Jepri”. Todos los apelativos son solares y con estos nombres se “cargaba” al collar con mayor significado y poder. Las fuerzas de Hathor se unían a las del creador Atum y las de la Enéada de Heliópolis.

USHEBTIES (SHABTIES, SHAUABTI)
Su nombre varió a medida que la lengua y la escritura fueron evolucionando. Durante el Reino Medio se denominaron Shabtis, en el Reino Nuevo Shauabtis y a partir del Período Tardío Ushebtis, nombre generalizado en la mayor parte de los manuales de religión egipcia. Su nombre procede el verbo Shwbty que significa responder.
Los primeros ejemplares proceden de la tumba de Gua en Bersha, donde se cita un texto para fabricarlos.
Los ushebtis o “los que responden” eran unas figurillas que representaban al propio difunto; aparecieron en el Reino Medio y formaban parte de todo ajuar funerario que se preciara. Tenían aspecto momiforme y llevaban los útiles de labranza en las manos. Durante el Reino Medio llevaban además una inscripción con el ensalmo 472 del los Textos de los sarcófagos y durante el Reino Nuevo el capítulo 6 del “Libro de los Muertos”, titulado Fórmula para que un ushebti ejecute los trabajos para alguien en el Más Allá,. es decir, para que en nombre del fallecido la figura sustituyera al difunto una vez que éste se encontrara en los Campos de Ialu o campos del Más Allá, ya que aquí podía ser requerido para que trabajara y obtener su sustento, aunque otros ejemplares simplemente llevaban el nombre del difunto y sus títulos.
Durante el Reino Nuevo, el número de ushebties que se introducían en la tumba se incrementó de forma espectacular y es frecuente encontrar 365 figurillas, una para cada día del año. Además podían añadirse 36 capataces, que comandaban cada una de las cuadrillas compuestas por 10 “trabajadores”, jefes de mes, etc. A éstos se les suele distinguir por llevar un faldellín en lugar de tener forma de momia. Por si todo esto fuera poco, se podían incorporar un número variable de figurillas que actuaban a modo de suplentes y que representaban a trabajadores con funciones especializadas. Toda una plantilla de trabajadores para asegurarse el ocio en el Más Allá.

Los ushebties podían introducirse dentro de una caja de madera, llamada Caja de Ushebties. Las hay muy sencillas, sin apenas textos ni decoración, y muy complicadas, donde el difunto o la difunta aparece en acto de adoración ante una o varias divinidades. Algunos ejemplares de ushebties, durante el Reino Nuevo, llegaron a introducirse en sarcófagos en miniatura.
Los ushebtis del Reino Medio tuvieron como antecedentes toda una serie de estatuas policromadas de madera que representaron a sirvientes llevando a cabo distintas actividades tales como moler el grano, hacer cerveza, cortar carne, pescar, o tejer.
En Época Tardía estas figurillas fueron elaboradas masivamente, incrementándose su número y uso en las tumbas de dicho periodo.

VACA
La vaca es un bóvido que fue domesticado desde muy temprano y que en Egipto significó la maternidad y la fertilidad. Para los egipcios fue un animal protector y benefactor. Por ello, muchas diosas vacas se relacionaron desde sus orígenes con el concepto de maternidad y con esta forma animal aparecen con frecuencia representadas en los monumentos. Entre las diosas que más se caracterizan por adoptar este aspecto citaremos a Isis, Nut, Hathor y Bat.
La vaca era la madre del rey y le alimentaba con la energía de su leche nutricia ya que era una diosa eminentemente positiva y protectora pero además, era la madre del difunto al que también alimentaba.
También se interpretó a la vaca como la bóveda celeste, existiendo un texto denominado “Libro de la Vaca Celeste” que se recogió por primera vez bajo el reinado de Tutanjamón. Una de las concepciones egipcias sobre la formación del cielo suponía que éste se situaba en la panza de una gran vaca y que sus patas servían para separar el cielo de la tierra. Se entendía que la vaca se tragaba el Sol al llegar la noche y que éste recorría su cuerpo para, en la mañana, ser dado a luz por esta deidad, naciendo completamente renovado. Sobre la panza de la vaca estaban las estrellas, y el espacio creado entre el cuerpo y las patas era el lugar donde se encontraba el dios del aire Shu, que la ayudaba a sustentarse y a mantener cielo y tierra separados conformando un espacio donde habitaran los seres vivos. En este sentido, otra leyenda cuenta que la vaca soportó al Sol en su lomo hasta llevarlo a la colina primigenia en el momento de la creación.
Algunas vacas fueron sagradas en Egipto y sólo ciertos ejemplares fueron la encarnación terrestre de algunas diosas, debido a las características especiales del color de su pelaje, manchas, etc; como tales, tenían el privilegio de enterrarse cuidadosamente embalsamadas en un enterramiento particular.
Relacionada con la realeza y la procreación se la denominó “La Gran Vaca Salvaje” mientras que al rey se le identificó con “el Toro Salvaje”.

VARA
Considerar cuáles fueron bastones de mando en el Antiguo Egipto no es tarea fácil ya que esta característica concierne a un número importante de varas que se encuentran en las manos de reyes, personajes de alto rango y dioses o diosas como emblemas divinos, de poder o procesionales.
Tenían aspectos distintos. Unos eran simples palos sin forma determinada mientras que otros adoptaron el aspecto de un cánido, por ejemplo, en la parte superior. En la inferior podían no estar trabajados, presentar forma de horquilla en herradura o una doble división, por citar algunos ejemplos.
Estos “bastones de mando” también se hallaron en los enterramientos, a modo de amuletos, que ofrecían al fallecido su poder, sobre todo en el Reino Medio.
En el terreno divino se encuentran en la mano de las divinidades masculinas y de hombres importantes, aunque algunas (como el Uady) también lo sujetan las diosas y mujeres.

VASO NEMSET
Vaso empleado para purificaciones y usado en procesiones y fiestas, sobre todo en el Año Nuevo y en la Ceremonia de la “Apertura de la Boca”. Estaba relacionado con el dios Osiris y con el océano primordial puesto que tanto el dios del Más Allá como las aguas primordiales eran las responsables de la fecundación de la tierra egipcia en el Año Nuevo. El agua procedente de la crecida era especialmente sagrada y debía ser contenida en unos recipientes especiales, es decir, en estos vasos nemset, los cuales, podían tener en la parte superior la cabeza de una divinidad.

La representación más antigua que se conoce de vasos de este tipo se encuentra en el muro Oeste de la sala de Ofrendas del templo de Luxor, correspondiente al reinado de Amenhotep III. También aparecen en contextos funerarios y divinos a modo de ofrenda, bien llevados por los dioses en la mano, por el rey, por un sacerdote, o colocados sobre un velador.
Otro tipo de receptáculos para recoger agua fría de Nilo, procedente de la crecida son las conocidas cantimploras que surgen a partir del siglo VII a.C.

VASOS CANOPOS
Los vasos canopos eran unos recipientes donde se introducían las vísceras del difunto cuidadosamente retiradas del cuerpo, momificadas y vendadas. Su nombre se debe a la confusión entre estos vasos con otros encontrados en la ciudad de Canopo que poseían una cabeza humana en la tapa.
De la Dinastía IV proceden los primeros órganos retirados del cuerpo, momificados y depositados en un recipiente. Pertenecieron a la reina Heteferes, madre del rey Jufu (Keops). Por aquel entonces los “vasos” no eran tales sino que las vísceras se introdujeron en una caja de alabastro dividida en cuatro compartimentos, donde se hallaron restos orgánicos y Natrón, el agente conservante/desecante que se empleaba para la momificación.
A partir del Reino Medio las entrañas se colocaron en el interior de cuatro vasos independientes con la efigie del difunto y bajo la protección de los “Hijos de Horus”: Amset, Hapi, Duamutef y Kebhsenuf, y a partir de la segunda mitad del Reino Nuevo sus tapaderas toman la forma de estos dioses. A su vez, cada vaso quedaba bajo la protección de una diosa específica. Amset tenía cabeza humana, se situaba al Sur y guardaba el hígado. La diosa que lo protegía era Isis. Hapi, tenía cabeza de mono, se situaba al Norte y guardaba los pulmones. La diosa que lo protegía era Neftis. Duamutef tenía cabeza de chacal, se situaba al Este, siendo su diosa tutelar Neit, y guardaba el estómago y finalmente Kebhsenuf con cabeza de halcón, se situaba al Oeste y guardaba el intestino. La diosa que lo protegía era Selkis.


Al finalizar el Reino Nuevo, la costumbre de introducir los órganos en estos vasos cesó y a partir de este momento se volvieron a colocar en el interior de las momias, una vez momificados aparte. Sin embargo, los vasos canopos se siguieron utilizando, aunque entonces fueron macizos, dejando de tener un sentido práctico pero conservando su sentido mágico.

VID
Como en otras culturas, esta planta trepadora de ramas flexibles se relacionó con los asuntos amorosos ya que de él se obtiene la uva que sirve para elaborar el vino estando a su vez vinculado con la sangre y con la muerte.
En Egipto los vinos y las áreas de Tebas y del Delta fueron muy apreciados. Como ejemplo baste citar dos escenas: la primera es la llamada Tumba de las Viñas en Tebas (TT96), perteneciente a Sennefer, en ella el techo está cubierto por hojas de vid y racimos de uvas. La segunda, la tumba de Najt (TT52), donde hay una bellísima representación de hombres recolectando y pisando las uvas para elaborar el vino. Ambas son del Reino Nuevo.

VINO
Los egipcios fueron amantes del vino y lo emplearon no sólo para el consumo sino también para ceremonias religiosas llegando a constituir un símbolo en sí mismo e incluyéndolo en su mitología; incluso fue empleado en prácticas médicas.
En el Valle del Nilo conocieron distintas calidades de vino, tanto de producción autóctona (del Valle y especialmente de los oasis) como traídos desde lugares lejanos, tanto tintos como blancos y el de calidad fue una prerrogativa real. Su concentración dependía de la cantidad de agua que se añadiese una vez servido, una costumbre muy habitual en Egipto.
Aunque existió el vino de uva, el más común era el de palma, un caldo fuerte con un 14 % de alcohol etílico.
En las representaciones de las tumbas privadas, sobre todo de Tebas durante el Reino Nuevo, donde podemos ver distintos procesos de elaboración del vino e incluso las hojas de vid y los racimos de uvas, como ocurre en la tumba de Sennefer Empleado en medicina se utilizó como desinfectante, además de ser un remedio para la tos (mezclado con sal), para abrir el apetito, para combatir el asma o como analgésico (acompañado de eneldo), entre otros usos.
En el plano mitológico fue un símbolo de juventud y de vida eterna y formó parte imprescindible de las ofrendas que se presentaban a los difuntos y a los dioses. Por otro lado, la uva tenía conexiones con la fertilidad y con el amor y estaba relacionada con la sangre por la aparente semejanza entre ambos.
En opinión de Poo el vino fue la forma de romper la barrera entre la vida y la muerte, entre lo secular y lo divino, convirtiéndose en una sustancia preciosa e imprescindible en todas las ceremonias religiosas del Antiguo Egipto. Es posible que se empleara como un medio de comunicarse con la divinidad, ya que dejaba al individuo en un estado propicio para ello.
Ciertas leyendas mitológicas relataban que el vino provenía de los ojos divinos de Horus. Sin embargo también tuvo otras conexiones importantes y se asoció a la diosa Hathor “Señora de la Embriaguez” ya que ésta estaba relacionada con el amor y la fertilidad. Quizá tal analogía sea una de las más claras, pues el abuso de cualquier bebida alcohólica embriaga los sentidos y hace desinhibir la personalidad, hechos muy unidos con el amor y el deseo. Por otro lado el aspecto colérico de Hathor era la diosa leona Sejmet y esta bebida era la que se presentaba ante divinidades solares que, como ella, había que aplacar.
El vino también se identificó con Osiris. Se entendió que las uvas, de donde se extraía el jugo, eran la muestra de la simbólica resurrección del dios y el comienzo de un nuevo ciclo de vida.
Vinculado al cielo, se asoció a Nut y a Shesmu un dios encargado de la prensa del vino que también se le cita como “Señor de la Sangre”. Era un dios beneficioso pero maligno para aquellos que hubieran sido considerados pecadores y se encargaba, bajo las órdenes de Osiris de cortar a los fallecidos, arrancarles sus cabezas y prensarlas, a modo de uvas, para obtener de ellas vino que ofrecer al monarca difunto. Este acontecimiento provocaba el aspecto rojizo del cielo en la puesta del sol y en este papel se identificó con la serpiente Apofis.
Aunque los egipcios recomendaron a sus sacerdotes que fueran parcos en la bebida, parece que durante ciertas celebraciones el vino corría y se consumía con gran facilidad. No parece que estuviera mal visto la embriaguez ritual en ciertas ceremonias.

8 comentarios:

  1. gnial esto eta muy bn explikdo m gsto mcho

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  2. me encanta este blog. soy una niña de 13 años apasionada por la cultura y la mitologia egipcia y me parece que esta es una manera muy buena de usar todos sus conocimientos y enseñarselos a los demas.

    UN SALUDO Y MUCHAS GRACIAS

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  3. Muy buen artículo, mis felicitaciones, no cabe la menos duda de que si realmente te interés y te gusta disfrutas lo que haces...!

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  4. Muy buen aporte, la verdad que es sumamente interesante.

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  5. Muy buen trabajo, gracias por compartir la info. Saludos!

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  6. muy interesante, pero me gustaria lo ampliaran mas a profundidad, como por ejemplo la simbologia de los numeros y su aplicacion diaria formacion. me llamo tambien la atencion, los ritos de la sangre propiamente el jeroglifico donde hay dos cabezas y almacenan la sangre en recipientes. y tantas cosas mas.

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  7. Me ha resultado muy interesante el trabajo expuesto; lo guardo como favorito. Me gustaría saber cómo puedo acceder con más frecuencia al blog. Si es posible mi dirección de correo es: senmut07@hotmail.com
    Muy agradecido por esta magnífica entrega

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